• No results found

Introduction

In document Doctor of Philosophy (Page 43-47)

4. DEVELOPING METHANOGENIC MICROBIAL CONSORTIA FROM

4.2. Introduction

Cuando desde el Callao mandó Orbegoso la lista de nuevos nombramientos en el ejército, Gamarra y sus adeptos (que, para sublevarse hubiesen necesitado acaso algo en lo que pudo haber un acuerdo, o sea la negativa de los jefes provinciales para reconocer al nuevo mandatario) se encontraron ante la necesidad urgente de actuar. Les decidió también la noticia de que, en virtud de una alianza expresa y tácita entre ciertos elementos del orbegosismo y Santa Cruz, la intervención de este caudillo en el Perú era inminente. Así nació el golpe de Estado del 3 de enero de 1834, por el cual la guarnición de Lima proclamó Jefe Supremo provisional al general Pedro Bermúdez. El ejército en el Cuzco (con el prefecto Bujanda), en Puno (con San Román), en Ayacucho (con Frías) lo reconoció. Los ministros de Bermúdez fueron Pando, Andrés Martínez y el general Juan Salazar.

El nuevo régimen empezó a dictar órdenes de proscripción a granel. Dos compañías de un batallón se posesionaron el día 4 de enero del local donde funcionaba la Convención, atacaron a la guardia cívica e hirieron al centinela Juan Ríos que les cerró el paso; el retrato de Ríos fue colocado durante muchos años en el salón del Congreso y en febrero de 1834 la Convención pidió su ascenso a alférez. En Lima no se

tocó una sola campana desde ese día. No funcionó el teatro de comedias. Suspendiéronse las corridas de toros. Las fresquerías permanecieron cerradas. La Corte Superior cumplimentó al flamante Presidente a base de amenazas, para redactar enseguida una protesta. Por las noches iban al Callao hombres de todas clases y edades y hasta hubo mujeres que se fueron también. Con abundancia eran enviados al puerto víveres, caballos, armas y dinero. Las provincias vecinas a Lima se pronunciaron por Orbegoso. Gamarra se dirigió a Chancay a batir a Necochea, jefe orbegosista, objetivo que no consiguió ya que Necochea pudo escapar. Entre tanto en el ejército de Bermúdez, que nominalmente sitiaba al Callao, abundaron las deserciones, intensificadas al saberse el 24 de enero la noticia del pronunciamiento de Arequipa por Orbegoso. Una de ellas la de la artillería decidió el plan de retirada.

Si la artillería desertó del bando faccioso, la Marina apoyó, entusiasta, la causa legal.

LA PRIMERA LUCHA DE LA MULTITUD CONTRA EL EJÉRCITO Y SU VICTORIA.

En Lima se supo la noticia de la retirada el 28 de enero, a la vez que corría el rumor de que los barcos estaban empavesados en el Callao, como si festejasen una buena nueva. La excitación popular aumentó. Creyóse que, antes de retirarse, el ejército saquearía la capital. Un primer destacamento que pasó por las calles fue silbado. La plaza principal, mediada la tarde estaba llena de gente por que allí se hacía entonces el sorteo de la lotería. Los soldados desde el techo de palacio rompieron el fuego. La multitud se retiró en desorden, para volver armada con piedras y unos cuantos fusiles. Surgió la refriega. Los techos, balcones y azoteas de las casas vecinas y las torres de San Francisco y Santo Domingo fueron usados para disparar sobre el Palacio y la plaza. Al ocupar la Catedral, el pueblo empezó a tocar las campanas de las torres y sus repiques se mezclaban con el ruido de las descargas. Cuando llegó la noche, barriles de alquitrán iluminaban las esquinas. Grupos de paisanos recorrían otras calles con los brazos abiertos pidiendo armas. Hermanábanse en la lucha artesanos, magistrados, comerciantes, profesionales, extranjeros, niños. Las mujeres los alentaban por todas partes. Bermúdez optó por abandonar la capital para dirigirse a la sierra del Centro. Al tomar esta decisión abandonó al ejército que había sitiado al Callao. Estas tropas entraron a Lima a las 9 de la noche. A la cabeza bizarramente, estaba doña Francisca Gamarra, vestida de hombre, con una capa azul y grana bordada en oro, disparando e incitando a sus oficiales y soldados a la lucha haciendo gala (dice Echenique en sus memorias) "de un valor superior a su sexo". Unido este ejército a la guardia de palacio, emprendieron juntos el camino de la retirada con varias mulas de carga aunque dejaron no pocos fusiles y pertrechos, dos piezas de artillería y bastante dinero. Por vez primera, en lucha callejera, el pueblo había derrotado al ejército. El Palacio, los ministerios, la casa de Gamarra y la de Vivanco que había sido nombrado prefecto de Lima, el colegio militar y varios establecimientos fueron saqueados.

La literatura en verso y en prosa contra Gamarra, doña Pancha y sus principales colaboradores fue entonces muy abundante. Como muestra de ella cabe mencionar la comedia en tres actos El Gran Turco del Perú (Lima, 1834).

APOTEOSIS DE ORBEGOSO.

A la una de la madrugada del 29 entró triunfante una partida de guerrilleros del Callao y a las ocho y media de la mañana, llegó Orbegoso en apoteosis. La apoteosis duró muchos días. Las mulatas lo detenían en la calle para abrazarlo. Cuando se presentaba en los teatros, en las corridas de toros y en los paseos públicos, las ovaciones venían a ser interminables. La saya orbegosina púsose de moda entre las mujeres. El ídolo no era reacio a exhibir su figura imponente; y las crónicas de la época lo pintan hasta visitando los conventos.

La Convención reanudó sus labores en Lima el 13 de febrero, después de haber celebrado algunas sesiones en el Callao y, junto con inevitables discursos, premios y honores para este puerto, Orbegoso, sus ministros y sus colaboradores, dio al Presidente amplias facultades para concluir la guerra y declaró la nulidad de los actos del gobierno de hecho de Bermúdez. Orbegoso, por medio de empréstitos forzosos y reclutamientos, pudo organizar algunas fuerzas; pero, no considerándolas seguro o acaso con miras ulteriores, la Convención aprobó una ley que le autorizó para que pidiera la cooperación del gobierno de Bolivia "con el único y exclusivo objeto de terminar la guerra civil" (18 de abril de 1834). Esta cooperación no llegó a producirse porque la guerra civil concluyó repentinamente.

Para afrontarla, Orbegoso dejó el mando al Supremo Delegado don Manuel Salazar y Baquíjano (20 de marzo) y se puso en marcha al valle de Jauja. Así Salazar y Baquíjano reemplazó a Orbegoso después de haber reemplazado a La Mar.

IV. LAS VOCES DE LOS PEQUEÑOS EN LA TORMENTA DE 1834. "LA

In document Doctor of Philosophy (Page 43-47)

Related documents