4. DEVELOPING METHANOGENIC MICROBIAL CONSORTIA FROM
4.3. Materials and Methods
Nieto, que estaba en Arequipa, había sido invitado por Gamarra para que apoyase el golpe de Estado contra la Convención Nacional y contra Obergoso. En su respuesta estampó estas tremendas palabras: "e invita Ud. a apoyar el paso más escandaloso e infame que cubrirá de luto a la Patria y de execración a sus autores, como si no hubiese dado ya prueba suficiente de mi amor por el orden de las leyes. ¿Cómo ha podido Ud. hacer tamaño insulto a mi honradez jamás desmentida? Ud. sabe que soy ciegamente adicto a la ley y a la prosperidad del Perú... como particular lo respetaré pero como general no pertenezco sino a la República. Yo sigo la causa de la ley y de la voluntad general". "Mire Ud. a esta pobre Patria que ha sufrido tanto y que no es posible hacerla sufrir más por aspiraciones vergonzosas e indignas de militares que deben dar ejemplo de honor".
DESARROLLO DE LA GUERRA CIVIL.
La guerra civil tuvo tres frentes. El frente Sur se localizó en Arequipa, sublevada al mando de Nieto a favor de Orbegoso, al saberse el golpe de Estado de Lima y amagada por las tropas gamarristas de las vecinas regiones de Cuzco y Puno cuyo jefe era Miguel San Román. Nieto pidió auxilio a Santa Cruz. Este no juzgó que el jefe de Arequipa tenía suficiente autoridad; y repuso que la solicitud debía partir de Orbegoso y de las corporaciones de las ciudades peruanas del Sur. A mediados de febrero llegó a Arequipa el agente santacrucino Elías Bedoya a discutir sobre estas condiciones. Valdivia, a quien Nieto encomendó su representación, contestó que ya Orbegoso tenía fuerzas considerables en el Norte y que la ciudad de Arequipa había sido puesta en estado de poder combatir a San Román.
El 2 de abril de 1834, los arequipeños, entusiastas y mal armados se enfrentaron a las tropas del militar puneño. El encuentro les fue favorable. San Román se retiró sobre las alturas de Cangallo y provocó una entrevista con Nieto. Según éste, le ofreció reconocer a Orbegoso. Por ello se explica que se le enviaran doce cargas de mulas de provisiones que harta falta le hacían.
Los tratos no lograron buen resultado; y la lucha empezó de nuevo, ocupando San Román mejores posiciones en Cangallo. Allí fue atacado el 5 de abril. San Román se consideró derrotado, huyó y cuando se creyó seguro se dirigió a Bermúdez para comunicarle el desfavorable resultado del encuentro. El coronel español Bernardo Escudero, que formaba parte del mismo ejército, logró reunir a los dispersos y, animándolos, pudo caer sobre las huestes de Nieto y ponerlas en desorden. Nieto se dirigió a Arequipa y se retiró a Arica por mar, después de ordenar que Castilla marchara con la caballería a Moquegua y Tacna.
En el frente del Norte, Salaverry, asociado al partido de Orbegoso, apresó en Trujillo a su antiguo preseguidor, Vidal.
