3.4 Comparisons of the three algorithms
3.4.2 Results of the simulation study
Acerquémonos a uno de los complejos político-cronológicos que nos mueve, el Franquismo. España vivió durante cerca de mitad del siglo XX bajo la esfera de un régimen político totalitario, encabezado por Francisco Franco Bahamonde, más concretamente entre 1936/1939 y 1975/1977. Podemos situar, temporalmente, la génesis de lo que irá a ser el Nuevo Estado a principio de los años de 1930, en el momento de la fundación del período La Conquista del Estado, que vehiculaba una característica ideológica distinta de los demás, con una lógica de intervención cívica apelando a la violencia243. En consecuencia de la agitación de diversos
espíritus, con un golpe militar se derrumba un gobierno republicano, legítimamente elegido. Sin embargo, negando esta evidencia y oponiéndose una argumentación desprovista de cualquier lógica que la permita sostener, Franco justificará, legitimando el golpe de estado nacionalista: «En 1936 había quebrado la legalidad republicana al convertirse el mismo Poder en promotor de la más radical subversión de los derechos fundamentales.»244
Estábamos a 18 de Julio de 1936 cuando se inicia el Alzamiento Nacional y estalla la Guerra, que perdurará hasta 1939, oponiendo republicanos (elegidos por sufragio) contra los autodenominados nacionalistas, que van a justificar el conflicto, como hemos visto anteriormente, como profilaxis para una posible revuelta de la izquierda comunista en el país245. El conflicto civil246 en algunos números, centenas de
243
FERNÁNDEZ, 1954: 32. De la fusión verificada en 1931 del grupo de extremistas de derecha liderados por Ramiro Ledesma Ramos, responsable de la publicación La Conquista del Estado, con las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, lideradas por Onésimo Redondo, nacieron las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, JONS. En 1933, las JONS se unieron a la Falange. Cf. CENARRO, 2006: 1. En relación a la represión y violencia utilizadas por el reciente régimen, «els diferents sectors de l’aparell franquista coincidien en la utilització de la repressió per assegurar la disciplina social; les diferències estaven en què per alguns calia combinar coacció i persuasió, per a què un projecte polític fós digne de tal nom». MOLINERO, 2005b: 41.
244 FRANCO, 02.10.1961: 39. 245 Cf. MOLINERO, 2005b: 36.
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miles de muertos, aproximadamente 150.000 exilados definitivos y, evidentemente como en cualquier conflicto intramuros, fracturas entre españoles de muy difícil y morosa superación247. Discurso Franco sobre la contienda:
«La victoria nacional no fue la victoria de un partido ni de una clase. La victoria nacional fue la victoria de España sobre la decadencia (aplausos), la victoria transcendental de todas las clases y las tierras de España, contra los lazos que la aprisionaban.»248
Y además de la victoria de la facción sublevada, se regocija de la presunta autosuficiencia de las fuerzas militares nacionalistas:
«Si en el campo rojo fueron necesarios los internacionales para encuadrar y sostener un ejército que sin ellos se hubiera derrumbado, en el campo nacional nos sobraban hombres y los extranjeros sólo representaron la presencia simbólica a nuestro lado de los países anticomunistas.»249
Por muy lejos de la realidad que esta lectura de Franco se sitúe, la verdad es que con su victoria, Franco asumirá el poder en España, habiendo sido nombrado Generalísimo el 21.09.1936, consubstanciándose por la ley de 08.08.1939, la concentración en el jefe de Estado «de modo permanente las funciones de gobierno, sus disposiciones y resoluciones [que] adoptan la forma de leyes o decretos, y podrán dictarse aunque no vayan precedidas 246
La «Cruzada», como le apodó la Iglesia Católica española, particularmente Pla y Deniel, obispo de Salamanca en 1937, que se constituye en uno de los principales defensores de esta campaña militar con el concepto medieval de cruzada. Nos esclarece Julián Casanova que «lo denominaron cruzada, cuando en realidad lo que había detrás de ese bando “nacional” era una amplia “coalición reaccionaria”, autoritaria, cuyos componentes se empeñaron en asaltar el poder con el brazo ejecutor del ejército, para destruir a los “enemigos” internos y externos, para defender el orden social de los propietarios y crear una sociedad que de entrada llamaban “nueva”, aunque después se pudo comprobar que no lo era tanto.» CASANOVA, 2005: 60. Entre una amplísima bibliografía, véase: OLIVEIRA, 1987; PAYNE, 2006.
