• No results found

Determinantes sociales. Determinantes personales de activación. Determinantes económicos. Apoyo social. Oportunidades para el aprendizaje. Salud y autocuidado. Motivación.

Percepción de libertad y autonomía. Sentimiento de competencia.

Recursos suficientes. Protección social.

Estilos de vida, cultura y género.

Programas y actividades.

Que responden a necesidades personales y socioculturales.

Que impliquen una participación real.

Que sean fuente de sentido.

Fuente: Amorós et al., 2006.

Esta Figura 3.1. estable los elementos básicos que se deberían tener en cuenta para elaborar los programas de actividades para personas mayores, impulsados bajo la concepción de envejecimientos activo (IMSERSO, 2008c). Se ha pensado que los tres primeros niveles, pueden de ser de gran ayuda para explorar la participación de las personas mayores en asociaciones de carácter altruista, objetivo del presente trabajo.

La elección de las actividades, según se puede apreciar en el esquema de programa, está mediatizada por los estilos de vida, cultura y género de los posibles participantes. Y, para que las actividades sean realmente enriquecedoras, Amorós (2006: 67-69) dice que deben caracterizarse por tres dimensiones fundamentales:

Mayor participación vital. Mayor calidad de vida. Mayor productividad.

• Responder a las necesidades socioculturales y personales. Conocer estas necesidades aparecerá como un requisito imprescindible para una adecuada orientación de la actividad.

• Implicar una participación real de las personas mayores en su planificación y ejecución.

• Ser fuente de sentido para quienes las realizan.

La División de Empleo, Asuntos Sociales e Inclusión de la Comisión Europea ha elaborado el Índice de Envejecimiento Activo 2012 (Active Aging Index 2012). Santos- Rodríguez (2014: 46-47) desarrolla el contenido de los cuatro dominios que configuran este índice. El primero mide la actividad laboral de los mayores. El segundo dominio es el índice de participación social, que se refleja en el compromiso activo en actividades de voluntariado, en los cuidados intergeneracionales (p. ej., los nietos), en su implicación política a través de los cauces e instituciones (partidos políticos, sindicatos, asociaciones, ONG, fundaciones, etc.) El tercer dominio comprende los elementos propios de la vida independiente, la salud, la autosuficiencia económica y la seguridad personal, analizando también los hábitos de vida saludable. El cuarto dominio supone variables que, si se cumplen, garantizan la capacidad de envejecimiento activo de los mayores: variables que no dependen de la persona (salud física, la esperanza de vida correspondiente a la media de su país o región, el índice de calidad de vida o su salud psíquica) y variables que dependen de la actitud personal (interés por los temas de actualidad, cultivo de actividades de ocio, motivación hacia el aprendizaje o la incorporación al uso de nuevas tecnologías).

En definitiva, promover el envejecimiento activo consiste en crear mejores oportunidades para que los mayores puedan participar en el mercado laboral, combatir la pobreza, que afecta más a las mujeres, y evitar la exclusión social, incentivando el voluntariado y la participación social, además de fomentar un envejecimiento saludable con dignidad. Esto implica adoptar las condiciones laborales, desarrollar sistemas de aprendizaje permanente, luchar contra los estereotipos negativos y contra la discriminación por razón de edad y garantizar que los sistemas de protección social sean adecuados (IMSERSO, 2011b: 32).

El objetivo general del envejecimiento activo es la calidad de vida en la vejez. Esta calidad de vida tiene que ver con dos factores fundamentales: un nivel de salud funcional e ingresos adecuados. Pero otras dos dimensiones importantes también son las relaciones sociales con las personas más significativas y un cierto nivel de actividad (Bazo, 2001: 51). Por ello, estos cuatro aspectos relacionados con la calidad de vida han sido tratados con cierta amplitud en este trabajo. Y, ante el aumento del volumen de personas mayores, la autora propone la necesidad de prolongar la edad de jubilación y la contribución que pueden hacer las personas mayores al bienestar de la sociedad, mediante su participación activa en grupos de voluntariado y otras asociaciones. “La actividad en las personas jubiladas está siendo cada vez más estimulada, por

sociales, así como forma de integración social. No son ajenos, sin duda, otros motivos menos ‘desinteresados’, como promover un voluntariado que pueda llenar ciertos huecos que dejan los sistemas formales de bienestar” (Bazo, 1996: 212).

