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La complementariedad es el pegamento que une las relaciones. Los intereses y valores compartidos posibilitan la coexistencia; sin em- bargo, nuestras diferencias son lo que da interés a la vida y nos permite apoyarnos y enriquecemos mutuamente.
En Family Healing escribimos:
Lo primero que hay que entender acerca de cómo se estructuran las familias es que cierto grado de complementariedad es el principio que define toda relación. En toda pareja, el comportamiento de una perso- na está unido al de la otra. Esta sencilla afirmación tiene repercusiones profundas: significa que los actos de la pareja no son independientes, sino codeterminados, sujetos a fuerzas recíprocas que apoyan o pola- rizan, y esto pone en entredicho la preciada creencia en el individuo, esa isla del yo, feliz, autónoma, tierra del libre albedrío, que nos agra- da pensar que somos.
Sin embargo, hay que hacer una precisión importante. Casi to- dos nosotros sabemos (o descubrimos) que el matrimonio no nos completa, en el sentido de generar lo que nos hace falta; por ejemplo, es erróneo pensar que la seguridad en sí mismo del esposo compen- sará la inseguridad de la esposa, o que la naturaleza extrovertida de la esposa resolverá la reticencia del esposo; esta creencia es una fantasía. Dos mitades no forman un todo por arte de magia al decir "sí, acepto".
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Sin embargo, dos personas que se unen forman una relación. En ese sentido, dos mitades sí hacen un todo. Si este todo resulta ser o no lo que uno quiere es otra cuestión. (Minuchin y Nichols, 1993: 63.) Para los especialistas clínicos que trabajan con familias, el prin- cipio de complementariedad tiene dos implicaciones importantes. La primera es que casi todos los actos humanos son solo la mitad de una interacción. Aunque los clientes suelen atribuir sus problemas
á lo que el otro hace, los terapeutas familiares aprenden a buscar
la otra mitad que complementa esas quejas. Así, el esposo que se queja de que su mujer lo fastidia tal vez no es demasiado receptivo
a sus peticiones. Asimismo, una madre que se queja de que su hija
es indecisa tal vez le ofrece demasiados consejos al tratar de ayu- darla. Siempre que un cliente se queja de los actos de otro miembro de la familia, el principio de complementariedad indica no solo que ambas personas intervienen, sino que el terapeuta debe buscar una intervención que sea la imagen en el espejo de la queja original.
Otra cosa que los especialistas clínicos experimentados apren- den es que, aunque la complementariedad moderada permite a las parejas dividirse las funciones y apoyarse el uno al otro, la comple- mentariedad rígida arrebata al individuo parte de su potencial y vuelve inflexible la relación. El matrimonio de casa de muñecas de una mujer joven que adora al hombre mayor poderoso es un ejem- plo conocido de una relación en la que hay complementariedad rí- gida. Otro ejemplo es la esposa que asume toda la responsabilidad de los hijos, mientras que su espoSo invierte toda su energía en su carrera profesional.
Estas parejas polarizadas pueden funcionar durante un tiem- po, pero cuando las cosas cambian para cualquiera de sus inte- grantes, el otro puede poner resistencia a los ajustes que la pareja necesita. Cuando la esposa trofeo empieza a exigir un poco de independencia, el esposo se lamenta: "No sé qué le pasó; antes era muy agradable". Cuando la madre agobiada dé trabajo necesita más ayuda con los hijos, al esposo se le dificulta dedicar menos tiempo a su carrera profesional, en tanto que a la madre puede
resultarle difícil aceptar que él tenga ideas diferentes sobre cómo manejar a los niños.
* * *
En los dos casos que hemos incluido en esta sección, las esposas
sintomáticas son el paciente identificado. La señora Ramos, que sufría paroxismos de angustia siempre que tocaba algo sucio, po- dría recibir el diagnóstico de ser fóbica o que tiene compulsión por lavarse las manos. Elena Delgado, la esposa demasiado tensa, pre- sentaba todos los síntomas de depresión con agitación. Se pensaba (pie las dos padecían de trastornos nerviosos, como si su conducta fuera una enfermedad y, en consecuencia, a las dos se les identifica- ba negativamente dentro de sus familias: no eran personas infelices con quejas legítimas; estaban enfermas. Como se verá, los sondeos prescritos por nuestro modelo de evaluación revelaron qu'e los sín- tomas de estas mujeres estaban relacionados con la vida rica, pero problemática, de sus familias.
