Sin lugar a dudas, Alemania ha sido quizás, el más entusiasta e influyente partidario de la ampliación de la UE hacia el Este. Se esgrimen muchas razones para explicar el gran apoyo alemán hacia la ampliación: intereses propios y egoístas, una noción
compleja de “hegemonía benigna”, y una categoría idealista de potencia civil. Más
allá de la academia el argumento dominante es que la política de ampliación germana está motivada, sobre todo, por sus propios intereses económicos, políticos y de seguridad (Zaborowski, 2007, pág.104).
El compromiso de la PEA con la ampliación de la UE, se debe en realidad, a cuatro factores claves: Primero, está el deseo de asegurar la estabilidad a lo largo de su propia frontera oriental. La adhesión a la UE, es vista como el medio por el cual los fantasmas del pasado pueden ser superados de una vez por todas. De esta forma, y
en condición con los beneficios económicos que trae consigo la adhesión a la UE, para el caso de la República Checa y el de Polonia (y de otros países que entraron posteriormente), debe disminuirse al máximo el flujo migratorio. Segundo, se cree que la ampliación trae consigo beneficios económicos sustanciales para la propia Alemania, facilitando el comercio y la inversión. Tercero, al introducir sus relaciones bilaterales con estos países de Europa Centro-oriental dentro del marco general de la UE, Alemania espera disipar los temores sobre su intento de recrear una
Mitteleuropa (Europa Central) liderada por la misma Alemania, como fue el caso en
la Primera Guerra Mundial. Por último, durante mucho tiempo la ampliación de la UE ha sido un acuerdo beneficioso para los países miembros. Por ello la adhesión checa y polaca, fue apoyada en su totalidad, esta era una oportunidad virtuosa en sí misma. Por encima de todo, la adhesión a la UE es identificada con el “ser europeo” y como el medio de lograr paridad sicológica con los miembros existentes
(Kafka, citado en Cordell & Wolff, 2005, pág.144).
Desde antes de finalizar la Guerra Fría, la PEA se enfocaba (por medio de su
Ostpolitik) en crear acercamientos con países del Este y en especial con su
homónimo, la RDA. De alguna forma, se mantenía la ilusión de una reunificación y
su posible vinculación a la antigua CE. Con el “Acuerdo Europeo” firmado en
diciembre de 1991 y la promoción activa de Alemania, se da inicio a las negociaciones y precondiciones futuras a una posible adhesión de Polonia, Checoslovaquia y Hungría a la UE. La política oficial de ampliación hacia el Oriente se consagra en la declaración de los Criterios de Copenhague en junio 1993. Una particularidad de los criterios es que de alguna forma apuntaban a la no vinculación de algunos estados por medio de la exaltación en la protección de los Derechos Humanos y de las minorías. Esta particularidad estaba dirigida de forma directa al Sudeste europeo, a Yugoslavia para ser más exactos y a Turquía, y fue promovida por la misma Alemania, que resaltaba (en el caso yugoslavo) el peligro inminente de esta zona de inestabilidad y de migración incontrolable de refugiados hacia Europa. La presidencia de Alemania en la UE en 1994, promovió la creación de programas que vincularan a los países candidatos a algunos programas de la UE y la posibilidad de brindar asistencia legal y técnica. En principio Bonn por motivos de
intereses, expresaba sus preferencias hacia la adhesión exclusiva de Polonia, República Checa y Hungría, no obstante la vuelta a la República de Berlín amplio el espectro de consideración y apoyo a otros países (como los nórdicos, Lituania, Letonia, Estonia, Eslovenia, Eslovaquia, Chipre, Bulgaria, Rumania y Chipre) (Zaborowski, 2007, págs.106-108).
Siguiendo esta línea, Hofhansel afirma que en el pasado, los gobiernos alemanes apoyaron políticas multilaterales y la ampliación de la UE hacia el Este, en particular, porque el multilateralismo ha servido como instrumento para conseguir los intereses materiales de Alemania, y porque con el tiempo un fuerte consenso normativo fue desarrollado detrás de la búsqueda de tales políticas. Este consenso aún se mantiene. Sin embargo, la voluntad de algunos gobiernos alemanes de seguir apoyando políticas multilaterales, ha venido disminuyendo (Hofhansel, 2005, pág.109).
