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Chapter  4:   A meta-­‐analysis of dance for PD papers published up to 2016

4.3.1   Study Selection

La literatura como fenómeno social ha sido capaz de ejercer una influencia significativa en los individuos. A través de la historia, cada texto desarrollado ha representado o ha formado parte de uno o varios hechos sociales, que directa o indirectamente han tocado a la sociedad. Esto ha contribuido a efectos sorprendentes. Cada edad social guarda algún tipo de interrelación con el relato. Así la épica plasmó las tragedias y las hazañas de sus personajes conmoviendo e impresionando en una suerte de unión entre lo mítico y lo literario. Más adelante el influjo de las religiones, creaciones anónimas y temas de caballería fueron la tónica. Le siguieron el humanismo, la rebeldía, la exaltación y las pasiones para desembocar en el siglo XVIII con la reflexión didáctica, crítica e histórica y la búsqueda constante de la perfección, entre otros muchos aspectos.

Por este mismo período, mediados del siglo XVIII, en Inglaterra, después de una larga y convulsa etapa, -que sumió al país en el caos por muchos años-, se le dio una especial "importancia" a la literatura. Para este país era urgente poner orden y contribuir a la reconciliación, por lo tanto, la literatura se convirtió en la herramienta que serviría para lograr la "unión de las clases medias" con la "aristocracia y la nobleza gobernante." Una clase burguesa cada vez más "poderosas" pero ignorante y alejada del mundo "espiritual." Según apreciaciones de los expertos del poder gobernante. Así, para la Inglaterra de este período, la literatura no solo sirvió como instrumento estético, didáctico, ideológico y cultural, sino que también fue un medio que les ayudó a promover la "moral" y la "urbanidad." (Eagleton, 1998: 15).

De igual forma, por esta época, todos los escritos apreciados por la sociedad inglesa, fueran estos de filosofía, historia, ensayos o epístolas; textos legales, personales o de cualquier otra índole, estaban incorporados a la literatura. Es decir, la literatura involucraba todo. No obstante, a pesar de no ser valorada y reconocida en su verdadero carácter creativo y tener que responder a la censura gubernamental y religiosa, la meta, pautada por el poder inglés con respecto a la función social que debía ejercer la literatura como instrumento necesario para producir cambios notables dentro de la sociedad, fue un éxito. Sin embargo, a pesar de la

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evidente manipulación, este hecho no influyó en la calidad y cantidad de las creaciones. Pero, a pesar de encontrarse el país en medio de un desarrollo industrial sin precedentes, entrando en el siglo XIX, seguía viviendo una etapa de intranquilidad donde los enfrentamientos sociales entre empresarios y trabajadores, al igual que en Francia, se agudizaban, por lo que no tardaron en formarse grupos diversos de uno y otro bando, con ideas absolutamente opuestas, que mantenían a la colectividad igualmente dividida y preocupada. Sin proponérselo engendrando una materia prima apreciable, útil y relevante para la creación entre los artistas.

Sin embargo, mientras que en Francia la función de la literatura da un giro, al expresarse dentro de un realismo y un naturalismo escrupuloso, con un aumento histórico de publicaciones literarias cuyos escritos llegaban a toda la sociedad lectora, y dejaba atrás el romanticismo, en Inglaterra resurge el mismo romanticismo y todas las creaciones se cargan de anhelos románticos, añorando tiempos fantásticos, pasados y enterrados. Era una forma de evasión, en ocasiones, y de la búsqueda de una protección sobrenatural, en otras, ante la crisis social que se vivía y que el poder no lograba controlar.

En medio de todos estos movimientos creativos y culturales, se comienzan a dar los pasos necesarios para situar los textos poéticos narrativos y dramáticos dentro del término

literatura. De igual forma, en este mismo período, la literatura pasó a convertirse en un

instrumento histórico cuya valoración y existencia, sería medida en base a la obra, la respuesta de la sociedad y los efectos que dicha creación produjera dentro de ella.

Del mismo modo, comienza la preocupación y el debate entre los intelectuales acerca de la influencia de la literatura en la colectividad y de cómo esta misma colectividad se refleja en las creaciones literarias. Una de las pioneras en hacer público este aspecto fue Madame Staël17, (como ya se menciona en otros puntos), junto a los hermanos Schlegel, contemporáneos y amigos de Staël, quienes se ocupan indistintamente -Augusto como filólogo y Friedrich como filósofo-, de todo lo relativo a la crítica literaria y su función en la sociedad de su época. No obstante, antes de dichos pensadores, se sitúan los estudios de los filósofos alemanes Schiller y Hegel, que igualmente se ocuparon de estudiar la misma problemática, pero desde sus propias perspectivas.

