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Las condiciones existentes en la zona de acogida en Rabuni eran extremadamente preca- rias, dada la inexistencia de infraestructuras adecuadas, la enorme avalancha de población refugiada que iba llegando de diferentes lugares y la ausencia de apoyos internacionales

como el programa de refugiados de Naciones Unidas, u otras organizaciones internacio- nales. Los refugiados contaban con la solidaridad de Argelia y algunos otros países, que aún en ese momento empezaba siquiera a materializarse.

Había unos saharauis que llevaban un tiempo allí, en Rabuni, y luego iban lle- gando los que venían de las zonas bombardeadas. La gente estaba en unas condi- ciones terribles. Había un campamento al que llamábamos “Bangladesh” porque eran los que habían llegado andando con las mujeres que sólo tenían la melhfa y la utilizaban para hacer las tiendas. Era una situación durísima, pero todo el mundo ayudaba y lo compartíamos todo. Humanamente era una situación mara- villosa. Ana Gaspar.

Por una parte, los refugiados llegaban en condiciones extremas de desnutrición, enfermos o heridos. Hay que tener en cuenta que eran sobrevivientes de un éxodo violento y trau- mático, sin apenas comida o condiciones de subsistencia durante al menos un mes que, en la mayor parte de los casos, duró la salida desde sus lugares de origen hasta llegar, después de un tortuoso éxodo, hasta Tinduf.

Nosotros estábamos en Rabuni, en un edificio de piedra que era de los argelinos y allí

hicieron el hospital. En este edificio teníamos un baúl muy grande que era donde po-

níamos todos los medicamentos que habían llegado de la ayuda internacional. Inma

iba clasificándolos allí. Benda y yo íbamos ocupándonos de la gente que iba llegando.

Llegaron muchos desnutridos porque al principio no se querían ir y el Frente les decía

de moverse y no querían. Querían llevarse muchas cosas y no era posible. Al final vi-

nieron con lo puesto y en muy malas condiciones. Llegaban muy mal, muy mal. Cada vez que me venía una chica con el atadito detrás, pensaba: “Dios mío, cómo saldrá el bebé” y salían unos bebés con pellejitos, pobrecitos, no tenían nada de las chichitas. Casi no tenían leche en el pecho. Era dramático. Ana Gaspar.

De hecho, en los primeros meses de refugio se dio una epidemia de sarampión que llevó a la muerte a muchos niños en los campamentos que estaban comenzando a constituirse. Sin infraestructuras sanitarias, sin vacunación y en condiciones de desnutrición infantil, el sarampión se convirtió en una epidemia mortal junto con otras enfermedades.

Imagínate en un trozo de desierto que llegas con decenas de miles personas, y se empezó a organizar todo, desde un dispensario con las cosas mínimas, una especie de casa donde les preparábamos todos los días a los críos unas papillas hiperproteicas para asegurarles al menos una media comida al día… mientras

tanto hubo en el año 76 una epidemia horrorosa de sarampión en Rabuni donde

murieron muchísimos niños. Aquí, cada día había cinco niños o mujeres que mo- rían diariamente y ancianos porque no había alimentación ni cuidado médico. Empezamos a organizar a la gente, teniendo en cuenta que Dajla estaba muy lejos del resto. Y mientras tanto la vida seguía, porque la gente se seguía casando, se- guían naciendo niños y… Gurutze Irizar (Fatimetu).

Además, otras enfermedades banales como infecciones respiratorias agudas o diarreas fueron fatales en las condiciones de desnutrición de la población refugiada. A las muertes violentas del bombardeo o los ametrallamientos en el camino de huida, se añadieron aquí las de la violencia del despojo, el desplazamiento forzado y la pobreza extrema en que se encontraba la población saharaui refugiada.

En aquella época hubo una epidemia de sarampión y muchísimos bebés murieron. Muchos, muchos de sarampión porque no teníamos nada con lo que curarlo. Tam- poco se habían vacunado. Íbamos haciendo lo que podíamos. Básicamente, había muchísimos partos y se ponía a toser un bebé pequeñito y no tenías nada para darle. Era muy dramático. Y los viejitos también porque se encontraban muy mal los pobres. Las condiciones eran terribles, hacía muchísimo frío y casi no había comida. Había muchísima desnutrición además de los piojos. No tenías condicio- nes ni para lavarte ni para nada. La situación era muy dura porque el invierno también fue muy duro y frío, y la gente lo pasó muy mal. Ana Gaspar.

La situación de la población desplazada y refugiada constituye también una infracción al DIH. Los desplazados y refugiados tienen derecho a una protección y asistencia huma- nitaria adecuada112. Los servicios de salud a enfermos y heridos son un deber de carácter humanitario que debe brindarse en todo tiempo y lugar113. Pero incluso en esas circuns- tancias y a pesar del conocimiento creciente de la situación de los refugiados saharauis en Argelia, el miedo siguió condicionando la vida de la población y las estrategias de re- sistencia y organización en medio del refugio siguieron contando durante mucho tiempo con medidas de seguridad extremas frente a la posibilidad de nuevos ataques por parte de las fuerzas armadas marroquíes.

