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Flora M. Hillert1

Hemos desarrollado dos días de trabajo de las Jornadas “La mirada pedagógica para

el siglo XXI: teorías, temas y prácticas en cuestión”, organizadas por nuestra Maestría

en Educación “Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas”.

Estas Jornadas estaban previstas para los cursantes de la Maestría, docentes y es- tudiantes de otros posgrados en educación, investigadores y profesores de Institutos de Formación Docente. Tomando como base a los 80 estudiantes de la Maestría, esti- mábamos una concurrencia de 150 personas. Este número fue ampliamente superado, dado que participaron 260 personas. Del total, 150 pertenecientes a la Universidad, y más de 100 provenientes de Institutos de Formación Docente, de Ciudad de Buenos Aires, Provincia de Buenos Aires, y del interior del país. También contamos con algu- nos participantes latinoamericanos.

Denominamos al evento Jornadas de Debate y Producción. Debate, porque soste- nemos que en la circulación de la palabra, la expresión de ideas diversas, la argumen- tación, la fundamentación y la discusión respetuosa se resuelve la construcción de lo público. Producción, porque creemos posible generar instancias de diálogo colectivo que estimulen la reflexión profunda.

En aras de debatir y producir, acordamos no solicitar la presentación de ponencias. Sabemos que esto no es habitual, estamos acostumbrados a tener certificaciones por exposición de trabajos, que acrecientan nuestro currículo, pero reducen las posibilida- des de auténticos intercambios en condiciones de tiempo acotadas; en muchos eventos suele suceder que al interior de grupos que cuentan con escaso tiempo para funcionar, se suceden intervenciones de diez minutos cada una, con otros tantos minutos finales de preguntas y respuestas; quisimos evitar con toda intencionalidad esta dinámica. Hemos tenido catorce expositores en tres Mesas Redondas, y la asistencia de 147 per- sonas a los debates en nueve grupos de discusión, en los que hubo tiempo para tomar mate, exponer opiniones, producir síntesis. Los estudiantes de la Maestría cumplieron el papel de Relatores de los grupos de discusión.

1 Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras, Profesora Titular de “Educación I” y del Seminario Proble- mas y corrientes contemporáneas en Teorías de la Educación, en el Departamento de Ciencias de la Educación. Directora de la

asimilando los primeros a los académicos universitarios y los segundos a los docentes en la tarea de aula, tenemos que decir que la composición de los asistentes al evento encontró a estos sujetos diferentes en un mismo espacio de conversación. En este sen- tido, las jornadas fueron una pequeña experiencia de las posibilidades de intercambio, y, en palabras de los protagonistas, una actividad educativa en sí misma. La búsqueda de lo común entre las diferencias permitió admitir que “el abismo” entre pensar y hacer, no se verifica sólo entre la escuela y los espacios académicos sino muchas veces también al interior de la escuela, y de cada docente, en la coherencia entre su pensar y su actuar.

La invitación a las Jornadas fijaba tres ejes para el debate: teorías, temas, y prácticas. No resultaba fácil separarlos, porque hay prácticas en relación con temas y con suje- tos, y construcciones teóricas que responden a nuevos temas y problemas.

En la preocupación de los organizadores y los participantes estuvo presente el deba- te sobre lo escolar, el interior de la institución escuela, aunque quizás no en su forma más habitual.

Se intentó encontrar lo nuevo dentro de lo cotidiano: las políticas de escolariza- ción, la escuela en territorios de pobreza y marginación, la circulación del poder al interior de las instituciones educativas, las problemáticas de la violencia, la disciplina, el género, lo estético, la formación docente. En los grupos de discusión, se retomó la problemática escolar sobre estas nuevas realidades y se agregaron otras.

