Plan of Work Plan of Work
4. MATERIALS AND METHODS 1 MATERIALS
4.2.3 Visible Spectrophotometric Methods 1 Colorimetric method
4.2.3.1.5 Optimization of reagents
En relación con las textualidades antedichas, y dejando ya de lado la prototípica escena de transmisión vinculada al diálogo maestro-alumno, podemos hablar de novelas del período que nos ocupa en las que hay una historia enmarcada por un carácter dialógico y rasgos de oralidad que funcionan como condiciones esenciales para una reconfiguración literaria del pasado traumático.
Recorde os ue algu os auto es so ide tifi ados o o de segu da o te e a
ge e a ió . E t e ellos, ota os al o ie zo de este apítulo ue Dolo es Vila ed a
observa, en O lapis do carpinteiro, de Rivas, un punto de partida en el proceso de apropiación del tema por parte de la generación nacida en los años 50 –hijos de quienes
i ie o la gue a, lo ue se si tetiza ajo el e glo ado o epto de segu da ge e a ió –, que opta por una hibridación entre los datos históricos y un marco abiertamente ficcional (Vilavedra, 2006: 131). Tal como se ha sugerido más arriba, este recorte de objeto empleado para dar cuenta de la narrativa gallega contemporánea puede iluminar una parte significativa de la narrativa española en general sobre el tema. La narrativa de aquellos auto es ás i ula les a u a sue te de te e a ge e a ió se ía la
de los ietos de la Gue a Ci il o, e todo aso, la de los hijos ta díos .
Al acercarse al fenómeno de la Guerra Civil española, estos autores apelan a la puesta en texto de una transmisión de carácter testimonial e indagan en la forma en que la memoria puede ser legada (Albert, 2006: 21). Asimismo, Mechthild Albert, citando a Jordi Gracia, también destaca la cuestión de que el relato oral –como simulacro de verdad y en tanto reflejo de los fallos de la memoria– funciona como una modalidad discursiva de la nueva novela histórica (ibíd.). Esa noción de simulacro supone un procedimiento
material complementario que incomoda construcciones forjadas con valores irrefutables –como la libertad que enarbola don Gregorio en LM– puede constituir un recurso sumamente interesante para repensar la transmisión docente-alumno en diversas textualidades que retoman la transmisión acerca de la Guerra Civil, a partir de una particular ficcionalización de la misma.
estilístico del que la narrativa se vale para construir verosimilitud y a través del cual se pone en juego un concepto como el de memoria comunicativa. Recordemos que dicho concepto –acuñado por Ian y Aleida Assmann y retomado, entre otros, y concretamente para el estudio de la narrativa española, por Ana Luengo (2004: 26)– permite dar cuenta de aquella memoria oral que no abarca más de tres generaciones (unos ochenta años). Como vimos en el capítulo 2, puede establecerse al menos en principio un contraste con el concepto de memoria cultural (aquella memoria formada y relacionada con determinados objetos simbólicos para garantizar su perdurabilidad), lo cual deja abierto un planteo acerca de la ficcionalización y de las dosis de falsación (Albert, 2006: 21 y ss.) que supone el recurso de la transmisión oral incorporada a la literatura, en tanto gesto de ceder la voz
para rehabilitar el pasado, para dar lugar a episodios silenciados. La decisión estética de construir este espacio discursivo es la consecuencia de una búsqueda en la que en ocasiones surge el cuestionamiento acerca de, ya no sólo la posibilidad, sino la necesidad de hacer hablar a alguien que manifiesta su voluntad de callar. La memoria cultural –
aquélla memoria que está en gran medida asimilada– termina atrayendo a la memoria comunicativa–aquélla que sigue viva en la sociedad y que aún se transmite o se comunica a través de portadores que la recuerdan de forma autobiográfica– (Luengo, 2004: 26). La dicotomía, en el caso del corpus aquí considerado, se decanta a favor del concepto mencionado en segundo término. Aunque en ocasiones los roles reconstruidos en el narrador interior o en los narradores interiores terminan encarnando una variante de memoria cultural, el foco de nuestra investigación ha estado siempre puesto en diversos intentos de memoria comunicativa.
La transmisión oral –haciendo eco de las condiciones en que suele discurrir la comunicación de los medios masivos y una forma de hacer historia que se ha venido desarrollando con notorio crecimiento en las últimas décadas, la historia oral– se pone en juego en gran parte de la novela LC. La adop ió del e u so de lo o al he ho te to
conlleva una marca de inestabilidad, pero a la vez resulta funcional a un trabajo de memoria que da cabida a la cobertura de diferentes puntos de vista y temas aún no del todo explorados desde los textos de creación, un recurso que amaga a cada momento con
anclar en lo factual, puesto que se fusionan hechos históricos (factuales) con relatos inventados (ficciones), lo cual nos lleva a comparar este procedimiento con las novelas anglosajonas denominadas factual fictions o factions (Alberca, 2007: 166).
