PART I: BASIC M&E CONCEPTS
3. M&E plans include an appropriate balance of qualitative and quantitative
Tomando cada uno lo que correspondía continuamos caminando por el sendero angosto, en medio de la selva que cada vez se hacía más tupida. Ese camino conducía a un fundo llamado Lote Perú, a la misma altura de otro de nombre Huaynapata pero en otra dirección. De allí para delante ya no existe sendero o trocha, como se le suele llamar.
Llegamos a Lote Perú a las cuatro de la tarde y los dueños nos recibieron con grandes atenciones. El propietario del fundo, un policía de la Guardia Civil, era muy amigo de mi padre y aunque no se encontraba presente, su esposa, una generosa señora atendió nuestra visita con abundancia de alimentos: huevos y plátanos fritos, yucas sancochadas y café puro fragancioso y caliente. Naturalmente, después de las rigurosas salutaciones al arribar a la casa,
Asamos el pajarraco condimentándolo con un poco de sal y devoramos hambrientos nuestras raciones saboreando hasta los huesos, que aunque algo dura es jugosa y dulce, lo que la hace presa codiciada en la selva. Pasaban por sobre nosotros algunos loros y otros pájaros a los que dábamos poca importancia; sin embargo el asado de manaccaracu no sería suficiente, puesto que calmaría nuestra flaqueza sólo momentá- neamente. Era necesario cazar algo más para el día y observé.
-Tenemos que cazar algo más, porque yo sigo con hambre y para todo el día no creo que esto sea suficiente.
-Más adelante niño -Dijo Eliseo -No te preocupes, esto sólo es el desayuno; para el almuerzo tendremos algo mejor. Esto me consoló, porque a decir verdad no me había satisfecho la porción de manaccaracu, que al ser asado se redujo al tamaño de un pichón. Sólo pude llenar el estómago bebiendo mucha agua del arroyo.
-No bebas mucho, niño -aconsejó Eliseo-, es malo, te dolerá el vaso cuando caminemos.
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LOTE PERÚ
Tomando cada uno lo que correspondía continuamos caminando por el sendero angosto, en medio de la selva que cada vez se hacía más tupida. Ese camino conducía a un fundo llamado Lote Perú, a la misma altura de otro de nombre Huaynapata pero en otra dirección. De allí para delante ya no existe sendero o trocha, como se le suele llamar.
Llegamos a Lote Perú a las cuatro de la tarde y los dueños nos recibieron con grandes atenciones. El propietario del fundo, un policía de la Guardia Civil, era muy amigo de mi padre y aunque no se encontraba presente, su esposa, una generosa señora atendió nuestra visita con abundancia de alimentos: huevos y plátanos fritos, yucas sancochadas y café puro fragancioso y caliente. Naturalmente, después de las rigurosas salutaciones al arribar a la casa,
la primera pregunta curiosa de parte de la anfitriona, era saber qué extraños vientos nos llevaban a caminar por esos lugares muy poco transitados.
-Estamos en plan de caza, señora -Respondí rápida y respetuosamente -Venimos en busca de sachavacas. Siempre hemos escuchado comentar que en estos lugares hay muchas.
-Sí, claro que sí -Contestó la buena señora -Ciertas veces las vemos inclusive por los caminos y las chacras. Solamente cuando está aquí mi esposo captura con el fusil que tiene una que otra; pero cuando él no está no hay quién las cace y se pasean por los patios como Pedro por su casa, adivinando que no hay quien las hostigue. Por estos tiempos no hay muchas debido a que se están avecinando las lluvias; cuando llueve tienen en el monte muchos frutos y no se dan la molestia de salir por aquí a buscar alimento. Por este lado -dijo señalando con el índice al Norte-, hay un aguajal, según dice mi esposo, y ahí vienen sachavacas a comer el aguaje que cae de las palmeras.
-¿Y cuánto distará más o menos de aquí al agujal? -Pregunté.
-Será medio día de camino o algo más - Contestó la señora.
-Bueno, allá iremos mañana, es decir si usted tuviera la gentileza de hospe- darnos esta noche en algún rincón de su casa.
-Vaya pues, claro que sí, qué ocurrencia -Se pronunció la dama-, les prepa- raremos algo para que descansen. -Gracias señora, no pensaba causarle molestias.
