Las creencias que acabamos de examinar son de naturaleza manifiestamente religiosa; ya que implican una clasificación de las cosas en sagradas y profanas. Sin duda, no se trata aquí de seres espirituales, y, en el curso de nuestra exposición, no hemos tenido que pronunciar las palabras espíritus, genios, personalidades divinas. Pero sí, por esta razón, algunos escritores de los que tendremos, por otra parte, que volver a hablar, se han negado a ver en el totemismo una religión, es porque se han hecho una noción inexacta del totemismo.
Por otra parte, estamos seguros de que esta religión es la más primitiva que se pueda observar actualmente, y aún, con toda verosimilitud, que haya existido jamás. Es, en efecto, inseparable de la organización social basada en los clanes. No solamente, como lo hemos mostrado, se la puede definir sólo en función de esta última, sino que es improbable que el clan, bajo la forma que tiene en una gran cantidad de sociedades australianas, haya podido existir sin el tótem. Pues los miembros de un mismo clan no están unidos unos con otros por la comunidad del hábitat ni por la de la sangre, ya que no son necesariamente consanguíneos y a menudo están dispersos en puntos diferentes del territorio tribal. Su unidad resulta, pues, únicamente, de que tienen un mismo nombre y un mismo emblema, de que creen mantener las mismas relaciones con las mismas categorías de cosas, de que practican los mismos ritos, es decir, en definitiva, de que comulgan en el mismo culto totémico. Así el totemismo y el clan, en tanto, al menos, este último no se confunda con el grupo local, se implican mutuamente. Pues, la organización basada en clanes es la más simple que conocemos. Existe, en efecto, con todos sus elementos esenciales, desde que la sociedad comprende dos clanes primarios; en consecuencia, no podría haber nada más rudimentario en tanto no se hayan descubierto sociedades reducidas a un solo clan, y hasta el presente, no creemos que se hayan encontrado rastros de ellas. Una religión tan estrechamente solidaria del sistema social que supera a todos en simplicidad, puede considerarse la más elemental que podamos conocer. Si, pues, llegamos a encontrar los orígenes de las creencias que acabamos de analizar, tenemos la posibilidad de descubrir al mismo tiempo las causas que hicieron surgir el sentimiento religioso en la humanidad.
Pero antes de tratar este problema, conviene que examinemos las soluciones más importantes que se le hayan propuesto.
Encontramos primero a un grupo de sabios que han creído poder explicar al totemismo derivándolo directamente de una religión anterior.
Para Tylor549 y Wilken550, el totemismo sería una forma particular del
culto de los antepasados; es la doctrina, ciertamente muy extendida, de la transmigración de las almas, que habría servido de transición entre estos dos sistemas religiosos. Gran cantidad de pueblos creen que el alma, después de la muerte, no permanece eternamente desencarnada, sino que vuelve a animar nuevamente algún cuerpo vivo; por otra parte, “como la psicología de las razas inferiores no establece ninguna línea de demarcación definida entre el alma de los hombres y el alma de los animales, admite fácilmente la transmigración del alma humana al cuerpo de animales”551. Tylor cita algunos de estos casos552. En
estas condiciones, el respeto religioso que inspira el antepasado, se transporta naturalmente al animal o a la planta con la cual se confunde en adelante. El animal que sirve así de receptáculo a un ser venerado llega a ser, para todos los descendientes del antepasado, es decir para el clan que ha nacido de él, una cosa santa, objeto de un culto, en una palabra un tótem.
Los hechos señalados por Wilken en las sociedades del archipiélago malayo, tenderían a probar que las creencias totémicas han nacido de este modo. En Java, en Sumatra, se honra particularmente a los cocodrilos; se ve en ellos a benevolentes protectores que está prohibido matar; se les hacen ofrendas. Pues, el culto que así se les rinde proviene del hecho de que se cree que encarnan almas de antepasados. Los malayos de las Filipinas consideran al cocodrilo como su abuelo; el tigre es tratado de la misma manera y por las mismas razones. Entre los bantús se han observado creencias análogas553. En Melanesia,
sucede a veces que, cuando un hombre influyente está por morir, anuncia su voluntad de reencarnarse en tal animal o tal planta; se explica que el objeto cualquiera, que él elige así como su residencia póstuma, llegue a ser luego sagrado para toda su familia554. Bien lejos pues de constituir un hecho primitivo,
el totemismo sería producto de una religión más compleja que lo habría precedido555.
