Los diagnósticos iniciales constituyen el primer paso práctico para la planificación y el desarrollo del rendimiento. Permiten una clasificación individual de los atletas en los llamados niveles de entrenamiento (véase la Tabla 5), basándose en sus resultados los pasos posteriores de planificación y desarrollo. Los diagnósticos iniciales contienen dos elementos. Las características relevantes para cada disciplina y los factores relevantes para el rendimiento se han de analizar y valorar individualmente. Un diagnóstico se compone de análisis y valoración, es decir, de la clasificación de un valor individual dentro de un sistema normalizado. El diagnóstico se aplica para el análisis individual de las deficiencias. Finalmente sirve para jerarquizar los factores de exigencia y de influencia a planificar y desarrollar. Las exigencias que registran grandes deficiencias recibirán entonces un trato favorable dentro del proceso de planificación del rendimiento frente a otros que muestran pocas o ningunas deficiencias en comparación a la escala normativa. Un saltador de longitud, por ejemplo, con una elevada velocidad de carrera, o sea, un buen tiempo en los 100 m lisos, pero con deficiencias en la batida - es decir, en la transformación de la velocidad horizontal en la vertical para el vuelo- se centrará, basándose en este diagnóstico inicial, en otros elementos durante el proceso de desarrollo que otro atleta que tiene claras deficiencias en su sprint.
Generales Específicos
2-4/sem. 2-3/sem.
80%
Nivel de Entrenamiento Duración en años Frecuencia semanal de
Entrenamiento Contenidos 6-8/sem. 5-6/sem. 20-30% 20% Perfeccionamiento (Nivel de
Avanzados) 2-4 años, niños de la edad entre 9-12/13 años
4-6/sem. 3-5/sem.
50-60% 40-50% Entrenamiento de Base (Nivel de
Principiantes) 2-3 años, niños a partir de la edad de 5-8 años
Tabla 5. Niveles de Entrenamiento con Duración, Frecuencias de Entrenamientos y Porcentaje de los Contenidos
70-80%
Entrenamiento de Máximo Rendimiento (atletas de Élite)
Después de unos 6-9 años, adolescentes a partir
de los 16/18 años de edad, aproximadamente. 8-20/sem. 10% 90% Entrenamiento de Alto
Rendimiento (Nivel de Dominio) 2-3 años, adolescentes de la edad de 13-16 años
De estas explicaciones resulta evidente que los diagnósticos iniciales deben tener un carácter diferenciador. No es suficiente observar y valorar el rendimiento complejo, salvo algunos pocos casos. Las características motoras y de condición física a evaluar se basan en los perfiles de exigencias de cada deporte que discutimos antes ampliamente. En este sentido no basta valorar la capacidad del sprint con el tiempo en los 100 m lisos. Siguiendo la estructura de los elementos exigibles de esta disciplina, se han de valorar las partes de aceleración positiva, de velocidad máxima y de aceleración negativa.
Los diagnósticos iniciales pueden ser muy diferenciados, lo que implicaría grandes gastos en cuanto a la metodología para medir los datos. Actualmente se utilizan a niveles de alto rendimiento en gran medida los métodos y diagnósticos de la biomecánica y de la medicina deportiva.
Los diagnósticos iniciales compuestos de tests específicos deportivo-motrices y de análisis cualitativos del movimiento aportan generalmente suficiente información acerca del nivel actual de rendimiento.
Los tests deportivo-motrices (llamados también tests metodológicos del entrenamiento) son métodos de observación estandarizada para medir una característica de la personalidad claramente definida. Los tests empleados para los diagnósticos iniciales han de discriminar suficientemente permitiendo una definición exacta.
Han de cumplir también el criterio cualitativo secundario de la discriminación, aparte de los criterios cualitativos principales, que son: la objetividad (no deben depender del observador), la fiabilidad (deben poderse repetir) y la validez. La utilidad práctica del diagnóstico inicial requiere, además, la disponibilidad de escalas normalizadas.
