PILOT STUDY 1: INCORPORATING 3D DATA INTO A VIRTUAL CITY CONTEXT FOR URBAN PLANNING ANALYSIS
5.3.2 S OFTWARE S OLUTIONS
Los términos ‘transferencia’ e ‘interferencia’ han suscitado amplio debate entre lingüistas y, por tanto, es preciso ofrecer una definición para los mismos, junto con un razonamiento para tratarlos precisamente de la manera elegida.
Históricamente se ha distinguido entre transferencia, interferencia, préstamos y cambio de código y se han propuesto definiciones variadas, partiendo de dife- rentes enfoques teóricos. Sobre todo, el término ‘transferencia’ se asociaba con la hipótesis del análisis constrastivo y el conductismo; de ahí que en cierto momento (los 1970 y 1980) se viera relegado a una posición despreciada. Sin embargo, con obras como Gass y Selinker (1983), Sharwood Smith y Kellerman (1986) y Selinker (1992) empezaron a ‘independizarse’ los estudios de la trans- ferencia. Larry Selinker, por ejemplo, se vió obligado a destacar que es per- fectamente posible “creer en la transferencia lingüística sin ser conductista” (Selinker 1992: 18). Como destaca Henning Wode, la transferencia lingüística en situaciones de aprendizaje de LE, donde normalmente suele aparecer, es una cara del fenómeno más general de interacción interlingüística, es algo que ocurre si los usuarios tienen a su disposición dos o más sistemas lingüísticos, como es también el caso del cambio lingüístico, la pidginización o el cambio de código consciente (Wode 1986: 173). También Philip Herdina y Ulrike Jessner resaltan que el hecho de tratar aparte los diferentes fenómenos de interacción interlingüística tiene fundamento histórico, pero no psicolingüístico ni metodo- lógico y una diferenciación entre estos fenómenos debería basarse en sus características, no en su apariencia en un contexto de bilingüismo o aprendizaje de LE (2002: 19, 22-24). Desde una perspectiva de la interlengua, Larry Selinker considera la transferencia como un término paraguas para un conjunto de comportamientos, procesos y restricciones que tienen que ver con las influencias que se arrancan en el momento que se ponen en contacto los cono- cimientos lingüísticos anteriores, input de la lengua estudiada y “varias pro- piedades universales” (Selinker 1992: 208).
Para los fines del modelo dinámico de plurilingüismo, Herdina y Jessner definen la transferencia como el fenómeno estático/monótono de trasladar
estructuras de una lengua a otra. Consideran que el hecho de aplicar una
estructura ajena a otra lengua es “negativo por definición”, dado que supone una relación asimétrica entre los dos sistemas lingüísticos en cuestión y lleva a desviaciones en comparación con “estructuras esperadas” en el sistema destino. En otro momento, sin embargo, especifican que la transferencia es negativa si es discernible en el sistema destino; y en contextos educativos, asimismo, se puede hablar de ‘transferencia positiva’ si las lenguas involucradas tienen una relación estructural isomorfa y la transferencia de estructuras de un sistema a otro tiene efectos positivos en la interlengua. (Herdina y Jessner 2000: 11, 27, 29) Se ha de notar que el hecho de limitar el efecto positivo a aprendices de LE sólo se puede considerar fundamentado al tener en cuenta que, en la mayoría de los casos, los sistemas plurilingües efectivamente llegan a existir a través del aprendizaje de lenguas, y que no se trata de una condición innata. Esta defi- nición está más acorde con otros usos de los adjetivos ‘positivo’ y ‘negativo’ aplicados a la transferencia, que resume sencillamente Roser Morante Vallejo (2005: 44): “La transferencia puede ser positiva (cognados) o negativa (falsos cognados). Puede suceder con la forma (se piensa que la forma parecida supone
un significado parecido) y con el significado (se piensa que las unidades léxicas que coinciden en un significado coinciden en todos).”
