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Conceptualizar al trabajo solamente teniendo en cuenta al sujeto que realiza una actividad en un ambiente determinado sería una definición in- conclusa, una mirada parcial sobre dicho fenómeno, puesto que el trabajo no sólo implica a dicho individuo y su actividad en un ambiente dado, sino a una realidad social en la cual se encuentra inmerso. Esa realidad social será el resultado de la interacción y de la vida en sociedad, todo esto va dejando huella al momento de hablar del trabajo.

Desde Peiró y Prieto (1996), proponer una perspectiva psicosocial del trabajo implica ahondar en conceptos tales como: valores, creencias e in- terpretaciones compartidas. Aquí también estamos aludiendo al concepto de cultura.

La cultura se define como un conjunto de conocimientos compartidos por un grupo de sujetos que poseen una historia común y participan en una estructura social. De esta manera, la cultura implica patrones conductuales que los sujetos llevan a cabo, dada su valoración de ciertas normas que guían su posterior accionar. Asimismo, la cultura va a “teñir” el funcionamiento psicológico individual. No obstante, la cultura actúa desde determinados “escenarios institucionales”, y de esta forma sanciona, da el visto bueno y/o refuerza ciertas conductas.

Si tomamos el concepto de "cultura subjetiva" desde Páez y Zubieta (2004), estamos hablando de “estructuras de significado compartidas”. Esto último incluye los roles, normas, valores y creencias, “qué es verdad”. Recordemos aquí a Krynski (2006) y su “objetividad entre paréntesis” y la imposibilidad como seres humanos de acceder directamente a la realidad. Lo anterior nos hace reflexionar acerca de la importancia de la cultura en lo que nosotros, como seres atravesados por la misma, consideramos verdadero o no. En otros términos, podríamos detenernos a pensar cómo nuestro rol de seres psico-socio-culturales determina las características de los paradigmas a través de los cuales observamos el mundo.

Por otro lado, vale agregar que el constructo “trabajo” denota un carácter dinámico y cambiante, no sólo por ser producto de determinado momento histórico y sufrir transformaciones con el paso del tiempo, como plantea Medá (1998), sino porque también en un mismo período histórico podemos constatar diferencias de acuerdo los grupos sociales, países, culturas, etcétera, desde donde lo observemos. Aquí es donde lo psico-social imprime su marca.

En síntesis, podría entenderse al trabajo como un concepto de carácter dinámico, determinado no sólo por las elecciones y experiencias individuales, sino también por el contexto ambiental y organizacional en el que se vive y se trabaja. Desde aquí podría plantearse que en tal definición colaboran tanto la perspectiva individual, como una óptica social compartida.

5.1 Modelo MOW: la centralidad del trabajo

Tal como se expone en el apartado anterior, al hablar de significado del trabajo no nos estamos refiriendo a algo invariante y acabado. Contrariamen- te, nos encontramos ante un constructo dinámico, en el cual se encuentran implicadas las experiencias y elecciones del sujeto y su interacción con el

SILVIA KOFFSMON

medio social y laboral. Por lo tanto, si alguno de estos factores sufre altera- ciones, también modificarán dicho significado.

Conocer el significado del trabajo funciona como guía para la acción a través de las creencias de cada uno de los individuos acerca de: las metas –lo que se espera o desea del trabajo–, las normas societales –lo que se espera dar o recibir en la situación laboral a fin de alcanzar dichos objetivos–, y la centralidad –grado de identificación personal con el trabajo.

El modelo MOW (Meaning of Working. Internacional Research Team, 1987) se trata de un modelo teórico complejo, flexible, cambiante y mul- tidimensional, que hace referencia a las creencias, expectativas y valores del trabajador en lo que al trabajo en general respecta. Las mencionadas dimensiones que lo integran resultan interdependientes. Es un conjunto de factores cognitivos, afectivos y predisposicionales, que interactúan en el es- cenario laboral. Pero, ¿qué pasa cuando en el mismo escenario laboral entran a operar acciones diferentes provenientes de maneras de valoración distintas? Existe un conjunto de relaciones dinámicas entre los tipos motivacionales de valores que surge del supuesto subyacente de que las acciones emprendidas para realizar cada tipo de valor tiene consecuencias psicológicas, prácticas y sociales que pueden entrar en conflicto o ser compatibles con la realización de otro tipo de valores. El análisis de los conflictos y compatibilidades que pueden ocurrir cuando las personas intentan realizar estos valores de forma simultánea puede ser la base de la formulación de hipótesis sobre las relaciones entre prioridades de valores. Recordemos la conceptualización de Schwartz (1992) acerca de los valores cuando los expresa como metas motivacionales que indican aquello que los sujetos o grupos definen como deseable o no deseable, significante o no significante en sus vidas.

La “centralidad” refiere a la creencia general sobre la importancia del valor del trabajo en las vidas de las personas, desde el grupo MOW. En otros términos, sería el grado en que la persona se identifica con el trabajo, convir- tiéndose éste en central para su vida. Dentro del concepto de centralidad, dis- tinguimos dos componentes: creencia / valor y orientación / decisión. El primero de ellos hará hincapié en su relación con el self, que surge de la consistencia cognitiva entre el trabajo como actividad y el self como referente. El segundo, por su parte, refiere a la predilección del trabajo en relación a otras esferas de la vida, como por ejemplo el grupo familiar, amigos, formación profesional. Algunos puntos en común que presentan estos elementos serán: propiedades de involucración, relacionales y la identificación del sujeto con su trabajo.

Entonces, estamos hablando de una medida basada en cogniciones y afectos que dan cuenta de la importancia que el trabajo tiene en la vida de un sujeto en un momento concreto; y a su vez, permite comparar al trabajo con otras esferas de su vida.

Planteado lo anterior, podría pensarse en cómo los conceptos de cen- tralidad y significado del trabajo se encuentran fuertemente implicados en las diversas concepciones del trabajo que se manejan en las diferentes generaciones laborales. Todas ellas requerirán y valorarán las mismas cosas, pero la diferencia va a estar puesta en sus prioridades, expectativas y formas de comportarse.