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En el segundo capítulo de este trabajo, se consideraba el peso demográfico que hoy han adquirido las personas mayores y el que supondrá para un futuro próximo en las sociedades occidentales, para pasar luego a describir aquellos aspectos más característicos en relación con su participación social. Posteriormente, desde una perspectiva de envejecimiento activo, se examinaron las vivencias que suponen su desvinculación laboral y su relación con las actividades realizadas antes y después de la jubilación. Se expuso detalladamente los datos extraídos de la documentación consultada sobre los elementos de su calidad de vida relacionada con la economía y la salud, como factores esenciales, aunque no únicos, que condicionan su activismo social. En este capítulo se analizarán los aspectos relacionados con el asociacionismo en general y, en particular, la participación de las personas en las diversas asociaciones,para lo cual se tomarán cuatro ámbitos de aproximación: su participación asociativa en Europa, en España, en la Comunidad Valenciana y, finalmente, la oferta asociativa que ofrece la ciudad de Valencia, marco geográfico de este trabajo.

El asociacionismo entre las personas mayores es un tema importante. Casi la mitad pertenece a un algún tipo de asociación, preferentemente a un hogar o club de jubilados. A considerable distancia, le siguen las de tipo religioso y otras clasificaciones. Su presencia en asociaciones de voluntarios, culturales o vecinales es considerablemente menor que el resto de la población; no obstante, dedican más días y horas semanales que el resto de asociados. Aunque los porcentajes de participación de las personas mayores en la diversidad de asociaciones puedan variar en función de los diversos estudios y de la variedad de clasificaciones que se realizan sobre las organizaciones; sin embargo, suelen coincidir las tendencias participativas y, también, las horquillas porcentuales de afiliación.

Desde esta perspectiva de vejez activa, la importancia de la participación social de las personas mayores presenta dos dimensiones: individual y colectiva. La dimensión individual aporta una serie de beneficios a las personas: se sienten activas; útiles; parte de la sociedad; aumenta su autoestima; previene problemas relacionados con la salud como el síndrome de soledad, depresión o ansiedad; y, como se ha visto, reduce la institucionalización, disminuyendo así la dependencia. Por otra parte, la dimensión colectiva permite a la sociedad poder aprovechar la rica experiencia que los mayores han ido acumulando a lo largo de su vida, como antiguamente sabían beneficiarse aquellas comunidades preindustriales. En definitiva, se puede asegurar que el voluntariado es saludable para las personas mayores, porque no sólo beneficia su salud física y psíquica, como se indica, sino que posibilita que permanezcan activas, aumenten las relaciones sociales, descubran nuevos estímulos y realicen proyectos que les obligan a salir de sí mismos.

García Roca (1994: 208-209) encuadra la acción voluntaria de las personas mayores en torno a tres escenarios. Primero, las organizaciones de voluntarios promueven una cultura de convivencia y participación social, que permite que los mayores encuentren su participación como uno más. Segundo, el voluntariado se orienta a reducir la fragilidad y la vulnerabilidad de las personas. Y, en tercer lugar, “las personas mayores no son meros receptores de ayuda, sino

que constituyen uno de los principales colectivos que pueden cambiar la geografía actual de la acción solidaria.”

6.1. Conceptualización y condicionantes del asociacionismo.

Las atribuciones definitorias sobre la concepción que se tiene de los diversos tipos de asociaciones están encuadradas en el conjunto del ordenamiento legal de nuestro país, en el que surgen y se desarrollan, como anteriormente ya se dejó vislumbrar. En un segundo momento, es imprescindible delimitar las organizaciones que tienen una finalidad no lucrativa del resto del conjunto asociativo. Y, posteriormente, conviene revisar la tipología de estas organizaciones no lucrativas para conocer la ubicación de aquellas que se dedican a la acción social, donde se centrará el marco de estudio de este trabajo.

Aquí, en este apartado, se tratará de identificar aquella definición que haya obtenido el mayor consenso entre los estudiosos del asociacionismo. Al mismo tiempo, se intentará explicar una serie conceptos claves en el estudio del asociacionismo, tales como asociación, pertenencia, marco legal, participación, tipos de asociaciones no lucrativas y financiación.

En primer lugar, en el intento de definir asociación, conviene centrarse en la palabra en sí y, posteriormente, buscar la definición más consensuada. La primera acepción del diccionario de la Real Academia Española125 define asociación como “acción y efecto de asociarse.” En una segunda, como “conjunto de los asociados para un mismo fin y, en su caso, persona jurídica

por ellos formada”.

Ruiz de Olabuénaga (2003) afirma que “los términos asociación y asociacionismo

encierran un rico contenido polisémico diferente según el ámbito en el que se utilicen. En psicología, estadística, filosofía o derecho, adquieren significados específicos ligeramente distintos, si bien en todos ellos se derivan de un mismo tronco que apunta a una dimensión básica, la de homogeneidad o comunalidad. Asociación es sinónimo de organización y así se intercambian, uno con el otro, como cuando se habla de Asociacionismo No Lucrativo para referirse a una realidad social que otras veces es conocida como de las Organizaciones No Gubernamentales. Se habla de organizaciones para referirse a las asociaciones, lo mismo que

de asociacionismo para referirse al movimiento organizacional. Aún así subsisten discrepancias. Ambos conceptos se solapan, pero no coinciden. Es por esto por lo que pueden existir organizaciones que no son asociaciones (las fundaciones, por ejemplo) y asociaciones que no son organizaciones (las pandillas de amigos).”