-No es ninguna molestia, al contrario, me alegra mucho que nos hayas visitado, aunque sea de paso nada más -Y diciendo esto se puso de pie, de la banca donde estaba sentada y se dirigió a los interiores de la casa.
Quedamos en la compañía de su hija, una muchacha de aproximadamente mi edad, quien entabló conversación sosteniendo el tema de la vida de colegio. Hacía un par de semanas que había llegado procedente del Cusco, donde cursaba la secundaria en un colegio nacional. Interrumpió la señora al salir nuevamente a la salita, que tenía dos paredes al descubierto, con solamente barandas, diciendo:
la primera pregunta curiosa de parte de la anfitriona, era saber qué extraños vientos nos llevaban a caminar por esos lugares muy poco transitados.
-Estamos en plan de caza, señora -Respondí rápida y respetuosamente -Venimos en busca de sachavacas. Siempre hemos escuchado comentar que en estos lugares hay muchas.
-Sí, claro que sí -Contestó la buena señora -Ciertas veces las vemos inclusive por los caminos y las chacras. Solamente cuando está aquí mi esposo captura con el fusil que tiene una que otra; pero cuando él no está no hay quién las cace y se pasean por los patios como Pedro por su casa, adivinando que no hay quien las hostigue. Por estos tiempos no hay muchas debido a que se están avecinando las lluvias; cuando llueve tienen en el monte muchos frutos y no se dan la molestia de salir por aquí a buscar alimento. Por este lado -dijo señalando con el índice al Norte-, hay un aguajal, según dice mi esposo, y ahí vienen sachavacas a comer el aguaje que cae de las palmeras.
-¿Y cuánto distará más o menos de aquí al agujal? -Pregunté.
-Será medio día de camino o algo más - Contestó la señora.
-Bueno, allá iremos mañana, es decir si usted tuviera la gentileza de hospe- darnos esta noche en algún rincón de su casa.
-Vaya pues, claro que sí, qué ocurrencia -Se pronunció la dama-, les prepa- raremos algo para que descansen.
-Gracias señora, no pensaba causarle molestias.
-No es ninguna molestia, al contrario, me alegra mucho que nos hayas visitado, aunque sea de paso nada más -Y diciendo esto se puso de pie, de la banca donde estaba sentada y se dirigió a los interiores de la casa.
Quedamos en la compañía de su hija, una muchacha de aproximadamente mi edad, quien entabló conversación sosteniendo el tema de la vida de colegio. Hacía un par de semanas que había llegado procedente del Cusco, donde cursaba la secundaria en un colegio nacional. Interrumpió la señora al salir nuevamente a la salita, que tenía dos paredes al descubierto, con solamente barandas, diciendo:
-Ya está lista tu cama. Eliseo puede acomodarse en el mismo cuarto si tú lo quieres -Y cambiando drásticamente el tono de su voz dijo con un interés evidente y preguntó: ¿Cómo están tus papás?
-Bien, bien, gracias -Dije y cayendo pronto en la cuenta de que era riguroso detalle social alcanzarle sus saludos, agregué con una inusual mentira pero de rigor protocolar: Me dijeron que si pasábamos por su casa le diera sus saludos.
-Muchas gracias -Terminó diciendo con una sonrisa de satisfacción.
Ya las aves comenzaban a volar bulliciosas en busca de sus nidos. Los sapos y ranas a coro con grillos y cigarras ensordecían anunciando la entrada de la noche. Las gallinas una a una ingresaban por la puerta de su gallinero, una casita pequeña al costado de la casa que servía de cocina junto a la vivienda principal.
Un mundo comenzaba a despertar, el mundo nocturno que en la selva es tan igual de activo al mundo diurno, pues hay una gran cantidad de especies que viven de noche. En realidad cada momento del día de veinticuatro
horas tiene su propio afán y cada uno es distinto al otro. Mas siempre, cualquiera de ellos mantiene su embrujo aparte, su propia magia, su particular encanto.
Afanosa la buena señora preparó la mesa y procedió a servir la cena, que en medio de amena conversación la degustamos. La hija encendió una lámpara y la colocó al centro de la mesa, a la que por acción de la luz eran atraídos bichos y mariposas nocturnas. Luego de la cena la plática se prolongó por espacio de una hora más y terminada la tertulia pasamos a nuestra habitación a dormir.