247 Entre la amplísima bibliografía, véase: JULIÁ, 1999, y, más recientemente PRESTON, 2011. 248 FRANCO, 19.06.1950: 3.
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de la deliberación del Consejo de Ministros». Así, precisamente en el transcurso de este conflicto, Francisco Franco se ve catapultado como jefe único de los destinos de España, abriéndose el camino para el poder personal de un español sobre todos los demás, eternizando la dictadura franquista en su persona hasta la muerte, un régimen autoritario-fascista de cariz nacional-sindicalista. Franco corporizará las cuatro principales jefaturas políticas, la del Estado, la del Partido, la del Ejército y la del Gobierno250.
Con el paso de los primeros años de este nuevo régimen se consolidan las estructuras políticas y administrativas: en 1937, tanto la Junta Política, como el Consejo Nacional del Movimiento toman cuerpo. La Junta se compone de 12 miembros cuyos propósitos pasan por el estudio de problemas que puedan alcanzar el Movimiento, apoyo al Jefe Nacional, siendo mensual su reunión obligatoria; el Consejo dispone de una estructura institucional más grande, con 25 a 50 miembros indicados directamente por Franco251. En contexto de los varios regímenes
dictatoriales coexistentes en Europa de esta época, segunda mitad de la década de 1930252, el Franquismo – como todos los demás regímenes, aunque con particularismos – recurre a la fuerza física, a la intimidación y persecución, cuenta con la conformación inspirada por el temor, bien como con la prisión política de opositores del Nuevo Estado, edificando un fuerte aparato represivo y de contención de cualquier posible foco de amenaza a la
250
Una vez que en el régimen dictatorial de Franco, el espacio político es más exiguo, las Cortes (Parlamento) fueron cerradas, siendo reabiertas en 1942, a raíz de la inversión de tendencia aparentemente hegemónica y sin retorno de las potencias del Eje, en la Segunda Guerra Mundial, aunque mucho más coartadas en su verdadera influencia política.
251
A título de ejemplo, y teniendo presente alguna volatibilidad en las posiciones y en los campos políticos que acompañaron a las personalidades siguientes, se apuntan algunos de los primeros titulares del Consejo Nacional: Pilar Primo de Rivera (Falange), Raimundo Fernández Cuesta (Falange), Mercedes Sanz Bachiller (JONS), Dionisio Ridruejo Jiménez (Falange), Ramón Serrano Suñer (Confederación Española de Derechas Autónomas, CEDA, de 1937 convertido en el mayor estratega de la unificación político-partidaria en la recién nacida España de Franco, su cuñado), Javier Martínez de Bedoya (JONS) y José Antonio Girón de Velasco (Falange): ORDUÑA, 1996: 62-63. Cf. THÒMAS, 1992 y 2001.
252 En la delantera, la Italia mussoliniana y la Alemania nazi, pero incluyendo la grande mayoría de la
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implementación y continuidad de este nuevo modelo político en el país253. Sin embargo, el régimen no sobrevive durante décadas sin apoyos sociales e institucionales, y se esfuerza por conseguir la adhesión de los españoles a la nueva ideología – no siendo condición definidora, es algo deseado por el poder político –, la adhesión voluntaria a los nuevos valores y a la nueva orden nacionalista española254. Efectivamente, el nacional-sindicalismo de Franco (descrito por José Luis de Arrese como «una forma total del Estado»255) se inserta, y hace bandera, dentro del proyecto algo quimérico de la Nueva Orden eurofascista, concepto de génesis nazi: «A Neue Ordnung nazi constituiu, em primeiro lugar, um conceito que, já o sabemos todos, nunca foi global e efectivamente levado à prática – a Alemanha nazi não venceu, de facto, definitivamente o conflito que desencadeou em Setembro de 1939»256, lo que, no obstante, no ha dejado de servir de encuadramiento y proyecto para la dictadura de Franco (bien como para la de Salazar). A este propósito, vemos la interpretación de Pere Ysàs, cuando afirma que, «El “Nuevo Estado” franquista era la pieza central d’un “Nuevo Orden” que havia de fer possible el ressorgiment nacional, l’órganització d’una societat jeràrquicament estructurada, enquadrada i mobilitzada per assolir l’esplendor d’Espanya»257.