3.5.1. La solidaridad intergeneracional.

Como se ha visto en el apartado anterior, uno de los principios del envejecimiento activo es la solidaridad intergeneracional, como oportunidad también para reunirse e intercambiar ideas. Este principio puede encontrarse entre varios grupos de edad, sin que ése sea quizás su objetivo o bien incorporarse en proyectos y asociaciones, que nacen precisamente con el objetivo de desarrollar la cooperación entre generaciones.

“El mantenimiento de la solidaridad intergeneracional es un factor importante en un enfoque moderno del envejecimiento activo. Este factor significa tanto equidad entre las generaciones como la oportunidad de desarrollar actividades que abarquen a las distintas generaciones. El envejecimiento activo es intergeneracional: se refiere al futuro de todos y no sólo al de las personas mayores. Todos somos parte interesada en esta tarea porque todo el mundo quiere vivir una vida larga y saludable” (Walker, 2006: 576).

Esta solidaridad intergeneracional puede ser promovida a través de diversos canales; por ejemplo, sociedades civiles, los medios de comunicación y los centros formativos. Estudios nacionales, como en Irlanda o Países Bajos, demuestran que el cuidado y asistencia tiende a fluir hacia arriba, desde niños a padres mayores, y que la asistencia financiera fluye desde mayores a sus hijos (Eurostat, 2012).

La solidaridad entre generaciones hace referencia a los contactos entre los jóvenes y las personas mayores (frecuencias y percepciones), la ayuda mutua en el seno de la familia, los apoyos de de amigos y vecino, la participación en actividades comunitarias, físicas y deportivas, de ocio (vacaciones con otros grupos de edad, por ejemplo) y el trabajo de voluntariado.

Posteriormente, el Tratado de Lisboa (2007) se hizo eco de la solidaridad entre generaciones como un objetivo explícito. Para darle una mayor distinción a este objetivo, un grupo de organizaciones civiles instituyeron el Día Europeo de la Solidaridad Intergeneracional, a celebrar el 29 de abril de cada año.

Según se aprecia en el Gráfico 3.1. de la página siguiente, este estudio de Eurostat (2009) recoge que el 63,8% de la población mayor de 15 años, en los 27 países de la Unión Europea, afirmaba que no había suficientes oportunidades de reunirse personas mayores y jóvenes para trabajar juntos en asociaciones o iniciativas locales.

Gráfico 3.1. Proporción de población que dice no hay suficientes oportunidades de establecer relaciones intergeneracionales. Totalmente en desacuerdo Parcialmente en desacuerdo No sabe / no contesta Parcialmente de acuerdo Totalmente de acuerdo Fuente: Eurostat, 2009.

Esta falta de contacto e interacción puede incrementar el riesgo de conflicto entre generaciones. La gente joven podría sentir que ellos se enfrentan a la carga de pagar las pensiones y, a largo plazo, al cuidado de un número creciente de personas mayores. Por otra parte, las personas mayores podrían sentirse más vulnerables o marginadas debido a la rapidez de los cambios tecnológicos. Sin embargo, sólo un 13,3% de la población mayor de 15 ó más años de edad de la EU-27 consideraba que las personas mayores eran una carga para la sociedad, mientras que el 61,6% estaba en total desacuerdo, según ilustra el Gráfico 3.2. generado del estudio de Eurostat (2009).

Gráfico 3.2. Proporción de población que opina que las personas mayores son una carga para la sociedad.

Total Varones Mujeres

Edad + 15 15-24 25-39 40-54 55-64 75 + Totalmente de acuerdo Parcialmente de acuerdo No sabe / no constesta Parcialmente en desacuerdo Totalmente en desacuerdo. Fuente: Eurostat, 2009.

