NON-ACADEMIC ENTREPRENEUR
4.4.4 Stage 4: Preliminary Coding and Analysis of the Pilot Study
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Hace ya veintitrés años que pisé por primera vez un aula universitaria. Viniendo de otro estado, la Univer- sidad Veracruzana me dio la oportunidad de estudiar su nuevo y flamante programa académico establecido por el entonces Presidente de la República, Salinas de Gortari, y que aumentaba de cuatro a cinco años la car- rera para la formación de profesionales en Medicina. Trece años de estudio en tres universidades dis- tintas, todas ellas mexicanas, me moldearon un crite- rio científico que exige comprobación a cada paso. En mi área de trabajo no hay ningún procedimiento que se modifique porque yo piense o yo crea que pueda ser mejor, sino hasta que tiene respaldo experimental ordenado y bien documentado. Hay, por supuesto, diferentes maneras de obtener el mismo fín, sin em- bargo se unifican criterios con base en resultados y estadísticas para guiar cada decisión tomada.
Así que ahora, frente a la pantalla de mi computa- dora, intentando escribir sobre la subjetividad del género ensayístico, me es sumamente difícil dar mi opinión y no sólo transcribir las diferentes propuestas
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a las que han llegado los estudiosos del tema: que si el ensayo es literatura o filosofía, las dos cosas o ningu- na, que si es un medio ilegítimo de obtención de con- ocimiento, que “…si se afirma saber algo, debe acom- pañarse por documentos adecuados que certifiquen el uso del método científico, y mostrar los resultados de la aplicación…” (Kauffman, inédito) o que “…el ocio de lo infantil, que se inflama sin escrúpulos con lo que otros han hecho” (Adorno, 1962).
Para Adorno, citado por Kauffman, el ensayo tiende hacia la liquidación de la opinión o punto de vista, incluyendo aquel que le dio comienzo.
Así el sujeto puede experimentar el objeto sin dominarlo, la personalidad se mantiene en espera…la libertad espe- culativa y la naturaleza juguetona de Montaigne, y el uso desenfadado de referencias propias, están implicitamente prohibidas en los ensayos de Adorno como infracciones al protocolo filosófico. El ensayo toma el papel met- odológico de “fantasía exacta” el servicio de la dialéctica negativa…en Adorno, el ensayo se convierte sutilmente en un mero instrumento critico de la instrumentalización (Kauffman, inédito)
Tal vez, si tuviera que hablar del estilo del ensayista ó hacer por ejemplo un análisis de los recursos literarios utilizados en La civilización del espectáculo de Mario Vargas Llosa, sería un poco más fácil para mí, pero hablar de la validez de la opinión del autor, posible- mente la característica más discutida de este género, me exige entrar al hemisferio izquierdo de mi cere-
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con base en criterios estéticos, para explicar por qué es importante la opinión o perspectiva del ensayista.
Bien, ensayemos entonces. Empecemos por el prin- cipio: no creo que realmente haya una diferencia cate- górica entre los diferentes géneros, pues he leído nove- las que son excelentes ensayos y ensayos con un uso tal del lenguaje que podría ser poesía en prosa. Cada texto, sea cuento, novela o poesía deja ver al autor, refleja sus opiniones, por similitud o por oposición en los actos o diálogos de sus personajes y esto, llevado al siguiente nivel, es el ensayo.
Digo que es el siguiente nivel porque si bien la nove- la, por ejemplo, a pesar de ser a veces ficción, inevita- blemente flota sobre las convicciones del autor: políti- cas, morales, éticas, etcétera; el ensayo es su perpectiva al descubierto, su experiencia, incompleta y subjeti- va, única e irrepetible en su tiempo y circunstancias. “Sólo lo basado en la propia experiencia tiene valor en- sayistico” (Gómez-Martínez, 1992). La falta de hones- tidad por parte del ensayista es la mayor traición a este género.
