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Chapter 3: Methodology

3.1 Population and sample

La determinación de esta primera de las dos categorías analíticas de género contempladas se basa en la medición de las variables de estado nutricional o alimentación, salud, educación y carencias materiales.

5.2.1 Estado nutricional.

Para determinar las diferencias en el estado nutricional se tienen en cuenta los resultados de dos diferentes estudios: el de ingesta de alimento trabajada a partir del estudio de pesas y medidas, el de gasto energético medido a través del estudio de tiempos y movimientos.

Asimismo, mediante la observación y entrevistas a profundidad se pudo determinar que la alimentación de las familias jornaleras se caracterizaba por su poca diversidad y por estar sustentada en gran medida en el consumo de maíz de diversas formas, destacando la tortilla (6-7 diarias en promedio), el frijol o arverjón (0.76 a 1.0 platos/día), arroz (0.5 a 1.0 platos/día), y sopa de pasta (0.5 a 1.0 platos/día).

Otro antecedente importante, es el bajo consumo de proteína de origen animal ya que mientras un plato de guisado con carne estándar en la ciudad de Tehuacán (centro urbano más cercano a la zona) es de entre 65-80 gr., entre las familias estudiadas se registró alrededor de la mitad de este tipo de alimento.

“!aquí en el pueblo casi las señoras cocinan de lo mismo porque

no hay yerbas, ni pa comprar aceite o la verdura!allá abajo

cuando nos toca ir luego nos gusta ir a comer los carnitas,

barbacoa o los pollotes porque sabe bien diferente!”

Montalvo, 2009

El consumo de frutas está restringido casi en estricto a las especies producidas en la comunidad como rosáceas (durazno, manzana y pera), plátano (que se da en las partes bajas y cálidas de las barrancas), capulines y chilacayotes. Ocasionalmente, el consumo de otro tipo de fruta (como cítricos, guayabas o granadas), es posible debido

a su adquisición en las tiendas de la comunidad, aunque esto es poco en cantidad y frecuencia por la baja capacidad adquisitiva de la población.

También, se pudo percibir que el consumo de golosinas entre niños es frecuente, incluso antes de ingresar a la escuela adquieren con $1.5 ó $2.0 caramelos macizos o los llamados “chicharrínes”, que son parte habitual de su dieta alimentaria.

5.2.1.1 Ingesta de alimento.

En el estudio de pesas y medidas realizado durante tres días entre cada una de las familias muestreadas de los tres estratos, se encontró que en adultos el consumo promedio diario de kilocalorías de las mujeres es 29.4% más alto que el de los hombres; en adolescentes es 34.2% mayor el de los hombres; y también entre niños es mayor en 59.1% el de los hombres; sin embargo, esto no es un indicador importante de una adecuada alimentación ya que es necesario tomar en cuenta las necesidades energéticas de acuerdo al sexo, edad, peso y tipo de actividad desarrollada.

En este caso lo que podría dar algún elemento, para formar un criterio del impacto de la Sedesol-Paja en las diferencias genéricas, es el análisis longitudinal en adultos de los tres estratos, ya que tienen edad y sexo similares. En relación a esto, los resultados señalaron que tanto en hombres como en mujeres se reportó un mayor consumo de calorías en el E2, seguido del E3 y por último el E1.

Para el caso del consumo promedio diario de proteína (gr.), se halló que el consumo de los hombres supero al de las mujeres con el comportamiento siguiente: en adultos la diferencia fue de 28.9%; en adolescentes de 23.2%; y en niños de 34.1%.

En este punto el análisis que podría asistir otra vez, la determinación de las diferencias entre géneros, es el longitudinal entre adultos de los tres estratos; al respecto, se tiene que: se registró la mayor diferencia de consumo de proteína entre hombres y mujeres en el E3, seguido del E2 y por último el E1.

En síntesis tanto en el consumo de proteínas y calorías, las familias del E1 ocuparon el segundo y tercer lugar respectivamente, lo que significa una baja contribución en lo que se refiere al consumo por parte de la Sedesol-Paja.

Cuadro 18. Consumo promedio diario de calorías.

***Notas: Kcal (kilocalorías), gr (gramos).

Fuente: Elaboración propia en base a resultados de investigación de campo.

Otro punto importante que da idea del estado nutricional de la población estudiada, es el consumo de estos dos tipos de nutrientes en comparación con las recomendaciones de la FAO-MS (FAO-OMS, 1985).

Al respecto, para los hombres adultos de los tres estratos el consumo calórico estuvo por debajo de la recomendación FAO-OMS, mientras que en el consumo proteico solo los del E2 estuvieron en el rango recomendado. Las mujeres adultas de todos los estratos estuvieron por arriba del promedio recomendado de calorías, pero por debajo en el consumo de proteína entre 3 y 7 gr./día.