Pero las sociedades de las que se toman estos hechos han llegado ya a una cultura bastante elevada; en todo caso, han superado la fase del totemismo. En ellas hay familias, no clanes totémicos556. Aun la mayoría de los animales a los
549 Civilisation Primitive, I, p. 465, II, p. 305; “Remarks on Totemism, with special reference to some modern
theories concerting it”, en J. A. I., XXVIII y I de la nueva serie, p. 138.
550 Het Animisme bij den Volken van den indischen Archipel, pp. 69-75. 551 Tylor, Civilisation Primitive, II, p. 8.
552 Tylor, ibíd, pp. 8-21.
553 G. McCall Theal, Records of South/Eastern Africa, VII. Sólo conocemos este trabajo por un artículo de
Frazer, “South African Totemism”, aparecido en Man, 1901, n° 111.
554 Codrington, The Melanesians, pp. 32-33, y carta personal del mismo autor citada por Tylor en J. A. I., XVIII,
p. 147.
555 Esta es también, con algunos matices, la solución adoptada por Wundt (Mythus und Religion, II, p. 269). 556 Es cierto que, para Tylor, el clan no es más que una familia ampliada; en consecuencia, lo que puede decirse
de uno de estos grupos se aplica en su pensamiento al otro (J. A. I., XXVIII, p. 157) Pero esta concepción es de las más dudosas; el clan sólo supone al tótem, que solamente cobra sentido en y por el clan.
que se han rendido así honores religiosos son venerados, no por grupos familiares determinados, sino por tribus enteras. Si, pues, estas creencias y estas prácticas no pueden no relacionarse con antiguos cultos totémicos, ahora los representan sólo bajo formas alteradas557 y, en consecuencia, no son apropiadas
para revelarnos sus orígenes. Pues no es considerando una institución en plena decadencia, como se puede llegar a comprender cómo se ha formado. ,Si se quiere saber cómo ha nacido el totemismo, no hay que observar ni a Java, ni a Sumatra, ni a Melanesia: es a Australia. Pues aquí no existe el culto a los muertos558 ni la doctrina de la transmigración. Sin duda, se cree que los héroes
míticos, fundadores del clan, se reencarnan periódicamente; pero exclusivamente en cuerpos humanos; cada nacimiento, como veremos, es producto de una de estas reencarnaciones. Si, por lo tanto, los animales de la especie totémica son objeto de ritos, no es porque se crea que en ellos residen las almas ancestrales. Es cierto que estos primeros antepasados se representan a menudo bajo forma animal, y esta representación, que es muy frecuente, es un hecho importante del cual tendremos que dar cuenta; pero no es la creencia en la metempsicosis la que puede haberla hecho surgir, ya que es desconocida en las sociedades australianas.
Por otra parte, bien lejos de explicar el totemismo, esta creencia supone por sí misma uno de los principios fundamentales sobre los que él está basado; es decir, que ella da por supuesto lo mismo que hay que explicar. Igual que el totemismo, en efecto, ella implica que el hombre se concibe como un pariente cercano del animal; pues si estos dos reinos se distinguieran netamente en los espíritus, no se creería que el alma humana puede pasar del uno al otro con tanta facilidad. También es necesario que el cuerpo del animal se considere como su verdadera patria, ya que se cree que se dirige allí desde que ha retomado su libertad. Pero si bien la doctrina de la transmigración postula esta singular afinidad, no la explica de ningún modo. La única razón que de ella da Tylor es que el hombre, a veces, recuerda ciertos rasgos de la anatomía y de la psicología del animal. “El salvaje, dice, observa con un asombro simpático los rasgos semihumanos, las acciones y el carácter de los animales. ¿Acaso el animal no es la encarnación misma, si podemos expresarnos de este modo de cualidades familiares al hombre: y cuando aplicamos, como epíteto, el nombre de león, oso, zorro, búho, papagayo, víbora, gusano a ciertos hombres, no resumimos en una palabra, algunos rasgos característicos de una vida humana”559? Pero se
encuentran, en efecto, estas semejanzas, son inciertas y excepcionales; el hombre se parece ante todo a sus padres, a sus compañeros, y no a plantas o a animales. Analogías tan raras y dudosas no podrían triunfar sobre evidencias tan concordantes, ni inducir al hombre a pensarse a sí mismo y a sus antepasados bajo formas que contradicen todos los datos de la experiencia cotidiana. El 557 En el mismo sentido, A. Lang, Social Origins, p. 150.
558 Ver más arriba, p. 66.
problema permanece, pues, íntegro, y en tanto no se resuelva decir que el totemismo esté explicado560.
