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CHAPTER 4: Theoretical Framework

4.6. Rationale for using Domestication Theory

Uno de los objetivos centrales de la educación inclusiva es lograr una profunda transformación de los sistemas educativos y de las escuelas, para atender a la diversidad de todo el alumnado (Blanco, 2008). Implica una reestructuración de la cultura, las políticas y las prácticas de los centros educativos (Booth y Ainscow, 2002) que garantice el acceso a la educación y a la igualdad de oportunidades para recibir una enseñanza de calidad, posibilitando a todos los estudiantes su participación efectiva en la sociedad.

La transformación de los entornos educativos que se promueve no va enfocada sólo a aquellos alumnos que presentan dificultades de aprendizaje o discapacidad, sino que se orienta a dar respuesta a todo el alumnado, ya que comprende que la educación es un derecho básico para todo ser humano y es fundamental para desarrollar una sociedad más justa e igualitaria (UNESCO, 2009), lo que conlleva la idea de que es el sistema educativo ordinario quien debe dar respuesta a la pluralidad de necesidades que presentan los estudiantes a lo largo de su escolaridad (Giné et al., 2009; UNESCO, 2005), resguardando que ninguno de ellos quede excluido de la participación en la escuela y en sus comunidades. Este planteamiento quedó establecido como el principio rector del Marco de Acción sobre Necesidades Educativas Especiales17 de la Declaración de Salamanca (UNESCO, 1994) de la siguiente manera:

Las escuelas deben acoger a todos los niños, independientemente de sus condiciones físicas, intelectuales, sociales, emocionales, lingüísticas u otras. Deben acoger a niños discapacitados y niños bien dotados, a niños que viven en la calle y que trabajan, niños de poblaciones remotas o nómadas, niños de minorías lingüísticas, étnicas o culturales y niños de otros grupos o zonas desfavorecidos o marginados. (…) Las escuelas tienen que encontrar la manera de educar con éxito a todos los niños, incluidos aquellos con discapacidades graves. Cada vez existe un mayor consenso en que los niños y jóvenes con necesidades educativas especiales sean incluidos en los planes educativos elaborados para la mayoría de los niños y niñas. (…) El mérito de estas escuelas no es sólo que sean capaces de dar una educación de calidad a todos los niños; con su creación se da un paso muy importante para intentar cambiar las actitudes de discriminación, crear comunidades que acojan a todos y sociedades integradoras. (p. 59-69)

17Este Marco fue aprobado en la Conferencia Mundial sobre Necesidades Educativas Especiales, organizada en Salamanca en

En una escuela inclusiva se valora la heterogeneidad y no la homogeneidad. La diversidad de niños y niñas, es concebida como un criterio de normalidad (Ainscow, 2005; Parrilla, 2002; Pujolàs, 2011; Stainback y Stainback, 2004; UNESCO, 1994, 2005), en que las diferencias son vistas de manera positiva, como una oportunidad de enriquecimiento y aprendizaje, comprendiendo además que, educar en la diversidad propicia el desarrollo de aspectos fundamentales para la convivencia humana (Blanco, 2008) “como el pluralismo, el entendimiento mutuo y las relaciones democráticas” (p. 43), que promueven el sentido de comunidad en las escuelas.

Es decir, estamos ante un cambio ideológico y cultural de reconocimiento de la educación como un derecho fundamental de todas las personas sin excepción, lo que implica el compromiso y la acción conjunta de todos los actores sociales para lograr la aceptación genuina y el respeto por las diferencias, que nos permita aprender de ellas (Ainscow, 2003b; Stainback y Stainback, 2004). Si esto no ocurre, cualquier reforma educativa, sólo quedará reducida a una serie de normativas y buenas intenciones, sin que se traduzcan en prácticas realmente efectivas que respeten el derecho a la educación sin exclusiones.

Otro factor clave para lograr la educación inclusiva es asegurar el derecho fundamental a recibir una educación de calidad (Echeita, 2006a; Marchesi et al., 2014; UNESCO-OREALC, 2007). Las escuelas inclusivas, no sólo pretenden garantizar los accesos de un alumnado diverso y sin exclusiones en sus aulas, este sólo es un primer paso. Lo siguiente, es asegurar aprendizajes de calidad, promoviendo la participación y el desarrollo de experiencias educativas socialmente relevantes y acordes a las diversas características del alumnado, que les permita “alcanzar su máximo potencial en términos de capacidades cognitivas, emocionales y creativas” (UNESCO, 2005:16)18, favoreciendo la conclusión de estudios y el derecho a aprender a lo largo de la vida.

En la línea de la escuela inclusiva, la calidad de la educación se considera esencial para ejercer plenamente el derecho fundamental a la educación. Sin embargo, el significado del concepto de calidad educativa es bastante controversial dado a que implica un juicio de valor (Blanco, 2008), respecto a un ideal de persona y de sociedad que se pretende alcanzar a través de la educación, por lo que su significado está social e históricamente determinado de acuerdo a las demandas de la sociedad en un lugar y tiempo específico. En este sentido la UNESCO-OREALC (2007) señala:

18 Traducción propia del original: “Education should allow children to reach their fullest potential in terms of cognitive, emotional

Una educación es de calidad si ofrece los recursos y ayudas necesarias para que todos los estudiantes alcancen los máximos niveles de desarrollo y aprendizaje, de acuerdo con sus capacidades. Es decir, cuando todos los estudiantes, y no sólo aquellos que pertenecen a las clases y culturas dominantes, desarrollen las competencias necesarias para ejercer la ciudadanía, insertarse en la actual sociedad del conocimiento, acceder a un empleo digno y ejercer su libertad. Desde esta perspectiva, la equidad se convierte en una dimensión esencial para evaluar la calidad de la educación. (p. 34)

La interdependencia entre la calidad y la equidad de la educación, busca situar al alumnado en igualdad de condiciones para que pueda beneficiarse de las oportunidades educativas que se le brindan y lo faculten para hacer un uso efectivo de su derecho a la educación, favoreciendo la reducción de las desigualdades sociales.

A través de la equidad debieran asegurarse los resultados de aprendizaje, los niveles de asistencia y la finalización de los estudios (UNESCO-OREALC, 2007), de manera equiparable. Con esto no nos estamos refiriendo a que todos aprendan lo mismo, bajo las mismas circunstancias y de la misma manera, sino a que se exija el máximo a cada estudiante, de acuerdo a sus capacidades y ritmos de aprendizaje (Muntaner, 2010). Para conseguirlo, es necesario contar con un currículum común, abierto y flexible, que pueda ser enriquecido y ajustado a las distintas necesidades y características del alumnado y a los diferentes contextos, como también se debe contar con los recursos de apoyo adicional para el alumnado que lo requiera.

El acceso y la participación de los alumnos en el currículo escolar común y el logro de aprendizajes de calidad conforman importantes mecanismos de garantía social que compensan las desigualdades sociales. De acuerdo a Echeita (2006a):

La inclusión se debe ver como algo que va más allá del cumplimiento de un derecho a estar y participar en la vida escolar, para llegar a preocuparse intensamente por el logro. Los estudiantes no pueden considerarse incluidos hasta que no adquieran las aptitudes necesarias para ejercer sus derechos de ciudadanía y para tener acceso a un empleo digno. (p. 98)

Asegurar la calidad de los aprendizajes en la escuela, es elemental para alcanzar el objetivo final de la educación inclusiva que es la participación eficaz de la persona en una sociedad cada vez más compleja.