3.4 Key enabling technologies
3.4.1 Sensing technology
3.4.1.1 Sensor hardware
La reflexión sobre el ser humano es importante porque la idea que se tenga acerca de él es determinante –entre otros aspectos– para la orientación que adopte la moral, la política y el Derecho, para la aplicación de esos órdenes en la realidad y la organización de la vida social. Los fines que en ésta se persiguen están muy condicionados por esa idea. Es decisiva también para una teoría sobre los fenómenos que suscitan, como el Estado de Derecho, la democracia y los derechos fundamentales, así como para su realización y operatividad práctica. Basta con pensar en las diferencias que existirían, a nivel ético, político y jurídico, si se partiera de considerar que cada hombre y mujer es un sujeto valioso, único, que trasciende a cualquier colectividad y al propio Estado; o si, por el contrario, se considerase que su importancia radica en pertenecer a una comunidad, en ser parte de un todo: familia, clase, nación, etc. Mientras en el primer caso resultarían ilegítimos los actos de poder que los trataran como simples medios, a pesar de pretender asegurar el bienestar de los demás; en el segundo no lo serían si se orientasen al desarrollo de la comunidad, a la satisfacción del interés general. Mientras en aquel caso
∗ Cartas Morales a Lucilio, (Biblioteca Clásica), introducción, traducción y notas de Ismael Roca Melía, Gredos, Madrid, 1986, dos volúmenes, p. 133.
♣ Fundamentación para una metafísica de las costumbres, (1785), (Humanidades), traducción y estudio preliminar de Roberto R. Aramayo, Alianza Editorial, Madrid, 2002, p. 116. La cursiva no es mía.
resultaría valioso que la comunidad se condujese a favor del ser humano; en éste resultaría coherente que el interés de cada hombre o mujer quedase subordinado al bienestar de su comunidad. Tal diferencia de perspectivas influiría en la interdicción de la arbitrariedad, la organización democrática de las instituciones, las políticas públicas, la regulación de los derechos fundamentales y, en general, en la forma de ejercer el poder y el contenido de justicia del Derecho. Temas todos ellos tan relevantes para la construcción y el fortalecimiento de una sociedad libre, abierta, plural y democrática. Dependiendo de la concepción que se tenga sobre el ser humano se tendrá una sociedad, un Estado y un Derecho completamente distintos, un ámbito de realización de su humanidad o una organización que dificulte su desarrollo, si es que no lo somete y domina1.
Desde PLATÓN a LOCKE, pasando por ARISTÓTELES, Santo Tomás DE AQUINO y
HOBBES, continuando con HUME, KANT y varios otros pensadores desde la Antigüedad hasta nuestros días, se ha abordado directa o indirectamente la pregunta: ¿qué es el ser humano?, ¿en qué consiste su naturaleza? Posiblemente no haya asunto filosófico que se preste a más consideración que el de la condición humana. Cada época de la historia y cada cultura presentan distintas ideas, aunque suelen estar dominadas por alguna de ellas. No fue la misma la que se tuvo en el mundo antiguo o medieval que en la época moderna, como tampoco es igual la que se tiene en la cultura occidental respecto de otras civilizaciones de la actualidad2. No existe una definición única y simple. Hay muchas concepciones y variables a su alrededor que la hacen un concepto controvertido y difícil de abarcar. La concepción que se siga influirá en su concepto. Por ejemplo, si creemos
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“Sin una concepción de lo que es ser humano no se puede decir mucho de las sociedades o las prácticas humanas. En muchísimas ocasiones, esos supuestos están meramente implícitos en la actividad de las diversas disciplinas intelectuales. Sólo los grandes pensadores pueden hacerlos explícitos. Pero la historia, la antropología social, la sociología y la política, por citar sólo las más evidentes, avanzan todas ellas con alguna idea sobre la naturaleza humana.” (TRIGG,Roger.Concepciones de la naturaleza humana, Una introducción histórica, segunda edición, traducción de Guillermo Villaverde, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 14).
2
José LLOMPART señala, por ejemplo, que, a diferencia de lo que ocurre en occidente, en la cultura oriental, específicamente en la japonesa: “[e]l hombre no se distingue claramente de la naturaleza que le rodea; está en ella. La enorme y ‘esencial’ diferencia entre un Creador y las criaturas no existe. Con eso, la diferencia entre lo sagrado y lo profano queda difuminada por completo. No se dice ‘castigo de Dios’, sino ‘castigo del cielo’ (tenbatsu). Pero el ‘cielo’ o sea el ‘tao’ (en japonés: ten) no es un dios personal, ni tampoco un dios cristiano al que se le ha quitado la personalidad. Es una cosa muy distinta.” (“El concepto de persona en el Derecho japonés”, en: Persona y Derecho, Revista de fundamentación de las instituciones jurídicas y derechos humanos, Nº 40, 1999, Universidad de Navarra, Pamplona, p. 422).