Se temió muchas veces que iban a atacar los campamentos de refugiados. Pero por muchos años. Y estaba todo el mundo preparado. Por ejemplo, la farmacia y otras instalaciones como algunos ministerios estaban hechos bajo tierra. Yo había trabajado en la farmacia de Rabuni que estaba bajo tierra. Una especie de búnker, pero sobre tierra, no era cemento ni nada. Era un agujero en la tierra que aguantaba. No sé cómo, pero aguantaba. Montse Escorbe (Hurria).

Cada diez personas formábamos una célula. Hacíamos lo que nos tocaba: adobe para las casas, jaimas, reparto, recogida de basuras… todo con pocos medios. La escuela, por ejemplo, al principio no tenía ni libros, ni bolígrafos ni nada. Escribían en la arena. Lo primero que se organizó fue la educación, con la ayuda de otros países árabes, empezamos a hacer tiendas, al principio las hacíamos a mano, luego llegaron las tiendas fabricadas donadas por Argelia. Después levan- tamos el hospital. Todo lo hacíamos las mujeres, porque los hombres no estaban, 112 El artículo 17 del Protocolo II de 1977 citado de manera textual en la nota de pie de página 83, así lo estipu-

la, al igual que la norma 131 del derecho internacional humanitario consuetudinario. HENKAERTS, J.M. y DOSWALD-BECK, L. (2007), op. cit., pp., 524 a 528.

estaban en la guerra. Organizábamos los barrios por familias más o menos, y después por zonas. Los que veníamos de Um Dreiga estábamos en Dajla y todos en la misma daira. Y la vida seguía, seguían naciendo niños, la gente se moría, se casaba… había una administración a través del comité de justicia. S.M. Hombre. Pero también por otra parte es un sitio más relajado, donde la gente es más unida. Cuando vivimos un problema juntos, eso también te pone más cerca de otras per- sonas. Hay mucha cohesión ahí que te enseña. La gente vivimos un problema tan duro juntos que eso nos ha hecho también estar más unidos. Um Erghia Abdelahi.

Bombardeo en Guelta

Salimos de noche, a un sitio que se llama Yderia, donde estuvimos un mes. Cuan- do llegamos allí, se averió el camión y nos quedamos allí esparcidos en un lugar donde casi no había jaimas, ni ganado, prácticamente una zona vacía. Había al- guna jaima que llevaba un poco de leche, otros un poco de harina, otros un poco de macarrones. Poco era poquito. Todo terminó antes de tiempo. Después vino gente y comenzamos a ir hacía Guelta. Mamia Mohamed-Fadel Lehsen.

Guelta Zemmur, al norte de Um Dreiga, es un pueblo que pertenece al Sáhara Occidental. Se encuentra localizado en un oasis que, por mucho tiempo, fue zona de pastoreo y noma- dismo. Así mismo, fue una de las áreas de refugio de las milicias del Frente POLISARIO en los inicios de la invasión marroquí.

Numerosas familias vivían en la zona, como la familia de Salka Mohamed Ahmed cuyo marido Lehebib Hachem Hachem trabajaba de peón en la empresa Tejados y Cubier- tas. Además de la gente que vivía allí, en esa época se asentaron numerosas familias en jaimas en la orilla del río. Según refirieron los sobrevivientes entrevistados, Guelta fue bombardeada en varias ocasiones, y el sobrevuelo de aviones fue descrito como intenso y en diferentes días.

El primer bombardeo era por la tarde, yo estaba preparando el té y la comida, tenía un niño pequeño que aún mamaba, escuchamos el ruido de los aviones y de repente aparecieron y comenzó el bombardeo. La gente corrió en todas direcciones. Yo estaba enferma y casi no tenía fuerzas para moverme, el niño tenía siete días, no podía llevar a los dos. Tenía el bebé y la niña que tenía como dos años. Así que nos escapamos el niño y yo, la niña se quedó sola en la jaima. Salka Mohamed Ahmed. Según los testimonios de sobrevivientes Guelta era considerada por los desplazados como un lugar provisional antes de volver de nuevo a sus casas.

Porque trabajaba para España, hicieron una parada como unas vacaciones, la gente estaba en sus hogares hasta que entró la invasión. Las mujeres comenzaron a huir, incluso dejando a sus hijos y marido porque tenían miedo a las violacio- nes. Salimos todos, con los hijos y con lo poco que llevábamos. Llegamos todos a Guelta y comenzamos a hacer jaimas con las melhfas. Mi marido estuvo conmigo hasta Guelta y yo di a luz un hijo. Pensábamos que todo esto tendría rápida solu- ción y que pronto volveríamos a nuestras casas. J.S. Mujer.