El ensayista nos hace sus amigos a través de esa “char- la” escrita, al grado de que en nuestra imaginación, o en esa libretita de notas personales, hacemos nuestra su opinión cuando estamos de acuerdo obuscamos, anotamos argumentos en su contra cuando no coin- cidimos, esperando, como si en cualquier momento reanudáramos la plática donde nos hemos quedado, pero en sentido contrario.
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Por lo arriba mencionado es que se deduce que la función del ensayo es doble: la expresión y transmis- ión de la opinión del artista, y también la de incitar las ideas, la reflexión. Jean Terrasse,citado por Liliana Weinberg, dice que:
“…el ensayista es incapaz de objetividad. El ensayo es producto de la tensión entre dos deseos aparentemente contradictorios: describir la realidad tal como es en sí misma e imponer un punto de vista sobre ella. El en- sayista intenta conciliar el en sí y el para sí , reivindica la praxis como condición de la manifestación del ser. Para él, lo real no existe sino como experiencia…” (Weinberg, 2004)
El ensayo es un método, un proceso de pensamien- to para el autor que involucra al lector; es una refle- xión interna, cambiante, que busca no la aceptación de su receptor, sino la creación de una reflexión propia en respuesta.
Ya se ha debatido lo suficiente sobre qué tan ade- cuada es esta subjetividad para el lector, pero quisiera agregar que es el mismo lector, quien tiene la última palabra, pues es él, al fin y al cabo, quien juzga desde su propia experiencia y formación, lo que cada texto tiene para ofrecerle. Es obvio que si espera obtener, como yo, información científica, exacta y estadística buscará un tratado especializado; en cambio, si lo que busca es una opinión sobre un tema de su interés, bus- cará la experiencia de quien considere honesto, bien preparado, y con un estilo de lenguaje que le provo- que la reacción que está buscando.
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La subjetividad es entonces la parte fundamental del ensayo, pues no es el tema lo importante, no hace diferencia si hablamos de los avances en el estable- cimiento de la teoría unificada o si abordamos pre- guntas como: ¿es Plutón planeta o planetoide?, ¿es justo gravar con IVA alimentos y medicinas?
No, las cuestiones no son relevantes, es la manera que tiene el autor para intentar responderlas lo que importante, el proceso de pensamiento que lo lleva a las conclusiones expuestas en el texto, y con las cuales podemos o no estar de acuerdo.
Hay quien juzga lo anterior, ya lo había menciona- do, como carente de validez por su falta de respaldo científico, entendiendo este término como la con- vención académica de cada rama de las ciencias, y que por lo tanto el ensayo requeriría de mayor seriedad:
El gremio no acepta como filosofía más que lo que se reviste de la dignidad de lo universal, lo permanente… La verdad del ensayista no es un conocimiento científico ni filosófico, sino que se presenta bajo la perspectiva sub- jetivista del autor y el carácter circunstancial de la época (Gómez-Martínez, 1992)
La medida de la objetividad no es la verificación de tesis sentadas mediante un examen o comprobación repetida, sino la experiencia humana individual que se mantiene reunida en la esperanza y la desilusión (Adorno,1962) Para dar un poco más de luz a lo expuesto en las líneas anteriores, y buscando ejemplos en otras áreas del arte, podemos decir que el ensayo es a la literatura
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como el documental al cine. La perspectiva del direc- tor es la que le da el carácter al documental, puede ser informativo como los de Al Gore, persuasivo, incluso subversivo, como los de Michael Moore, estético como la serie “planeta tierra” de la BBC o simbólico, pero cada uno de ellos utiliza los diferentes recursos cin- ematográficos esperando obtener la mayor respuesta de la audiencia: tomas abiertas o close-up, personas o animales, información directa o voz en off… No obs- tante es la persona que paga el boleto de cine para ver estos documentales la que decidirá si comparte la visión del director y si el contenido puede modificar o fortalecer sus propias opiniones.
