3.2 Proposed Time-Domain Morphology and Gradient Algorithm
3.2.3 Methodology
3.2.3.3 Justification of the Used Thresholds
Como dice Paredes, “a principios del siglo XX la creación de poblaciones criollas en la Patagonia era un requisito indispensable para que Argentina pudiera ejercer la soberanía en ese territorio”. Señala también dicho autor que la Campaña del Desierto, “que fue uno de los primeros genocidios organizados por el Estado argentino, permitió la usurpación definitiva de la tierra al indígena” y que en los nuevos territorios deshabitados “se promovió la colonización de inmigrantes europeos”, pero, paradójicamente, “la inmigración chilena fue decisiva en el afianzamiento de la soberanía nacional rioplatense”.
Factores como la subasta de terrenos fiscales para el asentamiento de colonos extranjeros, la explotación laboral extrema y el bandidaje en la frontera determinaron una “emigración de campesinos chilenos que soñaban alcanzar la tierra propia”. Fue así como entre 1870 y 1890 emigraron unos 40.000 chilenos, generando lo que algunos llamaron la “chilenización de Neuquén”, pues este territorio resultó el principal receptor de la migración trasandina34.
34
Paredes, A., “Migración limítrofe en Argentina y Chile (1869-1980)”, en Lacoste, P. (comp.), op. cit., t. II, pp. 23-24.
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La provincia de Santa Cruz presentaba también un alto porcentaje de inmigración chilena en los censos de 1870 y 1890, proviniendo el flujo migratorio de Punta Arenas; incluso, las élites económicas de dicha ciudad y de Santa Cruz “estaban íntimamente ligadas (y en algunos casos hasta eran las mismas), lo que contribuyó al desplazamiento de obreros”35
.
Un caso singular fue el de San Carlos de Bariloche. Hacia 1880 comenzaron a llegar sus primeros pobladores, que procedían principalmente de Chile. Hans Steffen, en su libro West Patagonian, relata que el origen de Bariloche está relacionado con la evolución del tráfico regular entre Chile y la región patagónica argentina. “Fueron comerciantes alemanes-chilenos los que dieron impulso a esta actividad”, acota36.
Otro autor, Santiago Pusso, afirma que la población de Bariloche en 1910 no superaba las 500 almas y que el lugar tenía “tres casas de comercio principales, siendo una de ellas la de la sociedad Chile-Argentina”37.
Como ejemplo de la importancia de las comunicaciones con el vecino país, se suele citar que en 1929, un año después de la instalación de la red telefónica en Bariloche, el Poder Ejecutivo Nacional autorizó a Ricardo Roth a contar con una línea telefónica privada entre Puerto Blest (Argentina) y Peulla (Chile); mientras tanto, Bariloche “se comunicaba con el resto de nuestro país sólo mediante el telégrafo”38
. Otro factor importante en la atracción de la Patagonia argentina fue la oferta laboral, centrada en la extracción de oro, petróleo y carbón. La actividad petrolera se inició en 1918, cambiando la fisonomía de ciudades enteras. Una de ellas ha sido Comodoro Rivadavia, “que absorbió gran parte de la inmigración chilena”39
.
35
Ibíd., p. 24.
36
Citado en Entraigas, J., “San Carlos de Bariloche: descubrimiento, fundación, desarrollo socioeconómico”, en Río Negro: Pasado y presente, Viedma, Argentina, Chrismar Ediciones, 1980. p. 100.
37
Pusso, S., “Viajes por mi tierra”. Citado por Entraigas, op. cit., p. 100.
38
Entraigas, op. cit., p. 108.
39
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Para tener una visión del impacto de la migración limítrofe en Argentina, hay que reparar en los siguientes datos: a partir de 1940 comienza una segunda ola inmigratoria, llamada Nueva Inmigración, con la llegada de inmigrantes de países vecinos, produciéndose el primer incremento notorio de inmigrantes bolivianos, paraguayos y chilenos entre 1946 y 195040.
Las comunidades de inmigrantes de países vecinos que más crecieron entre 1947 y 1970 fueron la paraguaya, con 460.717 personas, y la chilena, con 302.878, representando ambas comunidades el 58,10% del total de los extranjeros que arribaron a Argentina en ese período41.
Con respecto a la emigración chilena a la región de Cuyo, es posible distinguir “dos momentos muy separados entre sí”. El primero se extiende desde la fundación de las ciudades que entonces pertenecían a territorio que formaba parte de la Capitanías General de Chile y “termina con la fuerte inmigración europea”; el segundo momento se sitúa en la década de 1970, durante la cual creció abruptamente tras la instauración del régimen de Pinochet42.
Todas las provincias de la región (San Luis, San Juan y Mendoza) recibieron inmigración que llegaba atravesando la cordillera, pero Mendoza concentró la mayor cantidad de migrantes de ese origen, como se aprecia en estos datos: en 1864, de los 54.476 habitantes de Mendoza 3.456 eran de nacionalidad chilena, y dicha provincia reunía el 41% de los chilenos en Argentina. A su vez, entre 1865 y 1869 la presencia de personas procedentes del vecino país en Argentina aumentó de 8.423 a 10.882, y el 53,06 % de ellas vivía en Cuyo.
Desde 1974 hasta los primeros meses de 1975 ingresaron 107.800 chilenos a la provincia de Mendoza, siendo esta cifra equiparable a la población que en esa época tenía la ciudad de Talca (94.449, según el censo de 1970). Un estudio realizado por la Dirección de Estadísticas y Censos de Mendoza reveló que el 66% de los chilenos residentes en la provincia en 1978 había arribado después de 1973. La mayoría de estos
40 Ibíd, pp. 36-37. 41 Ibíd., pp. 37-38. 42 Ibíd., p. 28.
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inmigrantes provenía de centros urbanos, ya que eran militantes políticos; además, “era una migración grupal-familiar en la que había un reencuentro relativamente rápido, debido al temor a represalias por motivos políticos hacia la familia del afectado”, debiendo remarcarse que, ante la urgencia de salir de su país, “muchos de ellos sólo tomaron como lugar de paso a Mendoza para, después de sentirse a salvo, pensar en un destino”. Entre los que eligieron otro país para quedarse se contaban profesionales y personas con un nivel mayor de educación43.
Para apoyar a los chilenos y chilenas que llegaban a suelo argentino huyendo de la persecución del régimen pinochetista se creó en 1974 el Comité Ecuménico de Acción Social (CEAS), que trabajó en estrecha relación con el ACNUR44.
Entre otras cosas, el CEAS tramitaba visas para que los refugiados chilenos fueran a otros países. Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Estados Unidos, junto con países de Europa occidental y de Europa oriental aceptaron refugiados45.