En otros casos, varias familias completas se agrupaban en jaimas que habían ido llegando de otros lugares. Guelta fue también lugar de acogida de personas que huían de otras poblaciones. Los distintos sobrevivientes señalan que el bombardeo se llevó a cabo el mes de febrero de 1976.

El mes de enero estuvimos en Guelta y en febrero llegó la aviación marroquí y nos bombardearon. Después la gente se esparció, yo no volví a encontrar a mi marido. Me escapé, vine un coche, el niño ya se había muerto con tres o cuatro años de enfermedades de ese momento. Yo hui con bastante gente discapacitada, las muje- res con pequeños lactantes y mi marido se quedó para huir más tarde. J.S. Mujer. Las vivencias de quienes eran mujeres con niños en esa época, y de los propios menores, como en este caso un niño de nueve años, coinciden en las descripciones del miedo y el horror, mientras la gente trataba de ponerse a salvo.

No nos dábamos cuenta del peligro que provocaba aquel bombardeo… recuerdo que al lado de la zona donde jugábamos había una jaima y había un coche peque- ño blanco y lo bombardearon, hubo una explosión muy grande. Cuando vimos a la gente huyendo, sobre todo mujeres, nos dimos cuenta de que era algo peligroso. Cuando se repitió el bombardeo nos cogieron nuestras madres, y nos escondieron bajo los árboles, y desde allí, aunque éramos pequeños, nos dimos cuenta de que lo que estaba pasando era algo mortal. Al ver a la gente huyendo y al observar jaimas enteras quemadas… Hamdi Lejlifa.

Si bien el bombardeo no tuvo las proporciones de Um Dreiga, los sobrevivientes señalan que hubo al menos varios muertos y heridos. Las condiciones de terror en las que se en- contraba la población civil hicieron que incluso muchos de ellos dejaran a sus familiares. Al llegar a Guelta, justamente, nos bombardearon. Vi las bombas y había heridos pero afortunadamente no tanto. Hubo heridos en el otro lado del campamento y fueron llevados en una especie de ambulancia que trajeron los combatientes. No recuerdo cuanto tiempo duró, unos días… del pánico casi no nos acordamos. La

gente se iba a las 5h de la mañana, y cavaban en las montañas justo donde cu-

piese su cuerpo, se escondían sin comida, sin nada. Un niño y una niña murieron cerca, como a las 8h de la mañana, pero no nos conocíamos, veníamos de muchos puntos… Estuvimos casi dos meses, ya no había bombardeos pero la gente tenía mucho miedo. La gente gritaba y algunos del miedo salían corriendo abandonan- do a los niños y luego volvían a por ellos. Algunos niños incluso venían solos, los cuidaban los vecinos, los familiares. Mamia Mohamed-Fadel Lehsen.

Todos los testigos describieron el sobrevuelo de aviones y bombardeo con impacto en jaimas, coches y edificaciones donde se encontraba población civil.

Recuerdo que en el bombardeo había unas mujeres que estaban conmigo debajo de un árbol que nos servía como cobijo. En la madrugada hemos encendido un fuego para hacer el té. Yo me encargué de encenderlo y de repente llegó un avión y bombardeo cerca de donde estábamos. Todas huyeron hacia los árboles para cobijarse, yo quedé para apagar el fuego. Emprendimos camino hacia Tifariti a pie y corriendo entre bombardeos, yo llevaba a mi hijo pequeño en los brazos y el otro colgado en la espalda y corriendo. Nos persiguieron hasta llegar a Birlehlu. Mi marido Lejlifa Amalin fue herido en el bombardeo de Guelta114, no teníamos

ni zapatos ni chanclas, ni vestimenta, ni comida, ni agua. Gbeila Hamdi Abdala. Después del primer bombardeo, como en otras zonas bombardeadas, la población civil se escondió en cuevas, bajo árboles o trincheras construidas de maleza para ocultarse de los aviones.

Cocinábamos de noche. Los niños cuando escuchaban los aviones corrían a es- conderse. Escuchábamos que había fallecidos pero nosotros nunca vimos, cada uno estaba oculto, no salíamos por miedo. Cuando fue el primer bombardeo, yo estaba jugando pero corrí y me subí a un árbol. Vi a mi madre con la mano blanca, porque estaba haciendo pan, corriendo con el niño hacia la montaña yo me quedé tieso en el árbol. Bachir Lehbib Hachem.

