3.2 Elements in the Conceptual Framework for Firm Formation The conceptual framework is divided into four themes to include the lead
3.2.4 Theme 4: The External Environment
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El camino hacia la definición del ensayo es arduo, nos lleva por laberintos confusos en los cuales parece no haber salida; aquellos que se han aventurado a cons- truir una teoría del ensayo se han encontrado con que este género es tan multifacético que resulta difícil, mas no imposible, describirlo. Sin embargo, la mayo- ría coincide en que este género tan peculiar encuentra su definición dentro de sí mismo, debe ser coherente en su propia estructura, fiel a sus propios métodos.
El ensayo parece ser el niño dentro de los otros gé- neros, con una aparición relativamente tardía, toma un poco de cada uno de los que se encontraban antes que él y crea algo único; y es por estas mismas razo- nes que dar un dictamen acerca del ensayo resulta tan complejo, porque es la misma mezcla entre todos los géneros la que dan paso a uno nuevo.
Analizando la historia del ensayo podemos enlistar las características que convierten en una entidad lite- raria única y distinta, mas nunca ajena, a los demás géneros. Es imposible hablar de historia del ensayo sin detenernos en Montaigne, el padre de este géne-
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ro; y es que fue precisamente quien dotó al ensayo de una de sus características más evidentes: la visión del mundo desde el yo. Con esto, tenemos que la parte definitoria del género es precisamente aquel que lo crea, el ensayista.
Tal como lo plantea José Luis Gómez Martínez en Teoría del ensayo, la única forma de llegar a un aná- lisis profundo del ensayo será relacionándolo con su autor, haciendo un estudio de él como personaje para así poder comprender mejor su obra, puesto que el ensayo es la visión de alguien de forma escrita, es sub- jetivo tratando de objetivarse; hacer un análisis del texto mismo sin tomar en cuenta a su autor sería algo parcial.
Dado que la visión, opinión, percepción, sensación y acepción del mundo del ensayista es el cimiento para el ensayo, es lógico pensar que los acontecimien- tos que le ocurran y el contexto en el que viva serán definitorios para el tema del mismo. Es decir, el en- sayo se irgue a partir de las experiencias vividas por el autor, de la necesidad de plasmar la opinión, de transmitir algo, es por esto que a través este género tenemos una imagen fidedigna del mundo en la época del ensayista.
El ensayo es un reflejo de la personalidad y el pensa- miento del autor. Podría decirse incluso que mediante este género tenemos una biografía del ensayista, no estará escrita como tal pero sí tendremos evidencia de las experiencias, intereses, evolución y madurez de la persona a través de su obra ensayística.
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Puedo asegurar que hay una personalidad arquetípi- ca del ensayista. Es una persona de naturaleza curiosa, comprometido con el tema del que escribe; el ensa- yista debe actuar como el niño que es el género, que va creciendo conforme escribe, es ingenioso, no tiene miedo a arriesgarse, se entromete en lugares inhóspi- tos, es innovador y creativo, y sus ideas gozan de una frescura extraordinaria.
El ensayo no implica sentarse a escribir, implica dis- ponerse a vivir, hay que vivir para ensayar, y la vida tiene muchas formas, muchas sorpresas, muchos as- pectos que relatar y cómo relatar. Por eso el ensayo toma parte de la crónica, parte del diario e incluso de las epístolas. En este punto es pertinente citar a José Luis Gómez Martínez cuando menciona que “No existe nada, por insignificante que se presente a nuestros ojos, que, en el desarrollo reflexivo del ensa- yo, no pueda ser elevado a proporcionar una posible respuesta a alguna de las preguntas persistentes sobre la existencia humana.”1
Otro tema que destacable en el momento de teo- rizar al ensayo es la estructura del mismo, ¿cómo de- finir una estructura tan diversa, tan cambiante? Este género no tiene un orden definido ni responde a una organización presupuesta, la estructura del ensayo se va formando a la par de las ideas del ensayista.