-Es el cuarto de Miguel -Me dijo la señora al tiempo que me conducía a una habitación y me ofrecía la cama muy bien tendida.
Miguel era uno de sus hijos y estaba en el Cusco. Arrimamos las armas contra la pared, ya les habíamos sacado los cartuchos antes de entrar en la casa y nos dispusimos a dormir. Extraje una manta de la cama y se la di a Eliseo, quien a su vez sacó la nuestra del saquillo y envolviéndose con ella se acomodó en una esquina de la habitación. De cabecera puso el saquillo y al momento se entregaba a un profundo sueño.
-Ya está lista tu cama. Eliseo puede acomodarse en el mismo cuarto si tú lo quieres -Y cambiando drásticamente el tono de su voz dijo con un interés evidente y preguntó: ¿Cómo están tus papás?
-Bien, bien, gracias -Dije y cayendo pronto en la cuenta de que era riguroso detalle social alcanzarle sus saludos, agregué con una inusual mentira pero de rigor protocolar: Me dijeron que si pasábamos por su casa le diera sus saludos.
-Muchas gracias -Terminó diciendo con una sonrisa de satisfacción.
Ya las aves comenzaban a volar bulliciosas en busca de sus nidos. Los sapos y ranas a coro con grillos y cigarras ensordecían anunciando la entrada de la noche. Las gallinas una a una ingresaban por la puerta de su gallinero, una casita pequeña al costado de la casa que servía de cocina junto a la vivienda principal.
Un mundo comenzaba a despertar, el mundo nocturno que en la selva es tan igual de activo al mundo diurno, pues hay una gran cantidad de especies que viven de noche. En realidad cada momento del día de veinticuatro
horas tiene su propio afán y cada uno es distinto al otro. Mas siempre, cualquiera de ellos mantiene su embrujo aparte, su propia magia, su particular encanto.
Afanosa la buena señora preparó la mesa y procedió a servir la cena, que en medio de amena conversación la degustamos. La hija encendió una lámpara y la colocó al centro de la mesa, a la que por acción de la luz eran atraídos bichos y mariposas nocturnas. Luego de la cena la plática se prolongó por espacio de una hora más y terminada la tertulia pasamos a nuestra habitación a dormir.
-Es el cuarto de Miguel -Me dijo la señora al tiempo que me conducía a una habitación y me ofrecía la cama muy bien tendida.
Miguel era uno de sus hijos y estaba en el Cusco. Arrimamos las armas contra la pared, ya les habíamos sacado los cartuchos antes de entrar en la casa y nos dispusimos a dormir. Extraje una manta de la cama y se la di a Eliseo, quien a su vez sacó la nuestra del saquillo y envolviéndose con ella se acomodó en una esquina de la habitación. De cabecera puso el saquillo y al momento se entregaba a un profundo sueño.
Muy temprano al día siguiente la señora llamó a la puerta, para indicarnos que nos había preparado el desayuno. Al salir de la habitación encontramos una palangana y una jarra llenas de agua fresca, donde pudimos lavarnos la cara y hacernos el aseo matutino. Una vez listos pasamos a la mesa y fuimos objeto de un verdadero convite, un banquete rural. Comimos plátanos y huevos fritos con yucas asadas a la brasa y embadurnadas con manteca de chancho y miel de abejas silvestres, acompañando con fragancioso café caliente y recién pasado. A las seis de la mañana nos despedimos prometiendo pasar de regreso en un par de días. La buena señora nos recomendó tener mucho cuidado y nos internamos en la selva, no sin antes agradecerle por los consejos, las recomenda- ciones y las generosas atenciones. Desde entonces caminamos abriéndonos paso a golpe de machetazos, tarea que estaba a cargo de Eliseo que andaba por delante. Claro que eso fue mientras anduviéramos por las cercanías del fundo, porque eran terrenos donde habían sido rozados para cultivar y que luego se habían llenado de arbustos, a lo que se le llama “purma”, que ya no es monte virgen y se caracteriza por ser más tupido y de muy baja altura, donde caminar abriéndose paso es algo laborioso.