La mimetización del sistema de registro oral que se pretende estar textualizando tiene en LC la particularidad de que se llega al extremo de sacrificar la voz que da pie inicialmente al relato. La novela comienza con una entrevista llevada adelante por un personaje que luego se eclipsa, Carlos Sousa, un joven periodista desideologizado que descubrirá al médico republicano Daniel Da Barca en su pasado de militancia y entrega humanitaria. Esto ocurre en el primer capítulo de la novela. Los prejuicios de alguien joven, o al menos sin duda ajeno en lo vivencial, por motivos cronológicos, a los episodios por los que debe preguntar, se suman a un desgano que obedece a que la entrevista no parte de una inquietud propia sino de una obligación laboral. No obstante, los preconceptos se ven casi inmediatamente conmovidos por la mera aparición del entrevistado.
Sousa sentiuse perplexo. Levaba a idea de ir ver un agonizante. Afrontou incomodado o encargo de arrincarlle as derradeiras verbas a un ancián de vida axitada. Pensaba escoitar un fío de voz incoherente, a loita patética contra o
al do Alzhei e . E de a ais puide a i a i a u ha ago ía ta lu i osa. … O epo tei o “ousa se tiuse algo ali iado. … A uel g a e doente, hospitalizado ata había dous días, animoso coma un campión ciclista. Dixéranlle no xornal: Faille unha entrevista. É un vello exiliado. Contan que ata tratou o Che Guevara en México.
¿A quén lle interesaba iso hoxe? Só a un xefe de información local que lía polas noites o Le Monde Diplomatique. Sousa aborrecía a política. En realidade, aborrecía o xornalismo. (LC, 10)
No obstante, el mandato laboral arroja como resultado el encuentro, en el cual ya se presume que peligra una continuidad; Sousa encuentra a Da Barca valiéndose de una
ayuda mecánica para respirar mejor y además se hace alusión a la procura de recuperación en la que se halla el médico en el momento de la entrevista. El testimonio oral, como en otros textos trabajados a lo largo de los diferentes capítulos de esta tesis, está sumido en una urgencia, pues peligra la viabilidad de su obtención.
O xefe de información local déralle un recorte de prensa cunha foto e unha breve nota na que se informaba dunha homenaxe popular ao doutor. Agradecía lle a ate ió , se p e g atuíta, á e te áis hu ilde. … “ousa explicou que sentía non telo visitado con anterioridade, que a entrevista estaba pensada para antes de o internaren no hospital. (LC, 12)
El acercamiento entre ambos personajes prospera en unas pocas líneas hasta que se patentiza en una posible inversión en el rol de cada uno de ellos, que avanzará hasta
ue “ousa pie da el do i io de su ol de e t e istado de e ga e t e istado -
e t e istado .
Os longuísimos dedos do doutor Da Barca apaiñaban coma teclas con vida propia, como prendidas ao órgano por unha vella lealdade. O reporteiro Sousa sentiu que eses dedos o estaban explorando, percutindo no seu corpo. Tivo a sospeita de que o doutor analizaba coas lanternas dos ollos o significado das súas olleiras, daquelas prematuras bolsas nas pálpebras coma se el fose un doente. (LC, 10-11)
Aunque prevalezcan algunas dudas, en el camino hacia la empatía del entrevistador y el entrevistado, Da Barca logra en ese encuentro apurar un acercamiento
al fo za u a fa ilia idad o de la ada: … i ou a a a el, his a do u ollo: Os etos o es ue e o seu a ó e olu io a io LC, 11). El guiño puede leerse como una marca de ironía; el doctor Da Barca ya ha intuido el desinterés inicial de Sousa, pero también su angustia, su disconformidad con el oficio que está desempeñando y su soledad. Esto
queda más claro cuando quien indaga mediante preguntas deja de ser Sousa y para a ser Da Barca.
Vostede, Sousa, díxolle o doutor despreocupándose de si mesmo, ¿non é de aquí, verdade?
Dixo que non, que era máis do norte. Levaba poucos anos aínda e o que máis lle gustaba era a bonanza do tempo, un trópico en Galicia. De cando en vez ía a Portugal tomar bacalao á Gomes de Sáa.
Desculpe a curiosidade, ¿vive vostede só?
