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3. REVIEW OF THE LITERATURE

3.2 Further Developments

3.2.2 Service Level Considerations

votante era un grupo de élite, del que estaban excluidos los esclavos, las mujeres y los aliados.) La remuneración se dio después, c. 403:

Ath. Pol., X L I.

Los párrafos siguientes intentarán probar si la Asamblea era soberana o no. Una asistencia de c. seis mil, de una población varo­ nil, en 431, de unos cuarenta mil, podía acomodarse en la Pnix, lugar de reunión al aire libre, y esa suma se alcanzaba normalmente en el siglo v,18 como sabemos por las concesiones de ciudadanía, atesti­ guadas en gran número, para las que se exigía un quorum de seis mil. Los debates registrados son complejos (naturalmente: la mayor parte de nuestros datos proceden de un historiador complejo, es decir, Tucídides), pero las técnicas del voto no lo eran: no se con­ taban los votos en absoluto 19 (algo que hubiera ocupado varias horas, cuando la agenda estaba tan llena, como la que se da al principio del quinto discurso de Demóstenes, en 362 a. de C.), y el «consenso» se determinaba por votación a manos alzadas, que los escrutadores luego decidían, de modo tan poco preciso cómo un enlace sindical moderno, que «cuenta» una multitud de manos en una reunión masiva del sindicato. (Esto puede traernos a la memoria, al leer a Tucídides o a Aristóteles, lo que este último llamaba el sistema 1 «pueril» de los espartanos de tomar decisiones, «gritando, no votan­ do».)20 Lo que quizás ayudaba a mantener las cosas relativamente en orden, e incluso con solemnidad, era la costumbre de ofrecer oraciones al comienzo de cada sesión. La asistencia a la Asamblea era un acto religioso, conio la mayor parte de cosas que los griegos hacían.

Que la Asamblea era soberana, por encima del Consejo, es bas-

18. Véase M. H. Hansen, «How many Athenians attended the Ecclesia?»,

en GRBS, X V II (1976), pp. 115 ss, (Tucídides, V III, 72, que habla de cinco

mil como el máximo de asistentes que se juntó nunca, es: a) el informe de un

discurso pronunciado para tratar un punto, y b) se refiere a un período anor­

mal de absentismo en tiempo de guerra.)

19. Véase M. H. Hansen, «How did thé Athenian Assembly vote?», en

GRBS, X V III (1977), pp. 123 ss., con P. Rhodes, «Notes on voting at Athens»,

en GRBS, X X II (1981), pp. 125 ss.

20. Tucídides, I, 87, 2; Aristóteles, Política, 1.270 b 27 con G. E. M. de

Ste. Croix, Origins of the Peloponnesian War, 1972, apéndice X X IV , y

D. M. Lewis, Sparta and Persia, 1977, p. 41. Nótese «relativamente en orden»

en el texto: para el desorden, véase R. de Laix, Probouleusis at Athens, Cali­

tante cierto como generalización, pero esta afirmación representa la conclusión de una interpretación moderna, más que la teoría antigua. En el juicio de los generales, después de la batalla naval de las Argi­ nusas (p. 191), donde fueron juzgados colectivamente y, por consi­ guiente, en contra de la constitución, por no haber salvado a los supervivientes, la masa del pueblo gritó (Jenofonte, Helénicas, I, 7, 12) que «sería terriblemente injusto que el pueblo no pudiera hacer lo que quisiera». Pero un asistente inteligente como Sócrates (con partidarios en la Asamblea) encontró difícil de tragar este inci­ dente, y en la medida en que el pasaje contiene un aserto de prin­ cipio constitucional, no debería presionarse. Por otra parte, los ora­ dores (como Demóstenes, L IX , 88) suponen la soberanía del demos, pero la oratoria no es una ciencia política reflexiva. Un pasaje famoso de la Politica de Aristóteles (1.313 b 38) demuestra menos que lo que a veces se supone.21 Lo que Aristóteles dice allí es que al pueblo le gustaría ser un monarchos, un autócrata, lo que no dice es que lo sea. Ni la Athenaion Politeia dice más que en ciertos asun­ tos la Bulé no tiene la decisión final (XLV), lo cual es menos que una afirmación directa y triunfante de la soberanía de la Asamblea. Para un interlocutor, en Heródoto (III, 82), el problema con la democracia es, no que el demos sea el monarchos, sino que la demo­ cracia lleve a la monarquía real al ascendiente de un solo hombre. Lo cual no se refiere necesariamente a Pericles, aunque el historiador no es posible que lo olvidara.

Los trabajos prácticos y las relaciones entre el Consejo y la Asamblea serán una mejor guía. La conclusión sorprendente que sugieren es que el Consejo era un freno para la soberanía de la Asam­ blea más de lo que se suele pensar.22

En primer lugar, ¿se ocupó el Consejo de su principal tarea

21. C. Hignett, History of the Athenian Constitution, Oxford, 1952, p. 233,

y J. W. Headlam, Election by Lot, Cambridge, 1933s, p. 31, escriben como

si el pasaje dijera que el demo era soberano. En 1.292 a dice que el pueblo se

vuelve soberano cuando las leyes no son supremas, pero que en las democracias sujetas a la ley, los mejores ciudadanos ocupan los lugares más preminentes: ¿la Atenas de Pericles?