De este modo, ¿en qué medida se han transformado las políticas alemanas con el tiempo? Entre los actuales estados miembros, Alemania fue uno de los primeros partidarios en el tema de la ampliación de la UE hacia el Este. No obstante, a finales de los 90, era claro que el deseo de los gobiernos alemanes de subordinar los intereses de la nación en la protección de sectores industriales vulnerables, de reducir las contribuciones presupuestales netas y en la misma cuestión de apoyar la reforma política de agricultura para la UE como objetivo general de la ampliación, tenía sus límites. En el área de migración laboral, Alemania a finales de la Guerra Fría abrió sus mercados laborales. Pero después que surgió la oposición interna, el país germano renegoció los acuerdos con los países del Centro-oriente europeo y se enfrentó a diversos conflictos sectoriales internos. Este enfoque caracterizó la posición de Alemania en las negociaciones de adhesión hasta principios de la primera década del siglo veintiuno. (Hofhansel, 2005, pág.110).
Para finalizar, en un amplio análisis sobre las consecuencias que ha traído la ampliación hacia el Este, DeBardeleben recoge distintas miradas por cada una de las regiones aledañas a la Unión, y concluye que las últimas adhesiones de Estados
Centro-orientales, han traído consigo grandes transformaciones en la configuración y la dinámica misma de la UE53. Para Alemania los intereses materiales e inmateriales chocan con los costos: más específicamente los beneficios económicos (energéticos) y el control de la libre circulación migratoria chocan con la ampliación de fronteras hacia nuevas zonas dispares como el Medio Oriente y Rusia, y sobre todo con la adhesión de países que tanto política como culturalmente resultan
“ajenos” y “contrarios” a los principios europeos. Por un lado, los llamados Balcanes
occidentales o europeos se caracterizan por la persistencia incesante de un complejo conflicto étnico, Ucrania, por otro lado, representa un país post-comunista y ajeno a las dinámicas occidentales; Por último, Turquía a pesar de los enormes beneficios económicos como puente energético euroasiático, también cuenta con el gran choque cultural por ser un país islámico y en los derechos humanos por el no reconocimiento total de los hechos del genocidio armenio. Para Alemania, en particular, Turquía representa un gran desafío. Durante muchos años el país germano le ha prometido la adhesión futura al país otomano, en parte porque los turcos representan la mayor población de inmigrantes en Alemania (2,4% de la población total del país)54. Sin embargo, como ocurre con las demás regiones y como reclaman muchos de los ciudadanos europeos, la adhesión de más miembros sólo podría significar el aumento en la tendencia de ampliación de la UE y de paso, seguir complicando las políticas internas y externas de la Unión55.
53“The 2004 and 2007 enlargements not only resulted in new European neighbours for the EU but
also produced new dynamics in neighbourhood relations. From the early l990s until 2004,
enlargement itself was the EU‟s main foreign policy approach in dealing with the postcommunist world,
a tool for spreading European norms and governance relations beyond its eastern perimeter. In the aftermath of the big expansion of 2004, the EU sought to fashion a new policy, the European Neighbourhood Policy (ENP), which would achieve these same goals without the enlargement prospect being clearly articulated. Only in its relations with the western Balkan countries was
membership clearly on the agenda, at an undefined time in the future”. (DeBardeleben, 2008,
pág.256)
54
CIA, The World Factbook (2010), “Germany”, disponible en:
https://www.cia.gov/library/publications/the-world-factbook/geos/gm.html, recuperado: 11 de mayo de 2010.
55“Many European citizens might well consider that including even more contentious cases, such as
western Balkan countries, Turkey, or eventually Ukraine, could only augment the tendency of EU
enlargement to complicate both the Union‟s domestic and external policies“ (DeBardeleben, 2008, pág.258)
Conclusiones
Es posible afirmar que el desarrollo de la política exterior alemana, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, ha incidido de gran forma en la construcción del proceso de integración de la Unión Europea. Esta afirmación puede sustentarse en tres aspectos.
