Jan Assmann suma a las sucesivas dicotomías que se forjan en torno a la teorización sobre la memoria una conceptualización que resulta clarificadora para el estudio de la ficcionalización del testimonio y del relato oral en la narrativa. Assmann sostiene que hay dos tipos de memoria: la episódica, vinculada a vivencias y experiencias, y la semántica, que alude a todo cuanto hemos aprendido y retenido. Ambas son también denominadas, respectiva e te, e o ia de e pe ie ia e o ia de ap e dizaje : . Esta
últi a puede e pa e ta se o la pedagogía de la atást ofe a la ue se aludió ás
arriba y así ampliar el marco teórico bajo el que se ampara la presente tesis.
En una relectura de Nietzsche, Freud y Halbwachs, Assmann observa que los tres
os lega u iesgo de edu io is o ue p ete de i u s i i … la di á i a del e ue do ole ti o ultu al a los lí ites físi os del i di iduo : :27
[A]l igual que Halbwachs y Nietzsche, Freud se detiene en la frontera del cuerpo, negándose a cruzarla e ir hacia la cultura, sus formas simbólicas y sus archivos. La memoria, también para él, es una inscripción corporal. Lo que para Nietzsche es el dolor que nunca cesa, es para Freud el trauma. Ambos
27 Ca e p e isa ue la utiliza ió del t i o e ue do i te sifi a el í ulo de lo e puesto a los lí ites
físicos del individuo, ya que, como se encarga de advertir Díaz-Via a: … e el o e to a tual: … e ue do ha e efe e ia –según algunos diccionarios–a la i age o o plejo de i áge es a t a s de las cuales se reiteran en nuestra mente personajes, cosas, situaciones o escenas que hemos percibido con a te io idad, o alusió al tie po de su pe ep ió VOX, ; de ot o lado, la e o ia es defi ida e ellos o o la fa ultad o pote ia del al a po la ual ep odu i os e tal e te o jetos a o o idos,
desarrollan un concepto de memoria colectiva, pero lo fijan de forma muy directa a lo corporal y lo psíquico, y es evidente que no están dispuestos a extender el concepto de memoria al ámbito de la mediación puramente
si óli a. Ass ann, 2008: 22-23)
En la revisión que realiza Jan Assmann de los tres popes aludidos, reconoce que
Hal a hs dio el paso fue a del u do i te o del sujeto llegó a las o di io es so iales e o io ales de la e o ia , pe o a su ez afi a ue su lí ite radicó en que
se egó a a a za hasta sus a os si óli os ultu ales 2008: 25). El llamamiento de Assmann apunta a enfatizar que
… de e os li e a os del edu io is o ue p ete de li ita el fe ó e o
de la memoria al cuerpo, a la base neuronal de la conciencia y a la idea de una estructura psíquica profunda que se puede transmitir biológicamente. Nuestra memoria no sólo tiene una base social, sino también una base cultural. (2008: 25)
La búsqueda de este estudioso radica entonces en observar la memoria en su dimensión cultural, apartándola del perímetro que impone tanto el hecho de pensar la memoria en términos de individuos aislados, como el hecho de desconocer las derivaciones culturales que trasciendan relaciones sociales sincrónicas, sólo vinculantes en la medida en que se pertenezca a un mismo momento histórico. El aporte teórico de Assmann –o mejor, de los Assmann, ya que la conceptualización del teórico que hasta ahora se ha citado aquí se complementa con el trabajo de Aleida Assmann en el mismo sentido– se ubica en una diferenciación entre comunicación y tradición. En el primero de los términos radica la base social que tiene la memoria; en el segundo, su base cultural (Assmann, 2008: 25). Este segundo término, aquel que, como se ha señalado arriba, Assmann determina como no explorado anteriormente, es el que interesa en la medida en que trasciende toda
convergencia epocal, situada, y no es presa de límite cronológico alguno, como sí en cambio lo es el plano de la comunicación.
