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Chapter  6:   Are there differences in mood of people with PD completing different social activities?

6.2.6   Statistical analyses

Por otro lado, hay un hecho importante a destacar dentro de la vida intelectual chilena de las últimas décadas del siglo XIX. La llegada del poeta nicaragüense Rubén Darío al puerto de Valparaíso en el mes de junio de 1886 y su inmediata incorporación en las actividades del diario El Mercurio de Valparaíso, donde al mes siguiente, julio de 1886, aparecen publicados sus dos primeros artículos. A este respecto Silva Castro señala que el poeta ha leído a "Víctor Hugo," pues "en esa ligera nota periodística encontramos" sus referencias al famoso escritor. Igualmente se percibe que "el poeta ha leído en La Légende des siécles el poema dedicado al famoso volcán nicaragüense Les raisons du Momotombo, y narra la letra de la relación fabulosa de los conquistadores, puesta en verso por el poeta francés." Incluso -continúa Silva Castro- a solo un mes de haber llegado a Santiago, en septiembre de ese mismo año, Rubén Darío publica en el diario "La Época (1881-1892) una traducción del libro póstumo de Víctor Hugo, La fin

de Satán." Finalmente, el crítico literario concluye el párrafo exponiendo que "no solo es

96 Walker John (2016) La evolución metafísica de Eduardo Barrios a través de sus novelas. Alicante: Biblioteca

virtual Miguel de Cervantes.Edición digital a partir de Actas del Sexto Congreso de la Asociación Internacional

de Hispanistas celebrado en Toronto del 22 al 26 de agosto de 1977, Toronto, Department of Spanish and

Portuguese, University of Toronto, 1980, pp. 769-772.

97 Barrios Eduardo (2000) Hermano asno. Nueva edición de la Colección Premios Nacionales de Literatura.

Santiago. Editorial Universitaria. Prólogo de Hernán del Solar Aspillaga, p. 11.

98 Oviedo José Miguel (1998) Reflexiones sobre el «criollismo» y su desarrollo en Chile. University Of

Pennsylvania. Anales de Literatura Hispanoamericana. 1998, Nro., 27: 25-34. Universidad Complutense de Madrid.

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atinada" la postura del poeta centroamericano, "sino que ofrece rasgos magistrales." Pues por aquel entonces, Darío solo contaba con diecinueve años. (1958: 7-10). Sin embargo, esa aceptación tan acelerada, que tuvo Darío en el mundo periodístico chileno y la fama que lo consagró en tan poco tiempo, no fue un hecho casual. El poeta nicaragüense ya había practicado el periodismo en Centro América y en Chile fue recibido formalmente por Eduardo Poirier Toledo (1860-1924), diplomático, escritor y periodista chileno, "corresponsal porteño de La

Época," quien trabajaba en la dirección de la "Compañía de Teléfonos" y cumplía las funciones

de "Cónsul General de Nicaragua en Chile." Poirier presentó a Rubén Darío a la intelectualidad chilena y entabló con éste una rápida y prolongada amistad que los llevó, incluso, a "escribir a medias una novela de corte romántico ambientada en Valparaíso," titulada "Emelina (1886), que tuvo cierto éxito y concursó en el Certamen Varela." Sin embargo, la obra "no obtuvo ningún premio en el Certamen, pero Darío, en solitario, sí logró el primer premio de poesía con su Canto épico a las Glorias de Chile (1887)."(Castagneto. 2013: 45-46).

En otro estudio desarrollado por Silva Castro, se indica que Darío estuvo en todo momento muy bien recomendado, pues no solo contó con el apoyo señalado de Poirier, sino con las cartas de recomendación del "poeta salvadoreño Juan José Cañas" (1826-1918), quien, a través de esas misivas, logró la atención de "algunos amigos chilenos" para con el poeta nicaragüense, que "le permitieron franquear las distancias." Sin embargo, independiente a todo ese apoyo, el poeta procuró labrarse su propio espacio con su trabajo periodístico, sus continuas publicaciones, sus traducciones y sus novedosas creaciones, además de su constante participación en tertulias literarias, entre otras muchas actividades. Por lo que en muy corto tiempo Darío no solamente fue "reconocido como colaborador del diario de" Agustín Edwards Ross (1852-1897), "así como lo había sido de El Mercurio de Valparaíso, sino también por el giro que va introduciendo en sus composiciones, la novedad evidente que revelan, destacándose entre la intelectualidad nacional, quienes rápidamente le dan su aprobación." (1958: 296-300). Entre las amistades chilenas importantes, conquistadas por Darío, cabe considerar la del intelectual y crítico literario Pedro Balmaceda Toro, quien desde que lo conoció fue su más ferviente admirador y, entre otras cosas, contribuyó a la publicación de algunas de sus obras y a la difusión de su movimiento modernista. Asimismo, otra destacada amistad, fue Eduardo de la Barra (1839-1900), Ingeniero geógrafo, periodista, diplomático, escritor y poeta romántico chileno que, posteriormente, en su madurez, abrazó el Modernismo de la mano de su amigo Rubén Darío, a quien prologó la primera edición de Azul… Valparaíso, 1888. En medio de todo "este ambiente de románticos retrasados y de clásicos sin sensibilidad llega Darío," (Latorre.

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1941: 162), irrumpiendo con el estilo, los temas, las imágenes y el lenguaje, entre otros. Un hecho que favoreció a que el arte en el país se revolucionara y evolucionara.

