6.3 Personalized Recommender Algorithms
6.3.2 User evaluation
El enfoque tradicional de la acción humana considera la voluntad en su distinción y relación con el entendimiento, desde el punto de vista de la facultad y desde el punto de vista operativo. Wojtyla trata de ver la conexión entre persona y voluntad.
En su dimensión personal, la voluntad es autodeterminación.
Wojtyla sostiene que la autodeterminación supone el autogobierno y la autoposesión. Puesto que a través de la voluntad el hombre se determina así mismo, lo hace cada vez que realiza un acto, el hombre es la causa del acto y esto significa que la voluntad aparece como autodeterminación. Todo “yo quiero” humano es un acto de autodeterminación, en un momento determinado, entonces presupone la autoposesión.
Las cosas que son posesión del hombre pueden estar determinadas por aquel que las posee. Estando en posesión de sí mismo, el hombre puede autodeterminarse.
La autoposesión comporta el autogobierno. La persona se posee y se gobierna a sí misma.
La autodeterminación está condicionada por el autogobierno y la autoposesión. La autodeterminación es el correlato de la autoposesión y
el autogobierno. El autogobierno se encuentra en la persona y sólo es posible cuando se da la autoposesión.
El acto humano, la acción, es un acto real de la persona, en él se actualiza una naturaleza, racional individual y se realiza un acto (como lo demuestra la experiencia), cuyo agente es la persona individual y única. La realización de una acción es la realización de la persona.
Wojtyla insiste y profundiza en la voluntad como propiedad de la persona y recoge la autodeterminación.
La autodeterminación, al destacar la interconexión entre persona y voluntad, destaca la reducción del planteamiento moderno de la acción según el cual el hombre se realiza en lo producido por él.
La auténtica realización humana, es una realización de la persona que deviene buena o mala según la acción misma, no en orden al resultado. El hombre, como sujeto de la acción, se trasciende a sí mismo, queriendo diferentes valores y eligiéndolos.
La dimensión de trascendencia propia de la persona, se constituye así misma por referencia a la verdad, al bien, a la belleza en sentido trascendental.
La retroferencia de la acción, la dimensión subjetiva, es más profunda y más prioritaria, que lo producido por la acción. La dimensión subjetiva o intrínseca es una manera de sacar a luz el ego humano en cuanto objeto esencial de la autodeterminación que tiene un sentido más profundo que la intencionalidad extrínseca, el producto o el objeto externo de la volición. La dimensión intrínseca de la acción, su interconexión con el ego es captada experiencialmente gracias a la conciencia. El entendimiento práctico no conoce el fin, sino los medios que conducen a él. La acción recta, entonces, no es un qué sino un cómo. En este sentido la autodeterminación es un modo de entender la deliberación desde el ego. La autodeterminación es un acto de la persona según el cual la deliberación cesa en la medida en que el ego la termina, o determina desde sí.
La autodeterminación no tiene carácter absoluto, sino que es el momento conectivo de la persona en acción respecto de los medios.
La deliberación es propia de la criatura racional ya que no se encuentra naturalmente determinada en su operar: en el animal no cabe
determinación en cuanto que su operar se halla fijado. La deliberación es indagación de los medios que conducen al fin.
La autodeterminación no es invasión del orden privativo del entendimiento, a quien corresponde ponderar y comparar los medios y preferir uno de ellos. Lo que sucede es que la voluntad interviene presentando su propia disposición. La voluntad sigue al último juicio práctico del entendimiento, pero que sea el último depende de la voluntad, propiamente del ego en su extensión voluntaria.
La elección y la decisión, dice Wojtyla, definen intrínsecamente la esencia de la voluntad, sin sustituir la orientación del tender en acto sino dotándola de libertad. Por ello, la decisión más que buena o mala es correcta o incorrecta.
La experiencia de la voluntad es la propiedad de la persona, la capacidad que la persona tiene de realizar acciones. Quiere esto decir que la voluntad es primaria respecto de la acción y la acción de ella procede. Sin embargo, el carácter prioritario de la voluntad no es absoluto, el estatuto de la voluntad radica en la persona que la posee como propiedad suya. La persona es más radical que la voluntad.
