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CHAPTER 6: Research Methodology

6.7. Validity and reliability of the study

Sin duda, la importancia que reviste la calidad educativa para el desarrollo de un país es crucial en términos de productividad, mejora de la calidad de vida y fortalecimiento de la democracia (UNESCO-OREALC, 2007). Sin embargo, a pesar de sus reconocidos beneficios, existen dificultades a la hora de consensuar una definición, dado a que es un concepto multidimensional, que implica un juicio de valor (Blanco, 2008) respecto a lo que una sociedad considera como ideal de persona y sociedad en un tiempo y contexto determinado. Por lo tanto, su entendimiento no es estable ni estándar, sino que es un concepto relativo (González-Ramírez, 2000) ya que su definición dependerá de factores sociales, culturales y políticos predominantes en un momento y un lugar específicos.

En los intentos por definir la calidad de la educación encontramos aquellos relacionados con el desarrollo cognitivo del alumno, que son los más evidentes y por lo tanto los que los sistemas acostumbran a evaluar. Por otra parte, están los que relacionan la calidad con el desarrollo de los afectos, la creatividad, las actitudes y valores cívicos, que al ser más implícitos son difíciles de evaluar (UNESCO, 2004a).

Finalmente, de la gran cantidad de definiciones de calidad nos hemos decantado por una reciente de Marchesi y Martín (2014) ya que la consideramos bastante completa pues considera una serie de factores en consonancia con la propuesta de la escuela inclusiva, distinguiendo además entre calidad de centro y calidad del sistema educativo, en conformidad con el discurso que hasta aquí hemos mantenido. Los autores realizan la siguiente definición:

Una escuela de calidad es la que favorece el desarrollo de las competencias cognitivas, afectivas y sociales, estéticas y éticas de todos los alumnos, vela por su bienestar emocional, busca estrategias para responder a su diversidad personal y cultural, procura elaborar un proyecto colectivo en el que la comunidad educativa participe y se sienta comprometida, y establece relaciones con otras escuelas e instituciones para el logro de estos objetivos.

Un sistema educativo de calidad es el que apoya el funcionamiento de este tipo de escuelas, las evalúa de acuerdo con estos principios, otorga una máxima prioridad a la formación y al desarrollo profesional de los docentes, refuerza especialmente aquellas escuelas que se enfrentan a mayores desafíos por la composición de su alumnado y considera que la equidad educativa es parte inseparable de su calidad. (Marchesi y Martín, 2014:66)

En esta definición, los autores dejan de manifiesto la importancia de que tanto el sistema educativo como la escuela funcionen bajo estándares de calidad que reflejen la interdependencia y complementariedad de ambas instancias. En este sentido señalan que, para que un sistema educativo sea de calidad, la mayoría de las escuelas que lo conforman debieran también tener altos niveles de calidad, agregando que, puede que existan escuelas de calidad en sistemas que no lo son tanto. Además Marchesi y Martín (2014:67) identifican algunos elementos como fundamentales para lograr la calidad educativa en las escuelas y sistemas escolares, que revisaremos de manera muy breve:

Indicadores de calidad de las escuelas

Objetivos educativos ambiciosos, amplios y equilibrados, que contemplen aspectos

socio-afectivos, éticos y las relaciones interpersonales.

Equidad en su funcionamiento, para que los progresos educativos beneficien a todo el

alumnado de acuerdo a sus posibilidades.

Proyecto propio del centro unido a la participación de la comunidad educativa,

incluyendo la colaboración en red entre las propias escuelas e instituciones.

Indicadores de calidad del sistema educativo

Apoyo a las escuelas por parte de las administraciones educativas, en el impulso de

los proyectos propios de centro y en la participación de redes escolares.

Evaluación externa contextualizada y amplia, que contemple el aspecto sociocultural

de las escuelas e información referida a la convivencia, formación valórica del alumnado, valoración del centro por parte de sus miembros.

