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Oracle Real Application Clusters and Oracle Clusterware

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3.4 Oracle Real Application Clusters and Oracle Clusterware

padres de familia en primeras nupcias tienen tiempo para forjar un lazo antes de tener que lidiar con los hijos. Las familias re- constituidas no disponen de ese tiempo. La nueva pareja debe adaptarse a los hijos a la vez que los cónyuges se adaptan uno al otro. Mientras tanto, es preciso establecer limites para proteger la integridad de la nueva unión sin dejar de resguardar la rela- ción especial que tienen los padres con sus hijos. Pero, ¿dónde se marcan estos límites? ¿Y qué tan firmemente?

Los dos logros estructurales cruciales para el éxito de las fa- milias reconstituidas son: 1) forjar un lazo fuerte entre la pareja (Visher y Visher, 1;

979), y 2) entablar una relación mutuamente sa- tisfactoria entre el padrastro o madrastra y los hijos (Bray y Kelly, 1998). De hecho, ocurre con frecuencia que las parejas se divorcian a pesar de tener urea buena relación, porque no han podido esta- blecer buenas relaciones con los hijastros (Visher, Visher y Pasley, 2003). Los estudios de investigación indican que las relaciones de pareja y de padrastro o madrastra son relativamente independien- tes (Papernow, 1993).

Las familias formadas por personas que vuelven a casarse tien- den a alcanzar mayor éxito cuando el padrastro o la madrastra ha- cen dos cosas, una negativa y otra positiva. No tratan de ocupar el lugar de los padres, sino que desempeñan un papel secundario de apoyo. En las familias reconstituidas, como los dos casos que hemos seleccionado para esta sección, la aceptación por parte de los hijastros se propicia cuando los padrastros no tratan de asumir el papel del que impone la disciplina (Ganong, Coleman, Fine y Martin, 1999). Sin embargo, los estudios también han mostrado que es importante que realicen esfuerzos genuinos por establecer rela- ciones afectuosas y de apoyo con sus hijastros. Cuando los hijastros

hacen caso omiso de sus intentos de acercamiento, es más probable que los padrastros se abstengan de dicha interacción (Hethering-

ton y Clingempeel, 1992). Por tanto, la naturaleza recíproca de esta interacción implica que tanto los padrastros y madrastras como los hijastros necesitan acercarse unos a otros. El destino de estas rela- dones depende, por supuesto, del padre natural. Algunos padres se equivocan y entregan a sus hijos demasiado pronto al padrastro. En especial, es probable que los padres deleguen la responsabili- dad de criar a sus hijos en sus nuevas esposas (Norwood y Wingen- der, 1999). 0, como en los dos casos siguientes, las experiencias del pasado de la madre pueden provocar que tenga problemas para permitir que su nueva pareja entable una relación con sus hijos.

Para que puedan avanzar en la complicada cuestión de crear una nueva estructura, con nuevas reglas y nuevas tradiciones, las familias reconstituidas deben resolver los asuntos no finiquita- dos del pasado. Las familias reconstituidas nacen de una- pérdida:

muerte o divorcio. Los hijos están heridos y enojados. Necesitan confianza y tiempo para llorar sus pérdidas. Una vez más, las fami- lias reconstituidas no siempre disponen de este tiempo.

Los niños piensan muchas cosas que los asustan. Presenciaron cómo sus padres dejaron de amarse. Para un niño, eso puede ser igual a ver que la tierra se abre bajo sus pies. No obstante, ver a los padres separados no es lo peor; lo peor es el miedo a que los abandonen.

* * *

Las familias adoptan muchas formas; la familia reconstituida es una de ellas. Las familias no se rompen, arruinan o pisotean, pero sí cambian de forma. Por desgracia, la transición de estar juntos a estar separados y luego juntos de nuevo es un camino sin mapas.

No es sorprendente que haya tanto dolor y confusión.