Ringbom, para la transferencia léxica, ofrece que en caso de tratar de seme- janzas formales entre elementos concretos se debería hablar de préstamos, mientras la transferencia sería la combinación de elementos de la LE según las pautas de la L1 o el traslado de la estructura semántica de una palabra de L1 a otra en L22, sin necesidad de semejanza formal (Ringbom 1986: 157-158). En
realidad, esta visión se adapta más a lo que se suele considerar interferencia lingüística, ya que la transferencia léxica así definida sólo cubriría la faceta ‘negativa’ del fenómeno en que son discernibles las estructuras trasladadas, por constituir desviaciones en comparación con los usos habituales. La definición clásica de interferencia que ofreció Uriel Weinreich reza que son interferencia “los casos de desviación con respecto a las normas de cualquiera de las dos lenguas que ocurren en el habla de los individuos bilingües como resultado de su familiaridad con más de una lengua” (Weinreich 1974:1) Se ha de notar que Weinreich refiere a la interferencia tanto en el nivel morfosintáctico como léxico e incluye lo que Ringbom considera ‘préstamos’, pero emplea la palabra “habla” en su definición, lo cual parece una restricción no fundamentada de las manifestaciones de la transferencia porque, obviamente, también aparece en forma escrita. Entre otros, lo prueban los resultados del presente estudio, presentados en la parte empírica de la tesis. No obstante, asimismo se entiende que Weinreich usa el término “habla” en un marco saussureano en que no refiere estrictamente al uso oral de la lengua sino en oposición al nivel teórico y abstracto, “lengua”.
Herdina y Jessner (2002: 10) oferecen la interpretación de que la inter- ferencia, tal y como la define Weinreich, sobre todo se distingue de otros pro- cesos de influencia interlingüística por ser inconsciente, mientras, p.ej., los préstamos y los cambios de código serían conscientes. Así, coincidiría con la definición de François Grosjean quien considera que la interferencia es “la
influencia involuntaria de una lengua en otra” (Grosjean 1982: 299). Esta
postura resulta algo problemática por las dificultades que surgen para distinguir entre actos de transferencia ‘voluntarios’ o ‘involuntarios’, pero en líneas gene- rales describe bien el funcionamiento del proceso tal y como se consideraba: que se trataba de interferencia si parecido formal o semántico con otra lengua conducía a desviaciones en la lengua destino.
Sin embargo, para los fines de su modelo dinámico, Herdina y Jessner van más lejos en su definición de la interferencia: razonan que además de la trans- ferencia monótona de estructuras, sistemas lingüísticos en contacto se inter- accionarán en maneras no pronosticables y producirán interferencia: se darán
2 En 1986, Ringbom declaró que la transferencia léxica así definida sólo puede originarse en la lengua materna del usuario, mientras en Ringbom 2001: 62 admite que queda con- dicionada por el nivel de competencia en las lenguas: en niveles avanzados, usuarios de LE utilizan estrategias que ‘normalmente’ sólo se asocian con la L1 y así también quedan sujetos a la transferencia léxica.
estructuras que no se pueden relacionar con ninguno de los sistemas origi- nales (Herdina y Jessner 2002: 10-11). Así, si nuestro interés reside en las
influencias de otras lenguas y si se concibe la adquisición de lenguas extranjeras como el proceso de intentar aproximarse a lo máximo a los sistemas ‘nativos’ a través de la iteración de análisis del input y su síntesis con el sistema de inter- lengua existente, efectivamente es más oportuno hablar de ‘transferencia nega-
tiva’ y evitar el uso del término ‘interferencia’. O bien, parece más pertinente
acuñar un término nuevo para caracterizar mejor la naturaleza del fenómeno y no sentenciarla con tanta dureza: se sugiere referir a la transferencia detectable de otras lenguas como ‘transferencia desviada’. Esta denominación también subraya que, en la mayoría de los casos, la transferencia interlingüística, sea en forma léxica, semántica, gramatical, pragmática o cultural, no resulta dis- cernible ni para el propio usuario ni para aquellos con los que se comunica.