253 Entre diversos autores, cf. PAXTON, 2004: 217.
254 Franco afirmará, cerca de la victoria en la Guerra Civil: «Hay que sustituir el viejo concepto de la
obligación fríamente llevado a las constituciones demoliberales, por el más exacto y caluroso del “deber” que es servicio, abnegación y heroísmo no impuesto por el imperio coercitivo de la Ley, sino acatado, con adhesión libre y voluntaria, por la conciencia cuando nuestros sentimientos están impregnados de las más puras esencias espirituales.» FRANCO, 19.04.1938: 55. Pero una década después de la institución del Nuevo Estado, Girón afirma: «No cometeremos jamás el error de creer que una nivelación de base exclusivamente material basta para establecer un régimen de justicia social duradero», refiriéndose al deseo del régimen de ser acreedor de un apoyo sincero, como resultado de una pretendida política social humanista, que el régimen propalaba estar construyendo e implementando. GIRÓN, 1951: 15.
255 ARRESE, 1942: 197. 256 LOFF, 2008: 18-19. 257 YSÀS, 2005: 163.
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Retomando la cuestión de los apoyos al régimen franquista, estos vienen sobretodo de la burguesía258, en este período de 1930-1950,
principalmente las burguesías asociadas a las finanzas y a la propiedad agraria que, con el paso de los años y con la creciente prosperidad económica de España en los años de 1950 e 1960, ratificará e incrementará su apoyo al poder de Franco, afirmándose la tendencia burguesa. Igualmente las clases medias, aunque se identifiquen cambiantes a lo largo de la geografía y con varias actitudes hostiles, demuestran apoyo al régimen. La fuerza e influencia de la Iglesia católica también supone un importante apoyo al régimen franquista, así como del régimen portugués259.
En el caso particular de estos regímenes que, de formas distintas, se imponen por la fuerza, sea por un golpe de Estado conducente a una guerra civil, o por un golpe de Estado conducente a la institucionalización paulatina de un régimen de fuerza, las fuerzas armadas, en su conjunto, son el primer soporte de las dictaduras ibéricas, habiendo sido acreedores, en ambos los países, de la «jefatura de jure»260, en las palabras de Manuel
Loff. Este cuadro es muy evidente en el caso portugués donde la Presidencia de la República siempre estuvo en manos de militares hasta 1974, con Gomes da Costa, 1926; Óscar Carmona, 1926 a 1951261; Craveiro Lopes, 1951 a 1958262, y por último, Américo Tomás, de 1958 a 1974263. Sin embargo, además de los apoyos e intereses que soportan las dictaduras ibéricas, no debemos ignorar «el miedo como factor no solo de paralización sino de movilización adicta»264 a los regímenes.
258
«Las clases burguesas constituyeron el primer apoyo social, aunque no el único, al franquismo en sus orígenes.» MOLINERO; YSÀS, 1998: 136-137.
259
Véase: LOFF, 2000: 133 y ss.
260 Cf. LOFF, 2000: 138. 261 Véase: FARIA, 2006.
262 Véase: ROSAS; SAMARA, 2006. 263 Véase: MARTINS, 2006. 264 MOLINERO; YSÀS, 1998: 139.
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Retornando a la praxis política, en los albores del régimen se constituye una Junta de Defensa Nacional, siendo que, en 1937, se hace efectiva la unificación de la Falange con la Comunión Tradicionalista, creándose la organización política que sostendrá el régimen dictatorial, el Movimiento, el partido único (por mucho que Franco haya apartado y rechazado esta nomenclatura para su Movimiento), la Falange Española Tradicionalista de las Juntas Ofensivas Nacional-Sindicalistas, FET-JONS265, por el Decreto de 19.04. Una figura-clave en esta evolución institucional dentro de la España nacionalista es Ramón Serrano Suñer, que hará un recorrido político-ideológico desde la derecha católica hasta la derecha franquista, o sea, derecha de un sólo partido, FET-JONS, de la cual habrá sido su mayor impulsor266. Esta evolución del sistema político español se reviste de una mayor importancia para el futuro rumbo del régimen, para su inequívoco encuadramiento en el abanico de los regímenes europeos no democráticos y de cariz fascista, además del impacto que tal tendrá en el montaje de una política social por el Estado, con el fuerte objetivo de alcanzar la «nacionalización de los españoles»267. Nos esclarece el mismo Caudillo relativamente a la supresión de los partidos políticos que,
«Los demás grupos han sido disueltos. Todo el país ha aceptado esta medida con gran satisfacción. Miles de telegramas de toda España y de Sudamérica han llegado durante los últimos días. Esta demostración espontánea de adhesión, prueba que la medida adoptada es popular y que toda la población la deseaba»268.
