Fuente: Gil Calvo, 2003.
El enfoque generacional analiza, por tanto, aquello que comparten las personas que han nacido en un mismo periodo de tiempo (Pérez Díaz, 2002). “Cada generación se caracteriza
por una serie de acontecimientos concretos que establecen una dinámica social y personal específica en cada grupo poblacional. Como resultado, en las personas mayores se asiste a una
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Posteriormente volverá a tratar en el apartado referido a las teorías sociológicas sobre el envejecimiento: 4.1.3. El modelo de estratificación por edad.
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Gil Calvo (2003) recoge este modelo de Riley y establece una propuesta sobre una serie de cohortes generacionales contextualizadas a los acontecimientos sociopolíticos de nuestro país, que el autor considera determinantes en la vida de las personas. Amorós et alt. (2006) también se hace eco del modelo.
diversidad situacional y de vivencias totalmente heterogéneas, lo que implica, dentro de los programas de envejecimiento activo, un marco de actuación concreto a tener en cuenta”
(IMSERSO, 2008c: 27).
Como se puede apreciar en la figura anterior, cada generación tiene una duración de unos quince años. “Los rótulos que identifican a cada cohorte o generación son arbitrarios, en la
medida en que se eligen a gusto del observador” (Gil Calvo, 2003: 95). Las dos primeras
generaciones, que el autor denomina de la República y de la Guerra Civil, se caracterizan por las circunstancias históricas que marcaron sus proyectos vitales. Con un carácter rural, tuvieron que convivir con la muerte cercana y las divisiones territoriales e ideológicas producidas por la guerra. La generación de la posguerra, entre los años 1930-1945, adquiere esta denominación por las circunstancias excepcionales que vivieron a consecuencia de la pasada Guerra Civil y que fueron determinantes y perdurables en sus estilos de vida. A la siguiente cohorte generacional Gil Calvo (2003) la denominó del desarrollo, ya que sus jóvenes vivieron el desarrollismo franquista de los años sesenta y el abandono del medio rural por razones de inviabilidad económica; en definitiva, tuvieron un carácter más urbano, incorporándose los varones al trabajo industrial y las mujeres dedicándose fundamentalmente al trabajo doméstico y cuidado de la familia. En cambio, la generación nacida entre 1960 y 1975 la llamó del baby
boom, caracterizada por su mayor número de nacimientos. Por último, la cohorte generacional
más reciente es la nacida en la transición a la democracia. Ésta es la generación más cercana, con una conciencia de derechos adquiridos y se haya socializada en una cultura más participativa (Amorós et al., 2006).
En relación a las cohortes generacionales, se han encontrado cuatro dificultades. Las dos primeras tienen que ver con la rotulación arbitraria, como reconoce el propio autor (Gil Calvo, 2003), y con la demarcación y duración temporal. Así, tomando como ejemplo la generación del
baby boom, se da la circunstancia que hay autores que establecen su inicio entre los nacidos el
1957 al 1977 (Dancausa: 2001: 81; Abellán García et al., 2008) o entre los años 1960 al 1975, como Gil Calvo (2003: 97 y 155). La tercera es la dificultad de poder comparar los resultados de las investigaciones fundamentados en generaciones con la mayoría de los estudios sociológicos, basados en cohortes de edad. La cuarta dificultad es que, aunque se reconocen las diferencias personales en el proceso de envejecimiento, se obvia en exceso su heterogeneidad, como el propio Gil Calvo (2003) y Amorós (2006) ya admitían, junto con el resto de investigadores, entre otros muchos, Bazo (2001) o Pérez Díaz (2002). En resumen, los estudios de cohortes generacionales no dejan de ser, en el fondo, una cohorte de edad carente de consenso en cuanto a su denominación e intervalo temporal. Por tanto, en este trabajo se ha preferido seguir el criterio de edad, valorando, no obstante, las aportaciones generalizadas atribuidas a la cohorte de edad, pero no utilizándola como una categoría absoluta. Precisamente Teresa del Valle
(2002: 46) destaca que “la edad es una variable importante como forma de organización social.