Esto último significa una alimentación no balanceada debido al alto consumo de grupos de alimentos con altos contenidos de grasa y carbohidratos, y bajo contenido de proteína que en el largo plazo están relacionados con la aparición de algunos enfermedades o síndromes metabólicos como por ejemplo la hipertensión o diabetes mellitus.

5.2.1.2 Gasto energético.

El estudio de tiempos y movimientos arrojo dos tipos de información importante: los tiempos empleados para realizar las actividades que son expuestos y utilizados en el numeral correspondiente a carga de trabajo para apuntalar los resultados de las encuestas, y el gasto energético en cada uno de ellos.

Con relación al segundo, se estableció que entre hombres el mayor gasto lo realizaban los del E3, seguido el del E1 y por último el E2; mientras que en mujeres, el primer lugar lo registro el E1, posteriormente el E3 y finalmente el E2; en otras palabras, mientras que el gasto energético diario en los hombres del E1 fue moderado, el gasto entre las mujeres del mismo E1 fue el más fuerte registrado.

La interacción con las mujeres jornaleras durante el trabajo de campo permitieron reconocer al investigador que “físicamente se apreciaba a las señoras jornaleras más acabadas que los señores y que especialmente sus manos denotaban una vida difícil. Sus pies estaban agrietados, ya que hiciera frío o calor utilizaban sandalias de hule que poco las protegía; además, sus rostros también expresaban una vida dura” (Diario de Campo, 2009).

Cuadro 19. Gasto energético por tipo de actividad, sexo y estrato.

***Notas: Mins. (minutos), Kcal (kilocalorías).

Fuente: Elaboración propia en base a resultados de investigación de campo.

No obstante los resultados anteriores, se considera de mayor relevancia la comparación del gasto energético (que implica la edad, sexo, peso y talla del individuo)

contra el consumo energético; al respecto, se observó que mientras que en el E1 existió un leve déficit calórico que en el hombre fue de solo 0.8% y en la mujer de 5.75% (4.95 puntos de diferencia), en el E3 se registró un leve superávit que en el hombre fue de 1.9% y en la mujer de 6.2% (4.3 puntos porcentuales de diferencia pero a favor de la mujer), y en el E2 existió un superávit importante que en el hombre fue de 12.4% y en la mujer de 23.5% (11.1 puntos porcentuales de diferencia a favor de la mujer).

Cuadro 20. Consumo vs. gasto energético en adultos jornaleros por estrato.

***Nota: Kcal (kilocalorías).

Fuente: Elaboración propia en base a resultados de investigación de campo.

Tanto el balance positivo como el negativo entre el consumo y el gasto son inadecuados en el largo plazo para la salud humana; sin embargo, en lo que tiene que ver con aspecto de inequidad genérica la escasez es un referente importante. En el único estrato donde se registra escasez o balance negativo entre consumo y gasto energético es en el E1 y en el interior de este el hombre es el que se encuentra menos afectado.

Una apreciación derivada de la observación del investigador que confirma las precarias condiciones físicas de la mujer jornalera se expone en seguida: “hoy por la tarde trabajamos con la familia de la señora María y me sorprendí mucho al conocer su edad. Dijo que tenía treinta y dos años cuando pensé que andaba alrededor de los cincuenta” (Diario de Campo, 2009).

5.2.2 Educación.

La variable educativa fue medida a partir de dos subvariables consideradas dentro de las más importantes en este renglón como lo son la lecto-escritura y el nivel educativo; además, se amalgamo la subvariable lengua que se le relaciona mas con la cultura pero que en este grupo social está íntimamente relacionado con la posibilidad de acceder a niveles intermedios de estudio.

5.2.2.1 Lecto-escritura.

En el aspecto educativo se encontró que en el total de población estudiada de los tres estratos, una proporción importante sabe leer y escribir (84.05%); sin embargo, del 15.95% restante que no sabe leer y escribir, el ratio entre mujeres y hombres fue de dos a uno.

En ese mismo contexto, por estrato se tiene que el porcentaje de individuos que no saben leer y escribir en el E1 fue de 6.5%, en el E2 de 11.83% y en el E3 de 33.08%. Asimismo, por sexo se tiene que en el E1 el 3.03% de hombres y el 10.71% de mujeres no saben leer y escribir; en el E2 el 7.31% y 16.09% de hombres y mujeres no saben leer y escribir, y en el E3 el 27.27% y 39.47% de hombres y mujeres tienen la misma condición de no lecto-escritura.