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Se les llama simios
(simia)
en lengua latina, porque la gente advierte en ellos gransimilitud
con la razón humana. Estas criaturas, conocedoras de los misterios de los elementos, se alegran en tiempo de luna nueva, entristeciéndose cuando hay media luna o plenilunio. La naturaleza del mono es tal, que cuando da nacimiento a gemelos, quiere muchísimo a uno de ellos, pero desprecia al otro. Por ello, si en alguna ocasión la mona es perseguida por un cazador, aferra al que más quiere contra su pecho, sujetándolo con los brazos, y lleva al que detesta colgado a la espalda, rodeándole el cuello con los brazos. Y precisamente por este motivo, cuando está agotada de correr sobre los cuartos traseros, la mona ha de desembarazarse del que ama, y llevar a cuestas al que detesta, quiera o no.Los monos no tienen cola
(cauda).
El diablo se parece a estos animales, pues tiene cabeza, pero no Escritura (caudex).Aun admitiendo que el mono, en conjunto, es poco agraciado, su trasero es realmente feo y horrible en exceso. Del mismo modo, el Diablo tenía un buen fundamento mientras se hallaba entre los ángeles del cielo, pero era hipócrita y taimado en su interior, por lo que perdió su cola
(cauda‑caudex),
como signo de que todo él perecería al final. Como dice el apóstol: «A quien Nuestro Señor Jesucristo aniquilará con el aliento de su boca». ( ... )Cambridge, 34‑35
La nueva amistad puede compararse al hombre desnudo, y el amor afianzado al hombre vestido. Pues, del mismo modo que el hombre nace desnudo, y se viste cuando ha crecido, igualmente está desnudo de amor y desvestido del todo cuando acaba de trabar conocimiento, de forma tal que se atreve a revelar lo más hondo que su corazón contiene. Pero después, una vez que ama, está hasta tal punto embarazado que no sabe cómo salir de apuros, y se cubre de disimulo, de forma que no se atreve
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a revelar cosa alguna de lo que piensa, sino que teme, al contrarío, que puedan censurarle; y cae en la trampa de la misma manera que el mono calzado. Pues está en la naturaleza del simio el querer imitar‑todo lo que ve hacer. De modo que los cazadores taimados, que quieren apoderarse de él mediante la astucia, buscan un lugar en que el mono pueda verles. Empiezan entonces a calzarse ante él, y después se marchan, dejando un par de zapatos de la talla del mono, y van a ocultarse a algún sitio. Entonces llega el mono, y quiere actuar como lo ha visto hacer: toma los zapatos, y para su desgracia, se los pone. Pero antes de que pueda quitárselos, surge el cazador y se lanza sobre él. Y el mono calzado no puede huir, ni trepar a un árbol, y resulta capturado.
Este ejemplo demuestra que debe compararse al hombre desnudo con el que no está enamorado, y al vestido con el que lo está. Pues, igual que el simio está libre mientras va descalzo, y no puede ser atrapado antes de que se haya calzado, del mismo modo el hombre no es antes de enamorarse.
De lo que se desprende que todo hombre tiene dos hijos, a saber el alma y el cuerpo, y hace más por el cuerpo que por el alma. Y muchos son los que rara vez dan alimento a su alma. Pues aman al cuerpo más que al alma. Y después, si vienen los cazadores y los perros, es decir, los diablos, el hombre no puede escapar de ellos, si no abandona al hijo que amaba muchísimo, es decir, al cuerpo, y deja todo el amor terrenal, huyendo así y llevándose el hijo al que no quería dar alimento alguno. Por eso, los ojos de muchos están cegados, porque ofrecen y preparan con más gusto manjares al cuerpo que al alma
CIERVOS
(IN)
(1.9)
«Como el ciervo anhela las fuentes», dice el divino David, «así mi alma Te anhela».
El Fisiólogo
dice que el ciervo es muy sediento, y la razón de esta sed, es que come serpientes. Pues la serpiente es un enemigo del ciervo. Cuando la serpiente se dirige a su orificio en la tierra, el ciervo busca el manantial y bebe una gran cantidad de agua; se llena la boca, la vomita en el orificio, hace salir a la serpiente y la mata. De modo seme)ante, la gran serpiente que es el Demonio será expulsada por las aguas de la sabiduría divina, Así, también fue capaz el Señor de destruir a la gran serpiente, es decir, al Diablo, merced al agua celestial, o sea, la sabiduría divina. Ni la serpiente puede acercarse al ciervo, ni el demonio a la palabra excelente del Señor. También tú, hombre, llénate la garganta con las palabras del Señor, que te dicen que no has de robar, ni asesinar, ni cometer adulterio. Y si descubres alguna maldad en ti mismo, vomítala, y destruirás al más perverso de los reptiles, al Diablo. Cuando el Señor soportó que el agua y la sangre brotaran de su costado, destruyó el poder que tenía el dragón sobre nosotros, gracias al baño del segundo nacimiento; así nos libró de toda influencia demoníaca.De otro modo, el ciervo se parece a los cremitas del desierto, que viven una existencia virtuosa, dolorosamente difícil, y que, cuando tienen sed, corren al manantial de salvación llevando su arrepentimiento, y a través de la virtud de sus lágrimas apagan los relucientes dardos del Maligno, y pisotean y destruyen al gran dragón, el Demonio.
