2.6 The Resource-Based View of the Firm
2.6.2 Learning: A Dynamic Resource
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Ensayar responde varias preguntas: ¿cómo ensayar? como sugerencia para describir una metodología del ensayo. ¿Para qué ensayar? como intento de explicar los objetivos que se tienen al escribir. ¿Cuándo ensa- yar? como parte de un proceso cognoscitivo que nos deja ver cuándo es el momento ideal para realizarlo. Y ¿por qué ensayar? El ensayo es percibido como una exploración. Es una catarsis que permite comprender- nos a partir de la hoja en la dialéctica de los conceptos. Pero no se responde a todas estas preguntas a partir de una base prestablecida, sino desde la trinchera de cada autor, desde la piel de cada hombre. Aquí se trata de explicar por qué ensayamos, los motivos por los que decido hacerlo, analizando cuestiones del propio trabajo ensayístico, la metodología, la estilística, la esteticidad de un ensayo, entre otras tantas, varias y distintas vicisitudes que envuelven a este centauro de la literatura.
El ensayo es filosofía reflexiva, es la necesidad de res- ponder mis dudas. Así como reconozco la imposterga- ble necesidad de descubrirlo todo, también siento el
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latigazo de la duda de todo, el latigazo del autorecono- cimiento de la condición humana en la autoconcien- cia del mundo y en el autoreconocimiento del miedo y la imperfección. El ensayo surge en el momento de percibir la realidad y descubrir mentiras, la negativi- dad –quizás– en términos de Adorno. Entendernos es parte de nuestro proceso cognoscitivo, y al ensa- yar proponemos explicarnos. El ser humano, como el único ser al que la razón le ha sido dada, se reconoce no en el sentido material, sino en lo opuesto; yo no soy sólo yo, soy yo en conjunto con mis ideas, con mis creencias. Soy yo y mi paso por este mundo, el cual, descubro, conozco y comprendo. Se ensaya porque se busca comprender al mundo, sus ideas, sus conceptos. Ensayo porque deseo, y porque quiero encontrar las respuestas que la existencia me exige, pero no como una razón última del ser, si decido ensayar estoy conven- cido en el intento de descubrir verdades provisiona- les, porque estoy cierto de que he renunciado a las verdades últimas. Ensayando no buscamos explicacio- nes religiosas, ni científicas. Descubrir cómo fuimos creados no le importa al ensayista. No es cuestión de comprobar teorías evolutivas para demostrar que so- mos una raza superior que avanzó para dominar a las demás especies, para abrazar el control sobre todas las cosas. El ensayo simplemente se lanza al caro anhe- lo de subsanar la incertidumbre del ser, de allegarse al entendimiento del mundo para concebirlo en su más grande esplendor y descubrir el papel que a cada quien toca representar dentro de este gran libro que es la vida.
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El ensayo es concebido para proponer ideas, crear conceptos y transformarlos, fortaleciéndolos o invali- dándolos. En el ámbito del ensayo es posible demostrar de los conceptos su invalidez, pero nunca abatirlos porque, aunque su muerte fuera declarada, se des- cubriría que entonces nunca fue un concepto, sólo fue un mal flujo de pensamiento. Pienso en este mo- mento en una dialéctica negativa, siendo ésta la que propone la constante aniquilación de juicios, ¿pero en qué punto del trabajo ensayístico, el escritor es libre de tomar las ideas y desaparecerlas? El mundo no con- cibe la destrucción de imágenes sin ton ni son porque el flujo natural de las cosas se encontraría en constan- te caos. Un escritor propone algo, el mundo acepta la conceptualización y el mundo empieza a avanzar en torno a estos ideales, pero otro autor destruye esa teoría y formula la suya por lo que el mundo tiene que reacomodarse y adaptarse a las nuevas corrientes. Un concepto al ser analizado, no pierde su esencia, adquiere interpretaciones nuevas, una armadura más resistente, por lo que no necesariamente está siendo aniquilado, sino evolucionado y reposicionado en una constelación conceptual como refiere Adorno, en un cielo estrellado y claroscuro en el que se experimen- tan las posiciones, los sitios desde donde se generan nuevas dialécticas y nuevos sentidos. El conocimiento es la capacidad de asociar una imagen a un concepto, cuando te propones destruir una idea para gestar otra, estás proponiendo eliminar una imagen de tu cerebro, por lo que no sólo destruirías percepciones, estarías destruyendo al mundo, y por ende, a ti mismo. Ahora
