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Salient Object Proposal Generation by CNN

4.2 Minimum Barrier Salient Region Detection

5.1.4 Salient Object Proposal Generation by CNN

cooperativos, constituyendo la experiencia autogestionaria de cooperativismo y ayuda mutua más importante de Latinoamérica (CHÁVEZ, 1990).

2.3.3. Pobladores 

Poblador es un concepto que surge en Chile para referirse al habitante de una población, y que se extiende luego más allá de sus fronteras. Población es también un término utilizado en Chile para referirse a un asentamiento oficialmente reconocido, producto de tomas de terreno o urbanizaciones estatales para vivienda social, donde habitan personas de escasos recursos.

El poblador se distingue de otros habitantes pobres urbanos porque en Chile, a lo largo del siglo pasado —a partir de los años 20, y especialmente con la toma de La Victoria en 1957—, llega a constituirse y consolidarse como un sujeto social que se define por la acción de «poblar» (distinto del obrero que se define por la acción de «producir»). La esencia del poblador es entonces ser «productor de espacio urbano» (ESPINOZA, 1998:9; SALAZAR Y PINTO, 1999b:128).

El término poblador, entendido como aquel que «añade al concepto de “habitante” una connotación social y a veces política», comienza a utilizarse a fines de los años 80 en Latinoamérica para referirse a colectivos de asentamientos populares que luchan por su espacio, barrio, calle y derechos en la ciudad (MATHIVET y SUGRANYES, 2010:6).

Movimiento de pobladores

En Chile la bibliografía existente sobre el movimiento de pobladores y su papel en la consolidación de los procesos sociales, políticos y urbanos está directamente relacionada con los períodos políticos. El movimiento de pobladores, que se inicia a finales de los años 40 en el Zanjón de la Aguada, con la primera toma organizada que se conoce en Santiago y en Chile, realizada en 1947, no se estudia hasta entrados los años 60, cuando irrumpen masivamente en la ciudad las poblaciones callampa108 y las tomas de terreno que tienen por protagonistas a un nuevo actor social, el poblador, un concepto que justamente surge y se extiende en los años 60 (GARCÉS, 2002). También en esta década el Centro para el Desarrollo Económico y Social de América Latina (Desal) elabora su teoría sobre la marginalidad urbana, cuyo valor radica en ser uno de los primeros estudios sistemáticos acerca de un fenómeno, el de las poblaciones marginales, creadas por sus propios habitantes, los pobladores, que anteriormente ni la bibliografía ni las políticas reconocían, y a partir del cual surge la política de promoción popular de la Democracia Cristiana (MERCADO et al., 1970).

A comienzos de los años 70 y hasta el golpe militar de 1973, la escena está dominada por el equipo de investigadores del CIDU109, que además acoge a un grupo multidisciplinar específico llamado Equipo de Estudios Poblacionales. Junto a los académicos chilenos se integran al CIDU, por períodos, algunos investigadores extranjeros como Jordi Borja, Manuel Castells y Jorge Fiori. Todos ellos asisten y observan el gran despliegue de urbanización de la periferia y la consolidación del «sujeto popular». En este período se documentan tanto las movilizaciones en torno a la vivienda, las tomas de terreno y la organización de los campamentos, como la discusión sobre la teoría poblacional y la creación de las juntas de vecinos, en la revista Eure y otras publicaciones del CIDU (ALVARADO et. al, 1973; CASTELLS et al., 1972; CASTELLS, 1973; CIDU, 1972; FIORI, 1973a, 1973b; SANTA MARÍA, 1973; VANDERSCHUEREN, 1971). Asimismo se

108 Asentamiento precario donde predominan los tugurios.

109 Centro Interdisciplinario de Desarrollo Urbano, perteneciente a la Pontificia Universidad Católica de Chile, hoy Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales.

realizan otros estudios tempranos como la historia de las poblaciones callampas y las tomas (URRUTIA, 1972).

Durante la dictadura los estudios sobre los pobladores solo se retoman a partir de la segunda mitad de los años 80, esta vez desde las ciencias sociales. Algunas ONG (Eco, Sur, Jundep, Pet) y centros de estudio (Cieplan, Flacso) estudian las características socioculturales y políticas de los pobladores, las organizaciones poblacionales ligadas a la subsistencia o a la resistencia —en las que la lucha por la vivienda cumple una función primordial—, y su vinculación con las instituciones no gubernamentales o de Iglesia (CAMPERO, 1987; CHATEAU y POZO, 1987; VALDÉS, 1987; SÁNCHEZ, 1987). En esos años encontramos también investigaciones académicas específicas sobre las organizaciones de vivienda (CONCHA, 1987) y la primera reconstrucción general de la historia de los pobres urbanos desde principios del siglo XX hasta 1968 (ESPINOZA, 1988).

A partir de los años 80 también se realizan algunos estudios de historia urbana, como las del historiador Armando de Ramón (1985, 1990), que escribe sobre el poblamiento popular de la periferia. Más adelante, el historiador Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia 2006, se interesa por la historia social viva, la que sale «desde dentro de los sujetos históricos» y surge «desde abajo del sistema de dominación» (2003:14), porque es necesario reconocer «la historicidad plena de los sujetos populares» (SALAZAR y PINTO, 1999b:101). Introduce el concepto de la «historia desde abajo y desde dentro», que se propone reconstruir los procesos históricos «de los pobres, los marginados y los ciudadanos comunes y corrientes» por oposición a la «superioridad» desde la «que los observan desde arriba y desde lejos» la ciencia social y el Estado, «que los ven como totalidad numérica, como problema político general que se debe resolver, o arcilla a ser modelada. O “masa social” a ser gobernada» (SALAZAR, 2003:159). Salazar valora el trabajo de los historiadores que se interesan por la ciudad bárbara, entre ellos el de Armando de Ramón que estudia la «ciudad real» o la «otra ciudad» (SALAZAR, 2003:80).

