Chapter 3 Methodology 3.1 Introduction
3.5 Semi-structured Interview
Luego de atendida la principal demanda de amparo arancelario durante los años 30, los propietarios solicitaron con constancia la protección de la propiedad ante los conflictos que minaban los campos durante el periodo. La organización de ligas campesinas, sindicatos agrícolas, el auge de la Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria -UNIR-, precedido por Jorge Eliecer Gaitán, y el apoyo del partido comunista; fueron agentes del descontento en varias zonas del país251. Los propietarios se sintieron amenazados y solicitaron a los nuevos
gobiernos de la república liberal, mayor atención a las olas de inseguridad en el campo, aunque también lograron crear asociaciones defensivas como el Sindicato Nacional de Propietarios cuya consigna fue ―propietarios del país, uníos‖252
La respuesta del régimen liberal fue lanzar una ―reforma agraria‖ que permitió una adecuada compensación para los propietarios. El banco hipotecario, los gobiernos departamentales y el nacional compraban las tierras a sus dueños, parcelándolas y vendiéndolas a los antiguos arrendatarios. Esta solución fue oportuna para los propietarios con escasos recursos líquidos. Ahora contarían con el pago de parte de la tierra a precio comercial, conservando en muchos casos las propiedades más grandes y dotándose de nueva mano de obra proveniente de las propiedades vecinas253. Empero, tal reforma no llegó a tener mayor impacto estructural. El
número de parcelaciones hasta 1940 sólo representó el 2% de las propiedades rurales, dimensión insignificante para ser considerada como una verdadera medida de distribución de tierras254.
Sin embargo, las exiguas dimensiones de estas políticas no pueden considerarse como un fracaso de la ley 200, ya que esta nunca pretendió crear una salida distributiva al desarrollo agrícola en Colombia. Su objetivo principal fue estimular la transformación capitalista del latifundio255
y canalizar el conflicto por la tierra entre trabajadores rurales y propietarios256
.
251 El epicentro de los conflictos durante este periodo fueron los departamentos del Tolima y Cundinamarca,
donde se concentraron 75 de las 153 agremiaciones campesinas que habían obtenido personería jurídica hasta 1939. Ocampo, J A. Crisis mundial y cambio estructural. En: Historia económica de Colombia ed. J A Ocampo. Bogotá: Presidencia de la República: 281-330. 1997.
252 Pecaut, James William. Orden y violencia: evolución socio-política de Colombia entre 1930 y 1952. Bogotá:
Editorial Norma (Publicado por primera vez en español en 1987 por Siglo XXI Editores). 2001. P 177
253 La política de parcelaciones cumplió con la tarea de dividir el movimiento campesino, ya que las asignaciones
individuales a pequeños propietarios, frenaba la organización y reivindicación colectiva. Ocampo, J A. Crisis mundial y cambio estructural. En: Historia económica de Colombia ed. J A Ocampo. Bogotá: Presidencia de la República: 281-330. 1997
254 Machado, A. Políticas agrarias en Colombia. Bogotá: Centro de Investigaciones para el Desarrollo. 1986. 255 Uno de los casos exitosos de transformación capitalista de la producción sin reforma agraria fue Japón
durante el periodo Meiji. Los excedentes de la agricultura para financiar la industrialización se obtuvieron a través de las mejoras técnicas que los centros de investigación estimularon. Las estaciones de investigación desarrollaron variedades mejoradas de arroz y otras innovaciones que fueron difundidas a través de una densa cadena de servicios de extensión. La clave del éxito de este tipo de desarrollo agrícola está en las características de la clase propietaria japonesa. Esta no era de naturaleza ausentista, por lo cual se dedicaron a promover sociedades para la difusión de mejoras de sus predios. Además el sistema de impuestos los presionaba a invertir sus excedentes en inversiones no agrícolas, facilitando el paso de propietarios agrícolas a empresarios capitalistas.