Señalamos antes que las familias reconstituidas están plagadas de complejas rivalidades. Sin embargo, esto es solo el lado oscuro de lo que puede ser una serie de nuevas relaciones maravillosamen-

U. S. Census Bureau, 2001, America's Families and Living Arrangeinents: Po- pulation Characteristics, Washington, D. C., U. S. Department of Com- merce.

Visher, E. B. y J. S. Visher, 1979, Stepfamilies: A Guide to Working with Step- pa ren ts and. Stepchildren, Nueva York, Brunnér/Mazel.

Visher, E. B., J. S. Visher y K. Pasley, 2003, "Remarriage families and step- pa renting", en F. Walsh (ed.), Normal Family Processes, 3a. ed., Nueva York, Guilford Press.

te satisfactorias. Las familias tienen abundantes, posibilidades y en ningún lado es más cierto esto que en las familias reconstituidas. Lo que se necesita para convertir esta abundancia de posibilidades en ventaja es respeto por la integridad de cada una de las numero- sas relaciones nuevas. Las familias reconstituidas pueden ser difí- ciles, pero también maravillosas.

REFÉRENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Booth, A. y J. N. Edwards, 1992, "Starting over: Why remarriages are more stable", Journal of Family Issues, 13, pp. 179-194.

Bramlett, M. D. y W. D. Mosher, 2001, First Marriage Dissolution, Divorce, and Remarriage: United States: Advance Data from Vital and Health Statis- tics, núm. 323, Hyattsville, National Center for Health Statistics. Bray, J. H. y J. Kelly, 1998, Stepfamilies: Love, Marriage, and Parenting in the

First Decade, Nueva York, Broadway Books.

Derno, D. 1-1. y M. J. Cox, 2001, "Families with young children: A review of research in the 1990s", Journal of Marriage and the Family, 62, pp. 867-895.

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-

242.

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Norwood, P. K. y T. Wingender, 1999, 771e Enlightened Steptnother: Revolu- tionizing the Role, Nueva York, Avon.

Papernow, P., 1993, Becotning a Stepfamily: Patterns of Development in Re- married Families, Nueva York, Gardner Press.

CAPÍTULO

4

La adolescente mentirosa

Los adolescentes contribuyen con su propio modo de dar dolores de cabeza a sus familias. Utilizan una aritmética personal que les permite tener la certeza de que son dos o tres años mayores de lo que sus padres creen y exigen una relajación de las normas antes de saber qué hacer con la autonomía en la que tanto insisten. Los padres quedan atrapados. Han pasado por eso, pero eran épocas distintas. Les gustaría compartir su sabiduría para proteger a sus hijos adolescentes de las incertidumbres de la vida, pero se topan con un hijo al que no reconocen: menos obediente, más tempera- mental y dispuesto a correr más riesgos de lo esperado. Puesto que no están seguros de cómo protegerlos, intensifican el control, mientras que el adolescente, seguro de lo injusto de esto, pone a prueba las normas. El terapeuta que incursiona en este campo mi- nado necesita empatizar con ambas partes, trabajar en uno y otro lado de la calle en busca, como todo profesional competente, de mejores caminos.

Como si no bastara con tener que hacer frente a las exigencias de la adolescencia, hacerlo en una familia ensamblada o reconsti- tuida agrega toda una serie de nuevos retos. Las familias ensam- bladas tienen que pasar por el mismo proceso de adaptación y establecimiento de límites que las familias nuevas, pero con una gran diferencia. Como ya se dijo, en las familias de primeros ma- trimonios, los padres tienen tiempo para forjar un lazo entre ellos

antes de tener que ocuparse de los hijos. Las familias reconstitui- das no disponen de ese tiempo.

Los estudios de las familias reconstituidas muestran la impor- tancia de fortalecer la relación entre los padres y de no permitir que las necesidades de los hijos sofoquen la intimidad del matrimonio. Por eso es crucial crear límites alrededor de la pareja, para proteger su intimidad y darle tiempo para afianzar su relación. Toda nueva pareja.necesita tiempo compartido para amarse y estar a solas. Lo- grar que un segundo matrimonio funcione es como tener éxito en cualquier otra actividad: hay que dedicarle muchas horas.

