6. PRIORITY BASED GENETIC ALGORITHM
6.3 Literature Review
Salvo en su página de editoriales, un rotativo es una empresa mercantil e industrial. El periodista a sueldo no tiene opinión propia, no puede tenerla en un diario grande. ¿Por qué no se dicen las cosas como son en realidad?
Ramón Doll, “Libertad intelectual no es libertad de prensa”
A
partir del cierre patronal decretado desde el 2 de diciembre de 2003, además de sustituir su programación y sus cuñas por constantes llamamientos a unirse al cierre patronal, todas las tardes los canales privados se encadenan para una suerte de parte de guerra que emiten los dirigentes de la llamada Coordi- nadora Democrática, durante el cual no se permiten preguntas de los comunicadores, y que además imparte instrucciones para los cierres de vías, marchas y acciones violentas para impedir el trabajo y el comercio a ser cumplidas el día inmediato. Como si ello no fuera suficiente, según apunta el informe Los medios en elcentro del paro del Centro de Derechos Humanos de la UCAB:
Al mismo tiempo se observaba una suerte de “encadenamien- to voluntario” por parte de los medios de comunicación pri- vados ante las informaciones que ofrecían al final de las tar- des los miembros de la citada coalición. Este encadenamiento llegó al convertirse en algo normal durante los días que se
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a 25 mil millones de bolívares en monto dejado de transmitir” (cit. por Centro de Derechos Humanos UCAB, Los medios en el
centro del paro, Caracas 2003, p. 15). “El papel de los medios no
consiste en informar, sino en moldear a la sociedad”, declara modestamente tras esa rueda de prensa el locutor Unai Ame- nabar. En Venezuela parecen no cumplir ni una ni otra función. En dicho encuentro, por cierto, gerentes y propietarios de los medios privados increpan a los periodistas extranjeros que les preguntan cómo concilian su papel de comunicadores con el de actores políticos.
Durante el cierre patronal la mayoría de la prensa sustitu- yó asimismo publicidad comercial por propaganda política; los grandes cotidianos redujeron sus ediciones de cuatro cuerpos a dos y experimentaron una evidente baja que llevó sus tirajes de cotas cercanas a los cien mil ejemplares a niveles inferiores a los cuarenta mil, que todavía no superan varios años después del conflicto.
Sobre el papel protagónico en dos ofensivas destinadas al derrocamiento violento de un gobierno electo testimonia An- drés Cañizales:
Los medios no sólo han reproducido o nos han contado, con sus intereses y limitaciones, lo que ha sido la crisis política, sino que han sido protagonistas de primera fila del propio de- sarrollo del conflicto venezolano. El discurso de periodistas y propietarios de los medios entró en el callejón que puso el presidente Hugo Chávez: confrontación y ataques personales, exclusión simbólica y política de un sector de la población, simplificación de los orígenes de la actual situación y, lo que es peor aún, de los pasos que debemos dar para superarla” (“Los medios no perdonan”, Últimas Noticias, 11/4/2003, p. 9). da rutinariamente para describir a los seguidores de Chávez).
Uso deliberado de términos cargados como “crímenes de lesa humanidad” o “genocidio” fuera de contexto, para describir los acontecimientos actuales en Venezuela. La explotación de niños en entrevistas para despertar un sentimiento “anticha- vista”... Los venezolanos son sometidos a una fuerte terapia de aversión a Chávez, las veinticuatro horas del día, los siete días de la semana, uno tras otro, ad nasuseam. Las personas se levantan y se acuestan con esto” (“Venezuela’s Media Mind- shoc”, The Gully, 20/12/2002, cit. por Eva Golinger: Código
Chávez, p. 116).
