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Luego, se yergue sobre el mar y queda inmóvil. El navegante la ve, y cree que es una isla; allá va a atracar, y a preparar su comida. La ballena nota el fuego, la nave y las gentes, y se zambulle; si puede, los ahogará. El cetus es el demonio, la mar es este mundo y las arenas son las riquezas terrenas; el alma es el marinero, y el cuerpo, la nave que debe cuidar; y el fuego es el amor con el que el hombre, como dueño, ama su oro y su plata. Cuando el demonio se da cuenta de esto y más seguro se siente [el hombre], entonces lo ahoga.

PT, vv. 19151940

Existe un monstruo en el océano, llamado aspidodelone en griego. Por otra parte, lo llaman aspidotortuga en latín. También se le denomina ballena (cetus) por lo espantoso de su cuerpo, y porque fue este animal el que engulló (excepit) a Jonás, y su vientre era tan grande, que las gentes pensaban que se trataba del infierno. El propio Jonás dijo: «Él me oyó desde el vientre del infierno» Las ballenas son animales de prodigioso tamano, y recíben su nombre por el hecho de que soplan o escupen el agua. La arrojan a mayor altura que otras bestias del mar. En griego, ballein significa «arrojar». El macho de la ballena es el musculus [pez piloto], pues la ballena hembra no puede concebir mediante el coito.

Cambridge, 197199

Queremos contaros ahora sobre una gran maravilla que hay en el mar. Allí, los peces son tan variados como los gusanos en la tierra y las aves arriba, en los aires: unos son blancos, otros manchados, otros negros y otros pardos, Os aseguro que los peces son igualmente variados en el mar; pero, ciertamente, no pueden conocerse sus

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propiedades igual que las de los animales terrestres. En la mar, que es grande y monótona, hay esturiones, ballenas, rodaballos, marsopas, y un gran pez llamado cachalote, Pero existe también un monstruo asombroso, muy dañino y temible: lo llaman cetus en latín. Es mala compañía para los marinos. La parte superior de su espalda parece de arena. Cuando se alza en el mar, los que suelen navegar por la zona se figuran que se trata de una isla, pero su esperanza se ve engañada. Vienen a refugiarse junto a él debido a su tamaño y a la tormenta que los persigue; creen hallarse en lugar seguro. Echan sus anclas y su pasarela, encienden fuego y preparan la comida; para sujetar bien la nave, hunden grandes estacas en la arena, que les parece tierra firme. Y encienden

fuego, os lo aseguro. Cuando el monstruo nota el calor del fuego que arde sobre su lomo, se zambulle con gran rapidez hasta lo más profundo, y hace que la nave se hunda con él, y perezcan todos los hombres.

Precisamente así son engañados los pobres y tristes incrédulos que tienen confianza en el demonio y se detienen y demoran en las acciones que el pecado exige, por lo que se aflige el alma desdichada. Cuando menos lo esperan, llega el Maligno, que ojalá arda en el infierno. Cuando los siente bien agarrados a él, se sumerge con ellos, derecho hacia lo más hondo del averno: quienes van allá, están perdidos.

Este pez, cuando siente hambre, abre la boca de par en par, y de ella sale un olor que resulta muy placentero. De inmediato acuden todos los pececillos, que se precipitan juntos, en multitud, dentro de sus fauces, atraídos por el aroma, que les parece agradable; el cetus cierra la mandíbulas. Cuando siente sus fauces bien llenas, se los traga a todos de un solo impulso hasta su panza, que es tan ancha como lo sería un valle.

Lo mismo hace el demonio: abre las fauces desmesuradamente hacia las gentes de poca fe, hasta que las ha: atraído; pues los que tienen poca fe y son de convicciones débiles resultan muy fáciles de pescar para el que sabe

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ponerles cebo. Les prepara una carnaza que al principio despide un delicioso aroma, como el deleite carnal tener en el lecho a una mujer hermosa, beber bien, comer bien o codiciar riquezas; este cebo huele muy bien al principio, pero después acaba en amargura. Cuando los ha cebado así, hasta que los siente bien aferrados, abre mucho la boca y se los traga sin saciarse, de puro glotón. Pero los peces grandes lo evitan muy bien, y en nada puede dafiarles. ¿Sabéis quiénes son esos peces grandes? Los justos, cuya fe es sólida, que se mantienen firmes y estables )unto a Dios, el Padre espiritual. El demonio no derrotará a los que se acuerdan de Dios; pero los desdichados, los incrédulos, que dudan de su fe en Dios y son escasos de esperanza, corren tras los placeres, y el diablo, engañándolos, abre las fauces y los engulle.

