• No results found

CHAPTER 3: HETEROGENEOUS CPU-GPU SYSTEM SIMULATION

3.3 M2S-CGM Benchmarks

“Lo colectivo de las memorias es el entretejido de tradiciones y memorias individuales, en diálogo con otros, en estado de flujo constante con alguna organización social y con alguna estructura, dada por códigos culturales compartidos”

Elizabeth Jelin

Pensar la temporalidad del desplazado, requiere de dos aclaraciones, la primera tiene que ver con la perspectiva de lo que implica la temporalidad, la cual será entendida como un devenir donde, pasado presente y futuro, no están estáticos cada uno en su época sino que se da una dinamización que configura al ser humano como ser que va siendo en tanto fue, es y será. La segunda aclaración, la cual se relaciona con la primera, tiene que ver con que dicha temporalidad, no sólo se evidencia en el devenir del hombre y la mujer, sino que además se da en el marco de lo cultural por ello y aludiendo a las palabras de Guadalupe Valencia García se hablará de un tiempo social, el cual se consolida desde la perspectiva que el tiempo no es igual ni homogéneo en todos los colectivos humanos, ya que responde, exclusivamente a su rasgo cultural porque se da en el producto de la vida social y sus respectivas significaciones. “Podemos decir, de

cultura tiene su propio conjunto de huellas temporales, conocer a un colectivo significa conocer las estructuras temporales que apuntan los ritmos de la vida.” (Beriain, 2007: P. XI)

En concordancia con lo mencionado, se debe tener presente que la temporalidad es constituida por el ser humano y desde allí configura sus modos de hacer y de relacionarse con su entorno y con los otros; es por eso que se tiene en cuenta la analogía del eco propuesta por Alejandro Castillejo ya que hace alusión a la temporalidad, evidencia la relación entre los espacios y lo que se recuerda. “El eco siempre nace de la

conjunción entre el sonido y el lugar. Y es en esta “relacionalidad” el sujeto es habitado por el lugar donde recae una de las maneras como el pasado habita espectralmente en el presente; donde el silencio y la voz se entretejen en una masa crítica de enorme densidad histórica y semántica; donde los eventos del pasado, especialmente los violentos, resuenan en la mente, en el presente, como una campana” (Castillejo,2008:29).

Los cambios dramáticos en el tiempo social, transforman, necesariamente los modos del hacer social ya que las nuevas alternativas implicaran la aparición de otros ritmos vivenciales, laborales, educativos, en definitiva, culturales. Se añaden, además, dos elementos cruciales en toda modificación, el miedo y la esperanza; elementos que hacen su aparición con mucho más ahínco en aquel(llos) que se desplaza(n) forzosamente, ya que no ha(n) planeado su cambio, y por ello debe(n) abrirse a lo potencial y lo posible del territorio que ahora habita(n); es decir, sus posibilidades y expectativas hacia lo que está por venir se conforma ahora desde otras dimensiones, las cuales debe(n) conocer. Un ejemplo de lo anterior lo ofrece Luisa, en el siguiente testimonio, da cuenta de algunos cambios en su forma de interactuar con el nuevo territorio.

Yo allá vivía de la agricultura y de la minería y de la pesca, yo antes no hacia esto de madre comunitaria, y ahora ya lo estoy haciendo… me vine a esta comunidad y vea tengo este trabajo que lo necesito,

entonces si he cambiado, tengo trabajo y cambia uno, es que uno aprende muchas cosas con este trabajo, conoce mucha gente.

Reconocer las implicaciones de la transformación del tiempo social remite a la necesidad de escudriñar sobre ¿cómo eran los hábitos y las formas culturales antes del desplazamiento? El cuestionamiento direcciona la respuesta a la relación que dicha transformación tiene con el recuerdo, para así poder comprender la implicación de las modificaciones en el marco de lo que se era, se tenía y lo que se es y lo que se tiene. Todo trasegar existencial, todo cambio, forzoso o no, siempre estará permanente ligado con el recuerdo y con la expectativa ya que, como lo afirma Kosellek, citado por Guadalupe Valencia, “la experiencia es un

pasado presente, cuyos acontecimientos han sido incorporados y pueden ser recordados… La expectativa, por su parte, se efectúa en el hoy, es un futuro hecho presente, apunta al todavía-no, a lo no experimentado, a lo que se puede descubrir. (Valencia, 2007:198)

En este sentido, se reconocen las implicaciones del recuerdo en los procesos de transformación, con el fin de explorar las consolidaciones que se han hecho a partir de las mutaciones; es decir, acudir al recuerdo es poner en evidencia lo que se ha modificado incluyendo aquí sus expectativas.

