Cuba arriba a la sexta década del siglo XX con un acceso
de la población al deporte de apenas un 0,25 %; su causa principal: el estado de la enseñanza y la educación en Cuba, la situación dramática que vivía el campesinado cubano, la ausencia de la atención médica, la discriminación racial, el profesionalismo en el deporte junto al mercantilismo y las apuestas, la falta de técnicos, instalaciones, implementos deportivos y apoyo oficial, lo que unido a la corrupción administrativa existente, impedía que nuestro país pudiera tener cualquier desarrollo en el plano deportivo ni en algún otro renglón de la vida social.
Gobiernos que importaron la sed de monopolio de sus amos, que instauraron la desigualdad como premisa de formación de grandes capitales que cuanto más grande era más reducido el número de quienes lo poseían, dejaron a la población en profunda deuda social, traducida en mortalidad infantil de más de 60 por 1 000 nacidos vivos, esperanza de vida al nacer de 55 años, un millón y medio de habitantes mayores de seis años no tenían ningún grado aprobado, 23,6 % de la población mayor de 10 años era analfabeta, más de la tercera parte de la población laboral estaba sin trabajo. En relación con la situación de los hombres de campo Fidel Castro se refirió en la Historia me absolverá:.
“[…] a los 500 000 obreros del campo que habitan en
los bohíos miserables, que trabajaban cuatro meses al año y el resto pasaban hambre, compartiendo con sus hijos la miseria”.
En otro momento de su histórico alegato relata que:.
“[…] el 85 % de los pequeños agricultores cubanos
está pagando renta y vive bajo la perenne amenaza del desalojo de sus parcelas: más de la mitad de las mejores tierras de producción cultivadas, están en manos extranjera”.12
Contrastando con las vidrieras repletas de los centros comerciales urbanos y el lujo y el derroche de la burguesía, los pobres del campo vestían harapos, andaban descalzos y apenas podían alimentarse para
subsistir. Constituye una prueba elocuente de ello los resultados de la encuesta realizada en 1957 por la nada progresista Agrupación Católica Universitaria sobre el nivel de la vida de los obreros agrícolas, según esta encuesta, la alimentación consistía en viandas, arroz y frijoles. Solamente el 11,2 % tomaba leche, el 4 % comía carne, el 2,1 % comía huevos, el 1 % comía pescado y el 3,4 % comían pan.13
La asistencia sanitaria, la atención médica, y por ende el estado de salud de la población era extremadamente deplorable. Con un sistema de salud signado por la medicina privada, la masa de trabajadores y campesinos pobres no tenían acceso a la asistencia médica, de ahí los indicadores de mortalidad infantil, de esperanza de vida y otros que nos situaban entre los países más subdesarrollados del continente.
El estado de la enseñanza y la educación en Cuba no se apartaba de este cuadro general, la política educacional de las clases explotadoras dominantes en el periodo prerrevolucionario, basado en el régimen burgués, latifundista y neocolonial estuvo encaminada a defender los intereses de los terratenientes y de las empresas capitalistas nacionales y los consorcios extranjeros, a mantener al país, a sus obreros y campesinos, las masas trabajadoras en general, en el atraso y en la incultura, a difundir su ideología, sus concepciones y formar el conformismo a través de las ideas del fatalismo geográfico y la grosera falsificación de nuestra historia, a borrar de nuestras tradiciones culturales y nuestra auténtica personalidad nacional, propagando el llamado “modo vida norteamericano” bastarían estas consideraciones para comprender que panorama semejante no podía motivar al deporte, mucho menos a su desarrollo, pues quierase o no, la prospe- ridad deportiva pasa por el progreso social, en tanto es reflejo de este.
Lo que esta situación favoreció fue al profesionalismo, boxeadores y peloteros eran canteras de los traficantes. La actividad del músculo era un modo de vida, un empleo, y en ese contexto, un método salvaje de explotación. El carácter exclusivista de las instala- ciones, vedadas a la población y discriminatorias por razones de raza, alentaron el juego, las carreras de perros o de caballos, las peleas de gallos y perros, la lotería, la bolita, o la ruleta.
