4. Overview of the Case Study
4.4. Mifos Online Platform
Los docentes de aulas inclusivas, sin importar el nivel educacional de pertenencia, deben poseer capacitación profesional adecuada. Es decir, deben poseer las competencias necesarias para reflexionar sobre su propia práctica de enseñanza, pero además ser flexibles, estar abiertos al cambio, ser críticos consigo mismo, y ser capaces de desarrollar un amplio dominio de destrezas cognitivas y relacionales (Shön, 1983; 1987). El profesor universitario además de su competencia disciplinar debe poseer capacitación para enseñar en este nivel de enseñanza y para atender la diversidad de su estudiantado.
El docente de un aula inclusiva además, debe ser capaz de cooperar con otros docentes, con las familias en el caso de estudiantes menores de edad, con los participantes y representantes del bienestar social (Niemi y Jukku-Sihvomen, 2009) para promover en sus estudiantes a cargo, la búsqueda del sentido humano en la sociedad (Sader, 2008). Finalmente, toda la reflexión de los docentes debe guiarse por la dimensión teleológica (Zeichner, 1993). Una dimensión que implica que cuando analice su propia práctica profesional considere también, cuestiones morales y éticas como la justicia y equidad social y un compromiso activo por defender dichos principios.
Las reflexiones de los docentes de aulas inclusivas, en cualquier nivel de enseñanza, debe trascender lo cotidiano, cuestionando, analizando y considerando
alternativas de transformación a la realidad para aspirar al cómo deben ser las cosas y
no asumirlas tal como son. En ese contexto, la reflexión sobre su propia práctica debe
considerar no solo el contexto social de ésta, sino que debe aspirar a la democratización y emancipación (Mészáros, 2008), en especial, de aquellas situaciones en donde se den eventos educacionales injustos.
Los profesores de las organizaciones educacionales inclusivas deben poseer conocimiento disciplinar pero además deben ser capaces de actuar de manera comprometida y colaborativamente para desarrollar comunidades de aprendizaje que aspiran a la justicia social, a la emancipación y búsqueda de sentido del ser humano en la sociedad. En el caso de las universidades, los docentes también deben colaborar con el rol que tiene la institución en la construcción de civilización.
Los profesores atienden una gran diversidad de estudiantes en sus aulas, y en ocasiones pueden necesitar del apoyo de especialistas de diversas disciplinas para utilizar estrategias que enfaticen aspectos positivos, impactar en la autoestima e interés por aprender y lograr satisfacer el conjunto de necesidades de todos los alumnos (York, Giangreco, Vandercook y Macdonald, 1999, en Sainback y otros, 1999).
El soporte que requiere un profesor de un aula inclusiva para apoyar sus esfuerzos depende de los resultados educativos que se esperan y de las expectativas que se tengan respecto a que todos los estudiantes tengan éxito en las actividades de aprendizaje y de desarrollo social. Se requiere una interdependencia positiva y que el apoyo produzca el efecto deseado por ambas partes. Los apoyos en el aula inclusiva, según York y otros (1999, en Sainback y otros, 1999) se diferencian en cuatro tipos: mediante recursos, moral, técnico y en la evaluación. Estos se especifican a continuación:
• apoyo mediante recursos tales como materiales tangibles, financieros, humanos, informativos, su uso no siempre aseguran su efectividad, en muchos casos de carencia la creatividad de la comunidad alcanza mejores resultados
• apoyo moral que se dan entre las personas involucradas para confirmar el valor de cada uno como individuo y como parte de la clase, como la atención activa sin emitir juicios de valor lo que promueve las interacciones más contenedoras
• apoyo técnico es ofrecer destrezas o técnicas específicas para que el docente pueda poner en práctica, incluye capacitación acerca de estrategias, métodos, enfoques o ideas concretas
• apoyo en la evaluación es proporcionar asistencia para la recopilación de información que permita supervisar y adaptar los apoyos
El tipo y grado de intensidad del apoyo que el estudiante requiere, en cualquier nivel de enseñanza, depende de la necesidad que presente, en diferentes momentos (Cork y otros, 1999, en Stainback y otros, 1999). Los apoyos se seleccionan de manera colaborativa con todos los miembros del equipo pero en especial, con la propia persona que recibe el apoyo.
