8.4 Cyclic Hamming codes and their relatives
8.4.2 Simplex codes and pseudo-noise sequences
La producción en serie de automóviles se inició en los Estados Unidos hace unos 80 años. Durante el primer cuarto del siglo XX, los vehículos a motor pasaron de ser una novedad a constituir un importante medio de transporte. Al fin de la I Guerra Mundial existían ya del orden de cinco a seis millones de vehículos en Estados Unidos, y se producían más de un millón de vehículos al año. En 1925 el volumen de tráfico de los más de 25 millones de vehículos registrados era superior a 1,6 x 1011 veh-km.
Esta proliferación del parque de automóviles originó la proliferación de los accidentes de circulación. En 1925, el número de personas muertas anualmente como consecuencia de los accidentes de circulación excedía los 20.000. El índice de mortalidad en 1925 era superior a 11 víctimas mortales/108 veh-km. Reconociendo que la seguridad de la circulación se había convertido en un importante problema nacional, el Secretario de Comercio Herbert Hoover convocó en 1924 la primera Conferencia Nacional sobre Seguridad en la calles y carreteras. Entre las recomendaciones aprobadas en la conferencia, una parte importante se refería a las características de las infraestructuras, incluyendo la adopción de anchuras mínimos de calzada y puentes, de limitaciones radios mínimos y pendientes máximas, de distancias mínimas de visibilidad, de marcas viales longitudinales para identificar las zonas de prohibición de adelantar y la estandarización de las señales verticales.
La puesta en práctica de estas medidas, destinadas a evitar los accidentes, junto con otras destinadas a disminuir la gravedad de los accidentes que a pesar de ello se producen, contribuyeron a que el índice de mortalidad haya disminuido continuamente
a lo largo de los últimos 70 años. Aunque el volumen de tráfico en los Estados Unidos ha aumentado hasta superar los 3 x 1012 veh-km, el índice de mortalidad ha seguido una tendencia de disminución, a un ritmo medio del 3 % anual, siendo en la actualidad más de 7 veces inferior al de 1925.
A pesar de ello, más de 40.000 personas mueren anualmente en accidentes de tráfico en los Estados Unidos, por lo que se considera necesario continuar con los programas de mejora de la seguridad en las carreteras.
Las medidas de seguridad vial se integraron durante muchos años en los programas de construcción y conservación de las administraciones estatales y locales. Un súbito incremento del número de accidentes al comienzo de los años 60 originó la creación de programas específicos de mejora de la seguridad vial con financiación federal.
La legislación federal referente a la gestión de la seguridad vial tiene su origen en el Acta de Seguridad Vial de 1966, que establecía la obligación de "identificar y corregir los tramos de concentración o potencial concentración de accidentes" y de que en cada Estado el Gobernador nombrase un responsable de la Seguridad Vial en su territorio.
Posteriormente la citada acta fue complementada con el Acta de Seguridad Vial de 1973, que creaba los programas anuales de seguridad vial con el objetivo de reducir el número y la gravedad de los accidentes originados por zonas, tramos o elementos peligrosos a través de actuaciones de mejora de las características de seguridad de las carreteras.
La legislación subsiguiente fue creando distintos programas específicos en el campo de la seguridad vial y fijando directrices específicas para su planificación, implementación y seguimiento. Así, el Acta de 1978 creó y dotó de fondos a los programas de marcas viales, de supresión de pasos a nivel, de eliminación de elementos peligrosos y de mejora de las condiciones de seguridad de las carreteras locales.
El programa de eliminación de elementos peligrosos se constituyó uniendo los de eliminación de tramos de concentración de accidentes y de eliminación de obstáculos laterales. A través de este programa se financian actuaciones destinadas a eliminar o reducir la peligrosidad de tramos de concentración de accidentes en todos los sistemas viarios del país, a excepción de la red interestatal.
Desde 1974 hasta 1992 se invirtieron en los programas de mejor de la seguridad vial más de 4.000 millones de dólares en 31.500 actuaciones. Los tipos de actuaciones más frecuentes son las mejoras de señalización, la canalización de movimientos en intersecciones, la instalación de barreras de seguridad y sistemas de contención de vehículos, la ampliación de la anchura de la calzada y de los arcenes, las mejoras de la resistencia al deslizamiento y el pintado o la reposición de marcas viales.
Los resultados obtenidos con el programa de acuerdo con la evaluación efectuada por la FHWA [1993]26 han permitido evitar 610.000 heridos y 21.800 muertos desde 1974. Las reducciones medias de los índices de peligrosidad y de accidentalidad mortal en los tramos tratados es del 26 % y del 50 % respectivamente, con un coste medio de 16.400 dólares por herido evitado y de 378.000 dólares por cada víctima mortal evitada.
Este desarrollo legislativo ha continuado hasta la actualidad, habiendo sido complementado con la elaboración de una gran cantidad de manuales y normas relativas a los programas y procedimientos de actuación en el campo de la seguridad vial. [FHWA, 1975, 1980, 1981]21,22,23.
A partir de las directrices establecidas para los programas de seguridad vial establecidas en el acta de 1966 y en la legislación posterior, la Federal Highway Administration [FHWA, 1981]24 definió un modelo de Programa de Mejora de la Seguridad Vial en el Federal-Aid Highway Program Manual. Dicho documento establecía para cada uno de los Estados, la obligación de "desarrollar e implementar, sin solución de continuidad, un programa de mejora de la seguridad vial con el objetivo de reducir el número y la gravedad de los accidentes y disminuir el riesgo potencial de accidentes en las carreteras". A partir de la citada fecha todos los Estados desarrollan sus propios programas de seguridad vial, bajo las directrices de la FHWA, que serán analizadas en el apartado 3. La administración federal debe aprobar estos programas y controlar su desarrollo, ya que aporta los fondos necesarios para su financiación.