Junto a todas estas preocupaciones, en las primeras décadas del siglo XIX, en Francia, se manifiesta, precisamente, de manera mucho más abierta, un creciente gusto por la literatura

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y una importante valoración, por parte del público, de las producciones literarias según sus preferencias. A raíz de este fenómeno, la función social de la literatura toma senderos de gran relevancia. En esta línea Hauser nos comenta que "La conexión de la literatura con la prensa diaria, produce, […] un efecto tan revolucionario como la aplicación del vapor a los usos industriales". A pesar de lo exagerado de esta analogía -expresada en su obra por el autor- éste señala que precisamente uno de los factores más relevantes es el aumento de la demanda literaria, experimentada por la sociedad, y la gran producción de las mismas se debió al aumento de la industria de la Prensa francesa y su novedoso sistema de suscripción anual a un precio inferior al que se cotizaba en ese momento. Y agrega, además, que a raíz de este novedoso sistema los periódicos debían diariamente prodigar a su público lector de " una pequeña biblioteca doméstica y de enciclopedia." (1993: 360).18

Al hilo de lo anteriormente expuesto, la nueva dinámica literaria que invadió aquella época fue el detonante que despertó sin cesar toda clase de interrogantes y planteamientos. Así, por un lado, la literatura se nutre de la influencia de la sociedad con sus gustos y preferencias, que es posible que estimule o dirija el establecimiento de nuevas formas sociales y, por ende, de nuevas influencias en el arte y en la creación literaria. Por otro lado, ese mismo grupo social o colectivo puede, de alguna forma, influir en el proceso creador del artista, bien sea de manera positiva, facilitando el trabajo o, por el contrario, entorpeciéndolo y reprobándolo.

Aunque el escritor es completamente autónomo en su actividad artística, es imposible desconocer que en muchos aspectos su obra esté coartada en mayor o menor grado por las tendencias de la sociedad. Y, a partir de toda aquella democratización de la literatura y aquel acceso sin precedentes de los lectores a las obras de moda en Francia, con Stendhal y Balzac, la literatura da un extraordinario giro al tratar temas de la vida cotidiana con sus conflictos y problemas morales, estilos totalmente desconocidos para ese momento. Estas originales producciones complacieron ampliamente el gusto de un vasto grupo social, contribuyendo así a su éxito y, por supuesto, a una marcada influencia en todos los aspectos de la creación, producción y posterior publicación. Este nuevo fenómeno del siglo XIX hace mucho más difícil discriminar acertadamente las relaciones entre el escritor y el público, ya que a raíz de todos estos cambios nacen múltiples grupos unidos por sus preferencias literarias, produciendo en el escritor una suerte de "prisionero de la ideología, de la Weltanchauung de su público –medio

18 Arnold Hauser (1993) Historia social de la Literatura y el Arte. V. II Capítulo: La generación de 1830, p. 347-

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social: puede aceptarla, modificarla, rehusarla total o parcialmente, pero no puede escapar de ella." (Escarpit, 1971: 99-100)19.

A partir de este punto la función y el carácter social de la obra literaria pasa a ser analizada de manera distinta, dando paso a relevantes corrientes críticas. Un ente intermedio entre el escritor y su público con el poder de incrementar o disminuir inclinaciones y tendencias, dependiendo de quién sea el crítico, su influencia social, su tendencia moral e ideológica, entre otras.

Es evidente que, partiendo de su naturaleza, la verdadera dimensión social o humana de la literatura, partirá de su recepción por parte de los lectores, su utilidad, su contenido, su estética y estilismo. No obstante, una de las críticas más relevantes, que llevó el tema a todas sus vertientes, fue la crítica marxista de Lukács, Goldmann, Lotman, Uspenski y Bajtín, entre otros. No obstante, cada uno atendió el tema desde una perspectiva diferente.

Lukács, analizó las relaciones funcionales entre la literatura y los procesos inherentes al colectivo social. En su estudio afirmaba que el escritor debía estructurar de forma literaria la realidad y los destinos del pueblo, desde una perspectiva exclusiva de ese mismo colectivo. Además, establecía que el escritor debía tener una postura y una actitud militante, partidista y al servicio de ese pueblo de quien escribía. De igual forma debía tener una visión y un dominio muy claro acerca de la ciencia literaria. Para este experto la auténtica literatura debía tener como único objetivo la influencia absoluta sobre las conciencias. Agregaba que el escritor debía ser popular para tener la seguridad de que su obra literaria se transformaría en un mecanismo educativo imprescindible. En este contexto el rol educativo que le tocaría jugar a la literatura, según Lukács citando La Estética de Hegel, mantenía que el centro de la teoría de la novela del filósofo alemán era la educación de los hombres para la realidad.