265
“[el] partido fascista más longevo del mundo (...) que sobrevivió en más de treinta años la época de los fascismos”: THOMÀS, 2001: 34.
266
«Serrano Suñer (...) presidía la Junta Política de FET-JONS (...) [y] se convertiría hasta 1942 en la cabeza visible del falangismo.» MARÍN; MOLINERO; YSÀS, 2001: 21.
267 Véase: MOLINERO, 2005a. 268 FRANCO, 07.08.1937: 175.
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José Antonio Primo de Rivera fue la gran referencia de esta estructura política269 y durante varios años la referencia simbólica de la ideología del
nuevo régimen. El Movimiento proclamará tres designios para lograr: la espiritualización de España a través de la Iglesia Católica, «españolizar» a España a través del nacionalismo y promocionar la justicia a través del sindicalismo270. Son estos los propósitos más grandes:
«El Movimiento Nacional fue desde sus orígenes evidentemente social, y no podía ser de otra manera, porque precisamente el abandono y las injusticias sociales constituyeron el fermento de las revoluciones y de nuestra decadencia.»271
Completándose la idea con la elevación de lo social a la categoría de fuerza motriz de todo el Franquismo:
«Por ser nuestro Movimiento político, es eminentemente social. Si dejara de ser social quedaría vacío de contenido, ya que en nuestra era lo político ha venido a ser eminentemente social.»272
Una otra marca que el régimen pretende tornar distintiva y identificadora del Nuevo Estado, cuestión siempre presente en el discurso
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No obstante los importantes papeles de Onésimo Redondo, Ledesma Ramos e Alvarez Sotomayor.
270
FERNÁNDEZ, 1954: 34. Relativamente a la postura asumida por la Iglesia católica española ante la necesidad de elegir cuál de los lados apoyaría, o mejor, cuál de los lados sería su aliado, la opción fue inequívoca, ante una República claramente anticlerical, «la Iglesia católica no lo dudó. Estaba donde tenía que estar, frente a la anarquía, el socialismo y la República laica. Y todos sus representantes, excepto unos pocos que no compartían ese ardor guerrero, ofrecieron sus manos y su bendición a los golpistas.» CASANOVA, 2005: 16.
271
FRANCO, 18.07.1959: 827.
272
IDEM, 07.05.1960: 829. Es pertinente notar la evolución del entendimiento de Franco en relación a la naturaleza de la política entre las décadas de 1950 e 1960. En 1952, afirmó que, «hay que separar lo verdaderamente social de lo político, ya que lo primero es lo que interesa a las clases productoras; lo político suele gustar más a los dirigentes que a los administrados». IDEM, 26.01.1952: 135. Consideramos que la década de 1950 llevará a Franco a armonizar y universalizar el discurso, abandonando su visión, creemos, más sincera de que el social era un atributo que importaba sobre todo a los más desfavorecidos y menos al patronato, a la clase dirigente, lo que era revelador de un prejuicio del Caudillo relativamente al lugar y papel que cabía a cada español en la sociedad. Regresaremos a esta temática más adelante.
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político de Franco, se relaciona con la clarificación que el Caudillo anunciará de que la Falange no se configura ni se incluye en el ámbito de los partidos políticos – violentamente criticados durante la vigencia del Nuevo Estado cuando este comenta la República que lo precedió. La Falange es retratada, por el poder, como una entidad política dinamizadora de la sociedad y conciencia española, por lo tanto un movimiento:
«El Movimiento Nacional no es un partido, y no lo es porque no hay en él las ventajas de los partidos, y porque si las hubiera, las destruiríamos. El Movimiento Nacional es la comunidad de todas las clases de España en un servicio a la Patria y en un servicio al bien común.»273
En 1949, este repudio a la equiparación del Movimiento a un partido político alcanza una crudeza considerable, lo que atesta bien de la tentativa del Caudillo en identificar el Movimiento, y por arrastre el mismo nacional- sindicalismo franquista, como algo singular en el panorama histórico de España, así como en el contexto europeo274:
«Yerran los que maliciosamente pretenden considerarnos un partido, cuando constituimos un auténtico Movimiento Nacional en constante marcha y perfeccionamiento, que no se anquilosa en la rigidez cadavérica de los partidos.»275
Al otro lado de la frontera, y atestando, sin ninguna duda que, por más que se esforzara Franco en la retórica, no conseguiría convencer cuanto a la singularidad de su régimen, están dos declaraciones de Salazar, en las cuales igualmente delimita su Estado Novo de los sistemas partidario- parlamentares y democráticos:
273
FRANCO, 30.11.1946: 1044.
274 En lo que describe Manuel Loff (y al que volveremos en las páginas dedicadas al discurso político
franquista) como, «uma das simulações fundamentais da retórica fascista – a da peculiaridade nacional de cada modelo político, ou, noutros termos, da sua inaplicabilidade fora de cada âmbito designado como nacional»: LOFF, 2008: 34. Itálicos en el original.
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«Deve pensar-se que o fim desta grande actividade renovadora é o estabelecimento de um nacionalismo político, económico e social, bem compreendido, dominado pela soberania incontestável do Estado forte em face de todos os componentes da Nação, e insusceptível de ser o joguete ou a vítima de partidos, de facções, de grupos, de classes, de seitas e de engrenagens revolucionárias.»276
« – Antonio Ferro: (...) não será a União Nacional um partido? – Salazar: É a objecção natural, a pergunta inevitável (...). Não lhe afirmo que não haja quem se filie na União Nacional com essa ideia falsa, procurando vantagens de ordem material que no encontrará. Os partidos – não o esqueçamos – eram em geral grandes agências de colocações onde se entrava, como se entra nas bichas, para esperar vez, para aguardar a fatal distribuição de benesses na hora do Poder. (...) Os partidos fizeram-se para servir clientelas. A União Nacional, como o seu nome indica, para servir a Nação... [sic]»277
Si así fuera, el propósito de la União Nacional es detallado por el Presidente do Conselho de la siguiente forma:
«Criar no País a atmosfera indispensável para que a grande reforma necessária na política e nos costumes, seja compreendida de norte a sul, de maneira a fazer-se sem grandes atritos e sem grandes obstáculos... (...) A União Nacional nunca será um partido porque tem uma aspiração mais alta: organizar a Nação!»278
276 SALAZAR, 17.05.1931: 133. 277 SALAZAR, en FERRO, 1933: 38-39. 278 SALAZAR, en FERRO, 1933: 39.
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E incluso porque, en el entender del régimen portugués, «a Nação tende instintivamente para a unidade; os partidos para a divisão.»279
Franco sostiene que el Movimiento es dinámico, vivo e inclusivo, aunque esta inclusión tenga que obedecer a algunos criterios:
«Un Movimiento que no está hermético ni tiene escalafones; un Movimiento abierto a todos los españoles de buena fe (...) No negamos a nadie un puesto, abrimos los brazos a todos y sentimos dolor cuando algunos equivocados o apegados a viejos errores permanecen en casa y no prestan su brazo e inteligencia al esfuerzo común de levantar a España.»280 La no sostenibilidad de esta afirmación reside en la imposición de un criterio de aceptación, de adicto del Franquismo, la «buena fé»281, así destruyendo Franco su argumento en la exacta frase en que lo presenta.
No obstante, este convencimiento lo encontraremos siempre plasmado en el discurso político, como años más tarde, en 1957, afirmando Franco que,
«Para que todos los problemas de España puedan resolverse es necesario que conservemos la unidad entre los hombres y las tierras de España: el mantener firmes los principios del Movimiento Nacional, que no constituya un partido político, sino una comunión bajo los principios que nos son comunes,
279 SALAZAR, 28.05.1950: 468. 280 FRANCO, 04.12.1952: 269. 281
Por otra parte, en voz de Salazar se escuchó la misma idea aunque en palabras distintas, al afirmar