que el ser humano tiene vinculación con Dios o que existe vida después de la muerte, seguramente llegaremos a una definición distinta en comparación de quienes lo reducen a dimensiones materiales o consideran que no es más que otra especie animal producto de la evolución. El conflicto entre verlo como poseedor de ciertos rasgos terrenales que lo diferencian del resto de la naturaleza y verlo como un ser que además posee dimensiones trascendentes, es la versión moderna de un eterno debate entre filósofos3. Esta pluralidad explica la existencia de distintas antropologías. Cada una brinda su respuesta desde el pensamiento filosófico que la subyace. La racionalista considera que el ser humano es principalmente razón; la materialista niega el espíritu y afirma que es sólo una realidad física; la conductista lo reduce a un animal superior, sin alma espiritual; la biológico- evolucionista estima que su naturaleza es cambiante, producto de la evolución; la idealista afirma que, en esencia, es idea, espíritu, confinando a un segundo plano su dimensión material; la religioso-cristiana que además de poseer cuerpo, alma o espíritu, es un ser creado y redimido por Dios; etc.
Las dificultades no quedan allí. El ser humano posee una pluralidad de dimensiones que lo hacen un ser complejo. Si bien se le ha prestado atención desde todos los ángulos en que puede contemplársele, su complejidad ha hecho que sea analizado de manera segmentada. La biología y la medicina observan su salud y desarrollo corporal; la política su calidad de integrante de la sociedad; la psicología su subjetividad, potencialidades y procesos intelectuales; la ética, la sociología y demás disciplinas: las normas que rigen su comportamiento, sus relaciones, tendencias y necesidades, sus actos y estados en constante variación, etc. Todas ellas arrojan datos y conclusiones que lo explican; sin embargo, ninguna logra agotar todo lo que es o lo que puede llegar a ser. Incluso si se incluye una pluralidad de variables, la singularidad y complejidad de los individuos concretos, las diferencias que existen entre sí (no en su condición humana, que es igual, sino en sus modos de actuar, de sentir, de pensar, etc.) hace que sea imposible abarcar todas sus particularidades. Las reflexiones y conclusiones sólo pueden ser abiertas y perfectibles, susceptibles de desarrollos mayores.
3
Para efectos de este trabajo dejaremos de lado la posibilidad, no verificada, de que existan otros seres no humanos con capacidades similares a la humana: para razonar, autonormarse, crear cultura, etc. De verificarse esa posibilidad, el problema de la dignidad y su discurso tendrían que extenderse también a esas otras formas de vida.
Además, las ideas acerca de él son, en esencia, filosóficas. No necesariamente el resultado de hechos verificables o científicamente comprobados, sino concepciones generales a las que se llega mediante la reflexión y la argumentación racional. Pueden ser incluso discutibles, o estar circunscritas a una tradición cultural fuera de la cual podrían carecer de sentido. A pesar de eso, las teorías a las que dan lugar determinan la imagen que se tiene sobre el ser humano, y el sólo hecho de que la razón humana sea capaz de hacer reflexiones de ese tipo ya nos dice algo sobre su naturaleza.
Todas estas dificultades tienen que ser consideradas a la hora de reflexionar sobre su condición. También al momento de estudiar las teorías que se formulen acerca de él. Ellas influyen en el contenido de éstas y delimitan la validez de los análisis, propuestas y conclusiones. Teniéndolas como presupuesto, la reflexión sobre el ser humano se aborda aquí desde una perspectiva filosófica; más precisamente, vinculada a la moral, la política y el Derecho.
PECES-BARBA no es ajeno a esta reflexión. Convencido de que “[l]a antropología es clave y su relación con la filosofía jurídica importante”, en su pensamiento hay también una idea sobre el ser humano, una manera de entender su relación con los demás y un camino para su realización integral4. Una antropología humanista de “respeto y confianza moderada en el hombre desde un optimismo realista”5; es decir, que expresa confianza en las virtudes y capacidades del ser humano, pero no pierde de vista sus vicios y defectos, tanto individuales como sociales; que defiende la importancia de la razón para orientar su emancipación integral y la ordenación justa de las sociedades, sin desconocer que es una tarea que día a día debe lograrse, que requiere de lucha y esfuerzos constantes. No es un optimismo ingenuo, como el que tuvieron algunos liberales o revolucionarios que consideraron que esos objetivos se alcanzarían con la sola expansión de sus ideales, junto con la autodeterminación de cada individuo; ni un pesimismo impaciente, como el de algunos totalitarismos, que tras reducir al ser humano a sus intereses egoístas, estimaron que la ordenación equitativa de las sociedades sólo podría lograrse con la fuerza del Estado o de sus comunidades.
4
PECES-BARBA, Gregorio. Derechos Fundamentales, I. Teoría General, op. cit., p. 225, nota a pie de página Nº 9.
5
Este capítulo está dedicado a analizar la concepción sobre la persona y la dignidad humana en el pensamiento filosófico de PECES-BARBA. Ello se debe a que es la piedra
angular sobre la cual descansa todo su edificio teórico. En ese sentido, empezaremos por la aproximación humanista que la subyace, continuaremos con los fundamentos en los que la sustenta y finalizaremos con la posición que asigna al ser humano en relación con la moral, la política y el Derecho, en su influjo para la construcción y fortalecimiento de una sociedad libre, abierta, plural y democrática: una sociedad bien ordenada.