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6.2 A branch-and-cut solution framework

6.2.11 The right-shift primal heuristic (RSPH)

El aspecto que se destaca en la visión celestial en los capítulos 4 y 5, y el que aporta más contenido escatológico, es el momento en que Cristo viene delante de Él que está sentado sobre el trono, y recibe el rollo, sellado con siete sellos. Juan, al escribir, debe haber estado consciente de que esta parte de la visión está en paralelo con Daniel 7, en que “un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días..., y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvie- ran...” (Daniel 7.13,14). El hecho de tomar el rollo con siete sellos en Apocalipsis 5 parece ser lo mismo que el hecho de recibir el reino en Daniel 7. Algunos han dicho que el libro representa una “escritura le- gal”, testificando al hecho de que es dueño del reino futuro.

En la escena celestial en Apocalipsis, cuando se recibe el rollo, hay estallidos de alabanza. Leemos, “Y vino, y tomó el libro de la mano derecha del que estaba sentado en el trono. Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incien- so, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra” (vv. 8-10).

Es obvio que esta declaración de Apocalipsis 5 corresponde a Daniel 7.18,27 , “Después recibirán el reino los santos del Altísimo, y poseerán el reino hasta el siglo, eternamente y para siempre..., y que el reino, y el dominio y la majestad de los reinos debajo de todo el cielo, sea dado al pueblo de los santos del Altísimo, cuyo reino es reino eterno, y todos los dominios le servirán y obedecerán”.

Las alabanzas continúan, según Juan, “Y miré, y oí la voz de mu- chos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancia-

nos; y su número era millones de millones, que decían a gran voz: El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén; y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron al que vive por los siglos de los siglos” (vv. 11-14).

Esta evidencia será suficiente para mostrar que Juan considera- ba su visión del Cordero el equivalente de la visión del Hijo del Hom- bre en Daniel, cuando recibió el reino sobre la gente de toda la tierra.

V. L

OS SELLOS

,

LAS TROMPETAS

,

Y LAS COPAS

Es notable en los siguientes capítulos del Apocalipsis, que hay una serie de siete sellos, siete trompetas, y siete copas. También es igualmente notable que hay explicaciones y cuadros intercalados en estas series, aparentemente sin ningún orden formal. Insto a que evi- temos cualquier interpretación a priori de esta materia. En particu- lar, quiero protestar en contra de una presuposición común, de que estas series son repeticiones, es decir, de que los sellos, las trompetas, y las copas son sincronizados, o simultáneos. No hay razón a priori para suponer que son simultáneos. Tampoco hay ninguna razón a

priori para suponer que no lo son. La pregunta es, ¿qué indica el

texto mismo acerca de su propia organización? Insisto que examine- mos cada sección por sí misma, buscando su relación con el resto del libro. Sugiero que busquemos tanto evidencia para probar que son simultáneos como evidencia para comprobar que debemos interpre- tarlos como una secuencia cronológica.

Quisiera presentar ahora algunas razones para sostener la teoría de que los sellos, las trompetas, y las copas son una serie sucesiva, y que no son simultáneos.

Al sonar la segunda trompeta, un tercio del mar se convierte en sangre, y un tercio de los seres vivientes en el mar son destruidos; en contraste, al vertir la segunda copa, el mar entero se convierte en sangre, y todos los seres vivientes del mar se mueren. Al sonar la tercera trompeta, un tercio del agua fresca se pone amarga; en con- traste, al vertir la tercera copa, todo el agua se convierte en sangre. Al sonar la cuarta trompeta, el sol y la luna se oscurecen un tercio del tiempo; al vertir la cuarta copa, el calor del sol aumenta. Claramente

los eventos de la segunda y la tercera trompeta no pueden ser sincronizadas con los eventos de la segunda y la tercera copa. Ade- más, los eventos de la cuarta trompeta están en completo contraste con los eventos de la cuarta copa.

La bestia no se manifiesta durante las trompetas. La séptima, y la última trompeta suceden durante los premios para los justos (Apo- calipsis 11.18), que es el mismo tiempo de la resurrección de los justos (Lucas 14.14), la “final trompeta”(1 Corintios 15.52), y el rapto de los santos vivos (1 Corintios 15.52, 1 Tesalonicenses 4.16). Pero la revelación del hijo de pecado, obviamente la “abominación desoladora” (2 Tesalonicenses 2.3 y siguientes, Mateo 24.14 y siguien- tes), exigiendo que todos le adoren, precede el rapto de los santos (2 Tesalonicenses 2.1-3) por un período breve (Mateo 24.16-22,31).

Con la primera copa (Apocalipsis 16.2), la bestia ya se manifies- ta, y la primera, la quinta, la sexta, y la séptima copa, tienen algo que ver directamente con su reino. Ya que el hijo del pecado (la “abomi- nación desoladora” en el lugar santo, exigiendo ser adorado), ocurre en “medio de los siete” (Daniel 9.27), y ya que el tiempo en que la bestia tendrá dominio mundial será de “cuarenta y dos meses” (Apo- calipsis 13.5), pareciera que las copas de ira son vertidas durante este período de tres años y medio, la segunda mitad de los “siete”.

Se dice explícitamente que la destrucción de los santos mencio- nada cuando se abre el quinto sello (Apocalipsis 6.9) no es el tiempo final del martirio cristiano (v. 11).