En fin, toda esta teoría está basada sobre un desprecio fundamental. Para Tylor como para Wundt, el totemismo sólo sería un caso particular del culto a los animales561. Sabemos, al contrario, que debemos ver en él otra cosa muy
distinta que una especie de zoolatría562. De ningún modo se adora allí al animal;
el hombre es casi su igual y a veces hasta dispone de ellos como de cosa propia, lejos de estarle subordinado como un fiel a su dios. Si verdaderamente se creía que los animales de la especie totémica encarnaban a los antepasados, no se hubiera dejado a los miembros de los clanes extranjeros consumir libremente su carne. En realidad, no es al animal como tal al que se dirige el culto, es al emblema, a la imagen del tótem. Pues, entre esta religión del emblema y el culto de los antepasados, no existe ninguna relación.
Mientras que Tylor reduce el totemismo al culto de los antepasados, Jevons lo relaciona con el culto a la naturaleza563 y lo deriva del siguiente modo.
Una vez que el hombre, bajo la impresión de sorpresa que le causaron las irregularidades comprobadas en el curso de los fenómenos, hubo poblado el mundo de seres sobrenaturales564, sintió la necesidad de entenderse con las
fuerzas temibles con las que se había rodeado. Para no ser aplastado por ellas, comprendió que el mejor modo era aliarse con algunas y asegurarse así su apoyo. Pero, en esta fase de la historia, no se conocía otra forma de alianza y de asociación que la que resulta del parentesco. Todos los miembros de un mismo clan se asisten mutuamente porque son parientes o, lo que es lo mismo, porque se consideran como tales; al contrario, los clanes diferentes se tratan como enemigos porque son de sangre diferente. La única manera de ganarse el apoyo de los seres sobrenaturales era, pues, adoptarlos como parientes y hacerse 560 12 Wundt, que ha retomado, en sus líneas esenciales, la teoría de Tylor, ha tratado de explicar de otro modo
esta relación misteriosa del hombre y del animal; la idea se la habría sugerido el espectáculo del cadáver en descomposición. Viendo los gusanos que escapan del cuerpo, se habría creído que el alma estaba encarnada allí y se escapaba con ellos. Los gusanos y, por extensión, los reptiles (serpientes, lagartos, etc. ) serían, pues, los primeros animales que habrían servido de receptáculos a las almas de los muertos, y, en consecuencia, habrían sido, igualmente, los primeros en venerarse y en desempeñar el papel de tótems. Sólo más tarde se habrían elevado a la misma dignidad a otros animales y aun a plantas y objetos inanimados. Pero esta hipótesis no esta basada tampoco en un comienzo de prueba Wundt afirma (Mythus und Religion, II, p. 269) que los reptiles son tótems mucho más extendidos que los otros animales; de donde concluye que son los más primitivos. Pero nos es imposible darnos cuenta lo que puede justificar esta aserción en cuyo apoyo el autor no aporta ningún hecho. De las listas de tótems levantadas, ya sea en Australia o en América, no surge de ningún modo que una especie animal cualquiera haya desempeñado en alguna parte un papel preponderante. Los tótems varían de una región a otra según el estado de la fauna y de la flora. Sí, por otra parte, hubiera sido tan estrechamente limitado el radio original de los tótems, no se ve cómo el totemismo habría podido satisfacer el principio fundamental, en virtud del cual dos clanes o subclanes de una misma tribu deben tener dos tótems diferentes.
561 “A veces se adora a ciertos animales, dice Tylor, porque se los ve como la encarnación del alma divina de
los antepasados; esta creencia constituye una especie de enlace entre el culto rendido a los manes y el culto rendido a los animales” (Civilisation Primitive, II, p. 305; cf. 308 in fine.) Del mismo modo, Wundt presenta al totemismo como una sección del animalismo (II, p. 234).
562 Ver más arriba, p. 143.
563 Introduction to the history of Religion, p. 96 y siguientes. 564 Ver más arriba, p. 33.
adoptar por ellos en la misma calidad: los procedimientos bien conocidos del
blood-covenant permitían alcanzar fácilmente este resultado. Pero como en este
momento el individuo no tenía aún personalidad propia, como sólo se veía en él a una parte cualquiera de su grupo, es decir de su clan, el clan en su conjunto, y no el individuo, contrajo colectivamente este parentesco. Por la misma razón, lo contrajo, no con un objeto en particular, sino con el grupo natural, es decir con la especie, de la cual formaba parte este objeto: pues el hombre piensa al mundo como se piensa a sí mismo y, del mismo modo que no se concebía entonces separado de su clan, no podría concebir una cosa separada de la especie a la cual pertenece. Pues, una especie de cosas que está unida a un clan por vínculos de parentesco es, dice Jevons, un tótem.