HUAYLACUCHO
En el frente del Centro, al que se dirigió Orbegoso, tuvieron lugar las escenas decisivas de la guerra civil. Gamarra marchó al Cuzco para formar nuevos elementos de defensa. Bermúdez, con un pequeño ejército cuya gente era veterana y disciplinada, emprendió la retirada del valle de Jauja en dirección de Ayacucho para unirse con Frías, prefecto de ese departamento. Grande era el efecto que el repudio popular causaba en dicho ejército, a lo cual se agregó el disgusto ante Bermúdez en quien se censuraba la apatía, el desacierto y el poco cuidado con la tropa, pues no satisfacía sus necesidades ni la alentaba de modo alguno; a todo lo cual se agregó la noticia, que unos pocos jefes tuvieron, de que pretendía solicitar la intervención de Santa Cruz. Frías y Echenique (cuenta éste en sus memorias) se apalabraron para deponerlo después de la batalla con Orbegoso. Encontráronse ambos bandos en Huaylacucho, cerca de Huancavelica. Hubo movimientos tácticos, cargas de caballería y unos cuantos disparos. Frías cayó muerto por un lanzazo enemigo; pero las fuerzas de Orbegoso eran colecticias muy débiles y muy heterogéneas, pese al número y la calidad de los jefes que las mandaban, entre los que se destacaban Riva-Agüero, Necochea, Miller, La Fuente, Cerdeña, Otero y Salaverry. Se retiraron vencidas (17 de abril). Sin embargo pudieron reagruparse ya que Bermúdez no las persiguió de inmediato. Al oficial a quien se le atribuía la muerte de Frías, una dama de Ayacucho se jactaba de haberle llamado a su casa para besarle las manos, según cuenta el viajero francés De Sartiges; a tal punto había llegado a ser odiado en esa ciudad.
EL ABRAZO DE MAQUINHUAYO.
Orbegoso hizo alto en Jauja. Cuatro días después de la acción de Huaylacucho, Bermúdez marchó en su busca. "Tuvieron lugar en el camino actos impropios de Bermúdez con la fuerza que omito detallar, pero que acabaron de disgustar tanto a ella como a los jefes y oficiales (cuenta Echenique en sus memorias). Fastidiado yo hasta lo infinito con los últimos sucesos que recaían sobre mi mala voluntad de servir en aquella causa y demás circunstancias que me demostraban el ningún provecho que daría al país esa guerra aun en el caso de que triunfáramos, cosa probable por las condiciones del caudillo; persuadido que con tal triunfo y aunque fuera decisivo y domináramos completamente no era posible obtener la estabilidad del país ni permanecer en paz pues nos haría guerra constante. Guerra de todos modos, ese gran partido contrario a nosotros a cuyo favor estaba la mayoría de los pueblos; que de otro modo si éramos allí vencidos la guerra se dilataría y se haría interminable con los recursos que Gamarra se hubiera preparado en el sur cuyos pueblos le eran favorables; que, en fin, lo único favorable y provechoso para la República era hacer terminar esa guerra de un modo pacífico, pues ello conduciría a la unión de los partidos y a la concordia, único modo de lograr su estabilidad, me decidí a verificar esto".
Se puso así Echenique de acuerdo con numerosos jefes e intentó que Bermúdez celebrara un tratado con Orbegoso. Como se negara, hizo avisar al Presidente enemigo por medio de un jefe prisionero lo que iba a ocurrir con el fin de que no se retirase a
Lima. En seguida, Bermúdez fue depuesto, y se le dieron las facilidades para que viajase junto con Pando y el periodista Andrés Garrido, redactor de La Oliva de Ayacucho. Las tropas que habían sido bermudistas encontraron a las de Orbegoso en orden de batalla, en el llano de Maquinhuayo, cerca del pueblo de ese nombre en la provincia de Jauja. Orbegoso mandó que ambas fuerzas formaran pabellones y que en seguida marchasen los soldados de .una y otras hasta ponerse frente a frente. Se dieron entonces un abrazo en testimonio de confraternidad y concordia en medio de un júbilo general (24 de abril).
El decreto de 25 de agosto de 1834 ordenó levantar una columna en ese lugar con la siguiente enfática inscripción: "El amor a la Patria unió aquí, en el mismo sitio y en la misma hora, a quienes se iban a batir; y convirtió en campo de amistad el que iba a serlo en sangre. Abril 24 de 1834".
Se ha evocado, a veces, el abrazo de Maquinhuayo con burla y escarnio. El ejército pocos días antes vencedor resultó engrosando las fuerzas del vencido. En realidad, fue una jornada de carácter cívico. La fuerza impalpable de la opinión pública se impuso sobre la consigna militar; las consideraciones de carácter nacional doblegaron al espíritu de bandería o de facción. Si en otros episodios de las guerras civiles republicanas primaron las tendencias a la anarquía o a la disgregación, aquí se alentó un sentido de solidaridad patriótica para ahorrar al país lágrimas y sangre en la esperanza de obtener una paz duradera.