Es así como se puede afirmar que para poder reconocer la temporalidad del desplazado es necesario identificar, acercar y reconocer sus modos de existencia, a través del recuerdo, para así conocer las mutaciones que ha sufrido y cómo dichas transformaciones lo ponen hoy en un hacer diferente y en un soñar distinto. Traer al presente lo pasado es preguntar por lo ocurrido, por las transformaciones y por las permanencias y qué se ha podido mantener y qué se ha transformado y cómo. Ante lo anterior Todorov afirma “Toda sociedad tiene una obligación para con su pasado:

someter al pasado, ni tampoco de que todas las lecciones del pasado sean recomendables por igual. La memoria colectiva prefiere, por lo general, tener dos tipos de situaciones de su pasado comunitario: aquellas en las que fuimos héroes victoriosos o víctimas inocentes. Ambas permiten legitimar las reivindicaciones del presente10”.

Recordar, así sea un acto individual necesita de otros porque es con ellos con quienes se alimenta lo que se recuerda y es en el conversar que rememora donde se harán palpables los códigos establecidos. “Aún en

los momentos más individuales nunca estamos solos. Uno no recuerda solo sino con la ayuda de los recuerdos de los otros y con los códigos culturales compartidos, aun cuando las memorias son únicas y singulares.” (Valencia, 2007:21) Recordar con otros es permitir el

reconocimiento, la rememoración.

2.4 ¿Qué es el recuerdo?

El recuerdo de la guerra, sin embargo, como todo recuerdo, es sobre todo local.

Susan Sontag

“El pequeño milagro del reconocimiento es recubrir de presencia la alteridad de lo existido.”

Paul Ricoeur

Vivía de la agricultura, también me gustaba a veces ir al río a buscar el oro, porque esa es una de las fuentes de la platica, nos gustaba mucho ir como a buscar la minería, allá en grupo, rico pasa uno, uno se sienta en la playa, recoche, de todo y eso allá era como muy bueno. Me gustaba la agricultura, la minería y también pasaba casi siempre en la casa con los niños. Allá todos éramos pueblo, tratábamos la cosa y usted no veía como el grupito pa’ decir que el egoísmo, yo nunca pues, allá no y la gente pues como muy humanitaria.

10

Muchas veces en la finquita de nosotros me iba a buscar el revuelto, cuando el papa de ellos no estaba yo me iba con las otras mujeres, decíamos: -vámonos pal’ monte- y íbamos todos y ellas llevaban los hijos, todos nos íbamos como en grupito y cortábamos todo el revuelto, y aja todo mundo en su canasto lo llenaba.

Para hablar sobre las implicaciones del recuerdo en los procesos de transformación a los cuales se ve abocado aquel que es desplazado forzosamente, se hace necesario iniciar con los siguientes cuestionamientos, ¿qué es el recuerdo? y ¿cómo se configura éste en el presente?, ¿Qué hacemos con nuestros recuerdos? ¿Cuál es la relación

entre el cuerpo, la violencia y la memoria? (Castillejo, 2008) Dichos

interrogantes se podrán responder en el trasegar de lo que se pueda decir sobre ellos, apuntando, eso sí a la necesidad de escrutar esas posibles respuestas en el marco de una situación y una población específica.

Recordar es una actividad que se encarga de activar lo pasado en el presente; es decir, es en el presente que aparece el pasado para darle sentido a lo ocurrido. Si cada presente deviene pasado, por aquello del devenir, se pueden reconocer las transmutaciones del hacer y ser del hombre. Castillejo, quien haciendo más alusión al “archivo” que a la memoria, entendiendo el primero como un proceso social que administra

el pasado, realiza una metáfora del archivo pendular que enriquece y

profundiza lo que se ha venido mencionando “Pero ¿qué ha permitido

esta resonancia? Primero que todo, las condiciones de reproducción del pasado –la manera como éste “aparece” y “desaparece” resuena como un eco o brilla en un momento dado para luego “desvanecerse” en el “crepúsculo”– hacen parte de esta pendulación.” (Castillejo, 2008:28)

Cada recuerdo como pendulación de la experiencia vivida irá de la mano no sólo con los saberes adquiridos sino que también estará atravesada por los sentimientos, las angustias, los temores y las pérdidas; indicando con ello que cada recuerdo que se hace posible, evidencia una marca,

una huella. Los recuerdos tienen sentido en la medida en que son evocados y sobre ésta afirmación, se advierte que el sentido tiene una connotación de apropiación incorporando y fundando el hacer, los sentimientos y las palabras de aquel que ha sido constituido por ese recuerdo.

