SIGNIFICADO PARA EL RENDIMIENTO DEPORTIVO
La planificación y desarrollo de la fuerza motriz alcanzó durante los últimos años cada vez más protagonismo en las discusiones científicas y prácticas. La fuerza muscular. La capacidad de activar la musculatura esquelética es necesaria para todo movimiento humano y por ello para la realización de toda técnica deportiva. Ésta es la razón por la que la planificación de fuerza y técnica no se pueden estudiar por separado.
La fuerza motriz se puede definir desde el punto de vista de la física y/o de la fisiología.
La física la define como el producto entre la masa y la aceleración. Si la finalidad del entrenamiento deportivo radica en la planificación del alto rendimiento se presenta la necesidad de desarrollar, aparte de la
fuerza, también la velocidad. La velocidad de una contracción muscular como manifestación del rendimiento se debe considerar también, puesto que éste se define como el producto entre la fuerza y la velocidad.
La fisiología describe la fuerza motriz como la capacidad del sistema neuromuscular de superar resistencias, de enfrentarse a ellas o bien de contrarrestarías mediante la acción muscular. Ello conlleva que también desde la perspectiva biológica se hayan de tener en cuenta la fuerza y la velocidad de contracción (excéntrica; velocidad negativa; isométrica; cero; concéntrica; positiva)
Las sistemáticas tradicionales de las manifestaciones de la fuerza parten de su subdivisión en fuerza máxima, explosiva y de resistencia. Estas capacidades se sitúan en el nivel jerárquico. De ello se podría deducir una relativa independencia entre las tres formas. Para la práctica del entrenamiento resultada de ahí también una relativa independencia para la determinación de tres tipos de objetivos independientes entre si, que pueden o han de entrenarse deforma aislada. Conocimientos científicos y prácticos más recientes del entrenamiento ponen esta concepción en duda. Las novedades se refieren sobre todo a las dudas sobre la independencia entre la fuerza máxima y la explosiva.
Mediante la curva típica de la fuerza se pueden determinar primero los índices del desarrollo de la fuerza (véase la Fig. 29).
Fig. 29. Índices del transcurso de la fuerza (según Bührle, 1985, 86).
En esta definición basada en Werchoshanskiy se determina la fuerza-velocidad como el cociente entre la fuerza máxima y el tiempo hasta alcanzar el valor máximo de fuerza. El tiempo, sin embargo, depende esencialmente de la subida marcada de la curva, es decir, de la fuerza explosiva. Esto significa que la fuerza explosiva también depende altamente de la fuerza máxima.
Con ello queda definida la fuerza-velocidad mediante dos magnitudes directa o indirectamente dependientes de la fuerza máxima. La consecuencia es que la fuerza-velocidad no puede ser una dimensión autónoma de la fuerza.
Frente a ello parece ser que la capacidad de fuerza reactiva sí es una manifestación independiente de la fuerza. Hablamos de fuerza reactiva siempre y cuando se produzca una combinación entre trabajos excéntrico y concéntrico de la musculatura dentro de un espacio muy corto de tiempo (ciclo de extensión / contracción) La extensión rápida de la fase excéntrica es la causa de acciones reflejas y del almacenamiento de energía elástica en los músculos y sobre todo en los tendones. Después, los parámetros arriba mencionados no describen suficientemente la fuerza reactiva, ya que estos últimos aspectos adquieren un papel decisivo, aparte de la estructura muscular (longitud, grosor y distribución de las fibras) y la capacidad de activación voluntaria.
Para la práctica del entrenamiento resultó positivo diferenciar entre ciclos lentos de extensión (por ejemplo, el salto al bloqueo en el balonvolea; duración de unos 300 m/s) y ciclos rápidos de extensión- contracción (por ejemplo, la batida en el salto de longitud; duración de unos 120 m/s)
Estos aspectos neuromusculares que acabamos de exponer intervienen de forma decisiva sobre todo en los ciclos rápidos de extensión-contracción, de manera que podemos considerarlos como una dimensión independiente de la fuerza.
FUNDAMENTOS TEÓRICOS
En este apanado suprimimos una exposición detallada de los fundamentos fisiológicos para el desarrollo de la fuerza, puesto que estas bases se trataron ya en el capítulo segundo. Además, nos centramos en este trabajo primordialmente en los mecanismos de planificación y desarrollo del entrenamiento.
LAS FASES DE PLANIFICACIÓN Y DESARROLLO
Como dijimos anteriormente, la planificación del rendimiento requiere primero la determinación de los objetivos. Esto supone un análisis del perfil de exigencias para el deporte concreto. En cuanto a la fuerza se presentan entonces en principio tres cuestiones:
1. ¿Qué función tiene la fuerza en el deporte en cuestión (por ejemplo, maximizar la velocidad versus minimizar el tiempo)?
2. ¿Qué magnitud tiene la carga a la que se ha de otorgar una velocidad máxima (por ejemplo, si es el propio cuerpo o un instrumento deportivo)?