Este aspecto hace que el texto esté todavía más uni-
1 Gómez-Martínez, José Luis. Teoría del ensayo. Méxi- co: UNAM. 1992.
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do a su creador. Parece ser que el ensayo es un hijo para el ensayista, hecho a la imagen y semejanza de su pensamiento; y a su vez, este hijo se independiza de su progenitor, se marcha solo a causar revuelo por el mundo. Así, el escritor de ensayo se encuentra en una total libertad de hacer con su producto lo que le pegue en gana; sin embargo, siempre tendrá que apegarse a ciertas estructuras ya fundadas, por más discretamen- te que lo haga. A este respecto, cito de Liliana Weing- berg en “Para pensar el ensayo”:
A pesar de su libertad creativa, todo ensayo podría tra- ducirse a una superestructura que cuenta con las partes retóricas tradicionales: exposición o planteamiento del problema, reunión de pruebas, argumentación propia- mente dicha, conclusión.”2
A la par de la gran libertad estructural de la que dispo- ne el ensayista, tiene una gran libertad de tema, como ya he mencionado; a este respecto me refiero no sólo a una libre elección de tema, sino a una libre pro- fundización de éste. El autor puede tomar partes que le interesen, profundizar a su conveniencia, se puede hablar superficialmente sin que esto demerite la cali- dad del ensayo, pues no pretende escribir un tratado científico.
Precisamente, con respecto al tratado científico po- demos decir que ciertamente toma elementos de éste,
2 Liliana Weingberg. “Para pensar el ensayo”. http:// www.cialc.unam.mx/ensayo/primera.htm, 2004
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tratando de comprobar una hipótesis, sin embargo este género no busca verdades absolutas, sino aproxi- marse a la comprobación de sus hipótesis.
Para analizar un ensayo también se requiere tomar en cuenta los recursos utilizados, después de reflexio- nar la escritura nos podemos encontrar con elementos de diferentes géneros dentro del ensayo; así encontra- mos ensayos que dentro de sí contienen otros géneros haciéndole préstamos de sus recursos, como en el caso de la crónica, la entrevista, la poesía, la crónica y prác- ticamente, todos los géneros.
La intención del ensayo también es variada y preci- samente de esa intención dependen los recursos de su estructura. Tal como en el ensayo académico, la inten- ción puede ser la generación del conocimiento o sim- plemente informar o reportar, pero habrá casos más complejos en que la intención de un ensayo, literario, social o político, será la persuasión.
Como consecuencia, el lenguaje del ensayo deberá ser coherente, consecuente, puede ser informal o in- cluso vulgar, siempre y cuando el ensayista esté claro del efecto que puede provocar en el lector, y si este efecto es el deseado.
En este sentido, queda claro que el ensayo es una acertada mirada a la época en que fue escrito, un acercamiento íntimo al pensamiento de su autor. Po- dríamos concluir a este respecto que el ensayo es una suerte de diario y crónica.
Podría pensarse que, debido a todas estas libertades estructurales que se presentan al crear el ensayo es un
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género fácil de desarrollar y hasta cierto punto descui- dado, pero esta sentencia no puede estar más alejado de la realidad. Es justamente debido a estas libertades que escribir ensayo se torna un reto para aquel que quiere hacerlo, las elecciones que el ensayista hace no deben ser gratuitas y deben estar encaminadas hacia el buen funcionamiento de su ensayo.
El ensayo exige habilidad de análisis, pero no de forma aislada, ya que al reflexionar sobre el mundo que lo rodea, el ensayista estará explorando en el vasto campo que es su pensamiento. La visión del mundo que se plasma en un texto ensayístico, es a su vez, un vestigio del pensamiento de aquel que lo escribió.
Escribir ensayo conlleva un sinfín de elecciones y reflexiones que no concluyen al poner el punto final, sino que dan pauta para que los lectores las cuestio- nen, las critiquen o las apoyen.
A la vez que el ensayo constituye un gran reto para el autor, también lo es para los críticos y teorizadores del ensayo. No hay pautas fijas para una estructura, por lo tanto, cada ensayo deberá ser tratado como una obra única, pues la individualidad el ensayo es una característica inseparable. Así como cada niño es úni- co y distinto a los demás, como cada hijo es un ente totalmente diferente al otro, sin significar esto que sea menos importante.
La reflexión que aquí nos tiene es sólo una breve mirada al ensayo, la teoría del ensayo y al ensayista. A pesar de que la teorización del ensayo no es nueva
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(respecto al nacimiento del género) ésta sigue siendo un camino difícil, la definición del ensayo no se puede dar como un ente aislado.
Internarse en el laberinto del ensayo no es una tarea fácil; los elementos que lo conforman hacen que el ca- mino hacia el ensayo sea uno de los más enigmáticos y placenteros de la literatura.