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bien, reemplazar el concepto de una imagen para po- nerlo en otra, no sólo altera el flujo natural de las cosas, sino que también propone una alteración al mundo de las ideas, lo cual, si consideramos esta teoría como una ley, sería una blasfemia, ya que no podemos ar- bitrariamente tomar una idea y contraponerla, siendo que las representaciones serían imperceptibles para quienes las pensamos. Las ideas, según Platón, son in- destructibles, son eternas e inmateriales, es decir, no fueron creadas, desde siempre han estado allí, por lo que no podemos destruirlas, son algo eterno, algo que está más allá de nuestra razón. Las ideas, continúa Pla- tón, son ajenas al cambio y son el arquetipo de la otra realidad, en la que nosotros estamos presentes, la de las cosas. De infinidad de cosas no estoy seguro, ya se ha visto, pero entiendo que si bien un objeto material puede ser destruido, la idea de esa materia no puede eliminarse del pensamiento.
El ensayo puede ser visto en sí mismo dentro de mí, como una forma de vestir. Si me visto con seis diferentes colores de ropa, me peino de una manera estrafalaria y uso calzado formal en un atuendo informal, voy a ser percibido de una manera absurda así como mi vestimenta. Al ensayar hacemos lo mismo; el estilo es único en cada autor, determinado por el método, que si bien no se rige por una metodología, se rige por su propia metodología, para siempre inestable, renovable y reactualizable. El ensayo no tiene una manera espe- cífica de ser escrito, cada autor determina la forma que será única para el trabajo ensayístico que va a rea- lizar. Es decir, no puede estar sujeto a una norma o a
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un sistema; es flexible, puede atarse de varias maneras, puede combinarse como mejor le convenga. No es ne- cesario colocarse la camisa antes que el pantalón, ni es obligatorio fajarla dentro del cinturón, y tampoco es por fuerza el uso del cinto mismo. Es por eso que el método en el ensayo es no metódico. Cada quien elige cómo vestir a su ensayo, y su manera de hacerlo deter- mina el estilo. La coherencia y la cohesión del ensayo no sólo son deseables, son primordiales. En el conjun- to las ideas han de corresponderse unas con otras dando paso a un discurso completo, claro y concreto. Para vestirse es necesario saber dónde, cómo y el orden de cada prenda que estructurará la vestimenta. No será muy coherente emplear la corbata en la cabeza cuan- do el uso correcto es en el cuello de la camisa, de igual manera será inconcebible usar la ropa interior sobre el pantalón (a reserva de que se intente la recreación de un superhéroe). En cada conjunto del atuendo se ha de saber la combinación y la imagen que pretende darse; la cohesión en la vestimenta tiene que ser clara y adecuada para los fines que se persiguen.
La estética del ensayo no se refiere a lo bonito que esté escrito el trabajo o al color de las hojas sobre las que se escribe; la experiencia estética responde a una satisfacción o finalidad en sí misma, por lo que el en- sayo debe ofrecer al lector deleite, un conocimiento nuevo, un descubrimiento del mundo dentro y fuera de sí mismo. La estética ensayística permitirá al lector encontrarse dentro del universo junto con las ideas y conceptos que se localizan en el interior de éste. Así también, el autor debe ser parte de la experiencia es-
tética, tal vez no del mismo tipo que el lector, pero sin duda es partícipe de la esteticidad de su creación. La fortuna o desgracia de un ensayo será parte de la satisfacción que obtiene el ensayista, la retroalimen- tación que recibe el escritor es indispensable para su crecimiento como autor. El ensayista se desdobla en cada línea de su texto, se reinventa. Como hace ins- tantes escribí, el ensayo es una manera de concebirse en el mundo, explicarse y entenderse. El ensayo no se escribe para sí mismo, necesita ser leído, compren- dido; no puede quedarse escondido, fue escrito para leerse porque entonces no sería un ensayo. El ensayo se escribe porque busca innovar, quiere crear nuevas perspectivas, otras explicaciones para el ser y el mun- do. Si no ofrece algo nuevo a sus lectores no podrá cumplir su objetivo reflexivo, revelador, contundente y, entonces, morirá. El ensayo que no atrapa al lector está destinado al fracaso y al olvido.
