7.3 The New Algorithm
7.3.1 Partial State
En diversas investigaciones constatamos que en muchos casos docentes de media y superior, y universitarios, comparten similares formaciones de grado y posgrado. La proliferación de ofertas de postítulos y posgrados y el genuino interés de formación continua así como la necesidad de puntajes, ha llevado a muchos docentes a realizar cursos y carreras en institutos superiores y universidades.
Por otra parte, muchos docentes de media y superior son docentes universitarios, y muchos docentes universitarios realizan además docencia o asesorías en los niveles medio y superior.
Lo que cambia, lo distinto, son las condiciones de trabajo de cada subgrupo de profesionales de la educación.
Mientras los universitarios tienen al menos el 50% de su tiempo destinado a la investigación, las reuniones de equipo, las tareas pre y post clase, muchos maestros y profesores suman hasta 40, 50, 60 horas semanales al frente de alumnos. En estas con- diciones es imposible trabajar en equipo, reflexionar sobre la práctica, juntar el hacer con el pensar. Bourdieu nos recuerda un pensamiento de Platón, quien decía que cuan- do se está atenazado, corrido por la prisa, por la urgencia, no se puede pensar. Para pensar, para ser un pensador, es imprescindible tener tiempo. Más aun, podemos decir que sin estos tiempos lo que tiende a perpetuarse es la reproducción de lo existente.
Los docentes universitarios y no universitarios no tenemos naturalezas diferentes, tenemos condiciones de trabajo diferentes.
En particular, en el caso de los profesores universitarios el tiempo no destinado di- rectamente a docencia se dedica a tareas de investigación. Desde estas investigaciones hemos ido aportando al conocimiento de temas como la formación y el trabajo docen- te, el embarazo adolescente, la violencia en -la escuela-, la institución en contextos de extrema pobreza e indigencia, la estética escolar, las pedagogías de las luchas sociales, y otros. Creemos que el valor específico de estos aportes facilita el diálogo entre edu- cadores de distintos segmentos del sistema.
Para continuar tendiendo lazos entre profesionales de la educación, urge implemen- tar horas pagas no al frente de alumnos para los docentes de media y superior. Cuando se dan posibilidades de reflexión y escritura, los docentes pueden producir tan bien como los académicos.
En los últimos años se han venido desarrollando también numerosas actividades conjuntas de investigación, talleres de narración de experiencias docentes, proyectos comunes con alumnos, encuentros.
Estas Jornadas se han inscripto en la misma línea.
Si en el curso de estos días hemos podido dialogar, es porque existen conocimientos y códigos de lenguaje comunes, es porque estamos construyendo los puentes, las tra- ducciones, en una relación democrática.
Pero si pensamos que la escuela sí tiene vigencia, surge como interrogante la posi- bilidad de generar prácticas transformadoras en esta escuela moderna constituida para otros parámetros sociales y culturales, pensada para otros sujetos.
¿Es posible avanzar en democratizar la institución, el conocimiento, los enseñantes de la escuela pública, imprimirles sentidos progresistas, populares, emancipadores? ¿Podemos en esa escuela pública y estatal desplegar acciones alternativas de produc- ción cultural y construir subjetividades contrahegemónicas?
Afirmamos que sí con absoluta convicción, no sólo como deseo sino por la cons- tatación de la existencia de nuevas prácticas y sentidos en la escuela pública argentina en los años posteriores a la crisis de 2001. Pero esto no se puede intentar desde una escuela cerrada. El modelo cerrado repercute en las prácticas mismas, en la repetición de propuestas que no logran incorporar otras experiencias, otras visiones.
Hoy existen saberes y agentes educativos en la sociedad que se hallan fuera de la escuela. Y la escuela cerrada no puede hacerse cargo de los nuevos temas ni practicar nuevas pedagogías.
Por eso propugnamos la apertura de la escuela al contexto -subrayando que la aper- tura debe ser selectiva, guiada por valores-, el corrimiento de las fronteras del conoci- miento escolar, la participación de otros actores además del maestro en la enseñanza, la apertura hacia la cultura infantil, adolescente y juvenil, la ciudadanía escolar de los sujetos de la educación.
Esto plantea la necesidad de erosionar las fronteras entre educación formal y no formal, entre la escuela y el más allá de la escuela.
Y nuevamente, también en los debates acerca del Plan de Estudios de la Carrera de grado de Ciencias de la Educación hemos llegado a estas conclusiones, y estamos tra- bajando con una mirada integradora de educación permanente, escolar y no escolar.
En particular, conocer y analizar la educación fuera de la escuela, pone al descubier- to nuevas problemáticas y nuevas prácticas e interpela al sistema escolar, a un sistema que para llegar ser totalmente inclusivo debe examinarse desde la exclusión, desde los márgenes, desde las raíces populares: por eso la realidad de los chicos de la calle, o la educación en los nuevos movimientos sociales, fueron temas centrales del encuentro. Pero no reservamos el término “popular” sólo para segmentos de la educación más allá de la escuela. Aspiramos a que el conjunto de la educación pública, estatal o social, sea democrática y popular por sus sentidos, sus contenidos, sus sujetos protagónicos.
Sobre estos aspectos creemos haber avanzado en las Jornadas, no sólo señalando que hay problemas nuevos, sino también que hay prácticas nuevas y elaboración de nuevo conocimiento.
La democracia no elude las diferencias: establecemos relaciones de igualdad y respeto, y en ese marco aportamos y aprendemos elementos prácticos y teóricos distintos, centrados en distinta medida en la enseñanza, el conocimiento del aula, el contexto, la investigación.
Entre todas las características de la actividad universitaria destacamos en especial a la investigación como un saber cultivado, que ansiamos compartir con otros colegas. En esa dirección aportan las experiencias sobre investigación participativa, investiga- ción experiencial y sobre narrativa docente
Cultivar relaciones estrechas de cooperación y no de competencia, entre académi- cos / investigadores y docentes, entre educadores del sistema formal y del más allá de la escuela, tiene una importancia fundamental para superar “los abismos” y llegar a construir el bloque histórico democrático de los trabajadores de la educación, a la altura de las transformaciones nacionales y latinoamericanas que atravesamos.
Queremos avanzar en el conocimiento de la realidad educativa – que incluye su dimensión subjetiva- para transformarla. Para eso, no alcanzan el conocimiento expli- cativo, descriptivo, hermenéutico o interpretativo. Es imperioso aportar imaginativa y creativamente, heurísticamente, nuevos rumbos, formas, sentidos de lo educativo, y renovar sus prácticas. Por eso asumimos para nuestra praxis educativa la indicación del maestro Simón Rodríguez: “o inventamos, o erramos”.
Pero no aspiramos a inventar respuestas absolutas y definitivas: rescatado el amplio campo de la pedagogía, queremos dejarlo abierto al pluralismo, a la crítica y la recrea- ción permanentes como forma de existencia.
Se terminó de imprimir en agosto de 2011
Obra Completa
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina