Lo cotidiano de la violencia en la adolescente primigesta puede parecer invisible o tornarse visible para la familia y sociedad. Cuando no es orientada la adolescente y crece con las marcas de la violencia (física, psicológica y sexual) se asegura que esta persona consciente o inconscientemente descargará todos los sentimientos generados contra quienes estén en su entorno, pareja e hijos.
La violencia es un fenómeno cultural y de tradición heredado de la crianza y trato que recibió la adolescente primigesta en su niñez, lo que se ve reflejado en las siguientes narrativas.
“…Cuando era niña jugaba en la calle con mis hermanos y amigos. Un día nos quedamos hasta altas horas de la noche, vino mi papá y nos pegó con una soga. Él decía que esa es la forma de corregir a los hijos porque a él también lo han criado igual.”
(Carmen).
“…De niña vivía con mis padres, ellos siempre discutían y peleaban hasta que se separaron cuando yo tenía 10 años, luego mi mamá tuvo otro compromiso, yo no estuve de acuerdo con esta relación en ningún momento, mi padrastro nos maltrataba a todas mis hermanas y ahora mi conviviente me golpea casi todos los días (Fátima).
59 Heipe, referido en Hall y Weaber (1990), indica que el 30 a 60% de los padres que fueron golpeados siendo niños(as) tratan a sus hijos de la misma forma violenta.
Las adolescentes que provienen de familias disfuncionales y de familias extendidas, viven situaciones estresantes que agravan aún más la inestabilidad familiar existente en sus nuevos hogares, alejándose del modelo de familia ideal.
Así como se da la violencia social y política, las adolescentes viven la violencia cotidiana al interior de sus familias, sufren actos de violencia por parte de su conviviente u otros familiares cercanos. En el grupo de estudio se identifica a la violencia psicológica como la más común, seguida de la violencia física y sexual. La violencia psicológica es difícil de identificar porque no se observa, es provocada generalmente por los convivientes y familiares de las adolescentes, se manifiesta a través de expresiones de rechazo, falta de afecto y atención; también se produce verbalmente por medio de insultos, amenazas o gritos, En las siguientes narrativas las adolescentes muestran aquellas actos y actitudes que envuelven las marcas de la violencia.
“…Cada vez que discuto con mi pareja, siempre me reclama lo mismo, que no me encontró virgen, pero yo le conté que me violaron cuando tuve 13 años. Él no me cree y me dice que no me quiere, siempre discutimos y terminamos jalándonos los pelos”. (Fátima)
“Cada vez que mi marido llega a la casa para almorzar me dice eres una mongola, una inútil, no sabes hacer nada, tienes que aprender a cocinar, yo también le grito y a veces le tiro con lo que encuentro a la mano (cucharón, zapatos…)”. (Carmen)
60 “Últimamente mi marido me dice que no debería quedar embarazada, al escuchar esto mis hermanos salen a gritarlo para que me deje en paz y él se defiende diciendo que toda la culpa lo tengo yo, haciéndose el inocente, si supieran como es él; ahora me doy cuenta lo malo que es conmigo, pero yo no me dejo, también le respondo y le tiro con lo que tengo (ollas, cucharones)”. (María Rosa)
“Mis cuñadas me hacen la vida imposible por un par de sandalias, peleamos porque yo me puse sus sandalias de una de ellas y me dijo sinvergüenza, yo le dije que ¡NO!, porque a mí me mantiene mi marido, cuando él llega le cuentan todo a su favor, él les cree a ellas y no a mí, pero yo no me dejo, nos jalamos los pelos y nos tiramos escobazos”. (Irma)
El problema entre parejas comienza cuando uno de ellos se siente disgustado por las cosas que hace el otro, lo que hace que recurra a la crítica y al enfrentamiento con su pareja, a su vez aumenta la posibilidad de una actitud defensiva y de bloqueo.
Evidenciamos a través de las discursante el escaso control de las emociones. Cuando las parejas se enojan rápidamente pierden el control, percibiendo cualquier hecho con hostilidad, según refleja el estudio; la mujer es la que menos capacidad de tolerancia tiene, generando en el entorno familiar un ambiente negativo y poco gratificante. Goleman (1998: 164,165) dice: “La inclusión de nuevas personas en la vida conyugal de las adolescentes ocasiona también violencia”.