[Pitra]. Otro atributo tiene el ciervo, y es que parece a la gacela salvaje; tiene cuernos con tres ramas después de cada tercera renovación. El ciervo vive cincuenta años, y al final de ese período corre a gran velocidad por los valles boscosos y los barrancos de las montanas
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localiza por su olor las madrigueras de las serpientes, y de inmediato acerca sus narices a la entrada de aquéllas, conteniendo el aliento. Entonces, la serpiente se precipita fuera y va a parar a la boca del ciervo, que se la traga; por ello se le llama élafos, porque sacó a la serpiente de las profundidades. Luego, corre con la serpiente hacia el arroyo; si no bebe agua antes de tres horas, morirá; pero sí encuentra agua, vivirá otros cincuenta años. Por eso dijo David: «Así como el ciervo desea el fresco manantial, así te desea mi alma, ob. Dios».
Y también tú, hombre piadoso, dispones en ti mismo de tres renovaciones que son el bautismo de la inmortalidad, la merced de la adopción como hijo, y la penitencia.
Y cuando atrapes a la serpiente que ha penetrado en tu pecho, es decir, el pecado, corre en seguida con ella al arroyo de la Escritura y de la profecía. Iluminado por éstas, bebe el agua de vida, o sea el don divino, y renuévate a ti mismo con el arrepentimiento: tus pecados quedarán destruídos.
En verdad, bien se ha expresado el Fisiólogo en lo concerniente al ciervo.
PhYs. griegO: Carfill, 197‑198; Peters, 31‑33
Se llama cervus al ciervo por su hábito de aspirar los Cerastes‑‑‑queson serpientes cornudas‑, o también porque tienen cuernos, ya que los cuernos se llaman cerata en griego.
Estos animales son enemigos de las serpientes. Cuando se sienten abrumados por la enfermedad, sorben a las serpientes, sacándolas de sus madrigueras con una aspiración de sus narices; una vez superado el peligro del vene no, los ciervos recuperan la salud comiéndose a las serpientes. La planta llamada díctamo les ofrece el mismo tipo de alimento medicinal, pues cuando han comido de ella pueden desprenderse de cualquier flecha que lleven clavada.
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Los ciervos escuchan admirados la música de las flautas rústicas. Con las orejas enhiestas, oyen con toda agudeza; con las orejas gachas, no oyen. Estos animales tienen también la siguiente peculiaridad: cuando cambian de territorio por apetencia de nuevos pastos, y van triscando hacia allá, si por ventura deben cruzar grandes ríos o mares, cada uno apoya la cabeza en los cuartos traseros del que le precede, y como el que va detrás hace otro tanto, no sufren la molestia del peso. Y cuando han colocado la cabeza en dicha parte, se apresuran a cruzar a la mayor velocidad posible, por miedo a resultar ensuciados.
Los ciervos tienen otra característica, también: y es que, después de haber comido serpientes, cambian de piel y así rejuvenecen.
Estos rasgos parecen corresponder a gente devota de la Santa Iglesia, mediante un simbolismo congruo y adecuado. Pues, cuando los cristianos dejan su territorio, es decir, este mundo, por amor de los pastos del cielo, se apoyan uno en otro, o sea, que los más perfectos aguantan y soportan el peso de los que lo son menos, mediante su ejemplo y sus buenas obras. Y si se enfrentan a alguna ocasión de pecado, se apresuran a cruzar inmediatamente de largo. También, después de absorber al demonioserpiente, o sea, después de la penetración del pecado, corren a confesarse ante Nuestro Sefior jesucristo, que es el manantial verdadero, y, bebiendo de los preceptos que promulgó, nuestros cristianos se ven renovados, al haberse librado de la vejez, que es el pecado.
Cuando la estación apropiada pone al ciervo en celo, los machos de la especie braman con la furia del deseo. Aunque las hembras puedan estar previamente prefiadas no conciben hasta el tiempo de la estrella Arcturuis. NÍ dan a luz en cualquier parte, sino que ocultan a los cervatos con tierna solicitud, y, tras de meterlos en alguna zona de espesos arbustos o matorrales, les advierten con un pisotón de que permanezcan escondidos.
