2.16 Execution
2.16.3 Linking: Verification, Preparation, and Resolution
El término movilidad encierra en sí mismo múltiples connotaciones y significados. Dicho concepto puede significar viajar, andar, caminar, cambiar de trabajo, de puesto de trabajo, de residencia o de país, desplazarse, etc. (Sheller y Urry, 2006a; Urry, 2000). Cabe destacar que es la manera en la que el mercado va cambiando, expandiéndose e incluso transformándose día a día. La movilidad ha pasado a ser sinónimo de cambio, ya que no sólo la referenciamos al término desde la lógica del espacio, sino también del tiempo y del contexto. Incluso puede entenderse, y así lo haremos en esta investigación, el consumo como una forma de movilidad ya que partimos de la base de que toda sociedad es móvil y está en constante cambio.
Una de las instituciones pioneras en investigar estos temas fue la Escuela de Lancaster que, liderada por John Urry creó el Centro de Investigaciones de la Movilidad (Center for Mobilities Research), cuyo grupo académico estudia el análisis de los movimientos
globales, nacionales y locales de personas, así como también objetos, capital e información que generan nuevos patrones económicos y sociales en la vida de los seres humanos. La motivación para dicho proyecto por parte de los investigadores de esta universidad son los cambios recientes en la infraestructura del transporte y el acelerado ritmo con el que se desarrollan los medios de comunicación, por lo que vieron necesario el desarrollo de nuevos métodos y teorías de investigación que ayuden a la comprensión de las conexiones entre las diversas movilidades e inmovilidades.14
Urry (2000) demuestra la importancia de este concepto de movilidad, ya que los pueblos, los objetos, las imágenes, la información y los viajes producen y reproducen la vida social y las formas culturales. Asimismo, la movilidad cumple diversos patrones vitales para la sociabilidad contemporánea siendo imposible entender muchas dinámicas de hoy en día sin esta idea. Todo ello ha conducido a numerosos autores a denominar al conjunto de estas aportaciones teóricas y empíricas como “Paradigma de la movilidad” (Sheller y Urry, 2006b).
Pero esta “sociología de la movilidad” que despunta forma parte o es deudora en cierto sentido a la vez de la microsociología o de ciertas teorías microsociológicas, configuradas a través de aquellas formas rutinarias que experimentan los sujetos (Garfinkel, 2006; Goffman, 1981). Estas rutinas se establecen a partir de los momentos de interacción entre personas, que son observables en los espacios públicos y privados (Isaac, 1999). De esta manera, las pautas de microrelación entre individuos se articulan con las movilidades sociales actualmente de una manera rica y efectiva.
La movilidad ha pasado de esta forma a ser también parte del quehacer metodológico (Büscher y Urry, 2009; Büscher et al., 2010) al romper con la visión causal o positivis-
ta de descubrimiento de fenómenos y situarse en las sensaciones o fenómenos que se perciben desde el exterior. La rabia, el placer, los deseos, la kinésica, la prosémica y el desplazamiento de personas, información, objetos e ideas son la columna vertebral de esta nueva rama metodológica que observa dichos elementos “en tránsito”.15
14Ver http://www.lancs.ac.uk/fass/centres/cemore/mobilitiesjournal.htm
15En lo que concierne a este trabajo, se ha tomado en cuenta un método relativamente nuevo que
3.3 Movilidad urbana: nuevos paradigmas ligados al uso de la tecnología Urry (2000) considera que la movilidad ha derivado hacia la complejidad de las interacciones de los sujetos con los objetos materiales, incluidos los signos, las máquinas, las tecnologías, los textos y el entorno físico. Acontecimientos que han provocado profundas transformaciones en las relaciones sociales tales como la miniaturización de las tecnologías electrónicas en las que los seres humanos se encuentran en diversas formas “enchufados” o conectados (embedded y embodied) y que estarán presentes en la mayoría del trabajo y entornos domésticos. Dichos cambios tecnológicos facilitan de forma instantánea la movilidad física y de información y los flujos comunicacionales reducen las distancias y el tiempo entre las personas, las empresas y los estados.
Este tipo de reflexiones sobre la movilidad hunden sus raíces en visiones clásicas del mundo moderno. Por ejemplo, Simmel (1903)16 ya recordaba que el fenómeno aparente-
mente más superficial, como es el de la magnitud de las distancias terráqueas, provoca que toda espera o retraso se conviertan en un tiempo inútil. Es así que el tiempo se convierte en un valor o bien incalculable por el ser humano, buscando que este sea opti- mizado al máximo. Para Simmel, el símbolo de la modernidad va a ser el reloj de pulsera que ejemplifica esa valorización del tiempo incorporada a la movilidad humana. En las ciudades, cada vez más grandes, todas las actividades deben ser concretas, programadas y sincronizadas, generando una gran movilización para que los sujetos y objetos sigan rutinas y rutas específicas procurando amortizar el tiempo usado en los desplazamientos.
Por su parte, Benjamin y Tiedemann (1999) describen al ciudadano moderno que vive en el entorno urbano como el flâneur, aquel que recorre los bulevares y los pasajes comerciales del París del siglo XIX, ciudad convertida en la cuna de la modernidad y que contemplaba la elegancia, el brillo y el lujo, y que se mueve entre las multitudes. Lo que
lugares del fenómeno a estudiar, se observa así la forma en que los sujetos interaccionan con los demás, juegan entre sí y generan patrones dentro de la vida social y las relaciones. Estos registros aportan mayor riqueza y ayuda a comparar las acciones de los sujetos dentro de cada contexto en el que se sitúan (Marcus, 1998).
16Hay que tener en cuenta que Simmel analizó la ciudad de Berlín de principios del siglo XX. Después
de dos guerras mundiales la ciudad ha sufrido diversos cambios económicos, políticos, culturales y tecnológicos, pero se pueden tomar en cuentan distintas aportaciones que sirven para comprender la dinámica de las ciudades y sus características, como el ruido, las distancias y el tiempo consumido. Cabe destacar que pese a que Alemania vivía bajo un sistema monárquico, ya en 1900 contaba con una población de 1.9 millones de habitantes siendo una de las ciudades más grandes del mundo. Información disponible en: www.berlin.de/berlin-im-ueberblick/geschichte/kaiserliche_haupstadt.en.html
enfatiza Benjamin y Tiedemann (1999) es la inscripción de nuevos símbolos, rutinas (ir al teatro, participar de la cultura, debates, la política), representan a ese individuo moderno dentro de las ciudades atractivas, modernas y lujosas. La conversión de los bulevares en corredores elegantes, la muestra del mundo en miniatura a través de sus tiendas.
Urry (2007) rescata las aportaciones de Benjamin y Simmel, argumentando que hacer unas vacaciones, caminar, conducir y otras actividades que implican movimiento son manifestaciones significantes dentro de la vida de las personas, ya que marcan sus relaciones y sus espacios de interacción con los demás. Pero además estas formas de movimiento y el crecimiento de las ciudades son parte inherente del capitalismo empresarial que a la vez expande el espacio público y reestructura las rutinas (sociales, laborales, profesionales, familiares). El estudio sobre el consumo de reproducción digital en el que se centra esta tesis se inscribe de esta forma en el paradigma de la movilidad, ya que es una de las causas para que el fenómeno se presente en nuestra sociedad.