Para alcanzar el primer objetivo, la ley buscó poner orden en materia de derechos de propiedad, lo cual significó dar fin a la ―prueba diabólica‖ que exigía a los propietarios presentar los títulos originarios en caso de conflictos en torno a la propiedad. La ley 200 exigió que la tierra fuera explotada como requisito de propiedad y otorgó un plazo de diez años para que el hacendado diera un uso productivo a sus terrenos o de lo contrario los terrenos se revertirían al Estado. Esta ley tuvo un efecto adverso, ya que en muchos casos, los propietarios expulsaron a arrendatarios para que estos no tuvieran opción de disputar la propiedad de la tierra, generando una ola de desalojos.
Por otro lado el segundo objetivo, la canalización del conflicto entre colonos y propietarios, se alcanzó con la desorientación del movimiento campesino, que luego de la promulgación de la ley 200 entró en un proceso de disolución. Los agentes de inconformidad no continuaron para dar coherencia a la resistencia campesina; tanto la UNIR como el partido comunista entregaron sus banderas al Partido Liberal, quien cumplió una labor activa en la contra- reforma agraria. Conformó junto con el Partido Conservador un bloque hegemónico capaz de controlar los nuevos sindicatos y ligas campesinas del periodo que va desde 1935 hasta 1945; deteniendo la inconformidad, promoviendo la expulsión de campesinos y fortaleciendo el latifundio257.
A pesar de las pocas dificultades que les ocasionaba la ley 200 a los propietarios, la SAC emprendió una campaña en el Congreso y al interior de las bancadas de los partidos, especialmente del liberal, por demostrar el corte ―sovietizante‖ de la reforma. La SAC alineó filas en torno a la defensa de los derechos de propiedad contra el carácter ―comunista‖ del gobierno de López258. La ley 100 de 1944 fue una manifestación de la reacción de la SAC por
revertir las concesiones de 1936, que habían buscado mejorar las condiciones de los arrendatarios. Con la ley 100 se consagró derechos claves de los propietarios para, entre otras, prohibir cultivos permanentes, restringir las siembras a cultivos de pan coger, y liquidar las mejoras que permitiera al dueño la desocupación inmediata de las parcelas259.
Kay, Cristóbal ―Reforma Agraria, Industrialización y Desarrollo ¿Por qué Asia Oriental superó a América Latina?‖. Debate Agrario Análisis y Alternativas, Centro peruano de estudios sociales. Vol. 34 (2002): 45-94.
De hecho en Colombia, muchos abogados, curas, funcionarios del gobierno, comerciantes y banqueros entre otros son los propietarios de tierras cultivadas y administradas por mayordomos. El ausentismo es una característica cuando el ingreso principal no es el agrícola. De hecho muchas de estas tierras sirven para resguardarse ante presiones inflacionarias, o simplemente como mecanismo de inversión, o parafraseando a Antonio García ―es la caja fuerte de los empresarios‖. Simplemente acumulan tierras para esperar cierta valorización o simplemente para evadir impuestos. García, A. La reforma agraria y dominación social en América Latina. Buenos Aires: Ediciones Siap. 1973
256 Bejarano, J. Economía y poder. La SAC y el desarrollo agropecuario colombiano. Bogotá: CEREC. 1985 257 Pecaut, James William. Orden y violencia: evolución socio-política de Colombia entre 1930 y 1952. Bogotá:
Editorial Norma (Publicado por primera vez en español en 1987 por Siglo XXI Editores). 2001. P 177
258 Bejarano, J. Economía y poder. La SAC y el desarrollo agropecuario colombiano. Bogotá: CEREC. 1985 259 Machado, A. Políticas agrarias en Colombia. Bogotá: Centro de Investigaciones para el Desarrollo. 1986.
El movimiento campesino perdió una de sus principales reivindicaciones: el derecho a cultivos de tardío rendimiento; mientras que la SAC mostró su capacidad para disputar el escenario parlamentario y partidista. El embate contrarreformista empujó una vez más a los campesinos a la frontera agrícola y tras él, los grandes propietarios comprando tierras desmontadas. Esta situación del campesino es bien descrita por Diaz-Callejas260:
―El campesino tuvo que emigrar masivamente a las selvas y tierras vírgenes a cumplir el mismo proceso: tumbar montañas, sembrar maíz, quemar, volver a sembrar maíz y, finalmente, pastos artificiales, hasta cuando llegara el terrateniente ganadero para venderle a cualquier precio la tierra mejorada‖