No se ensaya solo porque sí, se ensaya para apren- der, experimentar. El ensayo no es ciencia, no quiere hacer ciencia. Es un riesgo que hay que tomar, una improvisación. El ensayo debe ser espontáneo, una revelación para el autor, ya que, de eso dependerá el grado de impacto sobre sus lectores. Entre más grande sea el trabajo ensayístico, más grande será el ensayo, y con grande no se refiere a cantidad, sino a calidad; es mejor escribir diez líneas fuertes, contundentes y bien fundamentadas que diez páginas laxas. El ensayo no tiene una vida larga, pero es una vida próspera. Todos aquellos que han ensayado y están ensayando lo hacen porque tienen una propuesta, quieren exponer ante
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el público su interpretación del mundo, tienen algo que decir y vale la pena ser leído. No hay manera más honesta y exacta de expresar una creencia que no sea através del ensayo.
Ensayar responde a la necesidad de resolver proble- mas, la interpretación de un fenómeno a partir de la historia, los hechos que arrastran a la sociedad y al sujeto el presente. El tiempo para el ensayo es muy importante, porque un asunto no surge de la nada y se queda varado en el tiempo; los problemas son arras- trados con él y entre más pasa el tiempo, más difícil es solucionarlo. Si bien, el ensayo no va a dar las respues- tas a todo, gozará en la búsqueda de la conciliación entre el autor, el lector y el mundo, gozará en un esta- do de tranquilidad donde la solución a los problemas es un mundo acaso posible, porque precisamente, el ensayo propone distintas maneras de ver al hombre en sociedad, es una crítica para el mal gobierno, para el pueblo agachado, para el desentendido; el ensayo no tiene favoritos, no busca preferencias; es imparcial y es justo, aunque, todo depende de la pluma con la que se escriba, claro.
Ahora, el ensayo es capaz de expresar emociones como lo hace la poesía, pero desde su trinchera. Tam- bién son su asunto las figuras retóricas, la metáfora, calificando o describiendo conceptos o problemas mediante analogías. Los eufemismos entran en el oscuro juego del ocultamiento de lo desagradable al autor y, posiblemente, también para el lector. Cuando un ensayista hace una crítica o sátira de una opinión ajena, se vale de la hipérbole para exagerar desme-
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suradamente las ideas y hacerlas parecer ridículas y absurdas. Para atribuir cualidades humanas a las co- sas o viceversa o de juntar de manera coherente dos pensamientos que son aparentemente irreconciliables (como en la prosopopeya y la paradoja) el ensayo se hace aliado de las figuras retóricas para expresar sus creencias y emociones. Asistimos entonces al naci- miento de la poética ensayística. El cuento o la novela narran historias, ficciones, trascienden más allá de la verosimilitud, atrapan al lector y le enseñan un mundo alterno, un lugar que no conocían, algo nuevo. El en- sayo narra una idea y la vuelve historia, atrapa al lector igual que las ficciones y le enseñan un mundo nuevo. El ensayo nunca dejará de ser ensayo, a pesar de que se escriba como cuento o se recite como poema, un en- sayo sólo deja de ser ensayo si no provoca en los lectores la reacción que todo ensayista anhela con la profunda esperanza que sólo en su espíritu anida. Existe por- que necesitamos aclarar nuestras ideas, porque no hay mejor manera de aprender que ensayando.
Si ensayo es porque lo necesito. Nada puede obligar a semejante tormento o a semejante placer. El ensayo es yo, se escribe desde mis manos y me explica desde sus palabras. Ensayar no es al azar, ensayo desde eso que me llama, desde el tema que me sobrecoge. Y es por eso que ensayo este ensayo del ensayo.