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Hay, sin embargo, algunos pasajes que sugieren que la sentencia de condenación pronunciada sobre los malvados sucederá antes de algún intervalo de tiempo. No es necesario decir que esta proclama- ción de condenación, es decir de la muerte de los ejércitos de la bes- tia, no excluye un milenio antes de ejecutar el juicio. Este último no sucede hasta el juicio del gran trono blanco, después del milenio.

La parábola de la cizaña (Mateo 13.24-30, 36-43) contiene ense- ñanzas escatológicas muy específicas. La cosecha es el fin de la edad, y los segadores son los ángeles. Al pronunciar la parábola, el Señor dijo, “... y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero” (v. 30). En la explicación de la parábola, Cristo dijo, “De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga” (vv. 40-43).

La misma enseñanza se encuentra en otra parábola, la lección de la red, en el mismo capítulo (Mateo 13.47-50). “Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera. Así será al fin del siglo: saldrán los ángeles, y apartarán a los malos de entre los justos, y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes”.

En las dos parábolas, se destaca la idea de recoger lo bueno de entre lo malo. En la parábola de la cizaña, se dice explícitamente que los malos serán sacados primero (v. 30). No hay referencia al rapto de la iglesia en ninguna de las dos parábolas. Nadie puede negar que el rapto está planteado en la profecía, pero las parábolas de la cizaña y de la red no se refieren a aquel evento.

Se podría decir que la frase en el versículo 48, “recogen lo bueno en cestas”, se aplica al rapto, pero el versículo siguiente presenta el otro lado, “y apartarán a los malos de entre los justos”. Si esta pará- bola estuviera sola, podríamos pensar que hay tres tipos de pescado, los buenos (ta kala), los que no tienen valor (ta sapra), y los malos (tous ponerous). Se sabe que hay pescado que no tiene valor porque son muy pequeños, y que son devueltos al agua. Si continuamos con

esta distinción, deberíamos observar que los malos que serán echa- dos al horno de fuego representan un tipo definitivamente malo, no simplemente de poco valor por su tamaño. No obstante, es poco pro- bable que el Señor haya querido hacer tal distinción. Quiso indicar que, en Su retorno, habrá un proceso de separación, y que algunos serán enviados a la condenación eterna.

El castigo eterno está contemplado también en Lucas 19.27, la con- clusión de la parábola del noble que fue a un país lejano para recibir un reino, y que volvió a reinar sobre él. Los “enemigos” que lo odiaban y enviaron “tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros” (v. 14), debían ser decapitados en su presencia.

La misma interpretación sería válida para Mateo 24.51, que es la conclusión de una parábola muy semejante. El amo de ese siervo vendrá un día cuando no lo esperan, y en una hora que nadie sabe. Lo castigará severamente y pondrá su parte con los hipócritas. “Allí será el lloro y el crujir de dientes”. Este es el texto particular que ocasionó nuestro estudio actual. “Poner su parte con los hipócritas” no exclu- ye un milenio antes de ejecutar este juicio. Los no-creyentes muertos ahora están bajo la misma condenación.

Las porciones finales del sermón del Monte de los Olivos conteni- das en Mateo 25, la parábola de las diez vírgenes, la parábola de los talentos, y la predicción del juicio de las cabritos y las ovejas, todas incluyen una sentencia de condenación eterna dictada en el tiempo del retorno del Señor, sin ningún intervalo de tiempo. Propongo analizar la parábola de las diez vírgenes y el juicio de los cabritos y las ovejas largamente. En cuanto a la conclusión de la parábola de los talentos (Mateo 25.29,30), es tan similar a otros pasajes analizados arriba, que no requiere más comentario. La conclusión de la parábola de las diez vírgenes (Mateo 25.11-13) y del juicio de los cabritos y las ovejas (Mateo 25.41-46) pueden ser asimiladas en una o dos de las categorías de pasa- jes mencionados arriba. Es decir, o son pasajes en que la perspectiva cósmica no indica si hay un milenio o no, o son pasajes en que se dicta la sentencia de castigo eterno antes de algún intervalo de tiempo, pero que no indican cuándo se ejerce la sentencia.

Hemos examinado, o por lo menos citado, los pasajes que supuesta- mente eliminan un milenio entre el retorno del Señor y el juicio del gran trono blanco (Apocalipsis 20.11-15), o que por lo menos eliminan la po- sibilidad de salvación durante el milenio. He mostrado que ninguno de estos pasajes indica que los malvados sean echados en el lago de fuego (Apocalipsis 20.15) en el mismo momento en que los enemigos de Cristo

son destruidos en Su segunda venida. Tampoco tenemos base para negar que los no-creyentes mortales puedan ser salvos después de Su retorno. Así ninguno de estos pasajes contradice la doctrina del milenio, tal como normalmente lo entienden los premilenialistas, entre el comienzo del reino futuro de Cristo y el juicio final de los malvados.

XII. L

A PARÁBOLADE LAS DIEZ VÍRGENES

Ahora examinaremos más cuidadosamente las porciones finales del sermón del monte de los Olivos.

Mateo 25.1-13 es tan conocido que no es necesario citarlo com- pletamente. Obviamente las cinco vírgenes sabias representan a los creyentes consagrados, llenos del Espíritu. Las cinco vírgenes necias representan a los no-creyentes, porque el Señor les dice al final, “No os conozco” (v. 12).

Pero, ¿qué significa el hecho de que las lámparas de las necias estaban encendidas, pero se apagaron por falta de aceite?