O reporteiro Sousa buscou a presencia da muller, pero saíra a modiño, sen dicir nada, despois de pousar as copas e a botella de tequila. Era unha situación estraña, a do entrevistador entrevistado. Ía dicir que si, que vivía moi só, demasiado só, pero respondeu rindo. (LC, 12)
Luego, en lo poco que resta de ese primer capítulo de la novela, se mencionan algunos episodios que se irán desplegando en el resto de los capítulos. Las sucintas menciones aluden casi exclusivamente al surgimiento de la relación amorosa entre Daniel
Da Ba a Ma isa Mallo. Cua do Ca los “ousa de ide deja de se u e t e istado e t e istado ¿E ostedes ó o se oñe e o ?, p egu tou o epo tei o disposto po fi a olle otas . LC, 14), se alude a los primeros encuentros de la pareja, en los que ya se evidencia –de forma más o menos explícita según el caso– la permanente subyacencia de la Guerra Civil española en la relación entre ambos: el mitin en el que Marisa se sintió cautivada por la oratoria de Daniel Da Barca, el encuentro en un taller de costura, durante el cual Marisa le miente a Daniel al hacerse pasar por una trabajadora y, por último, la fugaz mención del intento de auxilio de Marisa cuando procura hacerle llegar un revólver durante una visita a la cárcel.
Lo que cabe destacar es que ese despliegue se produce mediante la alternancia entre un narrador en tercera persona47 y, en lo que atañe a una dinámica de transmisión oral ficcionalizada, la voz del guardia Herbal. El informante protagonista de los hechos no será quien los refiera; la palabra de Da Barca estará mediada por la palabra de quien lo vigila.
A partir del capítulo 2, el soporte de oralidad ficcionalizada en el que se encauza la trama corresponde a la voz de Herbal, técnicamente –y sólo técnicamente, como se verá en la continua frustración del personaje– e edo de la gue a , po esta al se i io del bando sublevado. Es recién en el capítulo 20, el último de la novela, cuando se puede decodificar la reaparición de Sousa en un cliente deprimido del prostíbulo en el que Herbal ha contado la historia de militancia y entrega de Daniel Da Barca. El testimonio en primera persona de Daniel Da Barca, que apenas ha dado inicio, no reaparece.
En términos generales, de lo que se trata en LC es de recuperar una historia que en su momento –y por muchos años– fue narrada por los vencedores, con una carga de oficialidad y definición que no tiene el soporte oral, aun cuando esté articulado en el código gráfico, como es el caso de la ficcionalización del testimonio en una novela.
Por momentos, el objetivo de cubrir los olvidos y postergaciones de la historia oficial conlleva el riesgo de entronizar en forma hiperbólica determinada imagen de los vencidos. Puede atravesarse un asomo de mitificación que en la novela de Rivas arroja una figura del vencido que prácticamente no presenta fisuras: el protagonista tiene la equidistancia ideal para manejar lo público y lo privado, sobrevive a dos fusilamientos, cautiva a sus enemigos y diagnostica –con precisión y sin recursos– enfermedades que el médico oficial de la prisión no ha sabido ver.
47
Narrador que da muestras de un relativo grado de omnisciencia y de la capacidad de imponer un límite a la memoria y la comprensión de Herbal, por ejemplo en el siguiente pasaje, en el que el narrador en tercera persona completa un recuerdo de Herbal:
O ost o a e ellado do apellá foi i a do a pálido, e su ido pola fe e za de ho es tusi do coma silicóticos. Calou, percorreu as ringleiras con ollos desconcertados, como volvendo en si, e murmurou entre dentes uns latíns.
Era como un menciñeiro deses que curan as espullas a distancia só cunha copla. Mesmo cando estivo cun pé aquí e outro alá, á espera da execución, andara a dar azos a todo o mundo. (LC: 63)
En este sentido vemos que si por un lado se termina con un discurso didáctico monológico
–la Histo ia ta i puede i te ta o ta se desde la fi ió , o los guiños a lo eal ue
permiten el cuerpo del texto y los paratextos– se instala otro que también, como en las historias de un manual escolar, precisa de un héroe indiscutido-indiscutible.