Como ocurre a menudo en las parejas con complementariedad
rígida, el camino que conducía a las profundidades atribuladas de estos matrimonios pasaba por los hijos. Hace años, Lederer y Jackson
(1968) propusieron que era útil catalogar a las asociaciones íntimas
a lo largo de dos continuums: satisfactorias/insatisfactorias y estables/ inestables. Como el señor y la señora Ramos y el señor y la señora Delgado, las parejas insatisfactorias, pero estables, por lo general encuentran algún modo de que sus relaciones perduren, a menu- do, como en estos dos casos, desviando el conflicto hacia el manejo de los hijos. Antes de leer cómo nuestra evaluación en cuatro pasos
puso al descubierto la complementariedad subyacente en estas rela-
ciones, vale la pena recordar que hay muchas formas de tratar cual- quier caso, y que cada una tiene sus ventajas y desventajas.
Aunque podría pensarse que un método médico para tratar a estas dos mujeres sintomáticas no resolvería los problemas estruc- turales de sus familias, no necesariamente sucede así. Confirmar a
cológico o una terapia conductual puede apuntalar la estructura defensiva de la familia. En lugar de hacer entender a la mujer el conflicto que la separa de su esposo, es probable que el tratamiento individual estabilice la distancia, pero también podría ofrecerle la esperanza de aprender a hallar satisfacción fuera de una relación si bien estable, insatisfactoria. Esta solución al problema del matri- monio no es muy romántica, pero no todas las vidas tienen un final de cuento de hadas.
Si el terapeuta ve más allá de la presentación sintomática-de la
esposa y focaliza los conflictos de la relación que estos síntomas ocultan, descubrirá, sin duda, que existen docenas de maneras de resolver estos problemas (Gurman y Jacobson, 2002; Nichols y Schwartz, 2006; Donovan, 1999; Dattilio,1998). Aunque podríaMos analizar estas otras formas de trabajar con parejas (con total objeti- vidad, por supuesto), preferimos comentar algo más sobre el fun- cionamiento del modelo estructural.
Se puede decir que la terapia estructural con parejas sigue va- rios pasos distinguibles (Nichols y Minuchin, 1999):
1. Tomar en consideración todo el sistema familiar en la evalua- ción. -Aunque parezca razonable excluir a los niños cuando una
pareja pide ayuda con su relación, imagine cuánta. información se habría perdido si hubiéramos visto a cualquiera de las dos parejas de esta sección sin sus hijos. Debido a que los problemas de las parejas casi siempre se relacionan con la influencia de terceros que complican la situación, una norma ú.til es tener por lo menos una o dos sesiones con toda la familia, aun cuando la pareja termine siendo el punto focal del tratamiento.
2. Crear una alianza de entendimiento con cada uno de los miembros de la familia. Una alianza nunca debe ser un acto estratégico fingido, una "técnica". Como descubrirá, el terapeu- ta que se apresura a cuestionar a un miembro recalcitrante o dominante de la familia sin dedicar tiempo suficiente a tratar de entender a esa persona, no tiehe muchas probabilidades de lograr entenderse con ella.
3, Promover la interacción. Para iniciar una puesta en escena productiva, ponga el foco de la intervención en un tema espe- cífico sobre el cual ambas partes tengan opiniones muy firmes. Explique por qué es importante que se entiendan y después ofrezca sugerencias claras y contundentes para discutir el tema en cuestión. La única forma de ver en realidad cómo in- teractúa una pareja es tomando distancia y observando cómo interactúa.
4. Realizar una evaluación estructural de cómo están organi- zados los límites y subsistemas que mantienen el problema. Desde luego, este es el punto principal de nuestro modelo de evaluación y usted verá cómo se aplica a la dinárn'ica de las parejas de esta sección. También notará- que muchos casos se relacionan con diversas cuestiones estructurales complejas y superpuestas. Por eso, es importante:
5. Establecer un enfoque estructural para la terapia. El terapeuta que trabaja con complementariedad rígida debe hacer más que ayudar a los integrantes de la pareja a comunicar sus senti- mientos al otro. Si la organización estructural de una pareja ya no funciona, el terapeuta debe admitirlo y ayudar a sus inte- grantes a aprender a adaptarse al otro de manera diferente y más flexible.
6. Destacar las interacciones problemáticas y centrarse en ellas. Uno de los secretos para llegar a ser un buen terapeuta es saber cuándo hablar y cuándo escuchar. Los psicoanalistas aprenden a esperar y a no hacer interpretaciones hasta que sus pacientes ofrezcan algún subproducto inconsciente derivado del conflic- to: sueños, lapsus o un despliegue violento de síntomas. De igual modo, estamos convencidos de que es mejor dejar que los miembros de la familia cuenten su versión de la historia, en sus propias palabras, pero haciéndoles notar las formas' pro-
blemáticas de relacionarse, que quizá les pasen inadvertidas. Cuando lea los dos casos de esta sección (o cualesquiera otros, en realidad), fíjese en cuándo interviene el terapeuta y cuándo escucha.