La persona que enfrenta una barrera al aprendizaje y participación social, según la edad, es la que mejor sabe qué tipo de apoyo requiere y durante cuánto tiempo. Asimismo, el grado del apoyo para que sea bien preciso requiere comunicación y coordinación entre todos en el equipo para no recargar al estudiante y su familia y terminar entregando un servicio no deseado. El estudiante de educación superior, a diferencia de otros niveles educacionales, tiene mayor conciencia del tipo de apoyos que requiere y más autonomía para tomar sus propias decisiones referidas al tipo y duración de dichos apoyos. Sin embargo, siempre se debe tener en
consideración que los apoyos educacionales y sociales que se entregan a los estudiantes de cualquier nivel educacional, son para equiparar las desigualdades y garantizar equidad pedagógica e igualdad de oportunidades, no para sobreproteger.
Finalmente, para seleccionar los estudiantes que recibirán apoyos específicos se considera que se debe evitar o superar una dificultad proveniente de una discapacidad, del ambiente o del cruce entre ambas variables (Cork y otros, 1999, en Sainback y otros, 1999). Entre las características del estudiante se consideran: destrezas adquiridas y aspectos del funcionamiento intelectual, comunicativo, social, físico, sensorial o de salud. De las características del docente y los miembros de la clase se considera el conocimiento y experiencia previa. Finalmente, de las influencias ambientales, se toma en consideración las características del hogar y de la comunidad. Una vez que todas las personas han seleccionado el mejor tipo de apoyo para modificar el entorno o acomodarlos al alumno o profesor concreto, se busca el profesional más pertinente en la institución para entregar dicho apoyo. En el caso de los estudiantes de educación superior, el propio estudiante participa en la toma de decisiones de los apoyos y se compromete a utilizarlos. En estudiantes menores de edad, participa en las decisiones pero quien toma la decisión final, es la familia o el responsable legal.
El docente, en cualquier nivel de enseñanza, es responsable de desarrollar una educación inclusiva en el aula, para ello debe contar con el apoyo institucional, el apoyo del sistema educacional, el apoyo del Estado y de la sociedad. Esto obliga a las instituciones educacionales a incluir a todo el estudiantado en las actividades educativas y sociales que se realizan en el aula común. La institución además, debe contar con una política pública y una sociedad civil que respalde los cambios educaciones hacia la inclusión. Las instituciones educacionales además, deben ser promotoras de los cambios sociales en la sociedad. En especial, las universidades deben asumir su rol de ser modelos de conducta social para la sociedad, en el interior de este tipo de organización se debe observar respeto y valoración de la diversidad, ejercicio de la democracia y participación de toda la comunidad en la toma de decisiones.
La institución educacional que aspira a instalar una educación con enfoque inclusivo deberá generar una atención educativa que satisfaga las necesidades de todos sus estudiantes. También deberá promover que todos los estamentos que conforman dichas organizaciones: educandos, profesores, personal de la educación y familias en caso de los menores de edad, se sientan acogidos, respetados y valorados.
Por ello, es crítico generar un sentido de comunidad educativa (Stainback y otros, 1999: Booth y otros, 2012), comunicándose con sinceridad y respeto, construyendo relaciones humanas más profundas, estableciendo compromisos significativos y creando espacios en donde todos se sientan aceptados como iguales (Flynn, 1989). Este tipo de educación aspira a enseñar contenidos y a ser modelo de comportamiento social, porque hace que todos se sientan aceptados y respetados, y esto requiere tiempo, esfuerzo y mucho ánimo (Booth y otros, 2012).