A cualquier organización no se le puede atribuir el significado que se suele atribuir a las asociaciones de voluntariado. El Código Civil establece la diferencia entre asociaciones, en sentido estricto, y sociedades. Las asociaciones serán aquellas organizaciones caracterizadas por el fin altruista y, en definitiva, la falta de ánimo de lucro directo o indirecto de sus miembros, fundadas por un grupo y, generalmente, abierto a la adhesión de nuevos socios. Por oposición, las sociedades están caracterizadas por el ánimo de lucro.

Varios son los sinónimos que se han utilizado entorno al asociacionismo: sector no

lucrativo, sector del voluntariado, sociedad civil, tercer sector o sector independiente para

referirse a organizaciones que ocupan un espacio propio e independiente entre el interés mercantil de las empresas y las administraciones públicas. Salamon y Anheier (2001: 1), en el proyecto comparativo de la Universidad de Johns Hopkins en Baltimore, señalan “los rasgos

comunes que comparten estas organizaciones:

- Organizaciones: es decir, poseen una presencia y una estructura institucionales. - Privadas: están separadas institucionalmente del Estado.

- Que no reparten beneficios: no generan beneficios para sus gestores o el conjunto de ‘titulares’ de las mismas.

- Autónomas: controlan esencialmente sus propias actividades”.

- Con participación de voluntarios: la pertenencia a ellas no está legamente impuesta y

atraen un cierto nivel de aportaciones voluntarias de tiempo o dinero.”

Los asociados se vinculan a las organizaciones asumiendo unos objetivos compartidos. Objetivos que se ubican en algún punto del eje que va desde el interés centrado en los propios asociados, al extremo opuesto, centrado en la ayuda de otras personas y de transformación de la realidad. La pertenencia a una asociación puede ser como socio benefactor o como socio activo. En las asociaciones de carácter altruista, a los socios activos se les considera como voluntarios, distinguiéndolos de los no activos y del personal profesional.

En referencia al ámbito de implantación y actuación de las asociaciones, se pueden clasificar por barrio o distrito; municipio; comarca o mancomunidad; provincia; comunidad autónoma; país; o ámbito internacional.

Las formas de financiación son también variadas. Las posibles formas de financiación para una asociación incluyen fondos procedentes de particulares, de las administraciones públicas, de empresas y de otras organizaciones no lucrativas.

Las cuotas de los socios suelen ser, con mucha frecuencia, una forma muy importante de financiación. Su cuantía y periodicidad están previamente preestablecidas.

Otra forma de contribución, por parte de los socios, es el trabajo como voluntario, que supone una donación intangible de alto valor, tanto desde el punto de vista monetario y como social. Precisamente, el trabajo de las profesoras Inmaculada Serra y Antonia Sajardo (2007) supone un importante estudio sobre la cuantificación económica sobre la aportación del voluntariado de la Comunidad Valenciana.

Las personas físicas que no son socios también pueden contribuir mediante colectas126, cuestaciones,127 fiestas, comercialización de productos de reclamo, apadrinamientos, herencias y donaciones.

La financiación procedente de la Administración puede ser mediante subvenciones, contratos y convenios. La característica de la subvención es que se otorga con posterioridad a la ejecución del gasto o la inversión. Normalmente vinculada a un fin determinado. Dos son las modalidades de subvención:

1. Subvención en capital: destinada a la financiación de elementos de inmovilizado (…) No se asienta como un ingresos, sino como una amortización, por lo que contribuye a reforzar la situación financiera de la entidad.

2. Subvenciones a la explotación. Son las destinadas a gastos corrientes de gestión, que suelen corresponder a proyectos de acción. (Aliena, Ariño, Llopis et al., 2004: 264)

Las administraciones públicas encargan la prestación de determinados servicios, que deberían hacer ellas, a las organizaciones no lucrativas mediante los contratos o convenios. Estos modelos de financiación pueden ser concebidos como un intercambio de recursos entre el Estado y las organizaciones del voluntariado. Este intercambio puede verse plasmado por un documento legal que vincula ambas partes y define las obligaciones mutuas. Contribuye, por otra parte, a concretar un modelo mixto del Estado del Bienestar, que se ha desarrollado más durante estos últimos años. Las diversas modalidades de contrato son:

126

Las asociaciones de autoayuda de personas ex alcohólicos o ex ludópatas suelen realizar colectas anónimas entre sus miembros.

127

Mediante las cuestaciones, se trata de concentrar todos los medios de que dispone la organización (en los ámbitos de los recursos humanos, de comunicación, aprovechar su implantación…) en un único día. Por ejemplo, la cuestación del Día del Cáncer o de la Cruz Roja.