1. Desde un comienzo, la reestructuración de la RFA se fundamentó en la articulación de las políticas internas con las políticas externas. Fue así como la política exterior alemana se encausó en dos pilares fundamentales el
multilateralismo y la potencia civil, introducidos en los principios básicos de la Ley Fundamental. Para la República Federal, ambos pilares serían la forma de insertarse nuevamente al mundo, por medio de la promoción de un mercado neoliberal, el desarrollo de instituciones democráticas y la construcción de un proceso de integración supranacional. Como lo señala este análisis, tanto el multilateralismo como el constructo de potencia civil, fueron el soporte para el inicio de acercamientos entre Alemania, Francia y otros países europeos, procurando una interdependencia de tipo cooperativa.
2. En el primer periodo de análisis que comprende el fin de la Segunda Guerra Mundial y todo el contexto de Guerra Fría, la PEA además de fundamentarse en los pilares expuestos, fue moldeada a partir de la recomposición económica, en virtud de los intereses de los países ocupantes y dirigida a la contención del expansionismo soviético. En este sentido, el primer canciller del reordenamiento alemán Konrad Adenauer, incidió en el curso que tomaría en adelante la PEA dando rienda al sueño de integración europeo, forjando, junto con Schuman y Monet, una gran relación franco-germana, cuyos logros se reflejarían en tratados y acuerdos como la CECA, la CED, el Tratado de Roma, la CEE y la Euroatom, que serían los cimientos para la construcción de la Unión Europea. Al tiempo se consolidaba el sueño de integración europeo, la política exterior alemana tuvo que sortear con distintos retos y dificultades como la de sobrellevar una Nación dividida bajo dos esquemas y regímenes totalmente distintos, oscilar entre políticas que resaltaran el
compromiso adquirido con occidente (Die Westpolitik) o políticas que le permitieran acercarse a sus homónimos de oriente (Die Ostpolitik). No obstante, la PEA, siempre tuvo un rumbo fijo, trazado por su Ley Fundamental y ya fuera que su rumbo se dirigiera hacia occidente u oriente, los cancilleres que la guiaron siempre mantuvieron políticas multilaterales que buscaron sobre todo la estabilidad interna, a partir de la cooperación y la integración externa.
3. En el segundo periodo que comprende desde el final de la Guerra Fría hasta la actualidad, pueden distinguirse eventos significativos para la PEA. Una vez finalizada la Guerra Fría y disuelto el régimen soviético, se planteó un nuevo reordenamiento dentro de la República Federal para la reunificación con la antigua RDA, sin embargo, la política exterior se encausó en seguir los lineamientos trazados desde el comienzo y más bien decide adecuar a la región oriental a los lineamientos y las dinámicas que hacía casi medio siglo, habían impulsado a la República Federal. De este modo, Alemania que ya ostentaba una autonomía casi absoluta, se concentró en el reordenamiento interno sin dejar a un lado el proceso de integración que llegaba a su cúspide con el Tratado de la Unión Europea o el Tratado de Maastricht.
Respecto a las transformaciones o cambios que hubo en la República Federal una vez finalizada la Guerra Fría, puede decirse que cambios como tal, no hubo. Al contrario se fortalecieron las instituciones y las políticas tradicionales. En el aspecto militar, siempre existió cierto temor al resurgimiento de la cuestión alemana, sin embargo su posición como potencia civil y su compromiso con los entes supranacionales (más allá de su vinculación en operaciones militares de la OTAN) demostraron la plena convicción alemana en el apoyo y la promoción de la cooperación y la paz, por medio de políticas multilaterales. Con respecto a la construcción de la Unión Europea, es evidente la entrega, la perseverancia y el liderazgo que ha asumido la PEA. Logros como la aprobación del Tratado de Lisboa demuestran este hecho.
Finalmente, cabe apuntar que el camino de construcción y de consolidación de la UE es bastante largo, y Alemania y su política exterior como gestora de este gran proceso integrador, debe ser guía e impulsar este proceso. Sin embargo, a corto y mediano plazo hay varios temas que deben ser sorteados: la crisis financiera que algunos países de la Unión afrontan por el momento y que desestabilizan a los demás; también se debe evaluar la profundización de la Unión, y tener en cuenta un proceso de integración más social y político y no tan guiado por lo económico; y por último el tema de los límites y la ampliación de la UE, donde se debe establecer hasta dónde llega la Unión y qué tan beneficioso puede ser a largo plazo la inclusión de nuevos miembros.
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