Preocupación por la selección y el desarrollo profesional de los docentes y el apoyo a sus proyectos.

Especial atención a la participación y equidad en la gestión educativa, compensando

a las escuelas más vulnerables, con una asignación diferenciada de recursos, que les permita atender a la diversidad de su alumnado. Otra preocupación de las

administraciones educativas debiera ser el fomento de las relaciones inter-escolares, evitar las desigualdades de admisión del alumnado y apoyar los procesos de inclusión educativa.

Compartimos plenamente con la propuesta de estos autores, quienes ponen de manifiesto que la calidad educativa debiera ser entendida desde un enfoque sistémico, es decir, bajo un sentido amplio, otorgando gran importancia a los aspectos contextuales, relacionales, participativos y de trabajo en red. Esta mirada va en línea con el enfoque comunitario desde el que hemos planteado la transformación de los centros hacia una escuela inclusiva, ya que compartimos la visión de que a través de una amplia complicidad de la comunidad educativa por la igualdad de oportunidades para todos, se facilita el hacer frente a los desafíos que conlleva brindar una educación de calidad para la diversidad de todo el alumnado.

Otra definición que deseamos destacar es la de la UNESCO. Aun cuando es más general que la que hemos revisado anteriormente, nos interesa porque entiende la calidad educativa principalmente desde un enfoque de derechos y de manera indisociable con la equidad: “Una educación es de calidad si ofrece los recursos y ayudas necesarias para que todos los estudiantes alcancen los máximos niveles de desarrollo y aprendizaje, de acuerdo con sus capacidades” (UNESCO/OREALC 2007:34). De manera que todos los individuos puedan beneficiarse, en igualdad de condiciones, del derecho a la educación que les permita un desarrollo pleno y un aprendizaje continuado durante toda su vida.

Siguiendo esta línea del derecho a una educación de calidad, la UNESCO/OREALC (2007a, sacado de Blanco 2008) considera que se deben tener en cuenta las siguientes dimensiones como esenciales en la definición del concepto de calidad:

Relevancia, relacionada con el sentido y la finalidad que tiene la educación y con el grado de satisfacción que otorga a las necesidades de la sociedad, por lo que se requiere el desarrollo de competencias necesarias para participar en distintos ámbitos de la vida.

Pertinencia, se refiere al grado de significancia y ajustes que la educación logra tener para un universo de personas diversas en cuanto a contextos y culturas, capacidades e intereses, Equidad, cuando se aseguran los aprendizajes en niveles de excelencia, sin que sus resultados reproduzcan las desigualdades de origen de los estudiantes.

Eficacia y eficiencia, relacionado con el aseguramiento de los principios de equidad, relevancia y pertinencia en la educación y en la asignación y uso de los recursos para lograr metas.

De acuerdo con Blanco (2008), cuando se habla de calidad se valoran aspectos como la cobertura, conclusión de estudios, deserción escolar, índices de repetición y los resultados de aprendizaje de los estudiantes. Ello requiere del desarrollo de metodologías y contenidos de aprendizaje pertinentes y relevantes, así como de la creación de entornos de aprendizaje seguros e inclusivos, y por supuesto de maestros formados y motivados que puedan llevar a cabo esta serie de requerimientos.

El aumento en los niveles educativos de las personas, conlleva importantes repercusiones para el crecimiento económico y el desarrollo social de un país dado a que es una poderosa herramienta para combatir la pobreza, la exclusión social y la violencia, que mejora el bienestar de las personas y aumenta sus posibilidades de movilidad social, con lo cual se reducen las desigualdades.

La educación de calidad es un medio esencial que empodera a las personas para vivir de una manera digna, en democracia, valorando la diversidad y respetando los derechos humanos. A través de ella se pueden modificar las creencias, valores y costumbres fuertemente enraizados en las personas, canalizándolos hacia la aceptación y el respeto de la diversidad.