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From representation to participation

4. Chapter Four: 1971 – 1980: From representation to participation

4.7 From representation to participation

denan, convirtiéndolo en el candidato débil de un partido fragmentado y al borde de una ruptura interior de grandes proporciones.

Si las elecciones fueran hoy, es casi seguro que el nacionalista “Pepe” Lobo se alzaría fácilmente con la victoria. Es más, Lobo está tan convencido de la viabilidad de su triunfo que, incluso, se ha atrevido ya a anunciar buena parte de su futuro gabinete. Los nacionalistas se aprestan a regresar al ejer- cicio del poder gubernamental a partir del 27 de enero del año 2010, fecha clave en la que el actual gobierno (o Manuel Zelaya, si es repuesto en el cargo) deberá entregar oficialmente el mando al candidato y partido ganado- res en los comicios de noviembre.

Las elecciones son una pieza clave en el ajedrez político del país. El régi- men golpista pretende alcanzar cierta legitimidad internacional por la vía del proceso electoral. Sin embargo, cada vez son más los países que conside- ran ilegítimo ese proceso precisamente por culpa del mismo régimen de Micheletti. La situación parece no tener una solución a corto plazo. El anun- cio de los Estados Unidos desconociendo la legalidad de las elecciones, ha sido un verdadero mazazo en las pretensiones del gobierno de facto de buscar credibilidad internacional y respaldo público al proceso electoral. Para cerrar el cuadro y aumentar la complejidad de la situación, hay otro fenómeno que amenaza la integridad y buena marcha del proceso eleccio- nario: el abstencionismo. La crisis política derivada del golpe de Estado ha creado un clima de crispación y desencanto como pocas veces se ha visto en la historia reciente de Honduras. Miles de jóvenes no esconden su frus- tración y rechazo contra los partidos políticos y sus prácticas electorales. Hay un ambiente creciente de desafección y descreimiento frente a la políti- ca. Cobra fuerza y se amplía un sentimiento favorable hacia la denominada “antipolítica”. Es la hora del desencanto democrático.

La batalla en el exterior

l presidente Manuel Zelaya es el jefe del llamado “frente externo”, es decir el espacio internacional en el que se mueve con abundante fluidez y dirige todas las actividades orientadas a incrementar el aislamiento del gobierno golpista, su condena y rechazo. Hasta el momento se ha anotado importantes éxitos diplomáticos y políticos. La gran mayoría de los países de la Organización de Estados Americanos (OEA) repudia al régimen de Micheletti y presiona para que se acepte y firme el llamado Acuerdo de San José, uno de cuyos doce puntos establece la condición clave del retorno de Zelaya al cargo presidencial como requisito básico para recuperar la constitucionalidad perdida y la gobernabilidad deseada.

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Diario de la conflictividad en Honduras 2009 - 2015

La obstinada actitud de Micheletti, su soberbia y altanería proverbiales, le hacen un flaco favor al régimen golpista. Cuando vino a Tegucigalpa la Mi- sión de Cancilleres de la OEA, los días 24 y 25 de agosto, el comportamien- to grosero y desafiante de Micheletti sólo sirvió para reforzar más la percep- ción de que el gobierno de facto es intransigente e intratable. Sus insultos personales al canciller argentino Jorge Taiana (le acusó de terrorista) preci- pitaron la ruptura de relaciones entre los dos países y aumentaron la orfan- dad diplomática del régimen.

La Misión de la OEA tuvo entrevistas con casi todos los sectores de la so- ciedad, golpistas y antigolpistas. Se reunió incluso con el propio Micheletti. Sin embargo, sus gestiones no lograron persuadir al gobierno de facto para que aceptara el Acuerdo de San José y facilitara de esa forma una salida negociada y pacífica a la crisis política. La OEA, o la mayoría de los países miembros, deberán adoptar nuevas medidas de presión para doblegar a Micheletti y su grupo golpista. De hecho, ya han empezado a hacerlo. Brasil ha establecido un riguroso régimen de requisitos para otorgar visados a los ciudadanos hondureños que deseen visitar ese país. Estados Unidos, Ar- gentina, Uruguay, Paraguay, Chile y Costa Rica han expulsado o rechazado a los diplomáticos hondureños afines al golpe de Estado. El círculo se cierra cada vez más, mientras Micheletti, entre desesperado y acosado, se vuelve más desafiante y altanero.

En un intento por ganar tiempo y hacer señales de cierta flexibilidad, el go- bierno golpista presentó su propia propuesta a la OEA y al presidente costa- rricense Oscar Arias. Se trataba de articular la renuncia de Micheletti y la de Zelaya junto a la posibilidad de que el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Jorge Rivera, asumiera la presidencia de la República en forma temporal para garantizar el proceso electoral y un gobierno interino de tran- sición que concluiría en enero del 2010. Es la fórmula de la llamada “terce- ría”, la búsqueda de un tercero para resolver la crisis política por encima de Micheletti y Zelaya, los dos primeros en discordia.

La maniobra fracasó porque ni la OEA ni Arias la consideraron como fórmu- la viable de solución. Todos señalaron su contradicción con la esencia del Acuerdo de San José al evadir el retorno de Zelaya al sillón presidencial. El Propio Zelaya comentó: “mis aliados de América del sur (Cristina Kirchner, Lula da Silva y Michelle Bachelet, entre otros) me han advertido que si ne- gocio la presidencia me quitarán inmediatamente el apoyo que me han brin- dado hasta ahora. Mi retorno a la presidencia es innegociable”.

En un gesto tardío y casi melodramático, Micheletti anunció que retiraba su “generosa oferta” de renunciar a la presidencia y abandonaba la idea de la

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