Salazar propone una mirada de largo plazo para comprender el movimiento social-popular, movimiento que alude a acción o a actividad, donde los sujetos populares «se movilizan con el objeto de transformar una realidad considerada adversa» (SALAZAR y PINTO, 1999b:97). «La historicidad de los movimientos sociales no hay que buscarla en su producción de hechos determinantes (donde, con toda probabilidad, se hallarán derrotas determinantes), sino en su producción de procesos de mediano o largo plazo (donde podrá hallarse el perfil de victorias insospechadas)» (SALAZAR, 2003:350-351). La revalorización del movimiento popular estimula algunas tesis de grado dirigidas por Salazar, en la Universidad de Chile, que vuelven a estudiar a los pobladores en relación con la vivienda y con la construcción social de su identidad (EVANS, 2005; ROYO, 2005).

Producción de los pobladores

Desde las disciplinas urbanas, algunas instituciones, como la Corporación de Promoción Universitaria, ONG Jundep, Taller Norte, Sur, estudian durante los años 80 los procesos de producción de vivienda y colaboran con los pobladores proporcionándoles asistencia técnica de profesionales (RODRÍGUEZ, 1987b). Durante este período la producción de vivienda y barrio eran entendidas como una manera de reconstituir un tejido social —como se decía en la jerga de la época— en una doble acepción: un tejido social con cierta autonomía y dotado de competencias, capaz de dar respuesta a los problemas de vivienda que los aquejaban por una parte, y por otra, de convertirse en interlocutores válidos de los actores públicos en relación con las políticas de vivienda y barrio.

allegados (GREENE, 1988; NECOCHEA, 1987; SANTA MARÍA, 1988), no considerando que estos sean actores que intervengan en política, sino buscando comprender las claves sociales, económicas y materiales del allegamiento.

No obstante, existen muy pocos estudios académicos sobre las acciones de los pobladores en la construcción de su entorno durante esa década. Habrá que esperar hasta los años 90 para que esta producción cobre forma, podemos citar dos muy buenos ejemplos para el caso de Santiago. El primero, desde la arquitectura y el urbanismo, de Vergara y Palmer (1990), aborda el «plan habitacional de los pobladores» que materializa la consolidación y la densificación de las poblaciones pericentrales en los años 70 a 90.

El estudio se centra en el lote 9x18, un sitio de 9 m de frente por 18 m de fondo, típico de las poblaciones pericentrales, y en su potencial para la densificación. Los autores cuantifican en superficie y cantidad estos lotes en Santiago, y concluyen que al menos 6.250 hectáreas de la ciudad corresponden a 216.367 lotes de 9x18 en poblaciones ubicadas en los alrededores del centro de Santiago, construidas a partir de los años 1960.

Estos lotes, que alrededor del año 1990 representan el 13% de la superficie de Santiago110, han quedado en una ubicación privilegiada dentro de la trama urbana, están integrados a las redes de transporte y cuentan con servicios y equipamiento. «El lote de 9 m por 18 m es el más santiaguino de los lotes. Los sitios a medio construir y los sitios con edificaciones precarias se convierten en un desafío que llama a retomar este trazo de ciudad que ya está fundada, y emprender en ella una segunda vuelta de construcción y consolidación» (VERGARA y PALMER, 1990:76).

Vergara y Palmer ponen de relieve la labor de los pobladores en la producción del espacio construido —habitacional y urbano— que hasta ese momento nadie veía. También enfatizan los aportes cualitativos de esta producción, al analizar, con una mirada centrada en situaciones positivas, obras construidas gracias al esfuerzo de los vecinos que, desde el punto de vista de la arquitectura, transforman sectores de la población en verdaderos trozos de ciudad. Muchas de las acciones de los pobladores son genéricas, esto es, constituyen un plan habitacional propio, y se sustentan en un fuerte sentido común, del que muchas veces carecen las políticas públicas. Así, por el impacto que han tenido sobre las ciudades las acciones individuales y colectivas de los pobladores, Francisco Vergara y Montserrat Palmer acuñan la expresión «plan habitacional de los pobladores».

A partir de la observación comparada entre las respuestas que dan los pobladores a sus necesidades habitacionales y sociales y las soluciones que ejecuta el Estado, los autores distinguen entre el «plan habitacional de los pobladores» —señalado anteriormente— y el «plan del gobierno». El primero se caracteriza por densificar los barrios, utilizar una arquitectura apropiada al lugar donde se implanta, satisfacer necesidades reales, autofinanciarse, construir con pequeñas empresas, alojar a las familias sin vivienda oficial y generar productos progresivamente mejores. El plan estatal, en cambio, se caracteriza por expandir la ciudad, utilizar una arquitectura de tipo repetitiva, cumplir con exigencias burocráticas y privilegiar la rentabilidad de las empresas privadas asociadas al sector inmobiliario, construir masivamente y financiarse con recursos fiscales (VERGARA y PALMER, 1990:110).

El análisis de los autores concluye con interesantes propuestas para apoyar el plan habitacional de los pobladores, con modificaciones a la normativa, al financiamiento y a la gestión. «¿Por qué no establecer una alianza entre los pobladores propietarios y el Estado, que permita transformar la acción informal, desfinanciada y espontánea en una tarea organizada y conjunta?» (VERGARA y