El trabajo voluntario, tema central de este trabajo, puede ser visto como una importante contribución a la participación ciudadana, promocionando la cohesión e inclusión social. El trabajo voluntario proporciona fundamentalmente intercambio de experiencias entre las generaciones. Una encuesta realizada por Eurostat (marzo de 2009) encontró que el 78% de la población de la Unión Europea de 15 años y más eran de la opinión que las personas mayores hacían una mejor contribución como voluntarios en organizaciones comunitarias y de beneficencia. Si se consulta el estudio de Rodríguez Cabrero (1997: 114-115 y 164-165), establece al menos tres tipos de voluntariado realizado por los mayores: (1) voluntariado cultural (presencia de trabajadores más activos, profesionales y líderes); (2) voluntariado asistencial (a través de organizaciones o a nivel informal); c) voluntariado social e intergeneracional (desde organizaciones que prestan servicio a la comunidad). Según Agulló, Agulló y Rodríguez (2002: 111), otros tipos de voluntariado que podrían añadirse a la tipología citada serían el voluntariado parroquial, vecinal-informal, voluntariado económico, etc. Sin embargo, como se verá más adelante, la participación como voluntarios de las personas mayores en los países europeos es desigual.

3.5.2. La transversalidad de la participación de los mayores.

Desde el punto de vista político, y dada la importancia que la población está adquiriendo,

“la vejez está consolidándose como un elemento transversal con legitimación para estar presente en toda acción política ya sea local, nacional o internacional” (Santos-Rodríguez:

2014: 36).

El libro blanco sobre el envejecimiento activo (IMSERSO, 2011a: 342 y 343) incorpora un

nuevo elemento a la conceptualización del envejecimiento activo: la transversalidad. La transversalidad hace referencia a cómo favorecer que la participación de las personas mayores no quede ceñida a entornos asociativos específicos de personas mayores. Los métodos y actuaciones, según la conceptualización de envejecimiento activo (OMS, 2002), se basan en un enfoque transversal que se concreta en dos vertientes: (1) la participación de las personas mayores expresando su experiencia y valoración abarca las diferentes áreas de la ciudad en una cotidianidad compartida con los demás ciudadanos y (2) el compromiso de las Administraciones44 en la conexión entre estas diferentes áreas. Sin duda, la mirada más transversal facilita una mejor comprensión de las personas a lo largo de su recorrido vital y también de las diferentes generaciones, favoreciendo, a su vez, nuevos caminos de participación.

La transversalidad considera a los mayores como agentes protagonistas de las políticas de envejecimiento activo. Así, “dependiendo de las circunstancias sociales y económicas de una

sociedad determinada, podrían arbitrarse nueva formas de contribución profesional de los mayores, así como promover su actividad política como agentes de diálogo y cohesión social; o fomentando las funciones consultiva o asesoramiento en la toma de decisiones políticas locales, regionales y nacionales” (Santos-Rodríguez, 2014: 45).

Según el barómetro del CIS de abril 2012, las preferencias de las personas mayores de obtener información política son la televisión (70,7%) y la radio (15,8%), por encima del resto de la población (56,8% y 13,7%, respectivamente). El seguimiento de la actualidad política mediante la prensa impresa no deportiva es menor (6,5%) que el total de la población (9%). Donde se produce una brecha mayor es en la búsqueda de información en la prensa digital por parte de las personas mayores (1,6%) frente a la población general (11,9%).

