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Parameter tuning

6.5 Learnings and Limitations

7.4.2 Parameter tuning

La realidad humana, que en sí es unitaria, es conocida por nosotros necesariamente de modo fragmentario.

Puesto que el hombre no es capaz de saberlo todo a la vez, en nuestro conocimiento aparece como distinto lo que en realidad es lo mismo. Esto significa que el logos, aunque en sí es unitario, tiene una dimensión histórica. El saber que el hombre tiene de sí no es resultado de un acto único y total, sino de un proceso que se distiende en el tiempo.

El saber sobre sí del hombre es esencialmente histórico, acontece bajo la forma de experiencia.

En la medida en que el saber sobre sí se alcanza en un proceso histórico, y en cuanto que el hombre es un ser histórico, la Antropología filosófica no puede constituirse como un saber absoluto y total que no deje nada fuera de sí.

Como el hombre es un ser histórico y por tanto tiene todavía futuro, la Antropología filosófica debe renunciar a constituirse como un saber cerrado; debe permanecer abierta.

Nadie puede responder exhaustivamente a la pregunta por la propia identidad personal, porque en cuanto que todavía se vive, la propia identidad personal no está completamente realizada, porque hay futuro y no se puede conocer algo que todavía no es. Es decir, el conocimiento de sí mismo tiene índole hermenéutica.

Para saber lo que el hombre es, es preciso considerar lo que el hombre hace y puede hacer.

La filosofía del hombre es metafísica, en el sentido de una investigación acerca del tipo de realidad que el hombre es.

Hay que advertir que una metafísica de la naturaleza humana no es un saber absoluto, sino que deja algo fuera de sí, y es, por eso, abstracta. No se trata de negar la posibilidad de la metafísica, pero sí de reconocer sus límites y de advertir que la Antropología filosófica no puede ser sólo metafísica.

La pretensión de integrar unitariamente los diversos saberes heterogéneos sobre el hombre no es la de formar un saber cerrado sino la de poner orden.

a. El plano empírico – positivo

En este plano se han desarrollado todas las ciencias positivas, tanto biológicas como socioculturales, se consideran hechos y relaciones entre hechos.

La pretensión de la ciencia positiva es, establecer las leyes que regulan cómo se relacionan entre sí, o cómo interactúan, los fenómenos biológicos, los socioculturales, y ambos entre sí.

En la perspectiva de las ciencias positivas, el hombre es visto como objeto de la ciencia; es la realidad que las diversas ciencias positivas consideran. El ser humano aparece como un sistema, o una estructura funcional de hechos.

En las diversas ciencias humanas, el hombre es estudiado como un organismo, como un sistema, como un objeto. Pero, el hombre es más de lo que las ciencias humanas dicen porque es su sujeto y no sólo su objeto.

b. El plano lógico – reflexivo

La pregunta por qué sea una ciencia y por qué sea el hombre como sujeto de la ciencia está en un plano epistemológico distinto al estudio de los fenómenos humanos que realizan las ciencias positivas. No se trata de considerar los hechos, sino de investigar cómo es posible nuestro conocimiento acerca de los hechos, cómo es posible la ciencia misma. El planteamiento reflexivo - trascendental considera al hombre como sujeto de la ciencia. No es visto ya como un objeto, sino como la condición de posibilidad de los objetos.

c. El plano fenomenológico – existencial

La consideración del yo trascendental como sujeto del saber y la investigación de la realización de la subjetividad humana en la historia dejan fuera el yo como singularidad irrepetible. La consideración del hombre como sujeto de la ciencia no permite alcanzar el yo en su particularidad existencial.

La necesidad de comprenderse a sí mismo revela el carácter específico de la subjetividad humana porque sujeto es el ser que no sólo existe en sí, sino que también existe para sí, que está dado a sí mismo.

Existencia subjetiva significa existencia reflexiva.

El hombre es el ser que se cuestiona su propio ser, que ha de adoptar una postura respecto de sí. Y en el cuestionamiento del propio ser, estriba la existencia.

Lo propio de la existencia es elegir, pero elegir es, elegirse y por eso, la elección no puede hacerse sin angustia en la medida en que en cada elección el propio yo está en juego.

La verdad no es una mera cuestión de adecuación objetiva entre hechos e ideas, sino que coincide con la propia existencia subjetiva.

La recuperación de la subjetividad concreta, que queda malparada en el planteamiento dialéctico, puede intentarse también por una vía distinta de la religión y ajena a la racionalidad: el arte y las actividades sentimentales y lúdicas.

En la mística y el arte se alcanza la unidad del hombre y la naturaleza como fuerza en sí.

La verdadera comprensión del hombre y su verdadera realización estriba en abandonar el camino de la inteligencia y tomar el de la unidad del hombre con la naturaleza. Esta vía de la unidad es el sendero de la mística, del amor, de la negación de la individualidad.

d. El plano fenomenológico – ontológico

El programa señalado por el oráculo de Delfos “conócete a ti mismo” sólo puede cumplirse en última instancia en términos metafísicos.

El saber de sí culmina en el análisis de al realidad que yo soy.

Este enfoque arranca de la pregunta por la realidad en general y por las clases de realidades existentes. Trata de buscar a partir de unos hechos la esencia de cada tipo de realidad, para determinar su naturaleza objetivamente.

Se trata de describir la experiencia en la mayor gama posible de matices, de diferencias y, pasar desde ese conjunto de observaciones a la esencia misma de lo observado.