Desde fechas muy cercanas al triunfo de la Revolución nuestro Comandante en Jefe se refería a estos flagelos en los siguientes términos: “[…] el entretenimiento
clásico por lo general en el país era, en los pueblecitos, en las centrales azucareros, el billar y en el campo las peleas de gallos, las peleas de gallos son una cosa terrible. El dinero destinado a la alimentación de los familiares se guarda para jugar a los gallos y después se pierde. ¿Por qué juegan gallos los campesinos? Porque en el campo no hay deporte de ninguna clase, nosotros sabemos que el deporte va a ser una actividad que se va a popularizar y generalizar hasta una dimensión que posiblemente ahora muchos ni se imaginan, es decir, el deporte se llevará al campo, a todo el país para que empiece ya la gente joven a realizar una actividad saludable y sana, en vez de una actividad como jugar gallos”.14
En otro momento Fidel señalaba: “¿Qué había pasado a ser el deporte? Aparte del entretenimiento para los hijos de las familias ricas, que lo practicaban en la escuela o en los clubes aristocráticos, el deporte se había convertido también en un negocio, el deporte se había convertido también en una mercancía, se había convertido también en un objeto de explotación”.15
Y refiriéndose al profesionalismo dijo: “Mientras más
lo ve uno, más llego a la convicción de que vale mil veces más el deporte de aficionados que el de profesión […] es una lección tremenda de cómo el estímulo moral de la sociedad tiene una fuerza extremadamente superior a la de dinero […]. Aquí no hay profesionalismo, sino todo siempre el deporte por el deporte. Ningún país en América ha podido hacer eso”.16
Esta situación de profesionalismo en el deporte, erradicada hace mucho tiempo por nuestra Revolución, continúa siendo un flagelo para el mundo, ya que a finales de la década de los 80 e inicio de la de los 90 aparecía como una tendencia en el movimiento deportivo internacional, pasó a ser ya un fenómeno presente, además, desgarrador, pues es la expresión misma del neoliberalismo, al eregirse como progenitor de la compra y venta de atletas y por supuesto, de la migración deportiva.17
Recientemente en la inauguración de la escuela Internacional de Educación Física y el Deporte y el 40 aniversario del INDER, nuestro Comandante en Jefe refiriéndose a este tema dijo: “Si trágico es convertir la salud en mercancía, trágico es convertir algo tan noble como el deporte y el ejercicio físico, tan relacionado con el bienestar y la salud humana en una mercancía, contra esto Cuba lucha hoy prácticamente solitario contra un repugnante mercachiflismo que se ha
introducido en el deporte, que no tiene ya nada de amateur, ni en las Olimpiadas”.18
Continuando con la situación del deporte antes del triunfo de la Revolución, las actividades deportivas eran realizadas por una minoría que según cálculos optimistas eran de unos 15 000 participantes. La Educación Física solamente se practicaba en algunas escuelas privadas. En aquel entonces, existían en el país unos 800 profe- sores de Educación Física en su mayoría empírica. Apenas había instalaciones deportivas y los artículos e implementos deportivos eran importados de Estados Unidos a través de agencias comercializadoras de Wilson, Rawlings, Everlast, entre otras.
En el deporte amateur, salvo en el béisbol y alguna otra disciplina, los pocos logros alcanzados en competencias internacionales, se obtuvieron por individuos aislados, carentes de apoyo oficial, que en su esfuerzo extraordinario y sus condiciones excepcionales, hicieron posible la hazaña de triunfar en el campo deportivo en condiciones de verdadera desventaja.19
Refiriéndose a esto nuestro Comandante en Jefe expresó: “[…] soy un convencido de que la actividad
del deporte es necesaria en el país. Da pena que haya tan poco deporte. Apenas un 10 % de nuestra juventud practica deporte […] el resultado obtenido por Cuba en eventos internacionales es vergonzoso, no son papeles sino papelazos lo que han hecho”.20
A todos estos males es necesario agregar la corrupción administrativa de la época, que como situación lógica también se extendía a la esfera del deporte y la cultura física, baste señalar que la Dirección General de Deportes de Cuba estaba regida por un cuñado del depuesto tirano, para quien el organismo no había sido (como tampoco para sus anteriores en el cargo) más que parte de enriquecimiento propio.
A manera de resumen veamos los mayores logros obtenidos por nuestra patria en la arena internacional: − Juegos Centroamericanos y del Caribe: desde 1926-1959 (8 juegos) se obtuvieron 179 meda- llas de oro, 153 de plata y 150 de bronce. − Juegos Panamericanos: desde 1951-1959 (tres
juegos) se obtuvieron 12 medallas de oro, 23 de plata y 22 de bronce.
177 − Juegos Olímpicos: Desde 1896-1956 (13 juegos)
se obtuvieron seis medallas de oro, cinco de pla- ta y tres de bronce.
Estos resultados permitieron a Cuba ubicarse en segundo lugar por países en el área centroamericana y del caribe, sexto lugar en el ámbito continental y en el puesto 26 a escala mundial.