El siguiente caso no es insólito. Los Boyd son tres: Mary, Ri- chard y Whitney, que tiene 15 años. Whitney es hija del primer matrimonio de Mary, que terminó en divorcio cuando Whitney era apenas una bebé. Mary se casó en segundas nupcias con Richard un año después, y ahora vienen a terapia porque no es posible con- fiar en Whitney, pese a que ya tiene 15 años. Miente de manera compulsiva y casi siempre la sorprenden en la mentira.

Cuando entramos en la sala y tomamos asiento, Mary toma la iniciati- va y me dice que "Whitney nos ha mentido desde que tengo memoria".

Como salta a la vista, esto es imposible, pero el problema no radica en la lógica de la expresión, sino en la intensidad de la declaración: "desde que tengo memoria". La interacción de la familia queda restrin- gida a una historia que comenzó en el principio de los tiempos. PASO UNO: abrir el motivo de consulta

RICHARD [continúa con la historia]: No sabemos por qué. Creímos

que podríamos solucionarlo nosotros mismos, pero la situación ha empeorado.

MARY: Hemos probado todo. Tratamos de entender por qué lo

hace. Miente sobre las cosas más sencillas y ahora miente en la escuela y sus calificaciones han bajado.

He aquí el reto inicial para el terapeuta: la familia le endilga un proble- ma, que está fijo en el carácter de una persona y conlleva una atribu- ción de responsabilidad: ¿quién si no una mentirosa es la responsable de su conducta?

Este es el reto que presentan casi todas las familias. Definen sus problemas de tal forma que invitan al terapeuta a caer con ellas en la trampa de su perspectiva fija. El hecho de pedir más detalles en este punto (¿Hace cuánto que miente? ¿Cuáles son algunos ejemplos de sus mentiras?) refuerza la certeza de la familia respecto de que Whit- ney es la paciente y que sus mentiras son el problema.

Si me alío con los padres, puedo perder a Whitney y, desde luego, no puedo aceptar la estrecha definición de su hija y de ellos mismos. Necesito introducir incertidumbre, curiosidad y esperanza, para ayu- dar a estos padres a que se vean, de nuevo, como•las personas compe- tentes y capaces que sin duda son.

No obstante, también debo establecer comunicación con Whitney. Pído a los padres permiso para hablar con ella un rato y por principio de cuentas le digo que siento curiosidad por su vida.

[Hablamos de la escuela, de sus amigos, sus intereses. Me cuenta que lleva un diario, que le gusta la poesía y que escribe poemas, pero no se los enseña a nadie. Le pregunto si sabe qué es una metáfora, y coincidimos en que una metáfora puede llamar la atención sobre algo aunque se le llame por otro nombre. Le digo que, en efecto, una metáfora es una mentira poética.]

Me complace esta imagen. Transforma un síntoma en una destreza, y estoy prácticamente seguro de que atraerá a Whitney, que es inte- ligente, interacciona conmigo fácilmente y, como toda persona joven, le gustaría que yo entendiera que es algo más que una mentirosa. Al mismo tiempo, sé que los padres tal vez creen que Whítney me ha se- ducido y que he caído en la trampa de sus mentiras.

110 EVALUACIÓN DE FAMILIAS? PAREJAS LA ADOLESCENTE MENTIROSA 111

DR. MINUCHIN

[dirigiéndose de nuevo a los padres]:

¿Pueden hablar con Whitney? Soy un extraño y ustedes han venido a verme por algo que es muy importante para su familia. Tal vez puedan conversar juntos, y eso

me

ayudaría a averiguar cómo es el trato entre los tres.

Es el primer desafio ala orientación individual de la familia. Parece un