Sugiero que debemos entender que la luz que se apagó representa la conducta “cristiana” (por la gracia universal de Dios) de los no- creyentes que son miembros de la iglesia. Hay mucha conducta que parece ser el fruto del Espíritu entre las multitudes de seguidores (Éxodo 12.38; Números 11.4; Nehemías 13.3). Este mismo grupo está simbolizado en la parábola de la tierra por la semilla que creció sin raíces profundas (Mateo 13.6).

La súplica de las vírgenes necias, “Dadnos de vuestro aceite; porque nuestras lámparas se apagan”, y la respuesta, “Para que no nos falte a nosotras y a vosotras, id más bien a los que venden, y comprad para vosotras mismas” – estas palabras indican que la pre- sencia del Espíritu Santo, en el sentido de la regeneración genuina, es un asunto personal. Las palabras, “id más bien a los que venden”, según esta interpretación, significarían, “Deben aceptar el don de la regeneración y la presencia del Espíritu Santo por sí mismas, tal como nosotras hemos hecho”.

No entiendo que el versículo 10 signifique que las vírgenes necias realmente hayan ido al mercado para comprar aceite, y que hayan vuel- to con sus lámparas llenas y encendidas. Esto sería contrario al simbolismo bíblico. Creo que el significado del versículo 10 está gober- nado por el tiempo presente del participio al comienzo de la oración. Yo traduzco, “mientras iban a comprar, el novio llegó, y los que ya estaban con él, entraron con él, y cerraron la puerta”. En otras palabras, veo el rapto de la iglesia como algo que llega inmediatamente después de la

súplica a medianoche en el versículo 6. En términos de la sección ante- rior del sermón, pienso que la instalación de la abominación desoladora es el hecho que constituiría el clamor de medianoche. Así, de acuerdo con la experiencia de los dos testigos de Apocalipsis 10, postulo que el intervalo entre la advertencia y el momento del rapto corresponde a los tres días y medio entre la muerte de los testigos y su reunión con el Señor en las nubes. En términos de las cinco vírgenes necias, estaban informadas acerca del retorno del Señor, pero no habían nacido de nue- vo. Cuando vino el clamor, buscaron algo que les admitiera a ellos en los privilegios de los redimidos, pero en el momento en que dieron vuel- ta, vino el rapto, y estaban afuera.

Sin duda, habrá una multitud de miembros de la iglesia, de per- sonas bien instruidas en los principios cristianos, incluyendo los de- talles de la escatología, cuya condición perdida será terriblemente aparente cuando el rapto suceda.

Clamarán al Señor para ser admitidos entre los redimidos, para escapar la ira de Dios vertida de las copas, pero la respuesta del Señor es que no. Como dice la parábola, “Después vinieron también las otras vírgenes, diciendo: ¡Señor, señor, ábrenos! Mas él, respon- diendo, dijo: De cierto os digo, que no os conozco” (vv. 11,12).

La parábola de las diez vírgenes no indica con certeza si las cin- co necias estaban perdidas eternamente, o si estaban entre los que aceptaron a Cristo durante el milenio, tal como sucederá con la na- ción judía entera (Romanos 11.25,26; Zacarías 12.7-14).

No obstante, la enseñanza similar acerca de la puerta cerrada en Lucas 13.22-30, muestra que muchos de los que creen que esperan disfrutar del gozo y de la gloria cuando vuelva el Señor, estarán entre los que se han comprometido con el reino de la bestia. A ellos el Señor dirá, “apartaos de mí, malhechores”. “Allí será el lloro y el crujir de dientes.”

XIII. L

APARÁBOLA DE LOS TALENTOS

La siguiente sección del sermón del Monte de los Olivos es la parábola de los talentos. Se ha notado que el siervo inútil es el que no demostró el fruto del Espíritu. Será echado a las tinieblas, donde habrá lloro y el crujir de dientes (v. 30).

El texto, “Porque al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado” es uno de los textos llamados “doblemente testificados”. Ocurre en Mateo, Marcos, y Lucas en sec- ciones paralelas, y ocurre otra vez en Mateo y Lucas en un pasaje que no está en Marcos. Aparece, entonces, un total de cinco veces en los

evangelios sinópticos. Estos textos son llamados “doblemente testifi- cados” porque están en la “tradición de Marcos” y también en la tradi- ción de Mateo y Lucas, donde Marcos mantiene silencio.

Las implicaciones escatológicas de esta frase de Cristo involucran tanto asuntos éticos como asuntos económicos. En primer lugar, se debe notar que no debemos tener posesiones para fines egoístas. Las posesio- nes son para la gloria de Dios y el beneficio del pueblo de Dios. Obvia- mente este pasaje se opone a cualquier tipo de igualdad forzada.

La escatología de la parábola ha sido discutida arriba en relación con la parábola de las minas, como aparece en Lucas 19.12-27. Note que el siervo inútil es echado a las tinieblas, donde hay “lloro y crujir de dientes”. Otra vez, me parece que estas palabras no indican claramente que los “inútiles” estarán perdidos eternamente, y así destruidos con los ejércitos de la bestia (Apocalipsis 19.21). Podría ser que las palabras tristes de Mateo 25.30 indiquen la condición de los que dicen ser siervos de Cristo, sin tener una fe genuina, sin mostrar el fruto del Espíritu, y sin participar en el rapto de la iglesia. Ellos permanecerán en un estado mortal durante las copas de ira. No quiero insistir en esta interpretación, pero sugiero que es consecuente con el contexto y con el resto de las Escrituras. De hecho, los no-creyentes están, en su condición perdida, bajo la ira y la condenación de Dios (Juan 3.36). Estar todavía en esa condición durante el derramamiento de las copas de ira podría describir- se como “tinieblas” y “lloro y crujir de dientes”.

XIV. E

L JUICIO DE LAS OVEJAS Y LOS CABRITOS