GC, VV. 22392340

Enumeraré ahora treinta y siete especies de peces que son bien conocidos. ( ... ) Quinto, Bil [¿spermacetus?]; su longitud es de cuatrocientos y quinientos codos, y es un pez muy peligroso que vive en el Mar Etiópico. Pero Dios todopoderoso ha creado un pececillo de un codo de largo, que es capaz de vencerlo; éste aferra su carne con los dientes, y no la suelta hasta que m 1 uere el bal. De esta especie, también, es un pez de unos cincuenta codos de largo que come ámbar gris y muere de ello, quedando varado en la playa; pero el ámbar gris que sacan de su vientre ha perdido el perfume, y es inferior al ámbar gris de las arenas.

Nuzhat, 54

La propiedad y naturaleza de la ballena es que q e SOWie Ch

u a crecen arbustos y hierbas; así, los marinos, que tienen gran deseo de descansar en tierra, creen

haber encontrado un monte de tierra y de piedras. Y así descansan sobre ella, y encienden fuego. Y cuando siente el calor del fuego, se sumerge a lo más profundo del mar, y perecen todos los

marinos. La ballena significa este mundo: todos los que creen haber hallado reposo en este mundo, se ven engañados en sus locos deseos; pues todas las cosas mundanas son efímeras.

Valdense, 415, n.o 44

EL PELICANO

IN

El santo profeta David canta: «Y he venido a ser como pelícano del desierto» (Salmo 107, 7, trad. Nácar),

El Fisiólogo dice que el pelícano quiere mucho a sus hijos. Cuando nacen los polluelos, en cuanto están algo crecidos, golpean a sus padres en el rostro. Éstos les golpean a su vez, matándolos. Pero los padres empiezan entonces a afligirse por sus hijos, y después de haberse lamentado durante tres días sobre los polluelos que han matado, la madre, al final del tercer día, se abre el costado y deja caer su sangre sobre los cuerpos muertos de los pequeños, y los despierta a la vida.

Así dijo también Nuestro Señor, por boca de Isaías: «Yo he criado hijos y los he engrandecido, / y ellos se han rebelado contra mí» (Is i,z, trad. Nácar). Dios nos creó, y nos hemos enfrentado a Él. Nosotros, las criaturas, nos hemos puesto en contra del Creador. Sin embargo, cuando Él subió a lo alto de la cruz abrió Su costado y derramó sangre y agua para nuestra redención y nuestra vida eterna; la sangre, porque está escrito: «Tomando un cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo ... »

(Mateo, z6z7, trad, Nácar), y el agua, por el bautismo de la penitencia.

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F

Y el Físiólogo narra también sobre el pelicano y la serpiente, que ésta es muy malvada para con los polluelos de aquél, Pero el pelicano idea lo siguiente: instala su nido

en un sitio elevado, y construye una valla rodeándolo, para la serpiente. Y, ¿qué hace el perverso reptil? Mira a su alrededor, observando de dónde viene el viento, y desde

allí, soplando su veneno hacia el nido, mata a los polluelos. Cuando llega el pelícano y ve que están muertas

sus crías, mira hacia una nube y vuela hasta ella; golpeán​ dose el costado con las alas hasta que mana la sangre, deja

que caigan las gotas, atravesando la nube, sobre los polluelos, que resucitan.

El pelicano es el Señor, y los polluelos son Adán y Eva, así como su estirpe. La serpiente es el Maligno; y el

nido es el paraíso. Cuando sopla el Maligno, es decir, la serpiente, mueren debido al pecado; pero el Señor es alzado a la preciosa Cruz debido a su amor por nosotros, y, una vez atravesado su costado, nos envía a través de la

nube del Espíritu Santo el don de la vida eterna.