22. Un punto de vista conservador en P. Rhodes, The Athenian Boule,

1972; pero W. R. Connor, «The Athenian Council: method and focus in recent scholarship», en CJ, LXXV IÏ (1974), pp. 32 ss., afirma que el Consejo era

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constitucional, que era la de preparar el trabajo para la Asamblea

[Ath. Pol., XLV)? Dos inscripciones de principios del siglo iv mues­

tran que no siempre lo hizo (Tod. 103, 108 = WV 7, 11): tienen una fórmula introductoria poco común: «pareció bien al Consejo». La fórmula normal es «pareció bien al Consejo y al pueblo», que indica que el decreto había sido preparado para la Asamblea («el pueblo») por el Consejo, y luego se votaba en la Asamblea. Las dos inscripciones insólitas, acabadas de citar, evidentemente fueron apro­ badas por el Consejo por su propia y única iniciativa, y no llegaron a la Asamblea: registran una alianza con Eretria, y honores para Dionisio I de Siracusa. La alianza con Eretria dispone que el Con­ sejo elija diez hombres para ir a Eretria, y existe una disposición semejante en un documento del año 367 (Tod 137 = WV 39): el

Consejo ha de elegir un heraldo para llevar una protesta a la liga eto-

lia (cf. también Esquines, I I , 19). Otra historia en Tucídides (V, 45) muestra que el Consejo escucha a los embajadores extranjeros antes de que lo haga la Asamblea (Alcibiades persuade a una delegación espartana, después de su primera audiencia, que había sido con el Consejo, a que nieguen en su audiencia posterior con la Asamblea, que tenían plenos poderes para tratar con Atenas). Así pues, el Consejo tenía control, tanto sobre la salida como sobre la entrada del tráfico diplomático. Finalmente, el Consejo negociaba incluso a çspaldas de la Asamblea: Demóstenes (II, 6, con Teopompo F 30 a) menciona un pacto secreto, hecho en el decenio de 350 entre el Con­ sejo ateniense y Filipo I I de Macedonia para cambiar Pidna, que tenía Atenas, por Anfípolis; y el texto seguido del Historiador de Oxirrinco empieza con la salida de una trirreme, al mando de Déme- neto, hacia el sudeste del Egeo, «no por orden del pueblo», sino des­ pués que Demeneto hubiera descubierto sus planes secretos al Con-

23

sejo.

23. Contra el escepticismo de G. E. M. de Ste. Croix, «The alleged secret pact between Athens and Philip II concerning Amphipolis and Pydna», en

CQ, X III (1963), pp. 110 ss. (reimpreso en S. Perlman, Philip and Athens,

Cambridge, 1973, pp. 110 ss.), véase W. R. Connor, op. cit., en la η. 22, más

arriba, y R. de Laix, Probouleusis at Athens, 1973, pp. 78 ss. (que también

cita a Andócides, III, 33: el demo tiene que ser engañado a veces por su propio bien. El nuevo papiro de Michigan sobre Terámenes, en ZPE, II (1968),

p. 166, registra con indignación su negociación a espaldas de la Asamblea). La navfe de Demeneto era una trirreme estatal, lo cual permite suponer una autorización oficial, pero no necesariamente de la Asamblea.

En segundo lugar, los poderes judiciales del Consejo eran mayo­ res en la práctica que su limitación oficial, una multa de quinientas dracmas: Aristófanes habla como si la propuesta de ejecución contra Eurípides fuera un asunto del Consejo (Tesmoforlantes, I, 79), y en la década de 360 el Consejo condenó a muerte a un asesino polí­ tico en la isla de Ceos (Tod 142 = W V 44). Como miembro de la comunidad aliada quizá no mereció ninguna consideración.

En tercer lugar, el poder de cualquier cuerpo «probuléutico» (esto es, el que prepara asuntos para una sesión soberana más amplia) aumentará cuanto más a menudo haga reuniones, y cuanto menos a menudo se reúna el cuerpo soberano. El Consejo estaba dispensado de reunirse el día sexto o los días de fiestas anuales, pero no en las mensuales;24 esto asciende a un gran número de reuniones (c. 300), celebradas cada año. La Asamblea, por otra parte, se reunía sólo cuatro veces en cada pritania (décima parte del año, es decir, algo más de un mes); evidentemente se podían convocar reuniones extra­ ordinarias (aunque la palabra usada normalmente para referirse a semejantes sesiones, sunkletos, puede significar simplemente sesión convocada con poco tiempo de antelación).25 Este desequilibrio en el número de sesiones celebradas por el Consejo, en comparación con las de la Asamblea, debió facilitar el que el Consejo usurpara poderes ejecutivos. Finalmente, silos generales tenían autoridad para convocar a la Asamblea, o no convocarla, esto también repercutía en una ma­ yor limitación de la Asamblea (véase más adelante, p. 154).

En cuarto y último lugar, la composición social del Consejo — que tendía a estar formado por clases sociales más altas que la Asamblèa, y a proceder de familias más tradicionalmente, casi pró- fesionalmente, políticas— debió inclinarlo a hacer el papel de amo, no de servidor. Teóricamente el Consejo debiera haber sido una sec­ ción representativa del pueblo, en términos sociales (como hemos visto que lo era en términos geográficos): sus miembros eran nom­ brados por sorteo, servían sólo durante un año cada vez, de modo 24. J. D. Mikalson, The Sacred and Civil Calendar of the Athenian Year,

Princeton, N. J., 1975, pp. 196 ss.; P. Rhodes, Comm, on Ath. Pol., Oxford,

1982, sobre X L III, 3, en p. 521.

25. Μ. H. Hansen, en GRBS, X V III (1977), pp. 43 ss.; P. Rhodes, op. cit.

en η. 24 más arriba, no está convencido, p. 522, porque el proceso frecuente de eisangeliai por parte de la Asamblea (‘procesos de traición’) es incompa­

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