Es cierto que, en efecto, el totemismo implica una estrecha asociación entre un clan y una categoría determinada de objetos. Pero que, como lo quiere Jevons, esta asociación se haya contraído con un propósito deliberado, con una conciencia plena del fin perseguido, parece poco de acuerdo con lo que nos enseña la historia. Las religiones son cosas complejas, responden a demasiado múltiples y demasiado oscuras necesidades para que puedan tener su origen en un acto bien reflexivo de la voluntad. Por otra parte, al mismo tiempo que peca por exceso de simplismo, esta hipótesis está llena de inverosimilitudes. Se dice que el hombre habría buscado asegurarse el apoyo de los seres sobrenaturales de los que dependen las cosas. Pero entonces hubiera debido dirigirse preferentemente a los poderosos de entre ellos, a aquellos cuya protección prometía ser la más eficaz565. Pero, al contrario, los seres con los que ha
entablado este parentesco místico se encuentran a menudo entre los más humildes que existen. Por otra parte, si verdaderamente no se tratara más que de hacer aliados y defensores, se habría tratado de tener la mayor cantidad posible; pues no se creería estar demasiado bien defendido. Sin embargo, en realidad, cada clan se contenta sistemáticamente con un solo tótem, es decir con un solo protector, dejando a los otros clanes que gocen del suyo con toda libertad: cada grupo se encierra rigurosamente en el dominio religioso que le es propio sin tratar nunca de usurpar el de los vecinos. Esta reserva y esta moderación son ininteligibles en la hipótesis que examinamos.
II
Todas estas teorías han cometido, por otra parte, el error de omitir un problema que domina toda la cuestión. Hemos visto que existen dos tipos de totemismo: el del individuo y el del clan. Entre uno y otro hay un parentesco demasiado evidente como para que no exista entre ellos alguna relación. Podemos, pues, preguntarnos, si uno no ha derivado del otro y, en caso de respuesta afirmativa, cuál es el más primitivo; según la solución que se adopte, 565 Es lo que el mismo Jevons reconocía: “Se puede presumir, dice, que en la elección de un aliado, el hombre
el problema de los orígenes del totemismo se planteará en términos diferentes. El problema se impone tanto más cuanto que ofrece un interés muy general. El totemismo individual es el aspecto individual del culto totémico. Si, pues, él es el hecho primitivo, hay que decir que la religión ha nacido en la conciencia del individuo, que responde ante todo a aspiraciones individuales, y que sólo secundariamente ha tomado una forma colectiva.
El espíritu simplista, en el cual aún se inspiran demasiado a menudo etnógrafos y sociólogos, debía naturalmente conducir a cantidad de sabios a explicar, aquí como en otras partes, lo complejo por lo simple, el tótem del grupo por el del individuo. Tal es, en efecto, la teoría sostenida por Frazer, en su
La rama dorada566 por Hill Tout567, por Miss Fletcher568, por Boas569 y por
Swanton570. Tiene la ventaja, por otra parte, de estar de acuerdo con la
concepción que corrientemente se tiene de la religión: se ve en ella por lo general a una cosa íntima y personal. Desde este punto de vista, el tótem del clan no puede ser, pues, más que un tótem individual que se habría generalizado. Un hombre eminente, después de haber experimentado el valor de un tótem que había elegido libremente, lo habría transmitido a sus descendientes: éstos, multiplicándose con el tiempo, habrían terminado por formar esa familia extensa que es el clan, y así el tótem habría llegado a ser colectivo.
Hill Tout ha creído encontrar una prueba en apoyo de esta teoría, en la forma en que el totemismo es entendido por ciertas sociedades del Noroeste americano, sobre todo por los Salish y los indios del río Thompson. En estos pueblos, en efecto, se encuentran el totemismo individual y el totemismo de clan; pero o bien no coexisten en una misma tribu, o bien, cuando coexisten, están desarrollados en forma desigual. Varían en razón inversa uno del otro: allí donde el tótem de clan tiende a ser la regla general, el tótem individual tiende a desaparecer, e inversamente. ¿No quiere decir esto que el primero es una forma más reciente del segundo y que lo excluye reemplazándolo571. La mitología
parece confirmar esta interpretación. En estas mismas sociedades, en efecto, el antepasado del clan no es un animal totémico: al contrario, se representa generalmente al fundador del grupo con los rasgos de un ser humano que, en un momento dado, habría entrado en relaciones y en comercio familiar con un animal fabuloso de quien habría recibido su emblema totémico. Este emblema, con los poderes especiales que se le atribuyen, habría pasado luego a los descendientes de este héroe mítico por derecho de herencia. Estos pueblos 566 2ª ed, III, p. 4126 y sig.; ver especialmente p. 419, n° 5. En artículos más recientes, que serán analizados más