En Tiempo y tradición, Aleida Assmann había contrastado de esta manera la
o u i a ió la t adi ió : Pode os e te de la t adi ió o o u aso espe ial de
comunicación, en el que a la información no se la intercambia recíprocamente y horizontalmente, sino que se la t a s ite e ti al e te a lo la go de ge e a io es (citado por Jan Assman, 2008: 25). Se nos presenta de esta forma una ampliación del concepto de memoria, especialmente pertinente para considerar cómo se ficcionaliza la transmisión oral entre generaciones en la narrativa de la memoria de la Guerra Civil española, pues los Assmann apartan el concepto de memoria del ámbito de lo psíquico y lo llevan al ámbito de lo social y de las tradiciones culturales. Jan y Aleida Assmann han
a uñado el o epto de e o ia o u i ati a pa a edefi i
… el aspe to so ial de la e o ia i di idual ue defi ie a Hal a hs. Di ha
memoria [la memoria comunicativa] pertenece al ámbito intermedio que se da entre los individuos, y surge en el contacto entre los seres humanos. (2008: 19)
Este tipo de memoria desaparece en el ciclo de tres generaciones (2008: 24). La memoria cultural,28 por su parte, es conceptualizada como
… u aso espe ial de e o ia o u i ati a. Tie e ot a est u tu a
temporal: si pensamos en el típico ciclo trigeneracional de la memoria comunicativa como un espacio sincrónico, la memoria cultural, con sus tradiciones que se retrotraen a un pasado lejano, conforma un eje diacrónico (2008: 25)
28 Teniendo en cuenta el problema de las traducciones, cabe aclarar lo que señala Hirsch sobre la
o eptualiza ió de Ass a : Ass a uses the te kultu elles Ged ht is ultu al e o to efe to Kultu —an institutionalized hegemonic archival memory. In contrast, the Anglo-American meaning of
Al detenerse en la relación entre religión judía y memoria, Ass a se o upa de la … generación de testigos presenciales, quienes ahora, tras 40 años en el desierto, han de
o i p opo e ue a fi de ue el e ue do o pe ez a o ellos, ha ue t a sfe i lo
a la tradición, a las formas simbólicas de la e o ia ultu al : 35-36). De ese modo, la memoria vinculante o su correlato, la memoria colectiva –que, como se ha apuntado, dependen de una vinculación de carácter sincrónico, es decir que dependen de la convivencia para la transmisión– deberá dejar paso a la memoria educacional, o su correlato en términos de Assmann, la memoria cultural. Esto se traduce en nuestro corpus
de narrativa española sobre la memoria de la Guerra Civil española y del franquismo a través de una convergencia de efectiva transmisión oral, una memoria vinculante que permite un problemático encuentro entre miembros de diferentes generaciones y, fundamentalmente, en la utilización que se hace de ese recurso desde la novela, desde una tradición de escritura que apela a lo efímero de la oralidad ficcionalizada para garantizar la continuidad de la letra escrita. La memoria comunicativa es convocada en la narrativa española reciente por la memoria cultural que apresa voces para garantizar que el límite de las tres generaciones sea trascendido. En esto consiste la operación que observa Jan Assmann cuando señala la importancia de
… e o o e los e ue dos aje os ego ia u pasado o ú e el ue los
pesares ajenos y las culpas propias encuentren su lugar, es decir, destruir el estrecho horizonte de la propia memoria colectiva. (2008: 41).
Al reconocer el innegable aporte y el avance que implicaron los planteamientos de Halbwachs, pero al ir a su vez un paso más allá y observar el límite que podía aún trascenderse a los efectos de ampliar el espectro de la memoria hacia lo cultural en un sentido amplio, Assmann ofrece una herramienta teórica que nos permitió estudiar la narrativa española de fines del siglo XX y comienzos del siglo XXI en el particular enclave en que se apela a poner en escena la memoria comunicativa para construir, desde la memoria cultural de una literatura de significativa circulación, una transmisión del pasado
traumático. Dicha literatura, al mismo tiempo que aprovecha la instalación del tema en la sociedad española debido a circunstancias coyunturales, instala una temática que da cuenta del vacío de transmisión y de comunicación extendido por décadas.