Durante esta virtual cadena, los canales privados dejaron de transmitir anuncios comerciales, sustituyéndolos por mensa- jes de propaganda política que “donaron” a las organizaciones opositoras, sin pagar, por cierto, el correspondiente impuesto de donaciones. Según la revista Producto, “el paro representó 63 días sin pauta publicitaria y se calcula que tuvo un impacto de aproxi- madamente 800 millones de bolívares diarios promedio en pér- didas” (“Real... y medios”, Producto, marzo 2003, Caracas, p. 34).
Dichas cifras representan más bien el monto de la con- tribución de los medios a una causa política inconstitucional, y son continuidad de los aportes que durante el bipartidismo efectuaban a los partidos del estatus y cobraban en forma de re- presentaciones parlamentarias y otros favores. Víctor Ferreres, presidente de Venevisión, declara en rueda de prensa ante los corresponsales extranjeros el 13 de diciembre de 2002 que “en el caso de Venevisión nosotros (...) hasta anteayer (...) lo que dejamos de transmitir en comerciales fue 7.200 comerciales (...) en la televisión yo calculo (...) que debemos estar entre los 20
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evaluadas se centraban en la necesidad de la paz y la concor- dia entre los venezolanos”. Al evaluar 500 mensajes distintos emitidos durante dicha campaña, algunos testimonios son elo- cuentes: “A mí las que menos me gustaron fueron las de mar- chas porque si bien al principio el recurso era bueno, llegó un momento en que ya cansaba, que ya llamaban a marchar otra vez, que lleva tus pancartas, tus pitos, recarga tus baterías. Además, la voz de la mujercita siempre, era insoportable”. “A mí la que menos me gustó fue la del trancazo, que le decía a la gente ‘tranca tu calle, tranca tu vía, no dejes pasar a nadie’. Me pareció que estaban haciendo cosas en contra de la ley así abiertamente, como si fuera algo muy normal”. “A mí me pareció una que era la de ‘Santa María, ruega por nosotros’, cómo utilizaron la Virgen, un rezo... como recurso para llamar al paro y bajar las santamarías. ¿Cómo van a utilizar un recur- so religioso para bajar una santamaría?”. Añade Abreu que “los estudiantes dicen que su opinión no fue modificada por la propaganda, tanto gubernamental como de la oposición”. Y cita testimonios por este estilo:
“El efecto fundamental era perturbación. Llegó un momento en que no quería ver televisión. 24 horas al día un noticiero y en los breaks eran propagandas y la frecuencia de ellas que era una cuestión exagerada, me perturbaban”.
“Yo al principio sí estaba como pegada a la televisión todo el día y toda la noche, no por mí sino por mi familia. Un día me pareció que se me iba a torcer la cara y fui al médico y él me recomendó que dejara de ver televisión... Y creo que a partir del dos o tres de enero dejé de ver televisión, porque si no estuviera loca”.
Como resumen, Roberto Hernández Montoya:
No menos de cuatro canales de televisión (para no hablar de radio y prensa) se encadenaron durante 24 horas en diciem- bre de 2002 y enero de 2003, en ese lapso transmiten 17.600 anuncios publicitarios contra el gobierno, dedicando toda su programación, sin un segundo de tregua, a denigrar del go- bierno mediante el amarillismo político, a causar toda clase de alarmas, propalando todo rumor que infundiese terror, pre- cisamente. Es un comportamiento sin antecedentes en ningu- na parte del mundo, que yo sepa (“El terrorismo considerado como una de las bellas artes”, Question, marzo 2003, p. 9).
De la unilateralidad y la intensidad de esta campaña da testimonio el oposicionista Jorge Olavarría, quien además apor- ta datos sobre sus dudosos efectos:
Recapacitemos. 62 días de paro general entre diciembre y fe- brero, con un masivo ataque mediático de un promedio de 200 cuñas diarias hostiles al Gobierno, en 4 canales que no estaban transmitiendo cuñas comerciales, y manifestaciones callejeras masivas diarias en todas las ciudades importantes del país, llevaron a que Chávez subiera 12 puntos en las encuestas. (...) Yo opino que el discurso radical e irracional de los voceros de la oposición logró esto” (“El carrusel de bobos”, El Nacional, 17/6/2003, A-6).