Por otro lado, Lucien Goldmann, en su obra Para una sociología de la novela, expone "algunos principios fundamentales de las ciencias humanas en general y la crítica literaria en particular" denominado "estructuralismo genético". Tanto él como Lukács concuerdan en "la hipótesis de que todo comportamiento humano es un intento de dar una respuesta significativa a una situación particular, y tiende, por ello mismo, a crear un equilibrio entre el sujeto de la

19 El término alemán se refiere a la ‘visión del mundo’ o ‘cosmovisión.’ Existencia, realidad o mundo, que una

sociedad o cultura se forma, en una determinada época y que Robert Escarpit (1971) utiliza en su obra

Sociología de la literatura, para explicar la prisión y presión social a la que constantemente están expuestos los

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acción y el objeto sobre el que recae el mundo circundante". (1975: 221). Así, para estos estudiosos la función social de la literatura era de primerísima importancia, pues debía ser creada por y para el pueblo siguiendo rigurosamente la norma.

Sin embargo, a juicio de Eagleton –en un estudio más contemporáneo-, "no se puede considerar la literatura como categoría descriptiva «objetiva», tampoco puede decirse que la literatura no pasa de ser lo que la gente caprichosamente decide llamar literatura." Agrega que aquellos "juicios de valor no tienen nada de caprichosos." Por el contrario, tienen sus bases en fuertes y profundas "estructuras de persuasión". Afirma que "los propios juicios de valor se relacionan estrechamente con las ideologías sociales." Es decir que todo este movimiento no se produce como el resultado de gustos individuales, sino a lo que establece y "dan por hecho ciertos grupos sociales" que aprovechando su poder sobre otros lo ejercen sin consideración, independientemente del lugar y la época. (1998: 13-14).

Toda esa realidad literaria europea referida, entre otras cosas, a la función desplegada por ella dentro de la sociedad con sus efectos, derivaciones y consecuencias, hechos que, a su vez, motivaron un sinnúmero de estudios que fueron desarrollados por talentosos e importantes personajes de diversas disciplinas, fue observada escrupulosamente por el mundo que crecía al otro lado del océano. Especialmente lo que sucedió, tanto en el siglo XVIII como lo que ocurrió en el siglo XIX ya que fueron acontecimientos que influyeron y motivaron la conquista de sus respectivas emancipaciones.

Las noticias del desarrollo europeo, no solo en lo que respecta al área económica, política y tecnológica, sino todo lo referido a los cambios sociales, intelectuales y religioso, se filtraron por todas partes y recorrieron pueblos y ciudades, encendiendo conciencia y pensamientos de muchos en el nuevo continente. Los levantamientos y rebeliones no se hicieron esperar. Sumado a los acontecimientos europeos, llega la noticia de la Independencia Estadounidense (1776) y las Colonias empiezan a respirar los aires independentistas, siendo la literatura una de sus herramientas imprescindibles para el logro de los objetivos emancipadores, pues a través de diversos escritos y proclamas se motiva al poblador común a luchar por un Nación propia. A partir de este punto nace la necesidad de una nueva forma de expresión que alejara a las colonias de todo lo relacionado con lo español. En este contexto Bellini comenta lo siguiente:

El repudio de España significa en realidad una apertura positiva de la literatura hispanoamericana hacia otras literaturas, no solo hacia la

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francesa. La producción literaria de naciones como Inglaterra, Italia, Alemania, Europa en General y los Estados Unidos dejan huella importante en las letras hispanoamericanas de los siglos XVIII y XIX.

(1997: 181-182).

Aunque la literatura del siglo XVIII en Hispanoamérica es más bien política e influenciada por la Ilustración, sirvió para que poco a poco los creadores fueran abandonando los esquemas coloniales dejando fluir nuevas corrientes, siendo el Neoclasicismo el primero en formar parte importante de las nuevas producciones. Sin embargo, la corriente literaria de mayor relevancia, dentro de esas nuevas sociedades que se gestaban, sin duda fue el

Romanticismo. La función ejercida por las producciones inspiradas en este movimiento

literario, las indica Bellini: "cumple una función de primera importancia en la formación de una América nueva; una élite generosa, ferviente y a menudo contradictoria da origen a una pródiga floración de las letras con el fin de alcanzar estos resultados," (1997: 216). Por aquellos años los intelectuales buscaban afanosamente además la independencia cultural, observando y emulando copiosamente los modelos de los románticos franceses, ingleses y alemanes. Así en este período es posible identificar una literatura combativa, una gauchesca y una costumbrista, entre las más notorias.