APOTEÓSICO REGRESO DE ORBEGOSO A LIMA.
El 3 de mayo de 1834 regresó Orbegoso a Lima después de la jornada de Maquinhuayo. El mismo ha narrado la manifestación apoteósica que tuvo. Artesanos y jornaleros le sacaron del coche y le llevaron en brazos al interior del Palacio de Gobierno.
PROPUESTA DE GAMARRA A NIETO SOBRE FEDERACIÓN. ACTITUD DE LUNA PIZARRO.
En la entrevista realizada en Abril entre Nieto y San Román en Arequipa, éste le había ofrecido unírsele con tal que se separase del gobierno de Orbegoso y fuera a la federación de los departamentos del Sur. Este plan no fue aceptado. Sin embargo, al llegar a Tacna, en retirada de Arequipa, mandó Nieto al coronel Manuel de la Guarda y a su ayudante Vigil a Bolivia, con comunicaciones al ministro Pedro Antonio de La Torre para que pidiera el auxilio de Santa Cruz. Poco después se retiró a Arica, abandonando Tacna, que fue ocupada por Gamarra.
El 10 de mayo se presentó en Arica en nombre de éste, el coronel Bernardo Escudero a hacer a Nieto propuestas de arreglo sobre la base de federación de los departamentos de Ayacucho, Cuzco, Puno y Arequipa, la designación de Nieto como jefe de ellos y la creación de tres Estados, Bolivia Centro y Norte bajo la presidencia de Santa Cruz, que sería garante en cuanto fuera estipulado.
Nieto nombró como comisionados al coronel Camilo Carrillo y a Manuel Ros; pero ambos se negaron a aceptar las bases dadas por Escudero y presentaron otras que exigían la simple e incondicional rendición de las fuerzas de Gamarra al gobierno de Orbegoso. La misión de Escudero había fracasado. Gamarra abandonó Tacna el 16 de mayo y marchó con sus tropas sobre Moquegua. Como ya se ha dicho antes, el pronunciamiento antigamarrista de Arequipa tuvo lugar el 18. En actitud análoga a la de San Román, huyó entonces a Puno y de allí pasó a Bolivia por el lago Titicaca en el buque Tomasito, primer barco que navegaba en esa zona y que llevaba bandera boliviana.
En cuanto a la fórmula federalista planteada por Gamarra a Nieto, Luna Pizarro escribió a éste en actitud faccional que es típica de la época (4 de junio de 1834): "La federación, que tal vez podría conducir a nuestra prosperidad, señaladamente las de esas provincias (las del Sur) sabe Ud. que no puede ser conveniente desde que Gamarra la ha propuesto en los mismos términos en que podríamos nosotros haberla indicado. Esto importa deducciones que están al alcance de Ud. y una sería que el mismo Gamarra, cuya ambición nos ha puesto al borde del precipicio, continuase en el país trabajando por revolucionarlo".
DOÑA FRANCISCA GAMARRA.
El abrazo de Maquinhuayo fue imitado por las diversas guarniciones gamarristas que aún quedaban. Una asonada popular hizo huir a la esposa de Gamarra de Arequipa (18 de mayo de 1834). Se escapó, según se cuenta, vestida de clérigo o de militar, después de saltar de una azotea a un patio y pudo embarcarse en un bergantín inglés, en compañía del coronel y escritor español Bernardo Escudero. Según escribió Clorinda Matto de Turner, Gamarra había reñido entonces con su esposa; pero en el saqueo hecho en Arequipa se encontró una carta de él, de 13 de mayo, dirigida a "Panchita, hija querida". El bergantín que a ambos fugitivos dio albergue los condujo al Callao. De ahí partió a Chile. Nace Francisca Zubiaga y Bernales en la aldea de Huarcaray, o Anchibamba, distrito de San Salvador de Oropesa, departamento del Cuzco, el 11 de septiembre de 1803, hija de un comerciante español de origen vizcaíno, y de una dama cuzqueña, buena sudamericana en la raza, como por el alma fue también buena hija de este continente de politiquería.
