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2. Literature Review

2.11 Factors that affect/influence learner performance

2.11.3 Non-Formal education

La vida es inherente a la salud, calidad de vida y derechos humanos. En el siglo XXI, ni en los anteriores; no se puede abstraer la salud de las relaciones con la naturaleza y la vida ni tampoco del marco de los derechos humanos y de la justicia planetaria. Sin embargo, estos tres conceptos necesitan ser analizados desde el punto de vista histórico, filosófico y desde la epistemología.

El enfoque histórico, crítico y reflexivo permite valorar que el concepto de salud. El primer punto de partida para considerar la salud es la vida; porque ella se relaciona no sólo con los humanos sino con todos los seres planetarios. La vida es relación, producción y reproducción, interacción en el seno de una misma especie, entre las especies y los medios conformados no sólo por lo físico como las rocas, aguas, aires, fuego y energía, sino por la existencia de los mismos seres que han transformado la

Cada unidad material se convierte en una unidad viviente a tal grado que no po- demos separar el agua y las rocas de la vida, porque los microorganismos y los seres humanos transforman a través de su evolución e historia la naturaleza de cualquier sustancia.

Desde luego, existen características de la especie humana que la hacen diferente de otras especies. Entre ellas esta no sólo la razón, el lenguaje, la imaginación, la historia como producto social, sino también las relaciones de poder, la capacidad de domi- nar, la opresión de una clase por otra, las formas de violencia: el crimen, el machis- mo, el incesto, la violación, el abuso y el maltrato sexual, la tortura y la guerra. Sin embargo también esta la capacidad de amar, la cooperación, la equidad, la igualdad de género, la solidaridad, la paz y el sentido de justicia.

Vamos a establecer una diferencia entre Salud integral que se refiere exclusivamente a los seres humanos y la Holobiosalud, siendo este último término nuestro objeto de la exposición.

Holobiosalud es la salud de la totalidad de la vida, sea ésta vegetal, animal o hu- mana, en el marco de las interacciones, evolución y transformación conjunta de especies, medios y sociedades. Holos es totalidad; bios, vida. Por lo tanto, la sa- lud vegetal y animal son fundamentales para la salud y la enfermedad humana, y viceversa. No se trata por lo tanto de una visión antropocéntrica o puramente ecocéntrica sino integral, cultural, espiritual y holística de la salud en el marco de una totalidad estructural, histórica, económica y política del ser social en relación con la naturaleza; modos de producción económica tomando en consideración la cultura, el genero, la clase social y la ética. La enfermedad entonces se refiere a los estados y procesos morbosos de la vida planetaria; por lo tanto, se utilizara, en este caso el termino de HOLOBIOPATOLOGIA (Holos = totalidad, bios = vida y pathos = enfermedad). La salud se define desde las condiciones materiales, espirituales y culturales y la calidad de vida en relación con la clase social, cultura, género y las relaciones de producción que involucran al ser humano y a todos y cada uno de los aspectos integrales de los seres vivos en el marco de una concep- ción de totalidad dinámica, evolutiva e histórica. En tal sentido, cuando hablamos de la salud humana nos referimos a la familia, la comunidad y al individuo como ser indivisible en la unidad corporal, mental, espiritual, ambiental y social que tiene relaciones con otros individuos, naturaleza y sociedad. Son relaciones que se construyen social e históricamente. Son objetivas y subjetivas. Inseparables, por lo tanto, del sujeto social, político, histórico y cultural. Es imposible sustraer a los grupos sociales y comunidades de estas conexiones y por lo tanto de la sanidad planetaria.

La primera consideración de la holobiosalud es que la sanidad humana es imposible sin la salud de la totalidad viviente. A primera instancia pareciera que esta visión fuera utópica o irreal porque nuestras concepciones son antropocéntricas o sea cen- trada en los seres humanos. La explotación irracional de la naturaleza nos ha ocasio- nado enfermedades devastadoras e incontrolables que han afectado las pasadas, las presentes y sin duda las futuras generaciones.

Sin perder el enfoque humano requiere una visión también ecológica, o sea que no exista una dominancia ni eco-centrista ni antropocéntrica.

La historia de las plantas medicinales es inseparable de la vida concreta de las co- munidades indígenas, negras y campesinas, han estado ligadas a una visión integral, cósmica y espiritual. Forma parte de sus ceremonias y rituales desde el nacimiento, el desarrollo pleno y la muerte. Esa historia no ha sido bien entendida y, por el contra- rio, ha sido distorsionada e incluso robada no sólo por los que tradicionalmente han saqueado nuestros recursos, sino por las políticas neo-colonizadoras del capitalismo más atroz globalizante y excluyente.

Primer desafío en salud es el cuidado y la defensa de la Madre Tierra. Esa concepción de amor refleja el deber que tenemos para preservar la biodiversidad. Ese principio es inherente a todas las formas de vida animal, vegetal y humana, y al mismo tiempo si se rompe ese balance algunas especies mueren o desaparecen o se desarrollan las enfermedades. Por eso los lugares más preciosos son aquellos que han mantenido un balance a través de las enseñanzas de los abuelos y las abuelas, la llamada sabiduría ancestral.

En tierra sana crecen saludables plantas, animales y seres humanos. En el siglo XXI los territorios de los pueblos nativos son los que más conservan la biodiversidad pero al mismo tiempo son las más ambicionadas por los intereses multinacionales articulados a los poderes de cada país. Esto se refleja en la gran destrucción de los bosques por las empresas madereras, mineras y la agroindustria con las grandes plantaciones de monocultivos que destruyen la biodiversidad y producen mono- tonía, aburrimiento y depresión porque desaparece lo diverso. De allí que el Plan Puebla Panamá, los tratados de libre comercio y las proliferaciones de parques industriales o maquilas, plantaciones de monocultivos como el banano, los trans- génicos, los agrocombustibles y la industria camaronera y minera que han tenido un impacto grave en la salud. Todo ello ha contribuido a la desaparición de plantas medicinales y de la riqueza genética o herencia biológica y social del patrimonio cultural de nuestros pueblos.

En Honduras y Centroamérica estos hechos se reflejan en los desalojos violentos y despojos de la tierra a indígenas, garífunas y campesinos, condenando a los pueblos a la más terrible miseria. Hemos sido testigos de cómo comunidades campesinas han utilizado los tractores y los militares y cuerpos policiales para destruir los maizales, frijolares y viviendas tal como ha ocurrido en Tacamiche la Paz, las Limas o en Nue- vo despertar en la Savana en proximidad del Lago Yojoa. También la resistencia a la explotación minera en el Valle de Siria, San Andrés, La Labor Ocotepeque, Coma- yagua, Aramecina, Guinope, El Paraiso y Minas de Oro. En igual forma han ocurri- do los desalojos violentos en Guatemala, el Salvador y las protestas del movimiento social en estos países y en Nicaragua y las Crucitas en Costa Rica.

Se ha relatado esta historia de violencia contra nuestros pueblos porque también es una agresión a las plantas medicinales y la biodiversidad como parte de la salud integral. Sin tierra sana no hay vida, dignidad y cultura, y sin ellas no es posible la salud de la totalidad viviente.