Después del sexto sello, cuatro ángeles (evidentemente poderes militares) reciben una orden de mantener la paz “hasta que hayamos sellado en sus frentes a los siervos de nuestro Dios” (Apocalipsis 7.3). (Ser marcado con el sello del Dios viviente, sin duda significa la regeneración por el Espíritu Santo. Efesios 1.13; 4.30). Al sonar la quinta trompeta, los hombres con el sello de Dios en sus frentes (9.4) están en la escena, y son distinguidos de los que no lo tienen.

Se les manda a las “langostas” de la quinta trompeta a no hacer daño a la tierra, ni el mar, ni los árboles, mientras son los ángeles que reciben esta orden durante el sexto sello. Evidentemente, la quinta trompeta representa eventos posteriores a los eventos del sexto sello. Al sonar la sexta trompeta, los cuatro ángeles que habían sido atados (poderes militares, de nuevo), son desatados en el río Éufrates (Apocalipsis 9.14), y una guerra terriblemente destructiva toma lu- gar. Así los eventos del sexto sello y de la sexta trompeta no pueden suceder al mismo tiempo.

Los malvados que no son destruidos y que no se arrepienten durante esta guerra destructiva de la sexta trompeta son culpables de idolatría fla- grante, y de otros pecados (9.20,21), pero la adoración de la bestia todavía no ha llegado a ser el problema que es desde el capítulo 13 en adelante.

Mientras durante la sexta trompeta, el río Éufrates es el lugar donde se desatan los cuatro poderes militares y donde estalla la gue- rra, en la sexta copa (Apocalipsis 16.12), el río Éufrates está seco. Esto es para preparar el camino para los reyes del oriente, quienes se unen con las fuerzas de la bestia en Armagedon, para hacer la guerra de la bestia contra Cristo (Apocalipsis 19.17-21; 11-16; 20.1-3). Todos los factores se armonizan en forma muy simple, si los eventos de la sexta trompeta se interpretan como anteriores a los eventos de la sexta copa, separados por un período largo.

El hecho de que los cuarenta y dos meses de Apocalipsis 11.1,3 preceden la revelación del hijo del pecado es evidente por el hecho de que los sacrificios terminan con la “abominación”, que es el mismo evento (Daniel 9.27), mientras en Apocalipsis 11.1,2, no hay inte- rrupción del templo, del altar, o de los que están adorando.

Es obvio que los 1.260 días de Apocalipsis 11.3 preceden la bestia, porque durante este tiempo, cualquiera que trate de hacerle daño a los dos testigos es destruido (v. 5), mientras la bestia tiene autoridad du- rante cuarenta y dos meses (13.5), incluyendo el poder para hacer gue- rra con los santos (13.7). El momento en que se destruye el que trate de hacerle daño a los dos testigos no puede ser el mismo que el tiempo cuando la bestia tiene poder para hacer la guerra y matarlos.

Se ha dicho que la repetición de tales cosas como “voces y truenos y relámpagos y terremotos” indican que cada serie termina en el mismo momento. Estas palabras ocurren tres veces, en 8.5; 11.19, y 16.18-21, y en los últimos dos pasajes, el “granizo” también se incluye en la lista. En el capítulo 8, versículo 5, el séptimo sello ha sido abierto, y el silencio sigue (v. 1). Entonces los siete ángeles reciben las siete trompe- tas. Las “voces”, truenos, relámpagos, y terremotos (sin mencionar el granizo), no parecen ser parte del séptimo sello (a menos que las siete trompetas estén incluidas en el séptimo sello, lo cual no es aceptable). Los fenómenos de 8.5 son una introducción al acto de tocar las trompe- tas. Vea el versículo 6, que parece ser introducido por el versículo 5.

En 11.19, la séptima trompeta ha sonado, las declaraciones ce- lestiales han sido pronunciadas, y los fenómenos que mencionamos, incluyendo el granizo, podrían ser entendidos como la conclusión de las trompetas. Si el terremoto de 11.13 es el mismo que el terremoto

de 11.19, lo cual es probable, entonces la caída de la décima parte de “la ciudad” (Jerusalén), la muerte de los siete mil, y el arrepentimien- to del “remanente” son eventos acompañantes.

En 16.18-21, después de la séptima copa, tenemos fenómenos, incluyendo el granizo, que pueden ser tomados como la conclusión de las copas. Pero esto no puede ser el mismo evento como 11.19, por- que es comparado con otros eventos similares, siendo el peor. “La gran ciudad” fue dividida en tres secciones, las “ciudades de las na- ciones” cayó, y las montañas desaparecieron. No hay mención de arrepentimiento, sino de blasfemia.

De las tres instancias de “voces, truenos, relámpagos, y terremo- tos”, una (8.5), introduce las siete trompetas, y no es tan destructiva. Otra (11.19) concluye las trompetas (si es la misma que 11.13), y es destructiva sólo localmente. Finalmente, la tercera concluye las co- pas y trae destrucción mundial.

Observamos:

Truenos con relámpagos (4.5), la escena del trono, antes de men- cionar a los sellos.

Truenos (10.3,4), los “siete truenos”, antes de la séptima trompeta. Una voz como trueno (19.6), “aleluya”.

Terremoto (6.12) con tempestades y meteoritos, el sexto sello. Terremoto (11.13), probablemente el mismo evento que 11.19, analizado arriba.

Granizo (8.7), al sonar la primera trompeta, y 16.21, la séptima copa.

Debemos concluir que la mención de tales fenómenos no da razo- nes para sincronizar las series, tal como el terremoto durante la cru- cifixión (Mateo 27.51) no puede ser sincronizado con el terremoto durante la resurrección (Mateo 28.2).

Debemos prestar atención también a la ausencia total de eviden- cia positiva de la supuesta sincronización.

VI. L

OSSIETE SELLOS