Aunque el acto de hacer presente lo pasado es individual toma una potencialidad colectiva porque ese acto hace parte de un marco social y en éste sentido y evocando a Ricoeur revivir el pasado evocando a varios,

ayudándose en hacer memoria de acontecimientos y saberes compartidos, es lo que posibilita la rememoración, y con ella el

reconocimiento; es decir, en la medida en que los recuerdos son compartidos con otros se hace posible la rememoración y al mismo tiempo el reconocimiento entre quienes recuerdan. Susan Sontag afirmaría: Toda memoria (recordar) es individual, no puede reproducirse, y

muere con cada persona. Lo que se denomina memoria colectiva no es un recuerdo sino una declaración: que esto es importante y que ésta es la historia de lo ocurrido, con las imágenes que encierran la historia en nuestra mente11. Todo recordar esta atravesado por unos patrones o

como lo denomina Halbwachs marcos sociales y culturales ya que lo que se recuerda da cuenta de un momento concreto, momento o circunstancia efectuado en un escenario social con unas características particulares y es sobre esos patrones que se recuerda; es decir, lo vivido, lo experimentado y experienciado, hace parte de una espacio-temporalidad especifica que le da su singularidad y particularidad por los rasgos culturales específicos en los que concurre. Ello indica entonces que la rememoración, en la medida en que está atravesada por estos componentes culturales, siempre tendrá un rasgo social o colectivo.

Si bien la memoria social tiene un papel altamente significativo, como lo afirma Elizabeth Jelin, en la medida en que es un mecanismo cultural para

11

fortalecer el sentido de pertenencia a grupos o comunidades y, si se

comprende su implicación a partir de lo afirmado por Halbwachs, emergerán diversidad de cuestionamientos, ya que hablar de memoria social, en medio de la fragmentariedad del desplazado resulta algo paradójico, porque se estaría tratando sobre una memoria social, desarraigada, dispersa y desvanecida. Por ello, ¿Qué memoria se consolida y qué tipo de recuerdo se hace presente, en medio de una experiencia del terror y del miedo? Lo que emerge en la memoria, es el recuerdo de la pérdida del lugar de origen y cuando los lugares están perdidos, solo quedan los sobrevivientes y los objetos para conservar algo de lo vivido y con ello hacer posible la rememoración.

Pero la memoria tiene un doble efecto, puede ser sanadora, liberadora y potencializadora o inmovilizardora; el tipo de efecto depende del uso que se le de a la misma. En un primer momento se podrá decir que hay dos formas de abuso de la memoria que impulsan al estatismo; la primera correspondiente a encerrar el presente en los recuerdos pasados; es decir, hacer un exceso del pasado, donde el recuerdo no se ve como perspectiva de futuro, sino como repetición y reiteración de lo ocurrido, limitándolo al dramatismo y a la queja permanente; si bien es cierto que no se deben olvidar las particularidades de las atrocidades humanas, también es cierto que no se puede limitar ese recordar a la mera queja, debe servir para la no repetición de los actos y para la consolidación de sociedades diferentes. El segundo modo de abuso es contrario al anterior ya que se hace uso descomunal del silencio. Silencio, que si bien es necesario para reconfortar la existencia humana y como lo dice Gonzalo Sánchez entre memoria y olvido no hay relaciones dicotómicas sino

negociaciones estratégicas (2003:58). No puede hacerse un uso

desmedido del mismo porque, se dejará que los sucesos pasen con toda la impunidad posible.

Teniendo en cuenta estos dos tipos de abuso cómo puede ser comprendida la memoria y la necesidad del recuerdo en tanto potencializador, liberador y sanador; cuando no se aspira al dramatismo ni al silencio absoluto, se busca la necesidad de proyección y transformación, por eso, la memoria y el recuerdo serán considerados como mecanismos que impulsan hacia el futuro los procesos sociales y culturales, queriendo decir con ello que el recuerdo y la memoria deben modificar las realidades para buscar nuevas alternativas de vida , diría Gonzalo Sánchez: El pasado se vuelve memoria cuando podemos actuar

sobre él en perspectiva de futuro (2003:26) y Jelin añadiría: “En el plano colectivo, entonces, el desafío es superar los olvidos y los abusos políticos, tomar distancia y al mismo tiempo promover el debate y la reflexión activa sobre ese pasado y su sentido para el presente/futuro”

(JELIN, 2002:15). En conclusión, el pasado y la memoria, concebidas desde ésta perspectiva, permitirán a los sujetos y a los colectivos redefinir su identidad mirando críticamente el pasado dándole un sentido al mismo, proyectándose en un por-venir. Torodov lo afirmará diciendo: “El pasado

es fructífero no cuando alimenta el resentimiento o el triunfalismo, sino cuando nos induce amargamente a buscar nuestra propia transformación. Un pueblo debe recuperar su pasado para no repetirlo, ni para legitimar sus reivindicaciones actuales… sino para extraer una lección con vistas al porvenir. Para intentar, analizando las injusticias del pasado, revitalizar el ideal de justicia.”12

Atendiendo a la propuesta mencionada, cómo hacer comunicable esa configuración colectiva del recuerdo, aquí es donde hace su aparición el testimonio como estrategia comunicativa que consolida la memoria social y la que permite el acercamiento hacia esas experiencias de vida individual y colectiva, no sólo desde la narración del pasado sino la resignificación y el distanciamiento que han tomado sobre el mismo, para

12

reconocer las nuevas significaciones y sentidos que han dado a su existencia y modos de vida.