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Offline evaluation

6.3 Personalized Recommender Algorithms

6.3.1 Offline evaluation

- inductiva y en el racionalismo Kantiano.

Kant sostiene, que no toda actualización de la voluntad tiene un significado ético, sólo aquella que se conforma al deber.

El conocimiento para Kant no se basa en los datos de la experiencia sensible, sino en la ordenación de la misma por las formas de la sensibilidad y la razón. En la filosofía Kantiana, el sujeto como condición de posibilidad del pensar suplanta a la fundamentalidad del ser.

La ética requiere la libre voluntad; sin embargo, en la esfera del conocimiento sensible la actividad humana está regida por la misma

acción causal de la que depende el mundo material. En la filosofía Kantiana la libre voluntad tiene su fundamento en la ley moral.

En Kant la importancia atribuida a la motivación impide considerar otra posible fuente de dinamización de la voluntad. Kant separa los aspectos que configuran la acción ética, así su unidad queda comprometida.

Wojtyla dice que no puede hacer un análisis de la actividad de la razón práctica y añadir después la actividad de la voluntad.

Aunque Kant habla de causalidad inmanente de la voluntad, la presenta como una facultad pasiva. Con este planteamiento emergen sólo las causas que obran sobre la voluntad, no se ve que la voluntad actúe como causa.

Si las causas de las acciones de la voluntad se encuentran en los sentidos y en la razón práctica, la voluntad cede a la inclinación; si se encuentran en la sola razón práctica, la razón debe dar una orden. Así, si existe una causalidad propia de la voluntad, se reduce a ser utilizada por los otros factores psíquicos, entonces ella misma no actúa eficientemente. La voluntad como autodeterminación en Kant es espontánea, es decir, no está en relación con la persona.

La experiencia en Scheler se centra en el fenómeno del valor, el valor constituye el contenido de la experiencia y la experiencia es experiencia de valor. Para Scheler el nivel más superficial del campo emocional es el sensorial en el que la experiencia tiene un carácter de estado afectivo; y el más profundo es la percepción afectiva intencional, donde descubrimos valores objetivos.

Según Wojtyla la percepción afectiva de los valores se realiza en actos emocionales - cognoscitivos. Con estos actos estrechamos el contacto con el valor y como consecuencia de este contacto se nos manifiesta este valor cognoscitivamente en la percepción intencional.

El valor moral se manifiesta con ocasión de la realización de un valor, pero jamás constituye un fin para la voluntad. Sin embargo, el valor moral decide sobre la dirección de la aspiración por ser a priori respecto de ella. El hecho de que la representación del fin no sea capaz de conferir una dirección a la voluntad hace que la ética de Scheler esté cerrada a la real causalidad de la persona respecto de su acción.

Según Wojtyla, la persona para Scheler, no es causa del valor ni los valores objeto de tal acción causal.

Especial atención merecen, según Wojtyla, las investigaciones realizadas por Ach, Lindwordsky, y otros que conducen el estudio de la voluntad al campo de la experiencia.

El elemento primero y fundamental de la experiencia ética es la causalidad del “yo” personal como esencial para la voluntad, pues la conciencia de ser yo la causa de mis actos individuales constituye una base psicológica necesaria para la experiencia de la responsabilidad ética de los actos.

La intensidad de la motivación, no influye sobre la voluntad hasta obligar a ésta al ejercicio, sino que los motivos influyen a través del momento objetivo.

En el acto voluntario, tal como se da en la experiencia, el “yo” aparece como causa eficiente de la acción. En la experiencia, la voluntad se revela como causal del yo personal.

Scheler distingue dos modos de presentarse el deber: uno ideal, en cuanto que el deber se reduce a la simple afirmación de que un valor objetivo ha de realizarse. Otro real, cuando el deber se presenta como imperativo dirigido a la aspiración volitiva.

La ética Scheleriana se caracteriza por el rechazo del deber y la evidenciación del valor como único elemento de la experiencia ética.

Las normas tienen, según Scheler, una importancia secundaria; provienen de alguna tendencia contraria a ciertos valores.

Scheler afirma que el valor por sí sólo basta para determinar la tendencia de la voluntad, pero de su sistema se sigue que el valor no es suficiente para suscitar su realización.

La concepción de la conciencia en Scheler imposibilita la relación causal de la persona respecto de los valores éticos. La conciencia para Scheler es el sujeto de los valores morales. La conciencia Scheleriana no es moralmente creativa, no conoce nuevos valores. La conciencia es experienciada como órdenes y solicitaciones provenientes del interior. En Kant la moralidad del acto se liga al cumplimiento del deber, en Scheler se vincula a la experiencia del valor. En ambos pensadores queda excluido el vínculo causal persona - bien como fuente de moralidad.

No cabe considerar la bondad o maldad de la acción prescindiendo de que la acción contribuye al perfeccionamiento del hombre. Toda acción conlleva una actualización de la esencia del hombre y, determina una cierta perfección del ente humano.

La libertad de la voluntad es posible cuando está fundada en la verdad. Según Wojtyla la voluntad debe seguir el verdadero bien. Porque puede no seguirlo, debe seguirlo. En el terreno moral se revela la libertad gracias a la obligación. La obligación surge donde la voluntad encuentra una norma.

Wojtyla considera a la persona como agente de la acción (punto de vista dinámico o esencial), pero no, a la persona como esse (punto de vista metafísico).

La consideración dinámica de la persona es ético - antropológica, no trascendental ni metafísica. La antropología de Wojtyla se centra en la esencia del hombre, en la perfección de la naturaleza humana debida a la persona como agente de ese perfeccionamiento.

Así como el ente es verdadero en cuanto conocido, es bueno conectado con el tender humano.