En nuestro país la mala opinión sobre la política y la gestión de los políticos se mantiene e incluso aumenta con el tiempo. Según la Encuesta preelectoral legislativa 2011 del CIS, sólo un tercio del electorado dice tener algún interés relevante sobre la política y las personas mayores

44 Experiencias en relación a la transversalidad las encontramos en el “Proyecto de Ciudades Amigas de

las Personas Mayores” realizados por los ayuntamientos de San Sebastián y Barcelona. También, en las actuaciones organizadas por la Universidad Autónoma de Barcelona o la Universidad de Valencia, que proponen a las personas mayores el estudio conjunto con los estudiantes de titulaciones.

se sitúan siete puntos por debajo de la media; es decir, “más del setenta por ciento de los

mayores tienen por la política un interés escaso o nulo” (Martínez Sospedra, 2014: 252). “Los

estudios45 de los años noventa se aluden al peso de la tradición franquista de antimovilización y

apartidismo, como claves explicativas de la cultura política de los españoles y, de forma muy especial, del colectivo de los mayores de 65 años. Sin embargo, a mi juicio, se podría buscar una explicación que fuera más allá y se remontara a la historia del constitucionalismo español” (Uribe, 2014: 235).

“Los mayores hablan o discuten sobre los asuntos públicos de forma apreciablemente inferior a la media del resto de la población, y tal pauta es poco menos que idéntica tanto cuando se refiere al debate político en sentido estricto” (Martínez Sospedra, 2014: 256). Según

el estudio del CIS sobre Opinión pública y política fiscal de julio de 2011, la frecuencia de mucha y bastante conversación en la población general representa el 47,4%, mientras que poco y nada sube al 51,9 %; y, entre las personas mayores de 65 años, la frecuencia de mucho y bastante baja al 35,9% y poco-nada aumenta también hasta el 53,3%. Sin embargo, según el barómetro del CIS del año 2013, “la crisis económica parece estar modificando el interés por la

actualidad y la información política en todas las cohortes de edad” (Uribe, 2014: 238). Por otra

parte, la participación política46 de las personas mayores tiene niveles relativamente bajos (IMSERSO, 2008c: 135), cuya presencia en parlamentos, partidos políticos y sindicatos va disminuyendo con la edad, salvo la presencia en algunas manifestaciones.

Pero, poco a poco, en los últimos años se ha asistido a una promoción de la participación social de los mayores en otros ámbitos. El peso demográfico que de este colectivo debe acompañarse con su incursión en la vida activa del sistema social, aunque no política. La publicación que realizó el IMSERSO (2008c) sobre La participación social de las personas

mayores nos ofrece un estudio sobre este colectivo español en diversos ámbitos y áreas de

actividad.

En relación a la participación en actividades de voluntariado, ayuda informal y actividades de participación social, las personas mayores participan menos que el resto de la población más joven, pero dedican más tiempo. Sirva estas escuetas referencias como avance sobre la participación de los mayores, que se analizará con más profundidad en capítulos posteriores. Así, según la ECVM 2004, el 3,3% participa semanalmente y, de manera bastante similar, 3%

45 Ainhoa Uribe considera diversos estudios del CIS: E. 1.237 del año 198; E. 1.788 del año 1989; E.

1.908 del año 1990; E. 2154 del año 1995; E. 2.316 correspondiente al barómetro de enero 1999; E. 2.382 y E. 2.384 del 2000; E. 2.798, barómetro de abril 2009; E. 2.981, barómetro del 2013. Y, además, European Social Survey del año 2008.

46

La participación política de las personas mayores en diferentes ámbitos se desarrollará más extensamente en el apartado: 5.1. El poder de los mayores.

según la encuesta SHARE47 2004. Pero si toma como referencia la participación mensual, los mayores varones se implican un 9,3% y un 7,9% las mujeres, respecto al 12,1% del resto de la población (EET 2002-2003)48. Una tendencia similar se observa en la participación de hombres y mujeres según la ESS 2006: 4 % de participación semanal y 6,4%, mensual.