Es una categoría que sirve para agrupar a personas, establecer generaciones. Las agrupaciones por cohortes de edad permiten establecer todo tipo de correlaciones, por ejemplo, con: valores, economía, salud, orientaciones políticas y religiosas. Se aplica a su vez para medir los cambios por los que pasan las personas individuales y los colectivos de edad. También para definir características comunes que se asume comparten personas de determinada edad. Así como para interpretar sus vida, ya que la edad permite su contextualización en períodos históricos concretos, definidos a su vez pro las tendencias, corrientes e ideologías dominantes.”
Por ello, las personas mayores sujetos de esta investigación serán las personas mayores de 65. Si se siguiera la categorización por cohorte generacional de Gil Calvo (2003), estas personas estarían comprendidas entre la generación de la posguerra y la del desarrollismo.
En conclusión, las diferencias entre cohortes generacionales y cohortes de edad son mínimas, ya que una cohorte generacional, en el fondo, supone una cohorte de edad con una denominación basada en unas características compartidas, pero con duraciones temporales no suficientemente consensuadas. Ambas buscan una categorización que ayude a interpretar la complejidad de las relaciones y cambios sociales. Sin embargo, la opción de estudiar el envejecimiento activo desde cohorte de edad hace más sencillo tomar referencias con otros estudios sociológicos, puesto que “la edad es uno de los rasgos estructurales básicos de
referencia para el estudio de cambio de cualquier sociedad o grupo” (Riley, 1987). En
definitiva, a pesar de que la edad puede parecer algo más difuminada en nuestra sociedad moderna, sigue siendo un criterio válido y recurrente.
4. PERSPECTIVAS Y TEORÍAS SOCIOLÓGICAS SOBRE EL ENVEJECIMIENTO.
La teoría puede definirse como “un grupo coherente de proposiciones generales utilizadas
como principios de explicaciones para una clase de fenómenos” (Webster, 2003). Pero, ante
una connotación estática de la teoría, Bengtson (2009: 3) prefiere hablar de “la teorización
como un proceso de desarrollo de ideas que nos permite comprender y explicar las observaciones empíricas.” De esta manera, considera la teoría como una explicación y la
teorización como un proceso, en el que tiene que dicha teorización debe de estar claramente explicita. Sin embargo, la multidimensionalidad del envejecimiento y la variabilidad personal que caracteriza este proceso hace tarea arduamente difícil encontrar una teoría que satisfaga las expectativas explicativas sobre él. Los componentes biológicos, psicológicos, culturales y sociales del proceso del envejecimiento han hecho que haya sido abordado por diversas disciplinas, también, claro está, por la sociología.
Anteriormente, se mencionó la diferencia que establecía Ander-Egg (2010: 52) entre vejez (cambios bio-fisico-patológicos) y envejecimiento (cambios psicosociales). Retomando esta diferenciación, se evidencia que las teorías sobre la vejez,54 lógicamente, plantean sus explicaciones en base a una serie de causas biológicas, mientras que las teorías del envejecimiento55 se centran en el análisis de las interrelaciones psicosociales, fundamentalmente.
El término relaciones de edad abarca las formas en que ésta sirve como principio de organización social, ya que los diferentes grupos de edad adquieren identidades y poder en relación uno con otro. Así, los individuos y grupos obtienen identidades en su lucha por estar a la altura del comportamiento ideal para una edad específica (Hendricks, 2003). Analíticamente, esto implica que la investigación sobre el envejecimiento no debe centrarse en estudiar fundamentalmente las desventajas sobre otras jerarquías sociales basadas en la edad, sino que debe considerar también las relaciones ventajosas (Calasanti, 2003; King, 2006).
Settersten y Angel (2011: 4), en una revisión de las teorías de los últimos treinta años, consideran que con la llegada de los sociólogos al estudio del envejecimiento, deben confiar en las herramientas que les proporcionas las teorías clásicas y también las contemporáneas. Además de los clásicos escritos de Emile Durkeim, Karl Marx y Max Weber, como padres fundadores, los sociólogos del envejecimiento también se basan en la teoría del funcionalismo
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Ander-Egg (2010: 75-83) menciona las siguientes teorías sobre las causas de la vejez: envejecimiento celular, neuroendocrina, inmunológica, error catastrófico, programación genética, radicales libres y mitocondrial. Cruz Jentoft (2001: 71-76) remarca el gran avance de los estudios sobre las causas de la vejez en los últimos 20 años y cita las siguientes teorías: error catastrófico (Orgel), la tasa de vida (Pearl), la hipótesis de los glucocorticoides, las de los gerontogenes y las teorías del daño a las macromoléculas (del estrés oxidativo, de los telómeros o de la glucosilación).