Una vez que se disponga de métodos debidamente probados para el perfil concreto de una disciplina, se elabora una batería compuesta de tests lo más independientemente posible entre sí. Hemos de prescindir de tests redundantes por razones de economía. Por ello no tendría sentido utilizar dos formas paralelas de tests para medir la capacidad de salto vertical (por ejemplo, el test de detent vertical y el salto vertical con cinturón) Una excepción sería que se quieran registrar factores adicionales exigidos. Para la capacidad de salto vertical, es decir, la fuerza extensora de la musculatura de la extremidad inferior, se ofrece la prueba del salto vertical (test de Abalakow) como instrumento de diagnóstico adecuado. Si en esta prueba se fijan las manos al nivel de la cintura, excluyendo un movimiento de brazos, resultará una forma de salto muy válida. Durante el ejercicio se debería de evitar una flexión en la cadera y una flexión de las piernas hacia arriba en la fase de suspensión.
Si a continuación se pretende comprobar el trabajo de los brazos, se podrá emplear una prueba casi idéntica. Se realiza la prueba del salto vertical con impulsión libre de los brazos, recalcando que los brazos se han de mantener estirados hacia arriba durante la suspensión. La diferencia entre el salto sin y con impulso de los brazos, no aporta una medida para el efecto del impulso de la extremidad superior.
Si volvemos a nuestro ejemplo del salto de longitud veremos que se han de comprobar los factores exigidos con tests deportivo-motrices adecuados, aparte del análisis del rendimiento complejo. Como tests se ofrecen, por ejemplo:
1. 30 m con salida lanzada. velocidad cíclica de movimiento
fuerza reactiva
4. Quíntuple.
2. Detent vertical después de flexión dinámica de la rodilla.
3. Valor de la fuerza máxima de los flexores de la cadera en la máquina de pesas.
fuerza máxima y explosiva de los flexores de la cadera (pierna de impulso)
fuerza reactiva y coordinación de los impulsos parciales de los elementos impulsores.
Las exigencias en cuanto a la coordinación, sin embargo, se han de comprobar durante la realización del ejercicio complejo.
Para valorar las capacidades de coordinación y la técnica motora existe, aparte de la observación subjetiva y directa, la observación asistida por otros medios. La observación y la grabación con película y vídeo gozan de una amplia divulgación y permite numerosas repeticiones y paradas de la imagen. Esto mejora considerablemente la desventaja de no poder reproducir un evento motor y la de la falta de fiabilidad de la observación directa del movimiento, en parte, a causa de la velocidad natural del mismo. La técnica del vídeo tiene, actualmente, una clara preferencia frente a la filmación por la velocidad con la que se dispone de la información. El consumidor dispone de aparatos de suficiente calidad para sus necesidades en el ámbito deportivo, permitiendo incluso la proyección imagen por imagen aparte de cámara lenta. Debido al sistema, se limita el contenido de las grabaciones de vídeo a 1/25 s. En cuanto a la dimensión espacial de la información es
comparable con la filmación en 8 mm, mostrando los aparatos semiprofesionales una clara mejora. La consecuencia es que la aplicación del sistema de grabación ha de ser muy preciso. Su planificación se reduce entonces a considerar las limitaciones a causa del sistema del equipo de grabación utilizado y el tipo de evento a diagnosticar. Las marcas y las líneas auxiliares en el primer plano y en el fondo de la zona del ejercicio ayudan a evaluarlo. La altura de un salto de potro, por ejemplo, se valora rápidamente si en el fondo se encuentra una escala correspondiente.
Los diagnósticos iniciales se orientan en el perfil elaborado por el análisis de la disciplina deportiva, constituyendo un requisito esencial para una planificación y desarrollo sistemáticos. Han de corresponder al criterio de la discriminación, lo cual los conviene en cada vez más complejos y costosos en función del nivel de rendimiento deportivo-motriz.