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Part I: Multi-parametric/explicit moving horizon estimation

8.3 Path planning

El interés científico de Paul Rivet en Colombia tenía como propósito sumar información etnológica confiable, del pasado y el presente de las comunidades nativas, para alimentar con evidencias su teoría “polirracial” del poblamiento americano. Colombia en este sentido era un sitio estratégico para este objetivo, pues era la puerta de entrada para el sur de continente americano desde Centroamérica en un posible poblamiento norte-sur; aunque también ofrecía evidencias etnológicas interesantes para hipotetizar distintas oleadas de poblamiento transoceánico por el pacífico desde la polinesia en lo denominado por el autor francés “poblamiento ístmico” (1943: 37). Colombia era un sitio interesante para pensar también las relaciones culturales entre el sur del continente americano y la región Caribe: área cultural que para el sabio francés era clave para entender los procesos de poblamiento, migración y difusión cultural en el centro y sur del continente americano (Rivet, 1943: 78).

Para la teoría de poblamiento “polirracial” americano, conceptos como difusión, migración, desplazamiento y área cultural eran determinantes en la comprensión de orígenes y movimientos espaciales de manifestaciones culturales en el continente a lo largo de su historia. En este modelo teórico era fundamental una perspectiva de análisis comparativo en el estudio de la cultura material, los corpus lingüísticos y los tipos raciales (Pineda, 1984: 232; Piazzini, 2003: 22), para lo cual la fotografía se presentaba como recurso no sólo de registro confiable en campo, sino como herramienta para facilitar la comparación; en tal virtud, la fotografía tenía una serie de convencionalismos técnicos y visuales para facilitar la confrontación de evidencias, como por ejemplo la utilización de escalas y fondos planos (a modo de sin fin) en el caso de objetos arqueológicos o etnográficos, además de las posiciones anatómicas predefinidas para la medición de índices corporales en el caso de la antropología física. En este sentido, la fotografía antropológica cumplía el doble papel de

registrar la evidencia científica para posteriormente medir y cuantificar, por comparación, los resultados de distintas contextos antropológicos. Digamos pues que la fotografía contribuye de manera particular a la metodología comparativa de la perspectiva teórica de la etnología francesa. Lo sorprendente, como en el capítulo anterior, es que entendiendo la importancia metodológica de este dispositivo, no se desarrolló un contenido curricular específico para su estudio en la propuesta formativa del Instituto Etnológico Nacional (1941).

Con la aplicación de métodos y técnicas arqueológicas (en el caso de las culturas del pasado) y etnográficas (en el caso de culturas aún vivas) se generaban información confiable para el establecimiento de analogías entre culturas dentro y fuera del territorio nacional, comparando distintas respuestas adaptativas (técnicas y tecnologías) frente a las posibilidades del medio; del mismo modo que también se comparaban recurrencias entre distintos patrones decorativos de la cultura material u otras manifestaciones de la cultura. Las manifestaciones de la cultura eran leídas entonces como respuestas adaptativas a entornos particulares, las cuales no eran estables ni fijas y se modificaban por obra de las migraciones, desplazamientos, intercambios económicos, políticas y demás. En el estudio comparativo de los fenómenos culturales se podría entender y reconstruir las respuestas culturales de cada pueblo. Esta perspectiva de análisis antropológico denominada particularismo histórico, fue precisamente el soporte de la etnología francesa que reprodujo Rivet en Colombia. El análisis comparativo de manifestaciones culturales opera metodológicamente a partir de la definición de tipologías tecnológicas, técnicas o estéticas en el caso de la arqueología; morfemas, fonemas y lexemas en el caso de estudios lingüísticos; y finalmente la definición de tipos raciales en el caso de los estudios antropofísicos de anatomía comparada. Todas estas tipologías fungían como referentes de comparación entre distintas culturas espacio-temporalmente delimitadas.

Dentro de la propuesta teórica de Rivet, los corpus lingüísticoslevantados en losdistintos pueblosindígena etnografiados eran comparados entre sí a para encontrar similitudes y diferencias fonéticas, morfológicas o léxicas. Se priorizaba la comparación entre lenguas nativas que compartían una hipotética área cultural, entendida esta como el ámbito

geográfico en el que se puede observar empíricamente patrones culturales compartidos por distintas comunidades o grupos indígenas. De esta manera se evaluaban similitudes morfológicas, fonéticas o de significados entre las distintas lenguas nativas de modo tal que se pudieranidentificar préstamos lingüísticos entre ellas.La razón, temporalidad y área cultural donde se originaban estos préstamos y mudanzas lingüísticas podría ser precisado con el aporte dela información arqueológica y antropofísica.