No tuvieron la misma presencia las tareas habituales, diarias, de la enseñanza en el aula. Intentamos hacer una distinción reflexiva en torno de “lo pedagógico” – que trata sobre la educación- y “lo didáctico” –que trata sobre la enseñanza-. Reconociendo la centralidad de la enseñanza de contenidos científicos, técnicos y culturales en general en la educación, señalamos por ejemplo, que la formación en la nueva ciudadanía no puede resolverse con buenas clases de ciudadanía, sino a través del ejercicio de la ciu- dadanía práctica en el aula y en el conjunto de la institución. Tampoco temas como la formación para la no violencia, la no discriminación, la diversidad de género, se resuel- ven a través de buenas clases sobre igualdad, aunque esto pueda y deba hacerse. No se trata de dar lecciones de ética y participación política, sino de praxis ética y política en la escuela. Y esta construcción teórico – práctica es la que nos convoca.

¿Qué es lo que cuestionan los nuevos temas y prácticas, o los nuevos enfoques acerca de viejos temas y prácticas, que irrumpen en los actuales debates educativos?

No cuestionan la vigencia de la educación ni de la escuela, sino el modelo escolar de la Modernidad.

La educación moderna tuvo como pilares un espacio cerrado –la escuela- levantado como ejemplo frente a su medio ambiente; un conocimiento parcelado y sin puentes con el conocimiento cotidiano y popular, un cuerpo de especialistas de la enseñanza excluyente de otros educadores, una imagen de educando que no es el actual.

La diversidad de los participantes no fue sólo resultado del trabajo de la Maestría ni de la Comisión Organizadora de las Jornadas, de alguna manera recogimos la amplia tarea desarrollada por el Departamento de Ciencias de la Educación en la organización de distintos eventos, en particular el trabajo en conjunto con institutos de profesorado en la organización del “1er Congreso Metropolitano de Formación Docente” realizado en noviembre de 2008 en nuestra Facultad; es decir, transitamos una senda que hemos abierto concientemente. Por otra parte, la misma matrícula de la Maestría presenta una composición diversa: egresados y docentes universitarios, egresados de otros niveles del sistema, educadores de Bachilleratos Populares y de movimientos sociales.

La cantidad de participantes generó un primer movimiento de sorpresa, que estimu- ló el deseo de iniciar las polémicas: ¿por qué nos sentimos convocados a debatir acerca de lo pedagógico situado en los escenarios educativos de nuestro país, como parte de la América Latina, en la hora actual?

Una primera respuesta inmediata, remite a la vitalidad de la pedagogía, que como el Ave Fénix renace en la Universidad de Buenos Aires y en otras universidades naciona- les, después de un cuarto de siglo de estar ausente en los Planes de Estudios de algunas Carreras de Ciencias de la Educación.

Celebramos el resurgimiento de “la pedagogía”, pero en las Jornadas preferimos trabajar “lo pedagógico” no cosificado, no sustancializado, sino como mirada sobre diversas problemáticas emergentes.

A diferencia del abordaje parcelado de las Ciencias de la Educación, lo pedagógico reclama una mirada totalizadora y compleja; a diferencia del énfasis analítico, deman- da una síntesis práctica imbricada en la acción; a diferencia de limitarse a trabajar sobre el conocimiento de la realidad, requiere ineludiblemente la utopía; conlleva un carácter propositivo, una elección de valores, una construcción de sentidos culturales, que tras- cienden la descripción y la explicación.

Muchas de las exposiciones presentadas en las Jornadas fueron una muestra viva de una mirada interdisciplinaria, que conjuga enfoques culturales, psicológicos, históricos, sociológicos, políticos, filosóficos, en el estudio de problemas candentes de nuestra rea- lidad. También en la Carrera de grado de Ciencias de la Educación de nuestra Facultad, aspiramos a erosionar las fronteras disciplinares y ensayar espacios interdisciplinares.

Nuestra mirada pedagógica para el siglo XXI vincula estrechamente la educación con la política y con la ética: con las batallas de los pueblos de nuestra América por tomar sus destinos en sus manos, por ejercer en distintos grados su capacidad de deli- beración, decisión y ejecución, en resguardo de los bienes de la madre tierra, por una redistribución más justa de la riqueza, por una ética solidaria, por el goce y la produc- ción de la cultura de todas y todos para todas y todos.

Si los debates en torno de la pedagogía y lo pedagógico en las Jornadas condujeron casi por automatismo a la relación entre teoría y práctica, e inmediatamente, adherido a este abordaje, a la personificación de los opuestos en actores teóricos y prácticos,

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