Vivimos en una sociedad que prima lo tecnológico y cognitivo, frente a lo emocional y afectivo, descuidando el desarrollo emocional tan necesario para afrontar la compleja realidad en la que vivimos. Considero necesario que se tiene que aprender a manejar las emociones y aprender otras formas de establecer relaciones tanto públicas como privadas. Villaseñor M y Castañeda J, sugieren que el problema de la violencia se
61 debe abordar desde la construcción de nuevos patrones de relacionamiento social, reconociendo y aceptando la diversidad y pluralidad de géneros.
También la violencia sexual está presente en un gran número de adolescentes entrevistadas, aunque es invisible y no se manifiesta, pero este hecho deja huellas imborrables que están presentes en todo momento de su vida, manifestado en los siguientes testimonios:
“…Mi mamá siempre me mandaba a ayudarle a mi tío a envolver condimentos, porque ella también vendía. Fue una mañana que estábamos envolviendo los condimentos y le dijo a mi tía que se vaya a vender, después me invitó una gaseosa sin saber que tenía droga, me desperté en su cama y me di cuenta que estaba sangrando porque me había violado, nunca imaginé esto y mucho menos de mi tío, quien me hizo tanto daño”. (Fátima)
“Un día mi mamá se fue con su suegra a vender patos, yo tenía 8 años y mi hermanita 9 meses. Mi padrastro cerró el cuarto con llave, me tapó la boca con un pañuelo y delante de mi hermanita me violó, me dijo: si hablas, lo mato a tu mamá y hermanita”. (Flor)
De igual forma Rossmery: “Al ver mi tío que me quedaba solita abusó de mí en mi propia casa., me agarró a la fuerza, me tapó la boca y me amenazaba que si yo hablo mataría a mis padres, ahora estoy embarazada por su culpa de él y lo peor es que no puedo seguir estudiando”.
En su mayoría no denuncian porque dicen:
“No lo denunciamos porque mi tío me amenazó que me iba a matar si hablaba, pero un día le conté a la profesora y ella le dijo a mi mamá, me dijeron para denunciarlo pero yo le dije que iba a pasar vergüenza y que todos se iban a enterar, no hicimos nada”. (Fátima)
62 “Yo nunca conté a nadie lo que me había pasado, porque cuando yo tenía ocho años mi mamá lo defendía a mi padrastro, a mi no me creía, cuando tuve doce años mi mamá se vuelve a comprometer y también me violó, ahora él conviviente de mi mamá está preso porque lo encontraron robando”.(Flor)
Denunciar la violencia significa romper el paradigma del silencio, es cuestionar su legitimidad y naturalidad. Sin embargo, la denuncia de la violencia es una realidad escasamente vivida, los argumentos relativos al sistema influyen en la víctima para que la mujer adolescente no denuncie al agresor permaneciendo ésta en las cifras negras. Por lo general las mujeres maltratadas de menores recursos económicos son más visibles debido a que buscan ayuda en las entidades estatales y figuran en las estadísticas. Suelen tener menores inhibiciones para hablar de este problema, al que muchas veces consideran "normal" en su cotidiano vivir. Sin embargo las mujeres con mayores recursos buscan apoyo en el ámbito privado; cuanto mayor es el nivel social y educativo de la víctima, sus dificultades para develar el problema son mayores. Se halla una bipolaridad frente al mismo problema con los mismos actores sociales pero en diferentes contextos.
En la vida cotidiana de las adolescentes no sólo se manifiesta la violencia como un fenómeno cultural, sino como un hecho de carácter económico y social. De allí que se debe considerar otros aspectos sistémicos que estructuran la violencia intrafamiliar como la pobreza, expresada en el desempleo. En su totalidad las adolescentes entrevistadas no tienen un trabajo remunerado, generando una relación de dependencia con el marido, siendo el ingreso mensual inferior a un sueldo mínimo vital (550 nuevos soles, 2008), esto hace que las adolescentes toleren actitudes androcéntricas, agresivas, violentas y celos.
63 Las adolescentes relatan lo siguiente:
“Cuando me comprometí fuimos a vivir con la familia de mi pareja, donde no contaban con agua, luz ni desagüe, siempre tenía que ir sola a traer el agua, cada vez que le pedía a él que me ayude a cargar el balde con agua me contestaba que soy una inútil, una mongola y que para eso sirven las mujeres para trabajar en la casa, por el hecho que él me mantiene tengo que soportar todo”. (Carmen)
“…Siempre me dice mi marido que cuando nazca su hijo quiere que sea varón y no mujer, porque los varones son más fuertes, pueden cuidarse solos y no le suceda igual que a mí, que soy una inútil”. (Fátima)
Villaseñor y Castañeda (2003) sustenta que los motivos del hombre para ejercer violencia son expresión de la naturaleza viril, espacio de construcción de la hombría, manifestación del poder, estrategia de empoderamiento, mecanismos para satisfacción.