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David, que escribió el salterio, dice en el centésimo salmo: «El ciervo desea la fuente». Le gusta mucho el agua clara y sana; pero el dragón es de tal índole, que mata las crías del ciervo cuando puede penetrar en su madriguera. Cuando el ciervo logra encontrarlo, le hace salir con su aliento, que el dragón no puede soportar. El ciervo lo destroza y lo engulle; lo hiere y lo mata pateándolo. Para evitar envenenarse, el ciervo va en busca de agua clara y pura; va a vomitar en la fuente, ya que no puede soportar el veneno. A causa de la ponzoña y de la hinchazón, se le caen inmediatamente los cuernos, muda de uñas y de piel, le sudan todos los miembros. Después de bañarse, está curado; todo su cuerpo rejuvenece. El ciervo representa al hombre que hace penitencia. Cuando el hombre se siente en pecado y presa del diablo, debe quitárselo de encima mediante el ayuno y la vigilia. Debe acudir a la Santa Iglesia y arrancar su pecado; ha de mortificarse y sufrir, abandonar el orgullo de su carne, dar limosnas, rezar, ayunar y afligirse. G, vv‑ '053‑io86
EL LAGARTO
IN
(1.I0)
Existe un lagarto llamado solar, como dice el Fisiólogo. Cuando envejece, se le nublan los ojos y queda ciego, así que no ve la luz del sol. ¿Qué hace entonces, en virtud
de su
excelente naturaleza? Busca un muro orientado hacia Levante, y se introduce en una grieta del muro: y cuándo sale el sol, se le abren los ojos y vuelven a quedar sanos.De la misma manera, tú, oh hombre, si llevas el vestido del hombre viejo, y los ojos de tu corazón están nublados, busca el sol naciente de la justicia, Cristo Dios
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nuestro, cuyo nombre es Oriente en el libro del profeta (Zac. 6,iz), y Él abrirá los ojos de tu corazón.
Phys. griego: Zambon, 40‑41, n.O 2; Lauchert, 231
‑2‑32;Carlill, 232
‑233; Peters, 77‑'78
Hay tres variedades de lagartos: una grande, otra pequeña y otra que se calienta en verano y que causa graves mordeduras a los hombres. Pero cuando el lagarto
pequeño envejece, entra por un orificio estrecho de un muro que dé al sol, y se despoja del vaho de sus ojos y de
toda su vejez.
Brunetto, 135 (1:144)
M., 46EL BESTIARIO ACUÁTICO
LA BALLENA
(IR AL ÍNDICE)SALOMON advierte en el
Libro de los Proverbios:
«Miel destilan los labios de la mujer extraña / y es su boca más suave que el aceite. Pero su fin es más amargo que el ajenjo, / punzante como espada de dos filos. Van sus pies derechos a la muerte, / llevan sus pasos al sepulcro. No va por el camino de la vida, / va errando por el camino sin saber adónde. óyeme, pues, hijo mío, / y no te apartes de las razones de mi boca. Tente siempre lejos de su camino / y no te acerques a la puerta de su casa ( ... )» (Prov. 53,1, trad. Nácar).Hay un gran monstruo en el mar, llamado
aspidochelone.
Tiene dos atributos, y el primero es el siguiente: cuando tiene hambre, abre las mandíbulas de par en par, y de ellas sale un aroma dulcísimo. Y todos los pececillos se arremolinan en bandadas y bancos en torno a la boca de la ballena, que los engulle; pero los peces grandes y adultos se mantienen alejados de ella.Así tientan el Demonio y los herejes, con sus palabras agradables y la seducción de su aroma, a los simples que carecen de juicio. Pero los que gozan de buen y sólido entendimiento no se dejan atrapar. Job fue un pez adulto, como lo fueron Moisés, jeremías, Isaías y todo el coro de profetas. Igualmente tuvo fuerzas Judit para escapar a
Holofernes, Ester a Artajerjes, Susana a los ancianos y Tecla a Tarn*ris.
El otro atributo de la ballena reza así: el monstruo es enorme, como una isla. Los navegantes, en su ignorancia, fondean junto a él su embarcación, como en la orilla de una isla. Encienden fuego encima para preparar su comida; cuando el monstruo siente el calor, se hunde en las profundidades del mar y arrastra consigo la nave y a todos los marinos.
Y tú, ¡oh, hombre!, si te aferras a las vacías esperanzas del Demonio, te hundirás con él en el fuego del infierno.
Bien habló el Fisiólogo sobre la ballena.
Lauchert, 249‑251
El moralista ensena que existe en el mar un ser llamado tortuga‑escudo (aspidochelone), semejante al dragón o a la ballena. Vive en los lugares arenosos, se parece a una isla y sus gritos son desagradables. [Sigue el motivo de la ballena‑isla, y a continuación el del enguilimiento e los pececillos.] Estos pececillos son los incrédulos; pues este terrible dragón no engulle ningún pez grande y perfecto, por la razón de que sólo son perfectos aquellos cuyos pensamientos no son enganosos para los demás, como dice San Pablo. Y en otro pasaje, dice: «El camino que ha seguido no es bueno». ¿Cuáles son, pues, los peces perfectos? Mo'sés, Isaías, jeremías, Ezequiel, Daniel y todos los que evitan al terrible dragón, como José evitó a, la mujer, Susana a los viejos, Tecla a Tamiris y Job a sus enemigos.