3. ¿De qué forma se ejecuta la fuerza necesaria (por ejemplo, ciclo de extensión/contracción más lento versus más rápido)?
Contestando a estas preguntas podemos concretar más los objetivos. Para los saltos en atletismo, por ejemplo, podemos afirmar lo siguiente: Se ha de imponer una velocidad final máxima a una carga relativamente elevada durante un ciclo rápido de extensión-contracción. De esto se desprende que se ha de potenciar al máximo la fuerza reactiva (ciclo rápido de extensión-contracción) a base de una fuerza máxima bien desarrollada (carga alta)
El diagnóstico del nivel actual de cada atleta en cuanto a estas capacidades se puede realizar mediante métodos prácticos y científicos del entrenamiento. Para los métodos prácticos se seleccionan ejercicios en forma de test.
Los ejercicios en forma de test pueden consistir en formas de entrenamiento o en tests deportivo- motrices elaborados específicamente con esta finalidad, en cualquier caso se han de escoger de forma que los aspectos técnico-coordinativos tengan la menor influencia posible en las variantes inter e intra-individuales de cada característica. Ello requiere ejercicios-tests sencillos o automatizados por tratarse de una forma repetitiva de entrenamiento. La fuerza máxima, por ejemplo, se puede valorar mediante una sentadilla con resistencia máxima y la fuerza reactiva con la altura alcanzada en un test de «Detent vertical» con impulso previo flexionando las rodillas.
Para obtener resultados fiables de estos tests es imprescindible definir con mucha exactitud las condiciones de ejecución. Diferencias de dos centímetros en la flexión previa de las rodillas, por ejemplo, producen modificaciones de un 10-15%. En el test del «quíntuple» se mejora la distancia en aproximadamente 0,4 m levantando el pie de delante para tomar impulso.
Unos métodos prácticos del entrenamiento, que' tienen la ventaja de ser muy económicos en su aplicación, comportan por otro lado algunos inconvenientes en cuanto a la planificación del rendimiento:
9 la fiabilidad de los diagnósticos es relativamente alterable;
9 parámetros importantes de la fuerza (por ejemplo, la fuerza explosiva, fuerza deficitaria) no se pueden registrar o puede hacerse con muy poca exactitud;
9 el grado de diferenciación no llega a las necesidades del deporte de alto rendimiento.
Los métodos científico-deportivos para diagnosticar la fuerza suelen utilizar las curvas de las fuerzas reactivas o bien momentos angulares con relación al tiempo. Las mediciones se llevan a cabo con aparatos para medir la fuerza de diferentes formas en movimientos definidos y a menudo guiados. La especificación del método ha de aumentarse con la mejora progresiva del nivel de rendimiento del atleta. Con las curvas registradas de fuerza-tiempo se pueden determinar exactamente los parámetros de la fuerza.
Además, se puede determinar la fuerza deficitaria, ya que se puede producir también un trabajo excéntrico de la musculatura, aparte del isométrico y concéntrico. La fuerza deficitaria se define como la deficiencia porcentual entre la máxima fuerza excéntrica y la isométrica. Es un índice de capacidad de activación voluntaria, lo que la convierte en una magnitud decisiva para los procesos de planificación y desarrollo.
Este tipo de diagnóstico individual de la fuerza resalta las deficiencias concretas de cada atleta a través de la comparación inter e intra-individual. La disminución / eliminación de las mismas requiere la aplicación sistemática de las medidas específicas de entrenamiento, cuya selección se basa actualmente, sobre todo, en los conocimientos de entrenadores experimentados.
Fundamentalmente podemos diferenciar entre formas de entrenar la fuerza máxima y la fuerza explosiva (reactiva). En cuanto al entrenamiento de la fuerza máxima diferenciamos entre los entrenamientos de desarrollo de la musculatura (DM), véase la Tabla 13, y los que se centran en la coordinación intramuscular (CI), véase la Tabla 14. El desarrollo muscular se refiere sobre todo a estimular la hipertrofia muscular que significa un incremento de la masa muscular. El entrenamiento DM no mejora de forma notable la fuerza explosiva ni tampoco disminuye la fuerza deficitaria. Por las intensidades relativamente bajas se ofrece sobre todo para los principiantes y para más avanzados en determinadas fases. Tiene un papel menos importante en atletas muy entrenados y experimentados en el entrenamiento de la fuerza.
Principiantes Avanzados Nivel de Dominio
Intensidad de la Carga 40-60% 60-80% 80-85%
Repeticiones 12 - 8 rep. 10-6 rep. 6-5 rep.
Series 4-6 s. 6-8 s. 6-10 s.
Descanso 2-4 min. 2-4 min. 2-4 min.
Principiantes Avanzados Nivel de Dominio
Intensidad de la Carga 80-90% 90-100%
Repeticiones ¡ no conviene ¡ 6-3 rep. 3-1 rep.
Series 6-8 s. 6-10 s.
Descanso 3-5 min. 3-5 min.