Después de haber creído tener vocación monástica y de haber abandonado la vida conventual por su mala salud, se casa en 1825 con el prefecto del Cuzco, Gamarra, mestizo de cara desencajada y tenaz ambición. Como para estimular los propios sueños de grandeza, la recién casada es designada para poner en las sienes de Bolívar una corona de oro, pero éste hace que ella la lleve. "Antes de que olvide (dice una carta de Sucre al Libertador en setiembre de 1828), le diré que Gamarra es acérrimo enemigo de usted; procuré indagar los motivos, y por un conducto muy secreto supe que sobre su aspiración a la Presidencia, añadía como pretexto que, habiéndole hecho tantos obsequios en el Cuzco, la enamoró la mujer; que ésta misma se lo había dicho... Aunque doña Pancha es una buena pieza y que realmente ha hecho esta declaración, no sé la verdad". Y Sánchez de Velasco en sus Memorias para la historia de Bolivia, refiere que ella fue la directora de la expedición sobre ese país en pleno invierno. Cuenta la tradición que comandó el destacamento que se apoderó del pueblecito de Paria y asistió a algunas de las conferencias de Gamarra con jefes bolivianos. Como las cantineras
francesas, tuvo entonces el ejército peruano, al lado de los soldados, mujeres que eran sus camaradas, sus enfermeras, sus proveedoras, sus bestias de carga: las "rabonas". Aquella época presenta, además, otro tipo de mujer: la legendaria "tapada" de Lima.
Doña Francisca fue la encarnación más alta de la rabona, vino a simbolizar la venganza de las rabonas contra las orgullosas tapadas limeñas. Gamarra depone en 1829 al Presidente La Mar. Doña Francisca, convertida en la Presidenta, en la Mariscala, se instala en Lima. No fue ninguna primavera en el valle de Anta de sus recuerdos de infancia tan hermosa para ella como para estos días en que tiene el Perú a sus pies y en que es su ministro el ceremonioso José María de Pando, que había sido ministro del rey de España Fernando VII. Pero si son vivas las luces de los candelabros en los saraos de la Mariscala, llega hasta ellos siempre un olor de cuartel. Tan valiosos resultan los trajes de ella, que había familias que vivían revendiéndolos cuando ya no los usaba; prodigalidad, dice su biógrafo San Juan, en la que tenía parte "las sugestiones de su orgullo de cuzqueña, en rivalidad con las beldades de Lima". El traje que más le acomoda es, sin embargo, el traje de montar. Acostumbra la Mariscala rondar los cuarteles; y una vez en que sorprende un motín en un cuarto de guardias, lo devela con su simple presencia: "Cholos, ¿ustedes contra mí?". Cuando en 1830 se pone en escena en Lima la comedia de Juan Pérez de Montalván La Monja Alférez, el gobierno impide su representación. En 1831, Gamarra deja en el poder al Vicepresidente La Fuente; y se dirige al sur, porque amenaza una nueva guerra con Bolivia. La Mariscala con el prefecto de Lima, Eléspuru, se quedan vigilando a La Fuente. Este trata de no enviar refuerzos y de convocar un Congreso que lo haga Presidente definitivo. La Mariscala abre las cartas que traen los postillones de provincias, seduce a los oficiales de órdenes que portan mensajes; azuza a periodistas y espías; y, al fin, lanza a las calles una poblada que busca a La Fuente en su casa y lo hace huir por los techos para buscar luego refugio en un barco norteamericano anclado en el Callao. Música, colgaduras, cohetes, repiques y hasta misas celebran la jornada, la "campaña de las chimeneas" hecha velozmente por el bravo La Fuente, dicen los periódicos gamarristas. Férreamente dominan en los dos siguientes años (1832 y 1833) la Mariscala y Gamarra.