Cabe hablar de libre voluntad en la medida en que la voluntad es la voluntad de una persona, y no al margen de ésta. El actuar depende de la persona y sólo así es libre. La autodeterminación justifica la trascendencia de la persona igual que la acción se constituye como acto de la persona a diferencia de la persona en acción.
El término trascendencia es utilizado por Wojtyla en dos sentidos:
Trascendencia horizontal, que se atribuye a la realización sujeto - objeto de los actos cognoscitivos y volitivos y significa sobresalir, traspasar por encima de, estar más allá de un límite.
Trascendencia vertical, que se atribuye a la modificación del sujeto en su ejercicio operativo. Repercusión que la acción tiene sobre el sujeto en tanto que éste es causa de la misma.
La distinción entre trascendencia vertical y horizontal recuerda la de acción y movimiento empleada por los clásicos. Puede decirse que la trascendencia vertical es un modo de insistir en el carácter intransitivo de la acción según la mayor profundidad que la persona otorga a la acción. La eficiencia del ego del autogobierno y la autoposesión se realiza en doble dimensión: extrínseca e intrínseca. La autodeterminación revela al ego concreto que actúa conscientemente haciendo real la estructura personal de autogobierno y autoposesión.
La autodeterminación no significa proceder del ego como fuente inicial de la volición, sino que el ego se determina según el querer: al formar el ego, el hombre se convierte en alguien o en alguien distinto.
El dinamismo voluntario no se entiende bien si se prescinde de esta procedencia e interconexión con la estructura personal del autogobierno y la autoposesión, sin esta remitencia al ego constituido en el querer y según el querer que procede de él. El dirigirse hacia un objeto externo que se considera como fin o como valor, implica, una orientación fundamental hacia el ego en cuanto objeto.
El conocimiento dirige la voluntad mediante su función objetivadora: nada puede ser objeto de la voluntad sino de algo conocido.
La distinción entre querer y necesitar introduce un criterio diferenciador en la naturaleza acorde con la distinción entre actuación y activación.
El análisis de la autodeterminación saca a la luz la libertad manifiesta como el atributo personal vinculado a la voluntad, al “quiero” que incluye experiencialmente el “puedo, pero no estoy obligado” en una articulación que corresponde a la integración.
La volición no consiste en una dirección hacia un valor, hacia un objeto, sino en dirigirse hacia él: es el sujeto quien está orientado y esta orientación no está determinada por el objeto.
La elección y la decisión definen intrínsecamente la esencia de la voluntad.
Formas de decisión adecuadas a la voluntad:
a. El acto de querer simple cuando la voluntad se encuentra en presencia de un solo valor motivador; en este caso no es necesario elegir, sino tomar una decisión.
b. Cuando la voluntad se encuentra en presencia de más de un valor; entonces, los distintos valores entran en conflicto para conseguir el “quiero” voluntario. Es necesario que frente a la decisión haya independencia.
La independencia se concreta en la forma de la deliberación que precede y condicionan la decisión. En la deliberación parece que se da una suspensión del proceso de querer.
Según Wojtyla, la decisión parece que está relacionada con la estructura dinámica del impulso, cuya causa es el valor presente al conocimiento.
El impulso relacionado con la decisión no puede identificarse con la actuación instintiva del hombre; al pertenecer a la autodeterminación tiene el sentido de un momento personal.
La libertad, como propiedad de la persona nos pone en contacto con la voluntad como tendencia, en cuanto que esa tendencia está en nuestro poder. La libertad no elimina el hecho de que el hombre esté condicionado, por el mundo de los objetos, por el dominio de los valores. La libertad está presente y se manifiesta en la capacidad de decidir, ésta confirma la independencia de la voluntad en el orden intencional del querer.
La independencia intencional confirma la autodeterminación.
La naturaleza específica de la voluntad estriba en la elección y en la decisión, aquí interviene el ego.
La referencia a la verdad forma parte intrínseca de la naturaleza de la decisión y se manifiesta en la elección.
La voluntad es tendencial. No posee el fin, se dispara hacia él. Lo característico de la tendencia es su orientación al fin sin poseerlo.
El modo de obrar por instinto no es típico del hombre, que posee la facultad de reflexionar acerca de la relación entre los medios y el fin. La motivación incita a la voluntad a salir de su situación inicial haciendo posible la autodeterminación.