Aclarada la importancia de la mirada del autor, sabe- mos que al ajustar el ensayo en un formato específico y límites rígidos ganaríamos objetividad para perder originalidad.“El ensayista moderno trabaja con un ojo puesto en el objeto de estudio mientras que con el otro revisa, nerviosamente, los métodos por los cuales él está autorizado a saber o interpretar” (Kauffman)
Citando a Schlegel, a través de Kauffman, asumi- mos que “tener un sistema o no tener es igualmente mortal para la mente, la alternativa es la combinación de los dos”, mas para no terminar en ninguno de los extremos, organizado pero no original u original pero inútil, es necesario hacer concesiones hacia ambos la- dos hasta lograr un balance intermedio. Esto significa que no tenemos que decider entre la objetividad y la originalidad “En tanto sea la razón la que reine, el propósito del ensayo será remediar el desequilibrio a través de la interpretación crítica de la cultura sin des-
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Conocer los antecedentes del ensayista nos permite darle una dimensión a su opinión: formación pro- fesional, contexto temporal y cultural, recursos del lenguaje utilizados, etcétera, todo lo que nos permita determinar el lugar y tiempo desde el cual está escri- biendo y percibir en su totalidad, o casi, la magnitud de su aportación.
Voy a redundar un poco más en lo anterior, ejempli- ficaré nuevamente con Mario Vargas Llosa, conocer el trayecto profesional de éste escritor; su capacidad na- rrativa, su papel en el gran boom latinoamericano, su amor por la cultura, su carrera política, su experiencia vital que incluye un espacio de tiempo fundamental y crítico para América latina, todo lo anterior y mucho más: sus amistades intelectuales, valores éticos, pos- turas morales, nos permite formarnos la imagen de un escritor líder de opinión y lector del mundo, que marca pautas y plantea políticas nuevas, combativo, agudo, que valoramos por su conocimiento, por su honestidad y coherencia, con quien podríamos diferir en cualquier punto del tema que aborde, psin poder soslayar su postura y reflexionar al respecto.
El ensayista conocedor y preparado tiene una doble perspectiva: por un lado observa y aprehende el mun- do; y por otro, busca en su interior, quiere conocerse y que lo conozcamos, quiere que pensemos y, de ser posible, que compartamos sus opiniones, pero lo más importante, pretende poner en la mesa el tema, pro- blematizarlo y discutirlo directamente con quien está frente a él, compartiendo su mismo interés, su misma preocupación.
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Para concluir, si bien el ensayo no tiene toda la rigi- dez del método científico, si ofrece la originalidad del pensamiento humano, lo cual, para bien o para mal, nos ha traído hasta aquí.
El ensayista nos ofrece una mirada fresca sobre vie- jos problemas, nos recuerda que hay quien comparte nuestras preocupaciones y piensa tanto en ellas como nosotros aunque no lo escribamos. En sus textos en- contramos un espacio para la reflexión y la discusión que puede llevarnos a posibles respuestas, no obstante lo más seguro es, que si el ensayo es bueno, nos genere más preguntas.
Que el autor comparta con nosotros su educación, su cultura, sus conocimientos de viajes, las malas y buenas experiencias que lo han formado, o deforma- do, a través de los años, “charlando” con nosotros para darnos su opinión sobre un tema particular; y que esa opinión nos permita reflexionar, con nuevos ojos y desde nuestro propio espacio, es lo mejor del ensa- yista, por lo menos para mí, porque debo recordarles, escribo esto desde mi perspectiva.
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Referencias
Adorno, Theodor. Notas de literatura. Barcelona. Ariel. 1962. Gómez-Martínez, José Luis. Teoría del ensayo. México. UNAM. 1992.
Weinberg, Liliana. (2001)Situación del ensayo.
www.cialc.unam.mx/ensayo/primera.htm (2004) “Para pensar el ensayo”.
www.cialc.unam.mx/ensayo/primera.htm
Kauffmann, Robert Lane. “La voie diagonale de l’essai: une méthode sans méthode” en Diogene. 1988. Núm. 143. Pp. 68-93