Al resumir su estudio sobre “TV y propaganda en el paro nacional”, Iván Abreu Sojo destaca “la contraproducente so- bresaturación provocada y cómo algunas de las cuñas mejor
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destructiva un cierre que, según el opositor Tulio Hernández, mucho antes de Año Nuevo “ya estaba derrotado pero seguía con vida gracias al auxilio de terapia intensiva que le deparaba nuestra televisión privada” (“¡Venga ese abrazo!”, El Nacional, 28/12/2003, A-8).
Idéntica conciencia de la inviabilidad del cierre patronal golpista tenían otros integrantes de la llamada Coordinadora, entre ellos Primero Justicia, cuyo dirigente Julio Borges declara a Celina Carquez: “Me arrepiento profundamente de nuestra posición durante el paro, de no habernos deslindado y convo- cado a una rueda de prensa a la semana de haberse iniciado. A lo mejor nadie nos hubiese escuchado porque esa huelga fue un espejismo colectivo. Igual sucede con los sucesos de abril. No quiero que por no llamar las cosas por su nombre a tiempo vuelva a repetirse la historia. Hemos hecho demasiadas conce- siones con el tema de la unidad. Creo que el paro fue un error y espero que Dios nos dé la sabiduría para no dejarnos arras- trar”. (Últimas Noticias, 18/1/2004). Es un arrepentimiento sen- sato, pero no apresurado: ocurre un año después de los sucesos durante los cuales los militantes de dicho partido amenazaban con la destrucción y el saqueo a los negocios que no se plega- ban al “espejismo colectivo”.
También es tardío el rechazo expresado por un denso sec- tor de los empresarios de Fedecámaras. En encuesta de Alfre- do Séller & Asociados entre 987 agremiados en enero de 2004, el 70% de los encuestados rechazan que Fedecámaras continúe con actividades políticas partidistas; el 61% anuncia su retiro del organismo si para la venidera asamblea de agosto el ente sigue siendo un instrumento partidista; 52% quiere que se rom- pan vínculos con Carlos Fernández y Pedro Carmona para ne-
“A mí me parece que generó muchísimo stress tanta propa- ganda de ambos lados (...)”.
“Yo creo que hubo una saturación. En mi caso yo me saturé de una manera que me fue acercando al bando del ni-ni, aun- que mi posición no ha variado en cuanto a lo que pienso del gobierno, pero sí en cuanto a lo que pienso de la oposición. En mí ha generado un rechazo” (Iván Abreu Sojo, “¿Quo Va- dis: TV y propaganda en el paro nacional”, Comunicación, N° 124, cuarto trimestre 2003, 91-104).
En resumen: Venezuela padeció durante más de dos meses un experimento orwelliano sin precedentes, en el cual un masivo sector de los medios privados se encadenó inin- terrumpidamente en una saturativa campaña de propaganda de guerra a través de radio, prensa y televisión contra un gobierno legítimamente electo y de destrucción de la eco- nomía del país, con el único resultado de que las audiencias rechazaran la arremetida y prefirieran los mensajes que lla- maban a la paz.
El locutor de la oposición Orlando Urdaneta llamó “corte de los milagros” a la feria convocada por los medios en plaza Altamira; ésta desapareció en cuanto dejaron de prestarle aten- ción. A fines de la tarde del sábado antes del paro convocado para el primer lunes de diciembre del 2002 pasé por la plaza Altamira y no había en ella más de una docena de personas. Cerca del doble de ese número de técnicos se agolpaba en una decena de unidades de transmisión de las televisoras. Durante los dos meses siguientes los canales privados intentaron con- vertir a la plaza Altamira en Venezuela mediante una satura- ción mediática abrumadora, alargando en forma innecesaria y
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