Pbys. griego: Carlill, 229

230; Peters, 74

75; Zambon, 43, n." 4

en realidad, es una grulla que vive en Egipto. Hay dos especies, que rnoran junto al Nilo; una vive en el agua, y se alimenta de peces; otra en las islas, comiendo lagartos, cocodrilos, serpientes y bestias infectas, seres muy repug​

nantes. El pelícano se llama en griego honocrotalia, y en

lengua latina longum rostrum, que significa en francés J

,(pico largo», y su naturaleza es como sigue. Cuando se 11 acerca a sus polluelos, que son grandes y hermosos, y

quiere acariciarlos y cubrirlos con sus alas, las avecillas, í que son crueles, empiezan a picarle, pues quieren devorar​

lo y sacarle ambos ojos. El padre, enfurecido al sentir las leridas, les pica y golpea, matándolos con violencia, 45ndolos tendidos sin vida. Regresa al tercer día y, para su dolor, los encuentra muertos. Tanto sufre al ver a sus

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polluelos sin vida, que se hiere el cuerpo con el pico hasta que brota la sangre. Ésta va goteando y cayendo sobre los pajarillos; tal poder tiene, que recuperan la vida. Y lo mostramos con las pinturas aquí incluidas. Este pájaro significa el Hijo de Santa María; nosotros somos sus polluelos que, en figura de hombres, somos resucitados y rescatados de la muerte por la sangre preciosa que Dios derramó por nosotros, como lo son los pajarillos, que llevan tres días muertos. Y oíd del magisterio lo que esto significa: por qué los polluelos picotean el ojo de su padre, y el padre, enfurecido, los mata de semejante manera. Quien niega la verdad, quiere sacar el ojo a Dios, y Dios tomará venganza de estas gentes. Recordadlo, pues éste es el significado.

PT, vv. 23232388

Del mismo modo, Nuestro Señor jesucristo, que es el creador y el hacedor de todas las cosas que existen, nos engendra y nos llama al ser, sacándonos de la nada. Nosotros, por el contrario, le golpeamos en el rostro. ( ... ) Le hemos golpeado en la cara, dedicándonos a lo creado más que al Creador.

Por eso subió a lo alto de la Cruz y, habiendo sido atravesado su costado, manó de él sangre y agua para nuestra salvación y vida eterna.

Cambridge, 133

Dios es semejante al pelícano, que hace su nido en la copa del árbol más alto; y el pájaro malvado, que viene de abajo, mata a sus polluelos por pura maldad. Llega el padre, compungido y angustiado, y se mata con el pico; pero, con su sangre doliente, hace revivir de inmediato a sus hijos. Igualmente hizo Dios, cuando se produjo su

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Pasión: con su dulce sangre, rescató a sus hijos del Diablo, que era muy poderoso.

Thibaut, 194195, Vv

í

io de la canción LVI

El Saqqú

[pelícano] es muy conocido. Se parece a la cigüeña, y por debajo del buche tiene un receptáculo, que llena de agua; se instala a descansar en una zona desierta, y abre el pico para que [otros] pájaros puedan beber agua de su boca, y entonces, repentinamente, hace presa en uno de ellos.

Nuzbat, 75

La serpiente odia instintivamente a este pájaro, y por ello, mientras la madre sale del nido en busca de alimento, el reptil trepa al árbol y muerde y envenena a los polluelos. Y cuando regresa la madre, se dice que llora durante tres días a las avecillas. Luego, dice [Jacques de Vitry], se hiere en el pecho, derrama su sangre sobre ellos los devuelve de la muerte a la vida.,

1. de Vitry, citado en Trevisa 1, 637 (XII:30)

Ha de saberse que todo hombre tiene hijos, es decir, el cuerpo y el alma, a los que mata con el pecado mortal e inicuo; pero, así como el pelícano da vida a sus hijos con su sangre, del mismo modo el hombre puede dar vida a su alma y cuerpo, asumiendo y sufriendo la penitencia por sus pecados, y mortificando su carne. Por eso, habiéndonos redimido Dios con su preciosa sangre, debemos estar solícitos y atentos para redimir nuestra alma sujeta por las cadenas de los pecados, tal como está escrito: «El Señor envió la redención a su pueblo; mandó para siempre...», etc,

Libellus, 2o8, n.O III