Así emerge el Modernismo en Chile y se introduce en el campo literario del país en medio de un contexto político y económico sin precedentes, pues fue la época en que la Nación comenzaba a experimentar extraordinarios cambios como consecuencia del fin de la Guerra del Pacífico y la ocupación de las regiones salitreras, que posteriormente significaron para Chile un aumento de sus ingresos, lo que más adelante se tradujo en una portentosa evolución de la economía, la política, su gente, su cultura y el país en general.

El modernismo ha sido un movimiento largamente estudiado, sin embargo, es importante reconocer que, independientemente de su desarrollo en el resto de Hispanoamérica, su introducción y práctica en el país fue destacada y necesaria pues renovó el mundo intelectual chileno con sus significativos aportes, aunque su trascendencia tuvo singulares características y su disolución en el tiempo fue igualmente bastante peculiar. A este respecto Silva Castro (1965)99 señaló en otro de sus ensayos:

El Modernismo, según todo parece indicarlo, es un movimiento literario circunscrito en el tiempo, pues no parece fácil extenderlo más allá de 1888 ni más acá de 1916; y es, principalmente, un movimiento concluso, esto es, que carece de prosecución. (1965: 178).

En el mismo trabajo el autor menciona que fue a partir de 1889, cuando se inició el declive del movimiento en Chile, aunque no desaparece del todo. Sin embargo, la partida de su precursor, además de la ausencia absoluta de un seguidor que lo igualara, produjo notorias diferencias en las siguientes producciones. Igualmente, los acontecimientos políticos y sociales, acaecidos posteriormente y que desembocaron en la Revolución de 1891, trastocaron a la sociedad chilena y, por supuesto, a sus creadores. Más adelante el mismo autor concluye afirmando que "el Modernismo no fue ni superficial ni profundo, ni cala hondo ni cala solo bajo las cortezas inmediatas." Fue el reflejo de los sentimientos más profundos y los pensamientos más recónditos de "algunos escritores de lengua española de Hispanoamérica," en una etapa "singularmente feliz de su vida, al influjo de uno de ellos, Rubén Darío." (Ibíd. Silva Castro: 179).

99 Véase: Raúl Silva Castro (1965) ¿Es posible definir el modernismo? En: Cuadernos Americanos. 4, julio-agosto

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Son extensas y variadas las posiciones en lo que respecta al período que ocupó el movimiento modernista en el contexto intelectual chileno100. Esta circunstancia se aprecia

también en lo referente al uso del concepto. Pues son muchos los estudiosos que le atribuyen a Rubén Darío el uso del término Modernismo, apoyándose en un artículo publicado por la revista

Artes y Letras,101 en el cual el poeta nicaragüense, al mencionar al escritor mexicano Ricardo Contreras y describir su obra, hace uso del término (1888: 349). Del mismo modo, otro especialista, el Profesor norteamericano Allen W. Phillips, esmerado estudioso del tema, le atribuye la implementación del concepto a Rubén Darío (1959: 43).102

El crítico Silva Castro reitera, sin embargo, que dicho vocablo no es exclusivo del poeta centroamericano, como tampoco es responsable de su autoría y que no fue su intención que se interpretara así (Ibíd. Silva Castro: 179). Aunque sí es el responsable de su introducción, no solo por haberlo utilizado en el artículo antes señalado y en otros, sino porque fue "un movimiento que él mismo encabezó a partir de la publicación de Azul…" en el mes de julio de 1888. Asimismo, es importante "tener en cuenta," independientemente de todo lo escrito al respecto, que "poco a poco la palabra y sus derivados van cobrando categoría crítica para designar un movimiento de renovación que despuntaba en Hispanoamérica." (Ibíd. Phillips: 1959: 1). Por otro lado, hay que hacer notar, aunque suene reiterativo, la profunda innovación que le aportó a la creación nacional, cuyo influjo dejaría notorias huellas, tanto en lo poético, como en lo literario. Tanto fue así, que un importante poeta chileno de aquel tiempo, Francisco Contreras Valenzuela (1877-1933),103 señalaba tajantemente que "de lo único que con razón

puede aún hablarse es de modernismo." Más adelante, en el mismo artículo, el poeta hacía hincapié en que el modernismo es el "movimiento de evolución del arte que aporta nuevas modas e inventa nuevas formas para encuadrar más fielmente el espíritu de la época." (1903: 2-3). Años posteriores, el mismo poeta publica en París Los Modernos (1909), una recopilación de ensayos de artistas vinculados al arte moderno que comienza con un artículo Preliminar, Los

Artistas modernos donde reitera que "el arte moderno se caracteriza por su forma evolucionada,

100 Véase: Diccionario de movimientos y grupos literarios chilenos de Muñoz y Oelker (1993). Donde se puede

apreciar ampliamente y con detalles las diferentes posturas con respecto al concepto y a la temporalidad del movimiento del Modernismo en Chile. P., 61-79.

101 Revista de Artes y Letras. Tomo XII. Nº 93, 1º de junio de 1888. Rubén Darío. Literatura en Centro – América,

p. 340 – 352.

102 Véase: Revista Iberoamericana. Volumen XXIV. Número 47, enero-junio 1959. Rubén Darío y sus juicios

sobre el modernismo. Phillips Allen W., p. 41-64.

103 Véase: Pluma y Lápiz. (1903) Año III – Número 153. Vol. VI - Nº 21, 6 de diciembre. Un artículo donde el

poeta Francisco Contreras reitera su profunda convicción modernista. Santiago Literario: El Modernismo, p. 2- 3.

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amante de la renovación, y por su espíritu emancipado, en que se agitan todas las ideas." (9 - [IX]).