Cabe indicar que la identidad de género no sólo expresa las concepciones propias de una cultura y de una época; sino que actúa como legitimadora de cierto tipo de relaciones sociales de poder. Por el hecho de ser etiquetado como hombre o mujer, cada sujeto es colocado dentro de una categoría social, a la que corresponden papeles, obligaciones, derechos, etc. Este ordenamiento adjudica mayor valor a la categoría masculina y le confiere derechos sobre la categoría femenina. De este modo, la identidad masculina no es únicamente una manera de vivir, de cumplir ciertos roles como el reproductivo, sino el símbolo de un sistema de jerarquías sociales en la cual los varones ejercen poder sobre las mujeres. La simbolización de la masculinidad va asociada al poder y a la autoridad.
64 Se plantea que la violencia no solo es un problema del plano familiar, sino que la violencia y sus diferentes manifestaciones se arraigan en los atributos de la sociedad, la que modela el perfil del agresor.
Teniendo como base los testimonios, se sugiere que el problema de la violencia se debe abordar desde la construcción de nuevos patrones de relacionamiento social, reconociendo y aceptando la diversidad y pluralidad de los géneros.
El embarazo en su mayoría de las adolescentes no es planificado, por lo que la adolescente adopta diferentes aptitudes que dependerán de su historia personal, del contexto familiar, social y de la etapa en que se encuentra, como se manifiesta en los testimonios:
“Cuando mi papá se enteró que estaba embarazada me pegaba en mi barriga, me decía que lo aborte porque no tiene recursos para mantener dos bocas, yo le decía que si lo voy a tener y más me pegaba”. (Carmen)
“Mi papá se enteró de mi embarazo cuando yo tenía 2 meses de gestación, me dijo que lo aborte porque soy una niña y va afectar mis estudio. Pero mi tía le dijo que es pecado, que no faltará un plato de comida en su casa y que no lo aborte porque el niño no tiene la culpa”. (Lita)
“Mi madre lloró mucho, se desmayó cuando se enteró de mi embarazo, ella me dijo: ¿ahora qué va hacer de tus estudios? yo le dije: una vez que nazca mi hijo seguiré estudiando para ser algo en la vida”. (Rossmery)
Observamos que la madre se constituye en mediadora entre la adolescente y su familia. En un inicio no aceptan fácilmente los padres, pero a medida que el embarazo avanza, la adolescente realiza cambios en sí
65 misma y su comportamiento, se ajusta progresivamente a las expectativas familiares. Corroborando esta afirmación, E. González (1,984: 36) manifiesta que laactitud de la familia es mayoritariamente de rechazo total al inicio del embarazo, modificándose a positiva, en la mitad de aquellas, al finalizar el embarazo. Sin embargo se mantiene negativa en el 44% de los casos, lo que se traduce en falta de apoyo y comprensión para sus hijas en momentos tan difíciles, carencia afectiva y escasa práctica de comunicación, lo que involucra relaciones interpersonales defectuosas, con carencias en la satisfacción de necesidades básicas limitando las oportunidades de acceso a la educación, salud y empleo; a las mujeres las hace vulnerables a hechos violentos y amenaza la consolidación de los procesos sociales de democratización y el fomento de la equidad como principio fundamental para alcanzar cambios en las relaciones sociales.
Según Maffesoli (1994:28) indican que no hay un valor (moral, intelectual, religioso) único al cual cada uno se debe inclinar, pero al contrario, un pluralismo de apreciación, una diversidad de opiniones; asimismo lo que importa más es la dinámica relacional, comunicacional del aspecto dominante de la ideología. Existen actitudes de un inmoralismo ético, prácticas que son inmorales, desde el punto de vista de la moral dominante. La mafia, por ejemplo, es inmoral en relación a la moral circundante, pero tiene una ética… Algunas veces la moral universal predomina, otras veces proliferan las particularidades, las varias éticas.
La autora indica que la adolescente, por su mismo estado de confrontaciones entre el ser y querer ser, se ubica en una trama de decisiones porque al no existir pautas que sincronicen su actuar en el medio social en el que se encuentra, ésta opta por lo sutil, trivial, conllevando a un embarazo a temprana edad; siendo éste un medio de desahogo a sus criterios ideológicos, los cuales estigmatizan su cotidiano vivir.
66 Otra característica de la adversidad de lo cotidiano de la violencia de la adolescente es
1.2. La duplicidad y la máscara como medios de protección