La forma en que se eclipsa el joven periodista Sousa –quien desestima inicialmente la mitologización del médico militante Da Barca, pero que luego parece verse conmovido por su simpatía y en el final puede haber resultado convencido por su militancia– es sintomática de una recepción actual frente a los planteos estéticos en los que se retoma una y otra vez desde la literatura la Guerra Civil y la posguerra. El lector es testigo de un principio de iniciación en la materia histórica poco conocida en profundidad, pero –como se adelantó– desde el capítulo 2, en la novela de Rivas el diálogo no prospera; es acallado por otra voz, la de Herbal, que domina el desarrollo.48 El gesto inicial de intercambio generacional entre quienes vivieron la Guerra Civil y sus descendientes, más o menos lejanos –esa segunda o tercera generación a la que alude Mechthild Albert, también llamados, como se señaló más arriba, respectivamente hijos ietos de la Gue a Ci il –, al ser desplazado por el marco de oralidad ficcionalizada que predomina y termina articulando la novela, queda latente como un llamado de atención sobre el cual la escritura de LC no vuelve. El lector no sabe si Da Barca ha llegado a testimoniar en forma acabada, sin embargo ese comienzo supone un punto de fuga significativo que emerge con fuerza en otros textos de la narrativa española más reciente, sobre todo en torno al septuagésimo aniversario de la sublevación contra la II República, cuando se nota la
48
Jedlowski (2005: 147 y ss.) llama la atención acerca de los desajustes intergeneracionales en materia de conocimiento y experiencias asimétricas con respecto a la guerra. Hay un fondo de desactualización causado por el desplazamiento de las categorías por las cuales las generaciones pasadas entendían y definían su u do : . El sector de la narrativa española que se considera en este capítulo está atravesado por esta problemática. La actitud algo indolente de Sousa va virando hacia un apego cada vez mayor, si admitimos que el periodista deprimido que aparece referido hacia el final de la novela es el mismo que tenía
insistencia en una utilización del recurso de la transmisión oral ficcionalizada con una presentación que precisa menos filtros en el ejercicio de la memoria. En LC–y éste es un elemento que no sólo se retomará en otros textos sino que se agudizará, como veremos, por ejemplo, en capítulos subsiguientes– figura en primer plano la cuestión del límite cronológico; la palabra que se intenta recuperar fluye contra reloj, contra el límite
i he e te a la e o ia o u i ati a .
En el capítulo siguiente de la presente tesis procedemos al análisis de otro texto que sigue más de cerca la estructura de la entrevista, Soldados de Salamina, de Javier Cercas (2001). Allí la pesquisa del testimonio oral, como complemento de una investigación de carácter bibliográfico, subyace a lo largo de toda la novela. Ahora bien, más allá de convergencias argumentales y estructurales entre LC y Soldados de Salamina, que son, como veremos, muchas y profundas, las divergencias son igualmente altas, por ejemplo en lo tocante a cómo se produce la construcción de una figura heroica. El legado de transmisión oral que propone la novela de Rivas está fundado en un procedimiento de iniciación en la memoria del pasado traumático dado por el encuentro cara a cara entre quien puede aprender algo del pasado histórico y quien está en condiciones de ofrecer una versión en la medida en que ha sido testigo y participante de ese pasado. La necesidad del relato oral, de la entrevista, de la transmisión en ocasiones cargada de didactismo, es fundamental en LC; subyace en la novela a pesar de su falta de visualización y su aparente incumbencia limitada a los capítulos primero y último. La oralidad –lejos de aportar la fuente directa y ordenadora de las verdades de primera mano– evidencia su labilidad. Esto, que en principio podría considerarse como una falta, se constituye en un mecanismo que aporta verosimilitud, porque el ficcionalizar algo que excede la documentación en términos tradicionales abre las posibilidades de discusión y hace permeable el texto al lector, al que interpela en forma aparentemente más directa. La
est u tu a ió dada po los diálogos i i iales ue se ep odu e e d ía a fu io a
como un recurso para el tratamiento de las fuentes orales –aunque sean ficticias; no olvidemos que el objeto en este análisis siempre forma parte de un texto literario, a pesar
de sus entrecruzamientos con la historia–, fuentes consideradas por algunos autores como las más homologables a la memoria viva (véase Cuesta Bustillo, 1998: 205 y ss.).
Si bien en principio puede decirse que en LC se establece una seudo-competencia entre oralidad y escritura, esta rivalidad simbólica deja de tener efecto si asumimos que al ficcionalizar la transmisión oral se está poniendo en juego una técnica y una decisión estética.
El te to de ‘i as … tie ta al le to o sólo a uestio a disti io es o u es
entre la tradición escrita y oral, sino que lo conduce además a dudar de la superioridad asumida por la escritura sobre el lenguaje hablado para capturar/apresar el pasado. Esencialmente, Rivas pone una trampa al lector al hacerle creer que el asunto central de El lápiz del carpintero es la superioridad de un modo de comunicación, la oralidad, sobre otro, la escritura. Sin embargo, no importa tanto la superioridad de uno u otro modo de comunicación, como la manera en que el texto analiza cómo el habla y la escritura se relacionan en la construcción cultural de la memoria. (Nichols, 2006: 162)
La transmisión oral y las historias que enmarca permiten la existencia de un medio para abordar una serie de diálogos compensatorios de un intercambio que involucre a diferentes generaciones, intercambio cercano a eclipsar su posibilidad de producirse fuera