El estrecho horizonte de la memoria comunicativa ha sido esclarecido, como observa Assmann, gracias al estudio de la historia oral:
Las investigaciones sobre oral history nos han esclarecido dicho horizonte, mostrando que con el método de la investigación oral no se puede trasponer un horizonte de unos 80 años, y como máximo, unos 100. Eso es lo más lejos que llega una memoria encarnada, que no sólo se remite a experiencias propias, sino a experiencias comunicadas por otros. Es el pasado que nos acompaña porque nos pertenece, porque existe una necesidad viva y comunicativa de mantenerlo presente; nos sostiene, y lo sostenemos. Lo recordamos porque lo necesitamos. (2008: 44)
Aho a ie , el lí ite, o o se a ti ipa a, est i a e ue l a e o ia o u i ati a es ge e a io al, a a ia do a edida ue se su ede las ge e a io es Assmann, 2008: 44) y en que en di ha e o ia el ho izo te está dete i ado po las fó ulas figuras del recuerdo, que generan el sentido de comunidad, y por las necesidades
e ó i as de u a ide tidad de osot os la a e te defi ida ibíd.). Finalmente, se
o se a ue e el arco de la memoria vinculante, el pasado siempre se
i st u e taliza ibíd.). Ese es el plano de lo que se presenta en los textos que nos ocupan: la transmisión oral entre generaciones. Se emplea como recurso la memoria comunicativa jugando con el límite vital de testimoniantes, posibles informantes y familiares que durante varias décadas se han resistido a hablar. Se captura lo efímero de la oralidad mediante un aparato literario que garantiza una circulación de lectura de considerable trascendencia. Como si se tratara de una fotografía muy medida, en la que se han calculado y afinado todas las variables técnicas posibles, se capta la presunta sencillez de lo oral con las posibilidades procedimentales de lo escrito. La narrativa calibra rasgos
de oralidad para instalar el problema de lo efímero de la transmisión y de cualquier intento procedente de la memoria comunicativa con la garantía de la continuidad de la letra escrita. En la narrativa que tematiza la transmisión oral, se construye memoria cultural apelando al recurso de la memoria comunicativa.
Con la memoria cultural ocurre otra cosa [que con la memoria comunicativa]. Por supuesto que también con ella se recuerdan muchas cosas, vale decir, se las transmite, se las aprende, se las enseña, se las investiga, se las interpreta, y se las practica, porque se precisa hacerlo, porque esas cosas nos pertenecen y nos sostienen y por ende debemos sostenerlas y perpetuarlas. Pero sólo en las
so iedades ág afas u o ales oi ide el olu e de lo ue se e esita y la totalidad de la memoria cultural. En las sociedades con escritura, el sentido que se transmite y se traspone a formas simbólicas crece hasta crear archivos
giga tes os … . (Assmann, 2008: 44)
No obstante, no hay que olvidar que la memoria cultural es definida a su vez como una forma especial de la memoria comunicativa, por lo cual el problema de lo comunicable se halla siempre subyacente. El contraste radica en el reconocimiento de particularidades que se apartan del límite cronológico de las tres generaciones. Para explicitar el origen de la conceptualización, Assmann reconoce que
[e]l concepto de memoria cultural se corresponde con lo que Derrida llama
a hi o Be stei , t adi ió , al igual ue estos, es deudo de los a álisis
freudianos de la dimensión y la dinámica psicohistórica de la transmisión cultural. En contraste con la memoria comunicativa, la cultural abarca lo originario, lo excluido, lo descartado, y en contraste con la memoria vinculante y colectiva, abarca lo no instrumentalizable, lo herético, lo subversivo, lo separado. (2008: 47)
El desplazamiento del acotado campo de la transmisión comunicativa al amplio espacio de lo cultural es lo que permite que problemáticas como las que se desprenden de la memoria del pasado traumático español en los textos analizados en los capítulos siguientes de esta tesis no se agoten en una moda temática,29 ni en el aprovechamiento de una coyuntura histórica, sino que abran el camino para una lectura de lo subversivo, lo separado y lo no instrumentalizable más allá de lo que puede decir ese tratamiento de la memoria para un lector español de comienzos del siglo XXI, muy marcado por la saturación temática y mediática en que se subsume el tema.
2.5. La posmemoria. Importación del concepto de Hirsch y consideraciones sobre su