Por su parte los aportes de la antropología física o bioantropología al itinerario teórico de Rivetconsistían en esclarecer el origen, difusión y adaptación de los diversos tipos raciales que poblaron el continente americano. Para esto Rivet recurría básicamente a dos técnicas de investigación antropofísica, a saber, la anatomía comparada y la hematología. En el caso de la anatomía comparada se utilizaban los datos de los índices anatómicos craneales y postcraneales (talla, peso, diámetros, perímetros, pliegues) de las comunidades indígenas americanas para ser confrontados con los datos de las comunidades polinesias, melanesias y asiáticas. El mismo mecanismo de comparación se aplicaba a los datos de los grupos sanguíneos en el caso de las investigaciones hematológicas (Rosique, 2003: 42). Con la anatomía comparada y los estudios hematológicos se podría rastrear el origen y difusión de los grupos humanos en América, información que era complementada con un detallado estudio de las características y particularidades del ambiente en que se desarrollaban estos organismos, de modo tal que se pudiera entender también el proceso de adaptación y diversificación de estos grupos humanos (Arcila Vélez, 1958; Rosique, 2003: 56). Esta perspectiva de trabajo implicaba asumir un modelo teórico evolucionista multilineal en el cual se entiende la evolución como proceso biológico limitado por los diferentes contextos geográficos e incluso las distintas prácticas culturales. Uno de los grandes inconvenientes para aclarar el origen del hombre americano, desde la perspectiva de la antropología física, era precisamente la dificultad de encontrar tipos raciales “puros” por el efecto del mestizaje en la historia americana (Rivet, 1943: 5). En tal sentido era importante valorar el impacto que el mestizaje tuvo en los fenotipos indígenas particulares de modo tal que se pueda identificar su filiación con un tronco racial específico además del impacto del medio ambiente en su proceso particular de adaptación.

La arqueología, la antropología física (anatomía comparada, serología y hematología) así como la lingüística, fueron pues los campos de estudio que Paul Rivet priorizaba para estudiar el origen del hombre americano, el poblamiento del continente y su dispersión en el territorio; a su vez las líneas temáticas de investigación que se constituyeron en escenarios de formación en el Instituto Etnológico Nacional. Fue así que estos tópicos de investigación terminaron fundando un habitus para la antropología científica colombiana. Desde estos campos de estudio la etnologíanacional tuvo sus primeros resultados investigativos bajo preguntas de un carácter marcadamente ontogénico: el origen del poblamiento “ístmico americano” (Rivet, 1943), el origen de las manifestaciones de la cultura agustiniana (Duque Gómez, 1993), de la cultura chibcha (Silva Celis, 1945), la distribución y el poblamiento del pueblo Karib(Arcila Vélez y Ceballos, 1942-1943). Digamos finalmente que estos campos constituyeron el interés científico y académico de la antropología temprana en Colombia, los cuales implicaron además de un tipo de preguntas bien delimitadas, la aplicación de métodos de investigación y metodologías de registro en los cuales la cámara fotográfica era fundamental, además porque el registro visual cumplía un papel determinanteen la divulgación de los resultados de las investigaciones, fuera acompañando las publicaciones científicas o como recurso visual en montajes museográficos.

La etnología temprana en Colombia desarrolló pues gestiones en favor de la circulación y divulgación de su labor científica por vía de espacios museales, escuelas e institutos de antropología y la publicación de libros y revistas seriadas: esta dimensión, bien la podríamos definir como cultural, social e incluso política, entendiendo el marco ideológico del liberalismo indigenista colombiano en el que sucedió. Sumado a esto, digamos también que los intereses investigativos de la etnología colombiana temprana se enmarcaban teóricamente dentro de un particularismo histórico, en boga para la época en la etnología francesa y norteamericana, y que a partir de la evolución multilineal como modelo explicativo ofrecía perfil científico y, sin proponérselo, conciliador entre un indigenismo comprometido y el interés ontogénico, en tanto preocupación por los orígenes de las manifestaciones culturales particulares.. Así pues el particularismo histórico y el evolucionismo multilineal, ambos consecuentes con posiciones a favor de un relativismo cultural,eran los modelos teóricos “políticamente correctos”para el estudio de las

comunidades indígenas en el país, antitéticos del fascismo europeo monocultural y ajustado al indigenismo latinoamericano, que sin abandonar el concepto de evolución (en el campo científico) y progreso (en la arena política) le permitió al liberalismo colombiano pensar el país en su natural diversidad étnica y “racial” bajo la lupa de procesos de adaptación y evolución multilineal y a su vez en relación con macroprocesos “raciales” de poblamiento, adaptación y cambio.

En este contexto, los conceptos de origen, raza, pureza, cultural material y ambiente, que se correspondían con el modelo evolucionista tradicional, relativizaban su gradación y progresión, y hallaban eco en los valores políticos liberales y modernos de progreso, evolución, cambio e incluso patriotismo; en este escenario los pueblos nativos (indígenas y negros) no solo eran un objeto de estudio sino aliados en el progreso nacional, razón por la cual era necesario conocer a profundidad sus virtudes naturales y su potencial cultural y espiritual (Langebaek 2009, 187). Graciliano Arcila Vélez, quien en su proceso de formación en el Instituto Etnológico Nacional recibió esta carga teórica, metodológica y política, recita de este modo el interés político que los etnólogos ponían en las comunidades nativas: “En su hábitat, los aborígenes pueden servir a Colombia uniendo su espíritu a la unidad nacional, participando al mismo tiempo de sus beneficios y responsabilidades que engendra la marcha unificada del país” (Arcila Vélez, 1996: 60).

Ciencia y política se funden en la antropología temprana en el país, en los orígenes de la etnología colombiana, contexto en el que se forma Graciliano Arcila Vélez y que a su vez reproduce para Antioquia como quien sigue una misión. Arcila Vélez, en este contexto, trajo las investigaciones antropofísicas, arqueológicas y etnográficas27 al departamento de

Antioquia, además fundó instituciones científicas y culturales, creó escuela, para investigar y llenar un vacío de información que al respecto se daba en esta porción del país y que a juicio de Rivet era fundamental para entender el poblamiento del sur del continente y la dispersión del grupo Karib. Ahora bien, este tipo de investigaciones definían al mismo tiempo un tipo de registro visual particular al que es necesario hacerle algunas observaciones.