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Aunque algunos sociólogos, como, por ejemplo, Mª. María Teresa Bazo (2001), utilizan los términos vejez y envejecimiento como sinónimos.
estructural (Talcott Parsons, Robert Merton), del conflicto social (Gerhard Lensji, Raph Dahrendorf), interacción e intercambio social (Georg Simmel, George Homans, Peter Blau), interaccionismo simbólico (George Herbert Mead, Charles Cooley, Irving Goffman) y la fenomenología y el constructivismo social (Alfred Shütz, Peter Berger y Thomas Luckmann). Pero estos mismos autores reconocen que otro punto de partida para el desarrollo de las teorías sociológicas sobre el envejecimiento también se encuentra en la gerontología social, especialmente en la teoría de la desvinculación (Cumming y Henry, 1961) y la teoría de la modernización (Cowgill y Holmes, 1972). La teoría de la desvinculación provocaría la generación de puntos de vista alternativos: teoría de la actividad (Havighurst y Albrecht, 1953), teoría de la continuidad (Atchley, 1971), teoría del equilibrio funcional (Rosow, 1963). Estas teorías, aunque se centran en la conducta individual, pero ponen también la mirada en las expectativas y el bien social.
Dentro de la sociología, la estratificación por edad se ha convertido en una heurística dominante para el avance de la investigación de la vida social y, sobre todo, del aspecto estructural del envejecimiento. A pesar de que la estratificación de edad se asocia con Riley (1972), a menudo se ha pasado por alto el trabajo de Leonard Caín (1963), que fue un precursor importante tanto del marco estratificación según la edad, como de la perspectiva del curso de la vida (Clussen, 1972; Elder, 1975; Neugarten, 1975; Neugarten y Hagestad, 1985).
Continuando con la revisión histórica que hacen Settersen y Angel (20011: 5), han surgido teorías de alcance como la economía política del envejecimiento (Kail et al., 2009), teorías de la ventaja y la desventaja acumulada (Ferraro et al., 2009) y teoría feminista (Calasanti, 2009).
Así, las teorías sociológicas sobre el proceso de envejecimiento, según Passuth y Bengtson (1988), han surgido, de manera implícita o explícita, desde estas cinco principales teorías: funcionalismo estructural, intercambio, interaccionismo simbólico, marxismo y fenomenología social. Diversos autores, como, por ejemplo, Serra, Dato y Leal (1988: 29-34), Aber y Ginn (1996: 47-54) y María Teresa Bazo (2001: 17-22) se hacen eco de estas perspectivas y formulaciones teóricas sobre el envejecimiento recogidas con anterioridad por Passuth y Bengtson. La Figura 4.1. de la página siguiente presenta el esquema las teorías sociológicas del envejecimiento formuladas desde las perspectivas de estudio sociológico que las originaron. Precisamente, este mismo esquema se toma como índice para explicar las principales teorías sociológicas sobre el envejecimiento.
Conocer las diversas teorías sobre el envejecimiento, que han ido surgiendo desde las principales perspectivas, modelos y teorías sociológicas, es condición previa e imprescindible antes de abordar la investigación. En definitiva, la opción por una teoría determinada o, incluso, la opción pragmática de considerar teorías que puedan llegar a complementarse puede estar
mediatizada por el nivel de estudio (micro, meso o macro) en que se realice la investigación. A su vez, las teorías están vinculadas a los determinados estudios empíricos sobre la realidad social, naciendo de ellos, contrastando los descubrimientos con los enunciados propuestos en ella o marcando el camino a seguir. Por ello, la preferencia u opción teórica no es totalmente libre, sino que requiere una adecuación entre la opción teórica y el diseño de la investigación. Figura 4.1. Relación entre principales teorías sociológicas y teorías sobre el envejecimiento.