Sin embargo, un aspecto importante a destacar en todo el proceso independentista, es que la función de la literatura dentro de la naciente sociedad hispanoamericana, independientemente de la escolaridad de la población, -extremadamente pobre, analfabeta y excluida por aquel entonces-, fue de suma importancia dentro de la colectividad. Tanto el neoclasicismo como la eclosión del romanticismo se convierten en corrientes que invaden las producciones de este período en Hispanoamérica. En este contexto José Miguel Oviedo señala que dichos movimientos y su respectiva asimilación en las naciones emergentes, por parte de los creadores, fue trascendental, tanto en el proceso de producción como en los resultados, convirtiendo esa función social llevada a cabo por la literatura y "su estrecha vinculación con la situación histórica que se vivía entonces", en un verdadero estandarte no solo en la "causa de la emancipación americana" sino también en "la primera fase de la organización de las naciones soberanas." (1995: 337-338).

Así comienza una primera fase de producciones literarias de la mano de la primera etapa organizativa de las nuevas naciones, por lo que el rol que le toca a la literatura es de suma importancia, a pesar de la carencia intelectual y económica, y la carga política que, debido al

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momento en que se vive, contiene todo hecho intelectual de la época. A este respecto Oviedo señala:

Sin exagerar, es posible llamar «comprometida» a la mayor parte de la literatura del período: imposible desligar la batalla intelectual de la otra. […] Y en ese fervor americanista, la literatura y casi toda manifestación escrita servirá como un instrumento directo para atizar el fuego emancipador. (Ibíd. Oviedo: 338).

Independientemente de todos estos procesos intelectuales vividos por Hispanoamérica, relativamente similares en todo el Continente, es importante destacar, así sea de forma breve, el proceso vivido por Chile durante esta misma etapa, por formar parte del objeto de estudio.

En Chile el rol ejercido por la literatura resultó penosa y deficiente, tanto en la última etapa de la Colonia, como en la primera fase independentista llamada Patria vieja. La realidad intelectual, que presentaban las naciones emergentes, era muy parecida desde el punto de vista económico, social y político; sin embargo, la chilena resultó ser mucho más pobre que el resto, pues los escritores llamados a estimular a la población del sentimiento libertario a través de sus escritos, fueron ciudadanos cuya preparación académica había concluido fuera de los límites del país, a pesar de haber recibido una primera instrucción formal dentro de él. No obstante, esta realidad, se llevaron a cabo extraordinarios esfuerzos individuales, logrando que, de una u otra forma, los intelectuales de aquella época se las ingeniaran para crear las herramientas necesarias, con la finalidad de que el mensaje tocara las mentes del colectivo. Así una vez más la función literaria dio sus frutos. A este respecto Subercaseaux20 señala:

En nuestro país, la construcción intelectual y simbólica de la nación ha sido particularmente activa en las etapas que preceden, o acompañan grandes cambios. Por ejemplo, a comienzos del siglo XIX, a partir de la Independencia, se genera un largo proceso de elaboración de la nación, un proceso que revistió un carácter fundacional y cuyo agente básico fue la élite ilustrada liberal. (1997: 9).

En este contexto, fue crucial para Chile, en el terreno cultural, los modelos franceses, ingleses e italianos. Pues al no contar el país con una herencia educativa sustanciosa, o una tradición cultural y artística autóctona de peso, como sucedió con otras colonias o los grandes

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virreinatos, la Ilustración practicada por los personajes notables de la Independencia fue de vital importancia para la nueva Nación. Sobre todo, cuando una vez lograda la emancipación, los nuevos gobernantes se encontraron con un entorno completamente desprovisto de recursos y herramientas que permitieran un desarrollo social y un rápido crecimiento de la nueva República. Por lo tanto, la renovación cultural como primer paso fue una acción de importantísima relevancia, mientras se establecían las directrices para el florecimiento académico, comunicacional y literario, entre otros, en función de lograr una correlación consecuente en todo orden dentro de esa nueva sociedad que emergía.