1. Cesión de uso. Las organizaciones obtienen la cesión de uso de determinados equipamientos de marcado interés social, por ejemplo: centros culturales, espacios para exposiciones, campos de deportes, etc.

2. Contratos de prestación de servicios. Las asociaciones prestarán un determinado

servicio como un comedor social, un albergue para personas sin hogar, etc.

3. Conciertos o convenios de colaboración. Generalmente se establecen cuando un servicio o actividad, cuya provisión compete a la Administración, ya está cubierto por una entidad. Se pueden tomar como ejemplos: colaboración con entidades juveniles o convenios con Cáritas para paliar la prestación de unos servicios sociales en determinadas situaciones de pobreza y marginación. (Aliena, Ariño, Llopis et al., 2004: 266-267).

Otra fuente de financiación puede provenir de manera puntual de las empresas, concretándose en campañas públicas en ayuda ante alguna catástrofe, en pro de algún colectivo desfavorecido o relacionadas con el campo de la salud. Otra segunda forma de contribución empresarial es el llamado marketing social, destinando una parte de sus beneficios en la colaboración de un proyecto de colaboración con una organización no gubernamental o con unos programas de actuación claramente definidos. Una tercera forma es el mecenazgo, mediante el cual la empresa obtiene unos beneficios fiscales. Por último, está el patrocinio, que pretende asociar la marca de una empresa con un acontecimiento deportivo, cultural, científico o social.

Las organizaciones no lucrativas, especialmente, de carácter altruista suelen trabajar, cada vez más, en red. Ello posibilita que puedan prestar ayuda en relación a actividades formativas, coordinación de actuaciones e, incluso, remitirse entre ellas determinados usuarios que requieren una atención más especializada.

6.1.1. Tipologías de asociaciones no lucrativas.

Una primera clasificación puede basarse según hacia quién vaya dirigida la ayuda. Hay asociaciones de voluntariado cuya motivación se halla centrada en sí mismos o bien en otras personas, es decir, según los destinatarios pueden ser:

- Autoayuda: centradas en la defensa o promoción de tanto intereses propios como compartidos con un determinado colectivo, habitualmente relacionados con alguna carencia de salud, de servicios, padecer alguna discapacidad, afectados por alguna catástrofe natural, injusticia, dependencias creadas por consumos de substancias, etc.

Hay un amplio conjunto de asociaciones no lucrativas autocentradas en sus propios socios, en las que se realizan, por ejemplo, actividades recreativas o festivas, viajes, etc. Éstas no tienen

como objetivo principal el trabajo altruista, sino en proporcionar un espacio de convivencia y, por tanto, de socialización. Recientemente ha surgido un nuevo tipo de asociacionismo autocentrado como son las redes sociales por Internet. Estas redes sociales están tomando una gran importancia, pues ofertan numerosas actividades de diverso tipo, permitiendo crear posteriormente nuevos ámbitos de relaciones tanto virtuales como sociales.

- Heteroayuda o ayuda altruista en pro de otros personas o colectivos ajenos y prestada de manera desinteresada, sin recibir remuneración económica. Según Kendrick (1991), son personas sensibles a otros bienes que él llama intangibles.

Hay una considerable oferta de tipologías de asociaciones no lucrativas basadas en la actividad que en ellas se realizan. Simplemente se pretende exponer algunas de las más utilizadas en Sociología. Considerando el criterio centrado en la actividad, tenemos la clasificación que realiza Bloch-Lainé (1999), quien distingue tres tipos de asociaciones según su función principal:

• Prestación de servicios.

• Política (reivindicación y representación de sectores sociales)

• Encuentro o socialización entre individuos.

Ruíz de Olabuénaga (2006: 32) utiliza la clasificación de ICNPO (International Standard Industrial Classification, de las Naciones Unidas), como se recoge en la siguiente tabla.

Tabla 6.1. Clasificación de ICNPO, 2002. Cultura, deporte y ocio.

Educación e investigación. Salud.

Servicios sociales. Medio ambiente.

Desarrollo comunitario y vivienda. Derechos civiles.

Intercambios filantrópicos. Actividades internacionales. Asociaciones profesionales. Mutualidades de previsión social. Fuente: Ruiz Olabuénaga, 2006.

Ariño, Aliena, Cucó y Perelló (1998) recogen, entre otras, la clasificación realizada por Salamon y Anheier, quienes hicieron un estudio comparativo entre 22 países sobre el sector no lucrativo. La clasificación resultante se muestra en la Tabla 6.2. de la página siguiente.

Tabla 6.2. Clasificación de Salamon y Anheier. 1. CULTURA Y OCIO. 1 100 Cultura y artes. 1 200 Ocio. 1 300 Clubs de servicios 2. EDUCACIÓN E INVESTIGACIÓN. 2 100 Educación primaria y secundaria. 2 200 Educación superior. 2 300 Otra educación. 2 400 Investigación. 3. SALUD. 3 100 Hospitales y rehabilitación. 3 200 Nursing houses.

3 300 Salud mental e intervención crisis. 3 400 Otros servicios de salud.

4. SERVICIOS SOCIALES.

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