Según los testimonios de los sobrevivientes, la zona de campamento de la población se encontraba en la ribera del río. En la parte norte de Guelta, a varios kilómetros, estaba el puesto de administración del ejército español y de Tejados y Cubiertas. Había pequeñas guardias del Frente POLISARIO repartidas en las montañas en la zona pero, como en otros lugares, el campamento de la población no tenía guardias ni había presencia militar. Al día siguiente del bombardeo, yo, mi madre, la niña y el niño que tenía una semana subimos a la montaña y dormimos allí. Como no hubo bombardeo mi madre me dijo: baja y suelta las cabras. Tenía un perro que nos cuidaba, solté las cabras y cuando iba a la mitad de camino hacia la montaña, empecé a oír el ruido de los aviones que sobrevolaban y salí corriendo hacia el tronco de un árbol. Me escondí en una piedra con el perro, soltaron unas ráfagas y una bomba cayó, el perro murió y yo me salvé. Cuando la bomba explotó oí el ruido de metrallas que al explotar la bomba se desplazaban en el aire. Mi madre pensó que seguramente estaba muerto, así que mandó a un señor a buscarme hasta que vio el perro muer- to, cuando se acercó al perro yo le grité, me cogió de la mano y me llevó con mi madre. Bachir Lehbib Hachem.

114 Su marido se encontraba en la entrevista, y pudo apreciarse una cicatriz en la espalda que señala como consecuencia de las heridas producidas en el bombardeo.

Salimos de Guelta a medio día y nos percatamos de que los conductores no iban a mucha velocidad porque tenían miedo de hacer polvo. Al atardecer llegamos a un lugar que se llama Amanatelan... y de allí nos fuimos en dirección a Tifariti. Nos enseñaron restos de un avión marroquí derribado. Iban con nosotros dos o tres personas que hacían la comida para todo el mundo, los señores traían cacharros y provisiones. La caravana estaba compuesta de mujeres y niños, los dos conducto- res de los camiones más los de los Land Rover, y los dos hombres que cocinaban. Salka Mohamed Ahmed.

La caravana de huida solo era de mujeres, niños y ancianos. Como en otros casos muchos hombres se quedaron para combatir en las filas del Frente POLISARIO, o esperando otras posibilidades de huida. Muchos de ellos se encuentran en la actualidad desaparecidos como Lehebib Hachem Hachem115.

En su huida de Guelta, numerosos sobrevivientes de otros bombardeos fueron encon- trándose por el camino. Las preguntas sobre los desaparecidos, el riesgo de nuevos bom- bardeos o las zonas de combates, y los lugares para ponerse a salvo eran parte de las conversaciones de las familias afectadas. Como señala esta testigo, los sobrevivientes de Um Dreiga eran quienes estaban más afectados.

La gente de Um Dreiga estaba peor, estaba demente. Cada persona la llevaban a un punto diferente escondiéndonos. Cuando era la última noche, vinieron los

camiones, nos cargaron a todos. Como no eran suficientes, había gente que iba

atada a la cisterna. Mamia Mohamed-Fadel Lehsen.

El éxodo de la población civil como en el caso de Um Dreiga se fue dando durante los mismos días, según las informaciones disponibles la tercera semana de febrero de 1976.

Vi a mi madre llorando. La dirección que cogimos no sabíamos cuál era, vimos a la gente coger esa dirección y nosotros marchamos también. Emprendimos cami- no durante la noche, siempre caminamos de noche y cuando salía el sol buscába- mos cobijo en las lomas, buscando un escondite. Al anochecer emprendíamos ca- mino de nuevo… Recuerdo que caminábamos mucho, mucho, recorrimos muchos kilómetros después del bombardeo hasta acá en Tinduf. Recuerdo que pasaron por allá unos militares que tenían coches, pero iban muy cargados de gente, uno de esos coches llevaba un barril entre toda la gente y una mujer iba sentada encima del barril. Allí nos llevaron con ellos hasta aquí. Hamdi Lejlifa.

Desde Guelta, los desplazados víctimas del bombardeo huyeron hacia Amgala. El despla- zamiento de mujeres embarazadas o con niños lactantes se dio sin apenas medios, con los pocos coches que se encargaban de ayudar en la evacuación.

Huimos en un coche que era de un señor que no conocía. En un inicio cuando nos fuimos no nos conocíamos, él nos vio y nos llevó. Cuando yo llegué al principio como estaba dando el pecho aún, me enfermé. No me acuerdo cuanto tiempo tar- damos. Tenía un miedo horrible. J.S. Mujer.

El impacto del bombardeo en la población se vive en este caso también con un profundo sentimiento de pérdida de su territorio y de la vida de que tenían, en contraste con el exilio en el desierto argelino y las malas condiciones de vida del refugio en las que los niños tuvieron que crecer.

Lo que cambió mi vida es que este niño nunca olvidará lo que pasó en aquel mo- mento, quedará grabado en mi memoria. Aquel niño que recorrió muchos kilóme- tros a pie, el hambre, la sed que pasó, el sufrimiento… hasta que intentas superar

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