El marino norteamericano Ruschenberger, que estuvo en el Perú entre 1832 y agosto de 1833, escribió acerca de ella, lo siguiente: "La Presidenta, como es ella llamada, es más bien una mujer alta y atrayente, pero demasiado embonpoint para ser bella. Tiene una cabeza alta y desarrollada y un rostro inteligente. Sus maneras son masculinas y lejos de lo grácil. Sus actos son los de un hombre. Dispara la pistola con gran precisión en el tiro, maneja la espada con mucha agilidad y es un arriesgado e intrépido jinete. Su diversión mayor en las tertulias consiste en jugar ajedrez. Nunca baila. Nació en el Cuzco, hija de un general patriota y puede afirmarse que recibió su educación en el campamento. Tiene ahora alrededor de treinta años y dedica gran atención a. la política; en verdad afirman que el general Gamarra debe a las aptitudes de ella haber retenido la Presidencia tanto tiempo como lo ha hecho".
En vano se alza en el Parlamento la voz acusadora de Vigil. La época es un diálogo entre un sacerdote y una mujer: el sacerdote con corazón de niño, erudición de sabio y valentía de héroe y la mujer que prefiere vestir de hombre y blandir su látigo, ese látigo con el que azota, según De Sartiges, a un oficial que se jacta de haber recibido sus favores y con el que manda a los corchetes que apaleen al impresor de El Telégrafo
En la política no se puede vivir indefinidamente con la exclusiva finalidad de durar. Llega, a fines de 1833, el momento de elegir nuevo Presidente de la República; y la Convención Nacional escoge al candidato de oposición, Orbegoso. Gamarra hace el simulacro de entregarle el poder; pero encabeza un golpe de Estado con la guarnición de Lima y sitia el Callao en cuyos castillos se ha asilado Orbegoso. El 28 de enero de 1834 el pueblo de Lima se subleva contra la dictadura pretoriana. Al caer la noche sigue la lucha entre el pueblo y el ejército y barriles de alquitrán iluminan las esquinas. Las tropas que han estado en el asedio de Callao entran a Lima a sangre y fuego. Al mando de la Mariscala, libertan a los sitiados de Palacio y se retiran a la sierra. Testigos presenciales declaran haberla visto pasar por las calles a caballo, con una capa azul y grana de bordados de oro, disparando e incitando a los oficiales a no cejar.
El viajero francés De Sartiges estaba en el Cuzco cuando Gamarra y doña Pancha llegaron a esa ciudad. Doña Pancha "no hablaba del levantamiento de Lima, sino con los labios apretados (cuenta De Sartiges) y hacía alarde de dar muy pronto a las limeñas un baile del que se acordarían en mucho tiempo". Estaba en su casa una tarde el francés, cuando el galope de un caballo resonó en el patio. Era el mensajero de la victoria en Arequipa. "La señora de Gamarra dejó escapar un ¡Jesús! Agudo como el grito de una tigresa y se lanzó al cuello del oficial cubierto de polvo y lodo". A Arequipa se dirigió; pero había llegado, inexorable el ocaso. El populacho de aquella ciudad se sublevó y ella fugó. Se embarcó en Islay, vencida habiendo tenido que tirarse de una azotea al patio de una casa vecina, disfrazada de clérigo y presenciar el asalto y el saqueo de la casa que había dejado.
Cuando doña Francisca pasó por el Callao, en junio de 1834, la conoció una escritora francesa, Flora Tristán, que ha hecho de ella un retrato inmortal,
Perégrinations d'une Parie. "Prisionera, (dice) doña Pancha era todavía Presidente. Lo
espontáneo de su gesto manifestaba la conciencia que tenía de su superioridad. Como la cubierta estuviera llena de gente, doña Pancha hizo un ademán significando estar sola y como por encanto quedó desierta la toldilla. Todo en ella anunciaba a una mujer excepcional. Tendría treinta y cuatro o treinta y seis años; era de mediana talla y fuertemente constituida, a pesar de haber sido muy delgada, su figura no era en verdad bella, pero, si se juzgaba por el efecto que producía en todo el mundo, sobrepasaba a la