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REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Dattilio, F. (ed.), 1998, Case Studies in Couple and Family Thetapy: Systemic and Cognitive Approaches, Nueva York, Guilford Press.
Donovan, J. M. (ed.), 1999, Short-term Couple Therapy, Nueva York, Guil- ford Press.
Gurman, A. S. y N. S. Jacobson (eds.), 2002, Clinical Handbook of Couple
Therapy, 3a. ed., Nueva York, Guilford Press.
Lederer, W. y D. Jackson, 1968, The Mirages of Marriage, Nueva York, Nor- ton.
Minuchin, S. y M. P. Nichols, 1993, Family Healing: Tales of Hope and
Renewal from Family Therapy, Nueva York, The Free Press.
Nichols, M. P. y S. Minuchin, 1999, "Short-term structural family therapy with couples", en J. M. Donovan (ed.), Short-term Couple Therapy, Nue- va York, Guilford Press.
Nichols, M. P. y R. C. Schwartz, 2006, Family Therapy: Contepts and
Methods, 7a. ed., Boston, Allyn & Bacon.
7. Llevar las interacciones más allá de sus cortes homeostáticos habituales. Para lograr el cambio con éxito se requiere ir más allá del punto en el que los miembros de la familia se sienten tenta- dos a interrumpir de pronto el proceso para volver a los mismos patrones que los llevaron a la terapia. Observe, por ejemplo, que en la familia Delgado, en cuanto aparecen indicios de conflic- to interpersonal, la familia vuelve a la descripción sintomática
de la maquinaria intrapsíquica. Cuando la señora Delgado se queja, su esposo interviene de inmediato y comenta: "Llega a casa alterada. Sin que nadie haga nada se altera". Es más fácil cuestionar al esposo o, mejor dicho, el patrón de interacción de la pareja, en la medida en que el terapeuta se ha aliado con él. Para ser bueno, el terapeuta debe estar dispuesto a trabajar con poner intensidad, pero para poder utilizar la intensidad con efi- cacia, es preciso haber establecido una alianza de trabajo sólida.
8. Promover la empatía para ayudar a las díadas recalcitrantes a superar las peleas defensivas. Nuestro tercer paso, explorar
los orígenes históricos de la forma en que una pareja se une,
nos ayuda a entender cómo interactúa uno con el otro. Estas
exploraciones esclarecen la situación, pero, más que eso, produ-
cen empatía y entendimiento. Verá cómo incluso una incursión
breve en la niñez de la señora Ramos aclara que los fantasmas del pasado ayudaron a crear una forma de relación que era do- lorosa tanto para la pareja como para los hijos.
9, Desafiar a los miembros de la familia para aceptar responsa- bilidad por su conducta. Por 'supuesto, de esto se trata el cuar- to paso de nuestro modelo. Además de la ventaja de entender cómo se involucra la pareja en los problemas que la afectan, la terapia de parejas también posibilita concentrarse en lo que el otro debe cambiar. En ninguna parte es más problemática la tendencia a proyectar la responsabilidad que con las parejas complementarias. Piense, a medida que avance en la lectura de los casos de esta sección, no solo en cómo el 'doctor Minuchin logra comunicarse al final con los diferentes miembros de la fa- milia, sino también en qué otra forma usted habría procedido.
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Depresión agitada
en una mujer adulta
Me encuentro en América del Sur, en calidad de profesor y consul- tor de un grupo de terapeutas experimentados. Con ese carácter veo a Elena, una mujer de 45 años, y a su familia. El esposo de Ele- na, Luis, llamó al terapeuta en busca de una cita para ella. Mencio- nó que estaba inquieta y agitada, y que reñía constantemente con él y los hijos. El terapeuta invitó a Luis a ir con Elena y los vio como pareja durante tres sesiones antes de esta consulta.
Vi a esta familia como parte del trabajo de un taller de ense- ñanza, pero el terapeuta también me había comentado que tenía dificultades, en especial con Luis, que tendía a asumir el control de las sesiones e insistía en que su esposa era la paciente. Le pedí que también invitara a los hijos. María, de 16 años, aceptó de buen grado; Carlos, el hijo de 10 años, no quería asistir, pero luego de hacerse un poco del rogar, accedió.
Desde la perspectiva terapéutica, esta consulta es interesante en gran parte porque no es una conversación fluida entre el terapeu- ta y una familia cooperadora; es más como una lucha. La familia persiste en su punto de vista de que Elena es una mujer exaltada, responsable de las discordias familiares. Insisto en que su opinión es muy limitada y que mi perspectiva les ayudará a llevarse mejor. En esta polémica, pierdo el rumbo más de una vez y me parece que el baile subsiguiente es lo que resulta instructivo.
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