“Al desarrollar tareas como voluntarios a través de las cuales atienden y solucionas de los demás se sienten útiles y organizan parte de su tiempo, recibiendo a su vez de la sociedad el reconocimiento por ser mayores solidarios, activos y útiles para la comunidad que vienen. Por eso el voluntariado es un recurso social en el que las personas mayores pueden participar y del que se pueden beneficiar” (IMSERSO 2009f). En cuanto a participación social de las personas

mayores el 47,2% es socio de algún club o asociación para personas mayores. Participan más en asociaciones religiosas49 y apoyo a inmigrantes. Se sitúan más alejados con las causas relacionadas con la antiglobalización o colectivos de gais y lesbianas. Tienen poca conciencia ecológica, salvo el ahorro de agua (54,7%) frente a la población general (48,9%). En cuanto a diferencias de género, se observa una mayor presencia de mujeres en asociaciones de voluntarios (15,1% frente 9,5% de hombres), pero ausencia total en la dirección de organizaciones sindicales.50 Estos datos del IMSERSO (2008c) sobre presencia de mayores en asociaciones concuerdan con los estudios, como se comentará en capítulos posteriores, realizados por la Universidad de Valencia (Ariño, Castelló y Llopis, 2001).

En lo referente a la participación en actividades de voluntariado social, se observan diferencias de género. Los varones practican un voluntariado en asociaciones de todo tipo y menos dentro de confesiones religiosas. Mientras las mujeres realizan un voluntariado preferentemente dentro de confesiones religiosas, de asistencia social y de apoyo a vecinos. En apartado posterior,51 se tratará la participación social de las personas mayores desde la perspectiva de género con más detalle.

47

SHARE (The Survey of Health, Ageing and Retirement in Europe), en castellano: Encuesta de Salud,

Envejecimiento y Jubilación en Europa. Es una base de datos sobre la salud, el estado socioeconómico y las redes sociales y familiares de los individuos de 50 y más años.

48 Más adelante, cuando se analice la relación entre asociacionismo y ciclos vitales, se presentarán dos

cuadros comparativos entre la EET 2002-2003 y la EET 2009-2010 (datos avanzados). En ellos se podrá observar un ligero retroceso de todas las cohortes de edad, en relación a su participación en actividades de trabajo voluntario y apoyo informal; pero, en cambio, un notable aumento de tiempo (en el transcurso del día y duración diaria) dedicado por los menores de 25 años, junto con un suave descenso de dedicación diaria del resto de las cohortes de más edad.

49 Desde una perspectiva antropológica, la religión es un elemento principal para la mayoría de personas

mayores. España cuenta con un alto porcentajes de autocalificación católica entre los mayores situado en un 97%, que acuden semanalmente a la iglesia un 42,8%.

50 El 57% de las dos organizaciones sindicales mayoritarios a nivel nacional cuenta con al menos un

varón mayor de 55 años en la dirección.

3.6. Cohortes de edad versus generacionales en el estudio sobre el envejecimiento activo.

En Estados Unidos, durante los años 80, se trabajó con el concepto de envejecimiento

activo, iniciando un cambio en los enfoques de los análisis de los estudios dedicados a las

personas mayores. Se observó que un análisis basado en la edad cronológica no resultaba ser indicativo (IMSERSO, 2008c). Por lo tanto, para explorar el envejecimiento activo, en lugar de las cohortes de edad, se sugería ahondar en los elementos que conforman las cohortes generacionales.

El modelo de estratificación por edad 52 de Mathilda Riley (1988) se basa en la idea central

de una cohorte de personas (cohorte generacional)53 que nacen en el mismo momento histórico y que envejecen juntas, lo hacen compartiendo valores y estilos de vida similares.

Cada cohorte generacional ha vivido una serie de acontecimientos educativos, culturales, políticos, crisis y bonanzas económicas, que les ha afectados a todos ellos conjuntamente, aunque, claro está, con sus propias características personales (Amorós et al. 2006). Y, como se comentó en apartados anteriores, las personas envejecen de forma diferente a como lo hacían sus antepasados. Cada contexto sociocultural e histórico otorga unos significados y unos papeles diferentes, en cuanto a importancia en la estructura social.

Figura 3.2. Cohortes generacionales de la población española.

Edades

90 años. Generación republicana.

75 años. Generación Guerra Civil.

60 años. Generación posguerra.

45 años. Generación desarrollo.

30 años. Generación baby boom.

Generación transición

1900 1915 1930 1945 1960 1975 1990 2005

Related documents